I.LETRADA.CO | SANTA NERDA | EL PRIMITIVO ARTE DEL CONTAGIO
SANTA NERDA
EL PRIMITIVO ARTE DEL CONTAGIO
ESCRITO POR
Cristian Gaona Borbón
Ebrio por presagio, humanista por accidente. Lee desde Marcel Mauss hasta el horóscopo del ADN.

EL PRIMITIVO ARTE DEL CONTAGIO

Cuatro visiones de la brujería en el amanecer de la disciplina antropológica.
James Frazer, Marcel Mauss y Henri Hubert, Edward Evan Evans-Pritchard y Bronislaw Malinowski, todos fueron figuras notables en la consolidación de la antropología como disciplina, y su lugar común se encontró en el interés por explicar los fenómenos humanos de la magia y la brujería. Sus ideas sobresalientes sobre estos hechos sociales los configuraron como uno de los temas clásicos de la antropología.

En algún lugar del Mediterráneo homérico la hechicera que alteró los destinos de la tripulación de Odiseo se valió de una suerte de magia, servida en un generoso banquete, para convertir a buena parte de sus soldados en cerdos. En un tiempo relativamente más reciente, escondida en un bosque imaginario de cualquier región de Europa, una bruja engaña a un par de niños usando una casa fabricada de comida con el objetivo de cocinarlos y devorarlos después. De otra parte, durante los inicios del siglo XX la etnografía del pueblo africano de los Azande registra un mago cocinero que guisa medicinas con propiedades místicas con el objeto de usarlas en un rito mágico. La lista de casos aislados y, sobre todo, geográficamente distantes puede llegar a ser interminable. La brujería es en cualquier caso un fenómeno humano, en igual proporción que la trama de sentidos con que es permanentemente asociada: secreto, canibalismo, murmuración, envidia, vileza, entre otros. Por supuesto, en tanto fenómeno social, la brujería  ha funcionado como tema de investigación de las modernas ciencias sociales, aunque de forma privilegiada para la antropología. De tal manera que mi pretensión pseudoacadémica aquí es recorrer el embrujo primario entre la disciplina ya mencionada y el tema que nos convoca en el presente número de i.letrada.

La expansión y colonización intelectual del mundo Occidental hacia los pueblos de todo el planeta sucedió por siglos de manera simultánea a las formas más violentas de dominio y explotación. No obstante, con el advenimiento de la modernidad industrial del siglo XIX y la consecuente especialización de saber académico consagrado a distintas áreas de la realidad, se afinaron los métodos de conocimiento sobre aquellos Otros lejanos, soslayando en las proclamadas misiones humanitarias de la ciencia el andamiaje colonizador (Vasco, 2002). En esta desafortunada historia, a la antropología se le encargó el conocimiento de aquellos grupos humanos que parecían haberse quedado en una ‘infancia general de la especie’ (Lévy-Strauss, 1995: 29). Dentro de la agenda investigativa que se proyectaba la disciplina podía encontrarse la noción de “creencia”. Era bien sabido desde Durkheim que existían en todas las sociedades conjuntos de representaciones sociales que explican y dan sentido a la existencia misma de tal o cual sociedad (Durkheim, 2001: 24). Sin duda el fenómeno religioso constituía la manifestación más evidente de dicho principio, razón por la cual el sociólogo francés dedica una de sus más célebres obras a su estudio exclusivo. Así, desde la catequética definición de cultura de Tylor[1], las creencias fueron objeto de toda investigación que se preciara de ser antropológica.

En este contexto el antropólogo escocés James George Frazer desarrolla su monumental obra La Rama Dorada (1993). Podríamos afirmar que este, tal vez el más extenso esfuerzo antropológico del siglo XIX[2], constituiría el germen de uno de los temas clásicos de la aún joven disciplina: la magia[3].  El trabajo inicialmente se propone la explicación del oficio sacerdotal consagrado a la deidad romana conocida como Diana. No obstante, el carácter comparativo y la intención cientificista de tipificar los fenómenos sociales, dirigen a Frazer hacia un estudio detallado de la religión y la magia más allá de los bosques italianos. En principio, Frazer define la magia como “Un sistema espurio de leyes naturales (…)” (Ibíd.: 34) que alberga en su interior principios de causalidad, los cuales el mago aplica con el fin de conseguir unos fines concretos. He ahí su carácter teórico y práctico. A esa lógica que sustenta el pensamiento mágico le son necesarios y suficientes, según el autor, dos reglas fundacionales: la ley de la semejanza y la ley del contacto o contagio. Argumentar que la magia funciona a través de la asociación de ideas por semejanza (sea el caso de la primera regla) y por contigüidad (sea el de la segunda), es tanto como afirmar que “lo semejante produce lo semejante, o que los efectos se asemejan a sus causas” (Ibíd.: 34), y que “Las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia, aun después de haber sido cortado el contacto físico” (Ibíd.: 34). Veamos esto en un ejemplo concreto. Imagínese uno de esos muñecos fabricados por medio de brujería, con el cuerpo hecho de carne y por cara la foto de cualquier persona, envuelto en la ropa interior de la misma. Cuando un alfiler es enterrado en el siniestro artefacto el resultado esperado es que de manera semejante se infrinja daño en la víctima real. De igual manera, la presencia de la ropa interior asegura la consubstancialidad entre el muñeco y a quien representa debido a que alguna vez estuvieron en contacto. Lo que hace voluminosa la obra del escocés es que sitúa a disposición del lector ingentes cantidades de ejemplos provenientes de diversos pueblos alrededor del mundo donde se evidencian estas leyes.

