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VERSIONES CAPITALES
ESPEJITO, ESPEJITO,  “TÚ TIENES QUE SABER QUE LAS BRUJAS NO SON COMO LAS PINTAN”
ESCRITO POR
María José Ortiz Martínez
Antropóloga, politóloga hija de Ma Juliana Cholaguengue.
IMÁGENES POR
Luis Carlos Castro Ramírez
Investigador de fenómenos de trance-posesión en religiones afro.

ESPEJITO, ESPEJITO, “TÚ TIENES QUE SABER QUE LAS BRUJAS NO SON COMO LAS PINTAN”

La brujería, la santería, la palería, la belleza femenina y el trasfondo de la violencia en Cali, son el escenario de prácticas rituales en donde los ‘encargos’ se enredan con las habladurías, los problemas personales y la resistencia desde otros escenarios de poder.

“Cuando yo me bajé del avión y puse el primer paso en esta tierra,
me di cuenta que esta tierra no es de ocha, esta tierra es de palo,
esta tierra huele a muerto”

Juana Castro[1]
Santera, palera y espiritista cubana

 

La primera imagen de la bruja que tengo en mi cabeza es la de la malvada madrastra de Blanca Nieves; esa mujer envidiosa y egoísta, celosa de la belleza de su hijastra, que pasaba de ser una hermosa y refinada dama a una vieja pordiosera y astuta por obra de la magia que manejaba en su caldero. Ancas de rana, ojos de buey, raíces de palo negro -esta pócima es de mi autoría- y un sinnúmero de otros elementos de la naturaleza, seguramente entraban a mezclarse en esa gran olla negra, para después, a través de un conjuro y el aliento de la terrorífica bruja, cambiar la vida de la princesa de tez pálida y mejillas rojas. La historia seguramente la tendrán ustedes también en la cabeza: una manzana envenenada, un príncipe azul y siete enanos representados con diversos caracteres y colores que se suman a la historia. De cualquier modo, la moraleja es que hay que cuidarse de este tipo de mujeres envidiosas para quienes la belleza es tan importante.

Pues bien, en la ciudad de Cali, bajo el influjo de la salsa, -ese ritmo neoyorkino que guarda dentro de sus compases su origen caribeño-, con la cercanía de los históricos ingenios azucareros, del puerto de Buenaventura y el Pacífico colombiano, y con una historia fuertemente ligada al narcotráfico, se encuentran unas mujeres que orgullosamente se identifican como brujas. Brujas todo terreno que andan a la moda, diseñando sus propias prendas y joyas; que cambiaron el caldero donde se preparaba la pócima de la madrastra de Blanca Nieves por un caldero de palo monte, una práctica de origen afrocubano cercana al espiritismo cruzao y la santería.

Probablemente hayan oído mencionar la santería alguna vez. De hecho, en los últimos años, cada cierto tiempo las noticias televisivas o los diarios escritos han publicado reportajes refiriendo la práctica de estas religiones por parte de narcotraficantes, los maleficios hechos a algún desprestigiado político o incluso la brujería encontrada en la Casa de Nariño. Pero la santería, el palo monte y el espiritismo tienen otra cara más allá de los encabezados algunas veces despectivos y otras veces burlescos con los que se redactan y se editan las noticias que vemos y oímos,  otra cara más allá de la información que recibimos por boca del vecino o del amigo, todo influenciado por una tradición católica dominante.

Mi intención es evidenciar y relacionar también otros órdenes vividos de nuestra experiencia nacional, como los de la violencia en sus diferentes niveles que marcan profundamente diversas formas de ser y estar en el mundo, como en este caso sucede con la bruja caleña.

Los santos

Desde la década de los ochenta comienza la consolidación de la práctica de las religiones afrocubanas en nuestro país (Castro 2010), conocidas popularmente como “brujería”. De hecho, es a partir del interés de algunos narcotraficantes de esa época, quienes encontraron en el sincretismo de la santería con el catolicismo un blindaje llamativo contra la ley y contra la violencia de sus competidores, que esta práctica se empezó a consolidar en Colombia (Castro 2012). Se puede entender esta escogencia por la cercanía cultural que sentían los narcos con los santos cubanos sincretizados con los orichas del panteón Yoruba[2], buscando ponerlos a trabajar para sus fines ilegales. ¿La razón? Como dicen algunos practicantes: “esta religión soluciona”, es decir, busca pasar de un simple decir y esperar, como en el catolicismo, a un decir–hacer[3].

