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ARTíCULO INVITADO 2
TRES POSIBILIDADES DE BARAJAR EL DESTINO
ESCRITO POR
Camilo Barajas

TRES POSIBILIDADES DE BARAJAR EL DESTINO

No sabemos del destino; si existe y cuál es el nuestro. Entretanto buscamos anticiparlo, comprenderlo, controlarlo. ¿Será el futuro más digerible como incertidumbre o cómo certeza? En este texto nos acercamos a tres lecturas sobre el destino y, en consecuencia, a tres posibilidades de la cartomancia como instrumento para relacionarnos con el nuestro.

La cartomancia es una práctica que ha sobrevivido a través del tiempo bajo distintas formas. Aunque la mayoría de las veces la lectura de las cartas se ofrece como una ventana que asoma al futuro, su variedad no puede ser reducida únicamente a la predicción del porvenir. Esto se debe a que no todo el mundo concibe que pueda leérsele el futuro por medio de un naipe; para algunos se trata de una de las maneras más productivas de estafar y sacar provecho de la incertidumbre de la gente, para otros es un espacio de revelaciones, la oportunidad de salir de dudas e incluso una suerte de terapia cada vez más popular.

El tema siempre logra desatar una bandada de preguntas sin respuesta definitiva: ¿puede adivinarse el futuro por medio de la interpretación de un naipe de cartas dispuestas al azar?  ¿Está nuestro futuro escrito y avanzamos ciegamente por la vida ejecutándolo? ¿Qué postura puede asumirse al salir de una lectura de cartas? Sin ánimo de contestar parcialmente a estos temas prefiero ofrecer tres posiciones distintas sobre la creencia en el destino y su relación con las llamadas artes adivinatorias; quizá estas le sirvan en caso de que algún día decida hacerse leer las cartas, o lo reafirmen en su decisión de no hacerlo.

Sobre deterministas o cómo ser una ficha dentro del efecto dominó

Desde una perspectiva determinista, todo lo que acontece está presupuestado de antemano. A quién corresponde trazar los caminos por los que ocurre la realidad ha sido siempre fuente de un sin número de creencias. El futuro ya se escribió: en alguna esfera desconocida cada uno de los hechos que le suceden (sea leer este artículo o realizar uno de sus objetivos más preciados), ya se encuentran presupuestados. Como actores de un guión del que se desconoce el argumento pero que se está de algún modo determinado y condicionado a actuar, avanzamos ciegamente por el camino designado por un ente regente de las circunstancias. Desde esta mirada, la realidad resulta una sucesión de causas y efectos que guardan una relación entre sí tan misteriosa como causal, no puede ser afectada por nada y solo puede participarse de ella cumpliendo a cabalidad lo predeterminado.

Esta posición es la más propicia para la creencia en la lectura de cartas como ejercicio de adivinación; al leer el futuro solo se está haciendo una previsión del porvenir. En esta medida hacerse leer la suerte podría ser un acceso a información de ese expediente secreto frente al cual se está ciego, y que gracias a la labor del cartomante es revelado en algunos de sus tramos. Al respecto, en los manuales de cartomancia se especifica la posibilidad de leer futuros próximos y lejanos; sin embargo, son pocas las explicaciones acerca de qué puede hacerse con dicha información, produciéndose a veces tanta fascinación como terror, pues el consultante queda sumido en una situación como la de los héroes trágicos: personajes que avizoran futuros de los cuales quisieran tomar distancia, pero en cada una de sus acciones son atraídos con más fuerza a cumplir la sentencia oracular, lo cual deviene en tragedia. A esto debe agregarse que la situación de desventaja en el consultante puede ser aprovechada por oportunistas que, disfrazados de videntes, trafican con las expectativas de sus “clientes”, consulta a consulta dispensan con astucia un repertorio de predicciones a su acomodo, creando así una peligrosa dependencia.

En este presunto espacio de revelaciones resulta entonces complejo saber distribuir la dosis de creencia y escepticismo, a fin de no sentirse reducido y resignado a ser una ficha más dentro de una hilera de piecitas de dominó, misteriosamente dispuesta para ser derribada en cualquier momento.

AMOR FATI: EL PODER DE LA TRANSFORMACIÓN O CÓMO AFLOJARSE LOS ALAMBRES QUE ATAN AL TITIRITERO

Sin embargo, puede usted respirar tranquilo, pues esa perspectiva en la que el destino condiciona y presupuesta absolutamente todo lo que le sucede no es la única; la elección de leer este texto también es suya, no es solo un nudo de fuerzas ejerciendo presión invisible sobre su voluntad y determinándola. Existen muchas posibilidades de concebir los modos en que las fuerzas del destino se manifiestan. La que se presenta ahora es menos estrecha y fatalista; se trata del amor fati, un modo de relacionarse con el destino presente en la filosofía de Nietzsche (Así habló Zaratustra).

Esta posición se caracteriza por aceptar la posibilidad de que los actores puedan intervenir, crear y recrear el desarrollo de ese teatro del mundo en el que se conciben inmersos. En esa medida, no se trata exclusivamente de la ejecución de un guión invisible en el que los límites y las condiciones son asumidos pasivamente como designios de un ente sobrenatural. En el amor fati tanto lo circunstancial como lo azaroso se conciben en pos de la voluntad de poder; la acción de cada individuo y su fuerza tienen una capacidad transformadora sobre lo acontecido.

Para Nietzsche no hay un sentido inherente al mundo, no hay algo así como una suerte de estructura causal y mecánica que ponga en marcha lo real hacia un único destino final. En un mundo declarado vacío de sentido, el solo hecho de interpretar el orden de los acontecimientos y narrarlos ya es un acto de voluntad de poder. Una explicación causalista-determinista, es solo una explicación entre muchas posibles (una que por cierto ha resultado bastante productiva para intereses políticos, diría Nietzsche, tal como lo irá explorando a través de las genealogías y deconstrucciones de los valores de occidente).

