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SANTA NERDA
REFLEXIÓN HISTÓRICA: ¿UNA INFANCIA SIN JUGUETES?
ESCRITO POR
Diana Aristizábal
Periodista e historiadora de la Universidad del Rosario, candidata a Magister en Estudios Culturales de la Universidad de los Andes.
IMÁGENES POR
Paula Amador
Diseñadora-comunicadora, creo que existe una lógica secreta que une todas las cosas del mundo: la comunicación.

REFLEXIÓN HISTÓRICA: ¿UNA INFANCIA SIN JUGUETES?

La infancia como invento moderno ha sido acompañada de formas igualmente modernas. Aunque objetos con características similares a los juguetes contemporáneos han sido encontrados en sociedades del pasado, estos encuentran diferencias en su uso primordial, el entretenimiento infantil. Las funciones y significados de estos objetos se han transformado a través de los siglos. En el mes de los juguetes presentamos una breve historia de ellos.

Los recuerdos de la infancia tienen su propio olor. Marcel Proust, el famoso escritor francés, autor de «En busca del tiempo perdido» (1913), escribió que su infancia olía a galletas magdalenas remojadas en té tibio. En sus «Memorias por Correspondencia»  (1969 - 1997), la artista plástica colombiana Emma Reyes, asociaba sus momentos felices en el orfanato donde creció con el olor a chocolate caliente. Y el poeta bogotano José Asunción Silva escribió sus versos de «Infancia» (1865 - 1896), pensando en el olor a helecho y a musgo recién cogido para el pesebre. Cada uno de nosotros tiene sus propios aromas que nos trasportan y regresan a aquellos años nostálgicos de la infancia. Es muy probable que para las últimas generaciones de jóvenes y niños, los olores sean diferentes, se hayan actualizado. Uno de los aromas más significativos de la infancia contemporánea es el de los juguetes nuevos: aquellos inconfundibles aromas a caucho, goma, plástico y madera.

Con la extraordinaria cantidad de juguetes fabricados en serie, expuestos en vitrinas, estantes y en catálogos coloridos y llamativos, es difícil imaginar una infancia contemporánea sin juguetes. Los discursos psicológicos, pedagógicos y publicitarios  suelen hacer la conexión casi ‘espontánea’ y ‘natural’ entre los niños y los objetos juguetes. Esta relación que hoy parece tan clara no siempre fue así, se construyó históricamente de una manera progresiva y totalmente conectada con el contexto en el que se dio.

Existen algunos registros de lo que podrían considerarse juguetes de los niños en sociedades prehispánicas: sonajeros hechos de caracolas, reproducciones en cerámica de animalitos con ruedas en las patas y versiones artesanales de trompos y cometas. En territorios Incas también se han encontrado especies de muñecas con extremidades articuladas, vestidas con las típicas mantas andinas[1].

Sin embargo, una de las dificultades de historiar estos objetos en sociedades tan distantes temporalmente a las nuestras es conocer los usos que se les dieron a estos artefactos. Es difícil establecer los límites que hay entre las funciones de algunos objetos que son llamados genéricamente “juguetes”. No es claro si estos objetos están proporcionando información valiosa sobre los niños del pasado y sus prácticas de juego o si, por el contrario, fueron utilizados por los adultos como objetos de ornamentación, adorno, colección o como artefactos religiosos y rituales, que no tuvieron conexión con los tiempos, los espacios y las prácticas de juego infantil. De esta manera, los juguetes podrían verse como especies de “objetos híbridos”[2]. Su historia y función no puede ser explorada y mucho menos problematizada sin pensar en cómo fue entendido su significado y uso a través del tiempo.

El inicio de una industria especializada en la fabricación de juguetes lo ubican  historiadores como Gary Cross y Gregory Smits (2005) en el siglo XVI en pequeñas ciudades alemanas como Sonnerber, Erzebirge, Valle Groeden y Nuremberg. Los artesanos producían animales de madera y hojalata y fueron especializándose en el diseño uniforme de juguetes, que vendían en ferias locales de Europa. Luego, a partir del siglo XVIII Inglaterra y Francia entraron en este mercado internacional con la producción de instrumentos musicales, soldados, animales de madera y muñecas de papel, que luego fueron reemplazadas por las parisinas de porcelana. En 1900 nuevamente Alemania entró fuertemente en escena y se convirtió en “el mayor productor de juguetes en el mundo. Elaboraban las dos terceras partes de las muñecas para Europa y exportaban el 75 por ciento de la producción de juguetes”[3].