Los muertos

A finales de marzo de 2012, llegué en compañía de mi profesor Luis Carlos a una casa al sur de Cali. Toda esa tarde hablamos con Juana Castro, una cubana que se hizo llamar en broma desde ese primer encuentro “la bruja todo terreno”. Ella estaba instalada hacía cuatro años en la ciudad y tenía hasta ese momento varias ahijadas y ahijados caleños en ˈla religiónˈ[4] que practica desde su nacimiento. Después de ese día me di cuenta de que la presencia de esta santera, palera y espiritista (cuyo fuerte es el palo) no es azarosa en Cali si se piensa en la violencia que esta ciudad ha experimentado desde hace unos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

El porqué de esta situación radica en las características de esta experiencia religiosa. El palo y el espiritismo cruzao[5] tienen una relación mucho más directa con la muerte, y en términos simbólicos -desde la perspectiva moderna que establece pautas civilizatorias específicas-, son más fuertes y más violentos que muchas otras prácticas religiosas. El caldero de muerto, la prenda o nganga es el centro de poder de la palería de inspiración bantú. En ella varios elementos naturales como palos y hierbas en representación del monte (por eso su nombre), así como algunos restos humanos, se concentran para darle poder a quien de antemano (por medio de una ceremonia llamada rayamientoha establecido un pacto con el muerto dueño de los huesos. En esa ceremonia emerge la necesidad de sellar el pacto por medio de la sangre tanto del iniciado como de algunos animales sacrificados, y después mantener el vínculo por medio de más sacrificios[6]. No obstante, es importante recordar que el sacrificio ritual, en tanto pacto, es una forma de desviar la violencia individual y de la comunidad, y este elemento está presente de diferente modo en muchas culturas y prácticas socioculturales (Girard, 1998).

A diferencia de los años en los que la santería era tan popular, por estos días el interés de los colombianos y en particular de los caleños pareciera haberse volcado hacia el palo y el espiritismo, especialidades de Juana. Las brujas caleñas ahijadas de la bruja mayor, como Eliana James, dueñas de sus calderos de muerto que utilizan para defenderse, son el ejemplo perfecto de este cambio.

Eliana James

A Eliana James, una caleña de treinta y cinco años, la conocí cuando nos citó en su casa para mostrarnos sus prendas, su bóveda espiritual y las distintas representaciones materiales de los espíritus de su cordón espiritual. La bóveda espiritual es el lugar de atención a los muertos dentro del espiritismo, asociado a las prácticas afrocubanas, que consiste en una mesa con al menos seis vasos de agua alrededor de una copa y diferentes figuras en representación a los espíritus asociados a la persona. Este cordón espiritual es el conjunto de espiritualidades familiares y arquetípicas tales como negros congos, gitanas, indios, árabes, monjas y misioneros, entre otros, que acompañan a la persona desde el momento de su nacimiento, y por lo mismo, influencian con su presencia en la personalidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

En medio de nuestra charla, con todo el desparpajo que caracteriza a esta bruja caleña, nos contó acerca de un problema que tuvo con otra mujer, asunto que ayuda a dar cuenta del tipo de experiencias que enfrentan las practicantes de palo en Cali.

Todo sucedió, como nos contó Eliana, después de que a esa otra mujer le hicieron un atentado de muerte del que salió ilesa: “sí, fue en la parte de abajo, y todos pensamos, pero ¿por qué?, ¿esa señora es traqueta o algo?, pero dijimos, 'no, esa señora el marido es bien y todo’”. El motivo de la discordia fue un comentario que ella hizo cuando todos los ahijados conversaban de lo que había pasado: “hay mujeres que no se quedan con nada, ellas no comen de brujería ni nada, ellas cogen un sicario, le pagan y la vuelta es más fácil”. Todos habían asumido, a partir de la razón por la cual la señora había buscado a Juana para que la rayara en palo, que el atentado había sido autoría de la exesposa de su actual esposo, a quien dijeron en ese momento que “ella le había quitado el marido”.