Es claro que Frazer contempló la magia como una ciencia primitiva que reviste un tipo de conocimiento sobre el mundo y su naturaleza. Esta se diferencia radicalmente de la religión en que no pretende conciliar al hombre con poderes sobrehumanos, sino intervenir el mundo a través del conocimiento de determinados ‘principios naturales’. Mauss y Hubert (1979) explican este punto de la argumentación de Frazer afirmando que mientras la religión concilia, la magia fuerza y obliga. No obstante, también la diferencian de la ciencia porque atiende a una causalidad, en su opinión, poco experimental (Ibíd.:47). Si Frazer admitió la existencia de una lógica en la magia y se preocupó por los principios que la ordenan, Mauss y Hubert se inquietaron por el carácter colectivo de esta y su función creadora. Aunque sencillo pero innovador, el punto de partida de Mauss y Hubert radicó en pensar la magia como un fenómeno social. Esta consideración situó la magia a la altura de un problema que puede ser estudiado de manera sistemática a través de un análisis etnológico, en la búsqueda de conseguir la cientificidad perseguida por los teóricos sociales de su tiempo. De igual forma, gracias a ese postulado, los autores se empeñan en analizar la magia como un fenómeno que se relaciona necesariamente con otros aspectos de la vida social, tales como los oficios, la tradición, las necesidades de la vida cotidiana, etcétera.

Posiblemente el mayor aporte de Mauss y Hubert a una tentativa teoría de la magia consistió en hacer énfasis en la eficacia de los actos mágicos, es decir en su capacidad de producir efectos, de crear, hacer y transformar. Por ello creen que la magia se encuentra cercana a las artes y suponen entonces que requiere de una técnica que necesariamente es transmitida por vía de la tradición. Poner un ejemplo de esto es muy simple, puede provenir de un clásico de la literatura etnográfica: «The Andaman Islanders» de Radcliffe-Brown. La persona con poderes mágicos conocida como oko-jumu entre los aborígenes andamanenses, es capaz de causar enfermedad o curarla, así como de controlar el clima (Radcliffe-Brown, 1922: 178). Por supuesto, Mauss y Hubert en últimas resaltarán la falsedad de los dichosos efectos producidos por la magia y estipularán que justamente la función del mago es “hacer creer” a su grupo social (1979: 114). Esta lectura descreída -y en cierta medida, despectiva- de las creencias pertenecientes a un amplio prontuario de pueblos la explica Iris Gareis en una acertada referencia:

A esto hay que añadir que las teorías emitidas en el siglo XIX, como es natural, se inscriben en la tradición científica de su época y se formaban a base de las ideas que estaban vigentes en aquel entonces. Dominaba en este tiempo una visión de la historia que planteaba la evolución unilinear de la humanidad concibiendo como punto culminante de aquella - como era de esperar - la cultura de los autores que formulaban estas ideas. Así se explica el hecho que varios autores del siglo XIX, siguiendo a Frazer, asignaron en sus esquemas evolucionistas a la "brujería", o sea a la "magia negra" un lugar anterior a la religión, la que a su vez – según esta lógica - era superada por la ciencia. (s.f.:9).

El panorama cambiaría radicalmente en el siglo que se avecinaba. Poco menos de dos años duró Evans-Pritchard etnografiando los Azande, un pueblo nativo del norte de África. El trabajo titulado “Brujería, magia y oráculos entre los Azande” (1976) es otro de los hitos dentro de los estudios antropológicos en la materia, dado que es el primero que, siguiendo el camino trazado por Mauss y Hubert, explora la relación de la magia y la brujería con el resto de elementos de la vida social, desembocando incluso en su distinción conceptual. Aunque no me detendré en las razones por las cuales esa distinción se justifica, o no, vale anotar que los conceptos empiezan a no ser suficientes dentro la explicación antropológica sobre el tema, haciendo que esta inevitablemente se complejice. La mayor contribución de Evans-Pritchard fue demostrar la intrincada manera en la que la brujería y la magia atraviesan de modo transversal toda la comprensión moral del pueblo zande: la posibilidad de encontrar en estas creencias una explicación a la vida doméstica y sus necesarios infortunios. Escribe el antropólogo “La frase zande: «Es brujería»   muchas veces puede traducirse simplemente por «Está mal»” (Ibíd.: 120).

