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ARTíCULO INVITADO 2
CUERPOS MONTADOS, CUERPOS FRONTERAS:  TRANCE-POSESIÓN EN CALI
ESCRITO E IMÁGENES POR
Luis Carlos Castro Ramírez
Investigador de fenómenos de trance-posesión en religiones afro.

CUERPOS MONTADOS, CUERPOS FRONTERAS: TRANCE-POSESIÓN EN CALI

Hay más en el mundo que lo comprensible, lo asible, lo digerible. Han sido la razón y sus pretensiones lógicas las principales constructoras de los muros que hoy nos separan de múltiples saberes 'otros'. He aquí la historia de un personaje que saltó la barrera para conocer el invisibilizado pero persistente y resistente escenario de las prácticas rituales afrocubanas que se extienden por el continente.

Los muertos viven alrededor de los vivos, comen con los vivos, con los vivos bailan y fornican, juegan y cantan y ríen. Con los vivos viven y a los vivos matan.

 

Joel James Figarola

 

Hace más de ocho años comencé a preguntarme por los fenómenos de trance-posesión dentro de las religiones afro practicadas en Colombia. Una interesante e intensa búsqueda que me condujo por escenarios de espiritismo, palo monte, santería, vodou, umbanda y candomblé, entre otras.

Hablar de montar es señalar el ingreso de una entidad o entidades inmateriales en el cuerpo del creyente[1]. La persona que es montada se le piensa como un caballo, mientras que a la entidad se la considera como el jinete. Para las personas que participan de estos escenarios, dichas espiritualidades moran en un espacio que se encuentra más allá del mundo fenoménico que habitamos o también se piensa que éstas conviven dentro del mismo tiempo-espacio nuestro. En estos espacios rituales en los que tiene lugar el encuentro entre los caballos y los jinetes, la posesión usualmente es deseada y para algunos es un privilegio.

En un intento de hacer eco a lo que mi colega María José Ortiz refiere en su artículo “Espejito, Espejito, ‘Tú tienes que saber que las brujas no son como las pintan’”, mi intención es mostrar una cara diferente de los fenómenos de trance-posesión, en la que lejos de pretender re-crear viejas miradas exóticas, busco crear familiaridad entre quienes estamos, parcialmente, por fuera de estos sistemas de referencia.

Así, planteo una mirada múltiple en la que, por un lado, se piense la frontera o las fronteras en estos fenómenos de montar  y por otro, las nuestras como investigadores dentro de tales experiencias. Lo que sigue, entonces, es un acercamiento a lo que he venido señalando aquí, a partir de mi vivencia dentro de estos escenarios rituales, la cual ha tenido lugar en Cali desde mediados del 2012 hasta el día en que se escriben estas líneas.

“Se viene presentando el espíritu de un congo”: la misa de investigación

A mediados de abril del año pasado llegamos con María José, quien es antropóloga e investigadora de prácticas religiosas afro, a la casa de una espiritista, palera y santera cubana llamada Juana[2]. Nos habíamos conocido algunas semanas antes en el templo que fundó cuatro años atrás cuando arribó a la capital vallecaucana. Aquella tarde nos encontramos con el fin de realizar una 'misa espiritual de investigación' para determinar mi 'cordón espiritual', es decir, el conjunto de espíritus que, según el espiritismo y en general las religiones afrocubanas, acompañan a la persona desde el momento de ver la luz en este mundo. “Ellos nos reciben” y rigen aspectos de nuestra vida y nuestra identidad.

Las 'misas espirituales' son rituales característicos del espiritismo cruzao. En ellas las ‘fronteras’ del mundo material e inmaterial se tornan tenues y se fusionan en ese espacio-tiempo ritual en el que muertos y vivos se vuelven uno y lo mismo.