El proceso de crecimiento y desarrollo de una industria especializada en la fabricación de juguetes, no implicó que siempre haya existido la relación entre juguete y niño. Estos no siempre fueron el grupo social que jugaba con juguetes y estos objetos por mucho tiempo no estuvieron asociados a una idea de divertir y mucho menos educar a la infancia. Desde el siglo XVIII y hasta entrado el siglo XIX fueron muy comunes los manuales de juegos y juguetes para adultos[4]. Por ejemplo, en el Antiguo Régimen europeo los adultos de las clases aristocráticas jugaban con diversos juguetes y pasatiempos como títeres, muñecas, bandolas y reproducciones de objetos miniaturizados.

Algunos de los juguetes más codiciados por los adultos de la realeza europea fueron los famosos muñecos mecánicos autómatas. Estos objetos encarnaron la obsesión por intentar reproducir -lo más fielmente posible- las funciones orgánicas y los movimientos de los seres vivos. Entre los muñecos más famosos se encontraban el Canard digérateur, un pato que imitaba la anatomía y el funcionamiento del aparato digestivo y la famosa pianista o Interprète Dulcimer, muñeca encargada por la reina María Antonieta de Versalles para sus tardes de entretención.

En  el caso concreto de Colombia, es difícil encontrar fuentes que den cuenta del comercio y consumo de juguetes antes de 1870, momento en que empieza a circular una incipiente publicidad de juguetes en revistas femeninas de la época. Sin embargo, una fuente interesante que puede brindar luces sobre cómo fue cambiando la definición y la concepción de estos objetos en el país a lo largo de los últimos siglos son los diccionarios académicos, pues son documentos que indican “el deber ser de la palabra” y permiten “desnaturalizar” la relación que históricamente se ha construido entre conceptos como juguete y niño.

El término juguete fue definido por el Diccionario de Autoridades[5] desde 1734 hasta 1791 como “chanza o burla entretenida; canción alegre y festiva y alhajilla vistosa y de poco valor que regularmente sirve para entretenimiento como las que se suelen dar a los niños”[6]. Es interesante sobre todo esta última definición, pues se considera que el juguete tiene poco valor, es decir, no es un objeto que sea significativo dentro de los valores de la época y en segundo lugar, tampoco se asocia necesariamente a los niños como los sujetos que jugaban. Luego, desde 1803 hasta 1884 el cambio se dio con relación a este último aspecto. Aunque se seguía considerado una “alhajilla curiosa y de poco valor”, ya en aquel momento se afirmaba que “sirve para el entretenimiento de los niños”[7]. En este sentido, ya se puede percibir una incipiente asociación entre juguete y niño, al cual se le identificaba como el sujeto que se entretenía o divertía con estos objetos. Sin embargo, el cambio más representativo con respecto al significado de juguete se produjo en el año de 1899, a puertas de iniciar el siglo XX, cuando se definió como: “un objeto curioso y bonito con que se entretienen los niños”[8]. Esta definición continuó igual hasta 1950.

Es muy interesante que este concepto haya tenido transformaciones importantes en su significado a finales del siglo XIX y principios del XX, momento en el cual empiezan a exportarse y comercializarse estos bienes culturales en el país. Los juguetes industrializados llegaban procedentes de Alemania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos y se exponían en comercios locales como La Poupée (1910 - 1924);  El Sport (1916); Alfonso Londoño y Cia (1928) y La gran juguetería el Almacén de los Niños (1930), entre otros. La creación de una industria del juguete nacional fue bastante tardía. Sólo hasta 1929 se tiene registro de los primeros juguetes de madera y metal producidos en el país por la industria Búffalo, ubicada en Medellín[9].

Una de las razones por las que el desarrollo de una industria juguetera propia fue un proceso tan tardío en el país es que todavía para finales del siglo XIX ni los juguetes ni el juego infantil gozaban de la completa aceptación por parte de los intelectuales colombianos.  La ocupación del tiempo libre en actividades como el juego no era bien vista ni para adultos, ni para niños. A finales de este siglo estaban en auge los debates y la condena por parte de la Iglesia Católica a los juegos de azar, por considerarlos contrarios al trabajo y a la prosperidad de las familias. La relación entre los juegos infantiles y las prácticas de juego de azar en la vida adulta era directa y, por tanto, representaba todo un riesgo para la formación del carácter infantil.