La última opinión antropológica sobre la brujería que considero también cambió para siempre la lectura sobre el tema fue la de Malinowski. En «Magia, ciencia y religión»  (1985) más allá de las discusiones sobre el campo interdicto en el que opera la brujería o sus límites con la actividad religiosa y científica, Malinowski propone observar la magia como una relación entre el hombre y las cosas, entre este y su naturaleza. La magia como un artefacto cargado de trabajo humano:

Existe, por consiguiente, la idea de que entre el objeto y su magia hay un nexo esencial. La magia es cualidad de la cosa, o mejor, de la relación entre la cosa y el hombre, pues aunque ésta no es producto suyo, sin embargo, ha sido hecha por él. (1985: 83)

A eso llega este recorrido, a encontrar relaciones imperceptibles. La brujería y la magia son caminos espinosos y esquivos que han sido transitados de alguna manera por la antropología. No pretendo plantear que después de estos grandes autores y sus obras el tema de la brujería no se ha desarrollado en direcciones más provechosas[4].  Por el contrario era mi interés resaltar que gracias a los trabajos y postulados básicos expuestos en el alba de esta disciplina hoy se entienden en buena medida los actos mágicos. La clarividencia de estos autores permite que la aplicación de sus principios teóricos se manifieste muy válida en la actualidad. Basta pensar en las leyes del contagio y la semejanza para percatarse de lo perdurable que ha sido, a través del tiempo, el fenómeno humano que nos convoca y cuan antigua es la lógica que la sustenta. De igual manera la consideración de la brujería como un oficio o arte destinado a la solución de las “necesidades inferiores de la vida doméstica” se encuentra muy vigente: perfumes y jabones místicos que alejan la mala fortuna o atraen el amor imposible están a la orden del día en las tiendas esotéricas. Y cómo no haber escuchado la historia de aquel cristiano al que le cambió la suerte, entrando en su vida la desgracia y la enfermedad a causa de un embrujo. La lógica de la brujería les sirve a algunos para explicar el devenir de su propia vida, al mismo tiempo que explica la naturaleza que los rodea, aun en ocasiones a nosotros mismos. Nuestras aspiraciones modernas seguirán agazapándose, como en este artículo, ante la grandeza de nuestra más primitiva humanidad.

BIBLIOGRAFÍA

Durkheim, Emile. (2001 [1895]). Las reglas del método sociológico. Traducción de Ernestina de Champourcín. Fondo de Cultura Económica: México D.F.

Evans-Pritchard, E.E. (1976[1937]) Brujería, magia y oráculos entre los Azande. Traducción de Antonio Desmonts. Barcelona: Editorial Anagrama.

Frazer, J. G. (1993 [1922]). La rama dorada. Bogotá: Fondo de Cultura Económica Ltda.

Lévy-Strauss, Claude. (1995 [1974]). Antropología estructural. Ediciones Paidós: Barcelona.

Malinowski, Bronislaw. (1985 [1948]).Magia, ciencia y religión. Traducción de Antonio Pérez Ramos. Bogotá: Planeta-De Agostini.

Mauss, M. & Hubert, H. (1979 [1902]). Esbozo de una teoría general de la magia. En M. Mauss, Sociología y antropología. Traducción de Teresa Rubio de Martín-Retortillo. Madrid: Tecnos

Radcliffe-Brown, A. R. (1922). The Andaman Islanders. A Study in Social Anthropology. Cambridge University Press: Londres.

Suárez Guava, L. A. (2007). Tiempo, magia y organización social en la antropología de los primeros evolucionistas. Revista Maguaré, 21, 129-158.

Tylor, Edward Burnett. (1920) Primitive culture. Researches into the development of mythology, philosophy, religion, language, arte, and custom. Vol. I. John Murray: Londres.

Vasco, Luis Guillermo. Entre selva y páramo. Viviendo y pensando la lucha india [en línea]. ICANH: Bogotá. [Fecha de consulta: 1 de octubre de 2013]. Disponible en http://www.luguiva.net/libros/detalle1.aspx?id=268&l=3

 

[1] Cultura o civilización, tomado en su amplio sentido etnográfico, es un todo complejo el cual incluye conocimiento, creencia, arte, moral, derecho, costumbre y cualquier otra capacidad y habito adquirido por el hombre como miembro de una sociedad. (Tylor, 1920: 1. Traducción propia).

[2] Al respecto menciona Suárez Guava: El trabajo de Frazer es gigantesco y lo que conocemos de él es mínimo. La rama dorada (1945), su libro más conocido, es una empresa titánica desarrollada durante más de 22 años, entre 1890 y 1912. Lo que nosotros leemos y que está traducido al español es un resumen hecho por el mismo autor y publicado en 1922. (2007:152).

[3] Indistintamente usaré el concepto de magia y el de brujería, por la simple razón según la cual en las primeras décadas del pensamiento antropológico su distinción no se marcaba de manera notable.  

[4] Particularmente podría recomendar la lectura de los trabajos de Mary Douglas en la década de los setenta, así como los de Max Gluckman.

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