Algunas de las consecuencias de tomar distancia de una concepción determinista son: no se trata de aceptar y cargar las pesadas consecuencias de lo vivido, incluso aquello que no nos resulte a veces tan favorable puede ser amado y aceptado en pos de renovar nuestras fuerzas, de modo que la vocación de héroe trágico a la que se nos llamaba en la anterior perspectiva resulta ahora reevaluada. Por otro lado, se concibe que las fuerzas del destino no corresponden a la voluntad de un ente en abstracto (llámese hado, providencia, dios, etcétera); si hay algo que determina y condiciona el modo en que se desenvolverá nuestro porvenir serán las fuerzas de la historia, no solo la Historia de la humanidad, sino la historia particular: la  educación, los antepasados, las propias experiencias.  

El fatum se convierte así para Nietzsche en una dinámica de fuerzas que no puede explicarse únicamente desde posiciones deterministas y causales, que lo único que hacen es reducir todo acontecimiento a una explicación unilateral y unívoca. Intuirá poéticamente que esta dinámica se manifiesta a través del Eterno Retorno e intentará formalizar su planteamiento en la última parte de su trabajo, pero ni la enfermedad ni las condiciones a las que fuera reducido por su propia familia se lo permitieron.

Ante la perspectiva del determinismo, Nietzsche concebió las predicciones de las artes adivinatorias como ilusiones enmarcadas dentro de la moral misma. Los oráculos se convierten así en instrumentos que no solo generan versiones de lo que acontece, sino que las imponen moralmente sobre la voluntad del consultante, lo necesario del ‘Destino’ se convertiría así en una obligación que no escapa a los parámetros de bien y mal, pues si “Todo es destino: ¡debes puesto que te ves forzado!”. Mas distanciarse de la idea de que es una obligación vivir ese destino desconocido pero latente, abre la posibilidad de  querer y elegir el lugar desde el cual se actúa. La libertad tiene como punto de partida la propia interpretación acerca de lo que sucede; al consultar el oráculo será también posible transvalorar y reinterpretar sus sentencias para no quedar anclado a ellas; si la voluntad de poder comienza en introducir un sentido a lo que se vive, ante predicciones determinista, fatalistas y condicionantes sería mejor no saber, no hacerse leer las cartas.  

Lo que no se hace consciente se hace destino

Existe una tercera perspectiva que tiene en cuenta algunas condiciones de las dos posiciones anteriormente referenciadas: la lectura de cartas asumida como terapia. Esta perspectiva, promovida principalmente en la actualidad por el chileno  Alejandro Jodorowsky, no pretende revelar al consultante el modo en que devendrán las condiciones de su futuro, pues para este las cartas, específicamente el Tarot, son esencialmente un entrenamiento en el aprendizaje del ver, un ampliar el horizonte de la mirada por medio de los símbolos, lo que posibilita el reconocimiento de condiciones psicológicas del ser humano que influyen en su la vida.

Si bien el tarot como terapia se distancia de la creencia popular de la lectura de cartas como ejercicio adivinatorio, guarda algunas relaciones con las perspectivas anteriormente mencionadas.

Aquella determinancia de una posición fatalista del destino es acá reinterpretada como una serie de condiciones del pasado del consultante que pueden afectar su estado presente: la historia de sus antepasados, las condiciones de su cultura y educación. De no ser revelados y sacados a la luz de la conciencia, estos factores pueden llevar al consultante a vivir ‘fatalmente’ un destino que no le pertenece, actualizando en el presente situaciones y experiencias de su pasado inmediato y el de su familia. En esta medida Jodorowsky  sigue la línea de Karl Gustav Jung, en la cual aquello que no es traducido desde las profundidades del inconsciente es asumido involuntariamente como destino.

El cartomante es entonces relegado a un rol inútil y peligroso, pues ofrecer predicciones es de algún modo seguir atando al consultante a vivir inmerso en una serie de sentencias que no corresponden al libre desarrollo de su conciencia ni al lugar que este necesita asumir en el universo. Lo esencial para Jodorowsky será aprender a hablar una lengua llamada ‘Tarot’, para que por medio de esta el Tarólogo pueda acceder a aquellas zonas minadas en la psique, desactivando, domesticando e integrando las influencias negativas que bloquean la capacidad creativa del consultante.  

Como complemento a este ejercicio simbólico, Jodorowsky utiliza su sensibilidad artística para formular actos psicomágicos, acciones para reelaborar y reconstruir en el presente aquellos bloqueos que de otro modo solo quedarían atrapados en un juego de palabras revelador.

Existen muchos contrastes entre estas tres perspectivas; a veces un giro inesperado en nuestra historia nos lleva a interpretar lo inesperado como señal de un destino del que no conocemos los argumentos, en ocasiones no nos resignamos a lo circunstancial y queremos intervenir en el orden en el que se dan nuestras experiencias para transformarlas. Sucede también que intuimos estar inmersos en una extraña repetición de hechos que nos desconciertan, hallamos similitudes entre éstos y la vida de nuestros antepasados o seres más cercanos y surge de pronto el deseo de liberarnos de ese condicionamiento incomprensible. Sin embargo, ante la incertidumbre podemos contar con un recurso inmediato para reconocer sobre qué tramo estamos avanzando: contarnos a nosotros mismos nuestra propia historia. Y en esa medida una lectura de cartas siempre puede venir a confrontar ese modo de contarnos lo que nos sucede, hacernos conscientes de las páginas que hemos pasado por alto y remitirnos a evaluar el lugar desde donde escribimos e impulsarnos a construir nuestro destino.

 

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