A los pocos días la señora llamó a Eliana desde su escondite para reclamarle lo dicho, pues a sus oídos había llegado el comentario distorsionado sobre Eliana: le habían dicho que Eliana estaba hablando mal de ella. De entrada la señora le dijo: “pues quién sabe vos cuántos habrás quitado con esa forma de vestir que tú tienes que es de baja, de dudosa reputación”. Eliana no aclaró el malentendido y continuó la pelea respondiéndole: “pues yo siquiera me visto de dudosa reputación pero me visto, vos que mantenés como una pordiosera”.  Eliana cuenta que después de este evento vinieron más enfrentamientos directos, pero lo importante es mencionar que fue a raíz de este problema que ella también tuvo que rayarse, como dice, para protegerse de los trabajos que la otra mujer le estaba haciendo constantemente.

En una tierra que huele a muerto las brujas no son como las pintan ¿o sí?

Durante los últimos días de mi primera estadía en Cali, sentados en la mesa de la casa de Juana, nos reunimos ella y varios de sus ahijados a conversar. Juana dijo: “cuando yo me bajé del avión y puse el primer paso en esta tierra, me di cuenta que esta tierra no es de ocha[7], esta tierra es de palo, esta tierra huele a muerto”. La mujer cubana ponía esa frase sobre el mantel de flores de su comedor y en un instante toda la historia de violencia política colombiana y la relación que ésta tiene con la práctica que ella ejerce quedaban claras. Sí, Cali y Colombia entera huelen a muerto, pensé yo.

Eliana, la bruja caleña, tuvo que ser rayada por Juana en vista del problema con otra mujer; se había convertido en la bruja del caldero de muerto para que éste la defendiera de la brujería de su rival. El hecho deja entrever la importancia que tiene en los espacios de mujeres brujas la belleza y la estética corporal. Así, se producía una suerte de violencia simbólica en términos de la feminidad en el enfrentamiento de las dos mujeres, conflicto que además emergía en un contexto de fuerte violencia material señalado en varios momentos por Eliana: “el traqueteo”, “el de la moto” y otra serie de alusiones a la violencia salieron a relucir en su casa.

Actualmente, las prácticas como la santería, el palo y el espiritismo son parcialmente prohibidas en Colombia. Basta con revisar la Ley de Libertad de cultos en su artículo 5º para darse cuenta. La ambigüedad de la prohibición debe relacionarse con una historia nacional donde la religión católica ha tenido un peso muy fuerte en la formación de la nación, erigiendo imaginarios y tabúes negativos sobre los practicantes de otras formas de religiosidad y culto. El problema de lo “negro” y el señalamiento colonial de imaginarios acerca de la bruja deben considerarse aquí como elementos relevantes en la mirada crítica en el surgimiento de esta identidad femenina[8]. Y es por esta razón, en primera instancia, que estas mujeres caleñas se contraponen a un orden en el que se amparan ciertas metáforas importantes sobre lo femenino, como el control y el manejo de la sexualidad que señala el catolicismo.

Entonces, al ver críticamente estos espacios se puede situar a la bruja caleña en un lugar de poder dado por su sentido de la feminidad, que paradójicamente es enunciado y vivido desde una óptica altamente patriarcal reproducida por los medios masivos de comunicación y que establecen unos cánones del ser “bello”. Lo anterior se refleja en narrativas comunes dentro y fuera de los espacios rituales de estas paleras que acuden a operaciones estéticas de aumento de senos y glúteos, liposucciones y consejos sobre el valor de la apariencia física.    

Fue Juana en ese primer día en su casa quien mencionó que las brujas no eran como las pintaban, mientras me mostraba su closet lleno de telas livianas de muchos colores. Me decía que debía conocer a una bruja de verdad, a una bruja todo terreno. Así, como decía Eliana, es preferible verse de dudosa reputación que como una pordiosera, como una bruja sexy que como una andrajosa. La estética en última instancia se asocia a la brujería en Cali, a esa mujer que con sus encantos se empodera dejando claro que puede llegar a parecerse, sólo parcialmente, a la bruja de Blanca Nieves.  De este modo, tanto a ella como a las brujas en Cali les importa  ser siempre las más bellas, aunque las caleñas sean el reflejo de una sociedad patriarcal violenta  a la que por contestación ellas se han empezado a enfrentar, desde éste y otros espacios de poder.

