I.LETRADA.CO | EDITORIAL | DESOBEDECER CON ESTILO
EDITORIAL
DESOBEDECER CON ESTILO
ESCRITO POR
Ana María Trujillo
Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
IMÁGENES POR
Andrés Chaparro Sánchez
Licenciado en artes con especialización en pintura de la Universidad Finis Terrae de Santiago, Chile.

DESOBEDECER CON ESTILO

Parafrasearé a un cantautor argentino en decadencia, pero no me maten: vivimos atormentados de definiciones. La clasificación y la especialización son los legados de una modernidad obsesionada con tener el control y generar una interdependencia finamente calculada para establecer relaciones de poder y beneficio muy claras y mal repartidas.

Explorando el espectro de definiciones que circulan sobre el artivismo, encuentro la más generalizada y difundida que lo asocia inmediatamente con el uso de diversas actividades creativas -preferiblemente contestatarias frente a las Artes institucionalizadas, pero no necesariamente- volcadas a una causa, una reivindicación social, un "cambiar el mundo", siempre en clave de acción colectiva. En los laberintos académicos, por supuesto, la inquebrantable necesidad de categorizar y analizar encuentra unas características (¿condiciones?) más elaboradas[1]. Por un lado una intención loable y por el otro interminables discusiones de forma, fondo y sentido.

No demerito ninguna de las dos, pero personalmente no creo que el arte tenga una función última, privilegiada o indispensable. Yendo más lejos, no sé dónde dibujar la frontera entre lo que es arte y lo que no lo es. Aunque haya cátedras, tesis doctorales y vanguardias, el arte nunca será exclusivamente lo que se cuelga en las paredes de los museos o lo que por defecto escapa a las lógicas del mundo ‘productivo’, así como tampoco le es exclusivo el ser contestatario, desobediente o subversivo. Entre más se intenta afianzar en una de sus versiones, más se escapa para reconfigurarse.

Arte y activismo. Son muchas las miradas que convoca la reunión combativa de estas dos palabras. Las hay de asociación directa y frontal entre una expresión artística de desobediencia social y esfera pública, o una respuesta creativa a una situación política, como lo muestran nuestros artículos invitados con el caso del grafiti en Sao Paulo o de la música de la comunidad Tuareg del desierto del Sahara. Podría rastrearse en la vida indómita, fecunda y reivindicativa de una mujer como Violeta Parra, en sus convicciones vitales, artísticas y políticas. Podría verse en el acto mismo de filmar, montar, producir y vivir películas. O en la convicción y la dedicación de dar sosiego y herramientas creativas a las personas que solo han recibido conflicto, desastre, guerra. 

¿Es todo acto creativo una forma de artivismo? Probablemente Manuel Delgado y las instituciones de la academia dirían que no, y tienen sus razones para hacerlo. Pero desde mi perspectiva, todo acto creador es de una u otra forma activista en tanto activo, así como todo, dicen los que saben, es político. El arte, sugiere nuestro Versiones Capitales, es una forma de transformación insondablemente individual y necesariamente social. Es relacional; actúa en el mundo. Por ello, así sea a un nivel micro, las manifestaciones cotidianas impregnadas de reflexión, duda, llevadas a un accionar concertado con resultados efímeros o tangibles, son susceptibles de sumar a una causa, de cuestionar el espacio público, de generar sentido. Quizá va siendo hora de romper tanto límite y tanta condición, ahora que esa individualidad que en el pasado se regodeaba en sus logros y comerciaba con ellos, necesita liberarse de tanto entramado productivo y conductista. Si tan solo hiciéramos el ejercicio de apoyarnos más en la experiencia real, en nuestro cotidiano actuar-en-el-mundo, nos daríamos cuenta que todas nuestras acciones son susceptibles de transformar, ese verbo común al activismo y al arte.

Si usted tiene algo que decir al respecto, escríbanos a editorial@iletrada.co. 


[1] Recomiendo, por ejemplo, Los límites de la crítica: artivismo y postpolítica de Manuel Delgado, de donde se deducen ciertas condiciones del artivismo: se apropia y problematiza el espacio público, adhiere a alguna causa o movimiento social determinado (anti globalización, ecologista, feminista…) y tiene la intención de “trastocar realidades o trastornar conciencias”. Para académicos tan juiciosos como Delgado, el análisis interdisciplinar de este proyecto tiene múltiples salidas, condensadas, por ejemplo, en el proyecto Limen.

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