La aceptación progresiva de estos objetos a principios del siglo XX se dio por una nueva valoración de sus posibilidades. Se les comenzó a ver como objetos-manuales para educar los atributos físicos, morales e intelectuales y la vez, se pensaron como objetos-símbolo de la participación de los niños en los sueños técnicos, industriales y científicos del país. Así, se tiene registro que a partir de 1899 los países que estaban a la vanguardia en la industria del juguete industrial como lo eran Alemania, Inglaterra y Estados Unidos pasaron de un esquema  artesanal y sencillo a la fabricación en masa de  juguetes con ingeniosos sistemas de articulación, pedales, baterías, movimientos basados en la relojería e imitación de los medios de transporte: barcos, ferrocarriles, aviones y automóviles. Los niños que se relacionaban con sus juguetes eran “incesantemente presentados como los primeros testigos y actores privilegiados de la modernidad”[10]

Para las décadas de los treinta y cuarenta del siglo XX surgieron los primeros comercios del país que producían juguetes. La primera fábrica en incursionar en este mercado fue Industrias Búffalo (1929), ubicada en la ciudad de Medellín. Y a esta se le unieron la Fábrica Nacional de Muñecos (1940,  Bogotá) y Juguetes Kiko (1945, Barranquilla). Por otro lado, las revistas infantiles que comenzaron a circular en estas décadas como «Chanchito», «Rin Rin», «Beneca» y «Pulgarcito» se convirtieron en los instructivos para la fabricación de juguetes manuales. Con todo ello, durante  las cuatro primeras décadas del siglo XX, los juguetes industriales no fueron objetos populares, ni comunes, ni mucho menos de acceso generalizado para los niños del país. La primera Gran Feria Nacional del Juguete sólo se empezó a organizar  hasta 1943 con el apoyo del Ministerio de Fomento y se debió esperar hasta las décadas de los sesenta y setenta para que se incrementaran los comercios dedicados exclusivamente a la producción de estos objetos.

Progresivamente, los juguetes pasaron de ser objetos de lujo a productos de consumo masivo, que hoy vemos producirse, exponerse, circular y consumirse de manera tan habitual, que es difícil concebirlos fuera de estas dinámicas. Más difícil aún es pensar que los niños durante muchos siglos vivieron y se divirtieron sin juguetes industrializados; como recuerda Giorgio Agamben no hay que olvidar que aquellos “ropavejeros de la humanidad juegan con cualquier antigualla que les caiga en las manos”[11].

NOTAS

[1] Rodríguez, Pablo (2007). “Un acercamiento a la infancia en la América Prehispánica”, en Rodríguez, Pablo y  Manarelli, María Emma (Comp.) Historia de la Infancia en América Latina. Bogotá: Universidad Externado de Colombia, p 56.

[2] Brown, Bill (1998) “How to do things with things (A Toy Story)”, en Critical Inquiry. Vol. 24, No. 4. En línea: The University of Chicago Press. Stable URL: http://www.jstor.org/stable/1344113. Fecha de consulta: 29/05/2013, p 940.

[3] Cross, Gary y Smits, Gregory (2005) “Japan, the U.S. and the Globalization of Children's Consumer Culture”, en Journal of Social History. Vol. 38, No. 4, Globalization and Childhood Published by: Oxford University Press Stable URL: http://www.jstor.org/stable/3790480. Fecha de consulta: 29/05/2013, p 874.

[4] Grange, Juliette (1979) “Historia del juguete y de una industria”, en Jaulin, Robert (Comp.) Juegos y Juguetes (Edición en español). Bogotá: Siglo XXI Editores, 1981, p 140.

[5] El Diccionario de Autoridades explícitamente da cuenta de los significados culturales que se dieron en el territorio metropolitano español y podría ser válido para el caso concreto de la Nueva Granada y posteriormente la República de Colombia, como territorio heredero de los términos y definiciones hispanas.

[6] “Juguete” (1771, 1884, 1889), en RAE: Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española. Versión web. http://ntlle.rae.es/ntlle/SrvltGUIMenuNtlle?cmd=Lema&sec=1.0.0.0.0.. Consultado: septiembre 2013, p 514.

[7] Ibid, p 619.

[8] Ibid, p 578.

[9] Motta, María Teresa (1983) “La industria nacional de juguetes”, en Revista Comercio Exterior. Informe sobre la evolución del comercio exterior. Vol. 16. No. 8. ISSN 0120 -324X. Bogotá: Instituto Colombiano de Comercio Exterior, p 30.

[10] Pierre- Noel Daniel (1981) “Juegos de sociedad”, en Jaulin, Robert (Comp.) Juegos y Juguetes (Edición en español). Bogotá: Siglo XXI Editores, p 100.

[11] Agamben, Giorgio (1978) “El país de los juguetes: reflexiones sobre la historia y el juego”, en  Infancia e historia: Destrucción de la experiencia y origen de la historia. (Traducción: S Chudacoff, Howard (2007). Children at Play: An American History. New York: New York University Press, 2007, p 101.

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