Con la 'bóveda espiritual' dispuesta y nosotros sentados en frente de ella, comenzaron a intercalarse oraciones católicas y espiritas, cantos espirituales y de palo. Los espíritus protectores empezaron a manifestarse por medio de Juana, ellos hablaban con su 'muerto guía' y éste, a su vez, transmitía el mensaje a la espiritista para que nos lo comunicara. Espíritus familiares, la monja, el árabe, el indio, la gitana, una misionera de la Caridad del Cobre, un franciscano y un congo venían anunciándose, señalando quiénes habían sido en vida, qué parte de la mía regían y cómo debía atenderlos.

El congo se reveló como mi espíritu guía —el espíritu más fuerte de mi 'cordón'. Su nombre era Ta José Tiembla Tierra, y en vida había sido un poderoso 'palero'. Me dijo: “yo soy el que no te dejo sentir temores ante los cambios de la vida. Debes aprender del mundo de los espíritus, aprender a chamalonguear  y a brujear”. Ta José venía decretando, además, que debía darle pronta representación.

Una vez concluyó la comunicación que se había establecido temporalmente tendiendo un puente entre ambos mundos, Juana procedió al cierre de la 'misa': “Damos gracias a los buenos espíritus que han querido venir a comunicarse con nosotros, les rogamos que nos ayuden a poner en práctica las instrucciones que nos han dado… Con Dios empezamos y con Dios nunca terminamos”.    

El nacimiento de Ta José y la misa de coronación

Al caer la noche del martes, llegamos con María José nuevamente a la casa de Juana. Nuestra presencia sería breve, tan sólo nos tomaría una hora efectuar el ritual para darle nacimiento a Ta José; tuve que llevar un muñeco negro a través del cual lo representaría. Para la ceremonia de ese día se preparó la 'carga' de mi 'guía', que consistía de diminutas figuras tales como escaleras, carros, aviones y otros insumos “secretos”, todos ellos se relacionaban con diferentes aspectos de mi vida. En la parte trasera de la casa, muy cerca a las 'prendas', tuve que mezclar los elementos que fueron puestos dentro de la cabeza del muñeco.

A pesar de que mi 'madrina' era Diana, aquella noche Ta José nacería del 'muerto espiritual' de Juana y dormiría durante tres noches en su nganga. Tal decisión obedecía a que el muerto de la cubana era mucho más fuerte y experimentado, por lo tanto se esperaba que dicha fortaleza fuera transmitida al mío.

Dos días después volvimos para la 'misa de coronación', aunque en términos rituales fue similar a la de 'investigación', introdujo nuevas particularidades. Ta José me fue entregado momentos antes de que iniciara la ceremonia, “como lo levantas hoy, que él te levante todos los días de tu vida…” dijo mi 'madrina' antes de que me condujeran frente a la 'bóveda'. Allí sentado y rodeado por varios espiritistas sostenía a Ta José en mis brazos mientras se desarrollaba la 'misa'. En un punto, Diana se sitúo a mi espalda con un paño blanco que envolvía unos ramos de rosas blancas. Cubrió mi cabeza con el paño, que era mi 'corona', durante el rato en que unos cantantes tocaban cerca de mis oídos con un pequeño cajón. Lo que se buscaba era que yo sirviera de 'caballo' a Ta José para que se manifestara a través mío. Esto no ocurrió y al cabo de un rato cesaron los toques y los cantos para dar fin a la 'misa'.

 


 

 

 

 

La bajada de Ta José: la misa de confirmación

Año y medio transcurrió antes de que regresáramos para la realización de la última ceremonia, clausura y apertura de mi trayecto dentro de esta práctica religiosa. A las once de la noche dio inicio la 'misa', sentado frente a la 'bóveda', los cantos animaban el ambiente “yo te jala mi munanso, pa’ qué tú me llamas si tú no me conoces, yo me llamo como quiera… Yo me llamo negro congo… Yo me llamo Tiembla Tierra… Ta José mi Tiembla Tierra…”, al tiempo que preparaban las condiciones para que Santiago, 'palero' y espiritista pudiera servir como 'caballo de muerto' a Ta José Tiembla Tierra.