REFERENCIAS

Argyriadis, Kali. 2005 “El desarrollo del turismo religioso en La Habana y la acusación de mercantilismo”. Desacatos, (18): 29-52.

Bolívar Aróstegui, Natalia. 1990 Los orichas en Cuba. La Habana: Ediciones Unión, Unión de Escritores y Artistas de Cuba. 

Borja, Jaime Humberto. 1998 Rostros y rastros del demonio en la Nueva Granada. Indios, negros, judíos, mujeres y otras huestes de Satanás. Bogotá: Ariel.

Cabrera, Lydia. 2006 El monte, La Habana, Editorial Letras Cubanas.

Castro Ramírez, Luis Carlos. 2011 “‘Arrear el muerto’: sobre las nociones de trabajo en las religiones afrocubanas practicadas en Bogotá”. Maguaré, 25(2): 89-119.

Castro Ramírez, Luis Carlos. 2010 Narrativas sobre el cuerpo en el trance y la posesión. Una mirada desde la santería y el espiritismo en Bogotá. Bogotá: Ediciones Uniandes

Ceballos Gómez, Diana Luz.1995 Hechicería, brujería e inquisición en el Nuevo Reino de Granda. Un duelo de imaginarios. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Fuentes Guerra, Jesús y Armin Schwegler. 2005 Lengua y ritos del Palo Monte Mayombe. Dioses cubanos y sus fuentes africanas. Madrid: Iberoamericana. 

Fernández Olmos, Margarite y Paravisini-Gebert, Lizabeth. 2003 Creole Religions of the Caribbean. An Introduction from Vodou and Santería to Obeah and Espiritismo. New York: University Press.

Girard, René. 1998 La violencia y lo sagrado. Barcelona: Editorial Anagrama.

González Pérez, Juan (Madelaine). 1997 “Ellos están muertos y me eligieron a mí”. Entrevista por Julio Corbea Calzado. Del Caribe, Santiago de Cuba: Casa del Caribe 26: 56-62.

James Figarola, Joel. 2006 La brujería cubana: El Palo Monte. Santiago de Cuba: Editorial Oriente.

Matibag, Eugenio. 1996 Afro-Cuban Religious Experience. Cultural Reflections in Narrative. Gainesville: University Press of Florida.

Portuondo, Vicente. 1997 “Pacto con lo desconocido”. Entrevista por José Millet. Del Caribe, Santiago de Cuba: Casa del Caribe 26: 51-55.

Reyes, Gerardo. “Presidencia colombiana `fue víctima de brujería'”. (01/11/1998), El Nuevo Herald, http://www.latinamericanstudies.org/colombia/brujeria.htm Visitado 27

 


[1] Todos los nombres empleados en este texto son seudónimos.

[2] Para profundizar en las características de la santería afrocubana ver: Bolívar (1990), Cabrera (2006), Castro (2010) y  Matibag (1996). 

[3] Para entender la noción de trabajo en las prácticas afrocubanas ver Castro (2011).

[4] Se le denomina religión a la práctica de la santería, el palo monte y el espiritismo en Cuba. Para ampliar este tema ver Argyriadis (2005).

[5] El espiritismo cruzao relaciona la práctica de la santería y el palo, en cuanto refiere la existencia de espíritus vinculados en vida a cada uno de estos complejos o a los dos y que influyen en sus practicantes. Si le interesa saber más sobre espiritismo, ver Fernández y Paravisini-Gebert (2003), Gonzalez (2007) y Portuondo (1997).

[6] Para ampliar el tema de Palo monte ver: Figarola(2006) y Fuentes y Schwegler (2005).

[7] Algunos practicantes llaman a la santería regla de ocha.

[8] Ver Borja (1998) y Ceballos (1995)

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