Los temblores empezaron a manifestarse en el cuerpo de Santiago, su rostro se retorcía en una mueca que anunciaba la presencia del congo y la lucha que al parecer tenía lugar entre el 'caballo' y el 'jinete' que buscaba 'cabalgar' su 'montura'.  Pasaron cerca de diez minutos cuando finalmente Ta José 'bajó'. Lentamente, Santiago —que a esa altura no era él sino el otro— se incorporó, prendió un tabaco, con la pesadez de los siglos que lo habían acompañado desde los días en que anduvo nuestro mundo. Aunque aletargado por el largo sueño de muerto, comenzó a balbucear palabras que resultaban incomprensibles para mí. Fue entonces cuando mi 'madrina' y Alexandra —otra espiritista— se acercaron a saludar y a ayudarme en la interpretación de lo que mi 'guía' tenía para decirme. “¿Cómo está mi padre? Aquí está su 'hijo' que quería conocerlo, saber acerca de usted y pedirle consejo”. Con calma extendió su mano, y dijo: “¡sala malekú!” a lo que respondimos: “¡malekú nsala!”.

Por momentos iba y venía hablando de manera casi imperceptible, mientras nosotros girábamos en torno a él para prestar atención a lo que venía a decir.

Él dice que él es la verdad y la mentira, que es todo para usted. Él dice que quiere que conozca el houngan, que él no pudo conocerlo porque sus santos no se lo permitieron; que se siente arriba del malongo y que antes de recibir el houngan, haga el rayamiento.

Tan sólo estuvo unos minutos en la tierra, traspasando la frontera con autorización divina para hablarme de quién había sido él, para advertirme y aconsejarme. La recomendación iba encaminada a que debía pasar por la iniciación en vodou, pero antes debía pasar por el 'rayamiento', es decir por la iniciación dentro del palo monte. Fue un instante en el que se quebró la organización temporal en la que pasado, presente y futuro confluyeron para permitirle estar. La salida del cuerpo del 'caballo' fue estrepitosa y en el momento de ser abandonado por Ta José dio paso a un nuevo 'jinete'… La 'misa' concluyó poco antes de la media noche, tiempo límite que no podíamos sobrepasar… “Se van los seres, se van los seres a otra mansión…”  

¿Y la frontera?

La frontera se presenta o se piensa usualmente como límite, como corte que separa; no obstante, ésta también puede ser un espacio de encuentros y desencuentros. Es el caso del cuerpo, que con el advenimiento de la modernidad en Occidente y los países occidentalizados se hizo de lo corporal un punto de rompimiento con lo otro y los otros, un cuerpo separado del cosmos, de la naturaleza, de la comunidad y del mismo sujeto.

En otras culturas el cuerpo no es un “otro” deslindado de esas dimensiones  antes mencionadas. Esto es claro en los fenómenos de 'montar' que he referido. Vida-muerte, vivos-muertos, pasado-presente-futuro, espíritu-cuerpo no devienen frontera como separación para quienes participan de estas ocasiones sociales, y mucho menos para quien es 'caballo de muerto'.

La frontera, como ruptura, emerge para quienes estamos parcialmente fuera de estos otros sistemas de referencias. Las condiciones de posibilidad para ser 'caballo' establecen una ruptura, que se levanta como barrera infranqueable y limitante, ¿quién determina la in-habilidad?, ¿el muerto, la persona, la cultura? Seguramente la respuesta, cualquiera que sea, resultará insatisfactoria en cualquier caso.

Finalmente, ¿cómo habitamos ese lenguaje generador de otros mundos posibles, cuando investigamos sobre estos temas? Es indudable que a estas alturas se haya producido una frontera entre ustedes y quien escribe, emanada de la creencia espiritual, religiosa o académica de cada uno, creencias todas ellas que se preguntaran por la veracidad y la objetividad de lo aquí narrado. De la objetividad franqueada al participar activamente de este escenario y de la veracidad alrededor de si “los muertos viven alrededor de los vivos, comen con los vivos…”.

[1] Aunque, ser creyente no se convierte en un hecho definitivo para el ingreso de la entidad.

[2] Algunos de los nombres que se emplean en el texto son seudónimos

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