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TRAS ESCENA
NUESTRO NORTE ES EL SUR
ESCRITO POR
Ana María Trujillo
Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
IMÁGENES POR
i.letrada
La revista pseudoacadémica más cultural de Bogotá.

NUESTRO NORTE ES EL SUR

La música de Pascuala Ilabaca y La Fauna nos transporta a lugares más coloridos, cargados de viajes memorables, paisajes naturales y su natal Valparaíso. Estuvimos conversando con la artista a su paso por Bogotá, como parte de la gira promocional del disco, «Busco Paraíso».


A Pascuala la ‘conocí’ por primera vez a través de una pantalla, como dictan los tiempos. Estaba ella, con una colorida y soleada Valparaíso de fondo, toda sonrisa, toda acordeón, toda trenza. Su sencillez era -perdonarán la paradoja- intrincada. Cantaba acompañada únicamente por su acordeón.

Curiosamente, tan solo unas semanas después, Pascuala comenzaba una nueva gira promocional que la llevaría a Perú y Colombia. Aprovechando la coincidencia y gracias a la gestión de un amigo, en una tarde nublada al mejor estilo capitalino estábamos con Pascuala y su banda, la Fauna, serpenteando las calles de la Candelaria. Sus pasos, sus voces y su música se quedaron impresos en un momento único, tocando desde la iglesia de Egipto con la enorme y caótica Bogotá de fondo.

Sobre Pascuala hay datos que se repiten en artículos y entrevistas que dan un marco a su ‘aura’ particular: es hija de artistas, de quienes aprendió que era posible hacer lo que realmente le apasionaba, ahorrándose el drama familiar del ‘artista y el futuro no lucrativo’; no fue al colegio, pues sus padres la llevaron de viaje por Chile, y su aprendizaje provino de la trashumancia; pasó parte de su infancia en la India, país al que volvería más adelante a estudiar e investigar y del cuál saldrían 2 discos; vivió también en México, donde compró su primer acordeón. Su vida, podría afirmarse, ha estado marcada por la magia, por lo que en el contexto cotidiano del 99% de la población resultaría extraordinario. Su sola biografía es insumo suficiente para un espíritu curioso, creativo y decidido. “Vivir de la música es una decisión que uno tiene que tomar. Yo prefiero tener una vida sencilla y vivir de la música que estar obligada a trabajar en otra cosa que me saque de mi camino”, dice.
 

India y México se le quedaron tan impresos en la música, la voz y el atuendo como su Valparaíso natal. Janis Joplin y Violeta Parra han marcado una suerte de norte musical: femenino, emocional, distanciado de la educación clásica eurocentrista que sin embargo supo aprovechar para dominar la técnica, para conocer a fondo el lenguaje. Pero su horizonte estuvo siempre claro y su primer proyecto musical, fue un homenaje a Violeta Parra que grabó en su época universitaria (hablamos del año 2008) con Jaime Frez y Cristian Retamal, dos de los cuatro músicos que hoy componen La Fauna.


Yo siento que en Chile y en toda América la mujer vive muy vinculada con el arte. La mujer indígena originaria viste arte, come arte, habla arte. Eso se ha quedado muy al margen del oficialismo, de la academia, que está muy orientada a lo europeo. En esa historia oficial la mujer se quedó fuera. Cuando yo estudié composición en la universidad nunca analizábamos mujeres; también éramos muy pocas chicas estudiando. Ahí nació la inquietud y empecé a acercarme al trabajo de Violeta Parra, grabamos el disco… asumí un rol de defender ese legado y llevarlo a todos los lugares.

Su visita a Bogotá hace parte de la gira promocional de su último disco, «Busco Paraíso». El año pasado estuvieron en Europa y, en este viaje, pasaron por Lima, Medellín y Cartagena. El medio: la autogestión. Pascuala y la Fauna organizaron y pagaron este viaje con “ahorros de banda”, haciendo contactos con organizaciones y personas interesadas en darlos a conocer: “cuando empecé a contactarme me di cuenta que las primeras que respondían eran mujeres, -mujeres remolino, digo yo- que son como agujeros negros: donde están comienza a cambiar todo a su alrededor.” En Perú fueron Las cholas bravas y en Colombia la Asociación Herrera de Madrid, Cundinamarca.

En esta gira hay una motivación grande de conectarse con Latinoamérica –porque habíamos estado viajando mucho hacia Europa- y acá hay un mensaje compartido que es importante hacerlo carne. Somos una generación que vive detrás de los computadores, conectados por redes sociales pero hay que hacer carne esos vínculos.

En Bogotá, Pascuala y la Fauna llevaron a cabo un taller de canto en la Candelaria y tres conciertos -en Red House Club Chapinero, Matik Matik y La Puerta Grande. El plato fuerte nos obligó a salir de Bogotá para ver una especial presentación en el Parque Arqueológico las Piedras del Tunjo, en Facatativá, donde el escenario parecía una enorme luna llena. Probablemente fueron más los espectadores circunstanciales que aquellos que se programaron para escucharla; mucho mejor. En sintonía con su carácter, que reconoce que es lo que más precisa un músico o un artista, Pascuala se abre paso, se da a conocer, canta y baila y las canciones se quedan largo rato con quienes las escuchan.

En todas las músicas hay fantasmas que bailan

Cada cosa que uno se va encontrando, cada impacto, te va haciendo un equeco. ¡La música que hacemos es tan diversa! Una canción puede ser un drum n bass o una cueca, un rock, una bailable, una cumbia. Todo está en la música desde el prisma personal, todas las influencias del mundo en los jóvenes que somos ahora.

En la música de Pascuala hay rumores de geografías y tiempos. Ella aborda ritmos y tradiciones desde el ánimo de hacer homenaje sin por ello repetir o imitar. Las cárceles de los formatos y los géneros son muy estrechas para quien crea algo nuevo a partir de muchas fuentes de inspiración: no solo ser latina, sino vivir entre montañas; ser mujer, ser viajera, explorar en los meandros de lo popular con herramientas de erudito. No en vano ella se va a la India y le salen dos discos, uno en el cual quiso entender y asimilar lo que allí vivía («Perfume o veneno» a duo con su esposo Jaime Frez, en el proyecto Samadi), otro que emergió desde lo profundo de sus orígenes chilenos («Diablo Rojo, diablo verde»).

Leí en una entrevista que alguna vez quiso estudiar antropología, y es que la cuestión de lo originario, de la tradición, está siempre muy presente en sus canciones. Aprendió y canta en mapudungun, lengua Mapuche, y por supuesto, también en hindi. Quizás es esa manía de llegar al fondo de las cosas, de no hacer nada a medias. Hay también una reivindicación muy fuerte del territorio, de los maestros, todo lo que representa una suerte de anclaje identitario espiritual, artístico, filial.

Por eso el primer gancho certero es Valparaíso.

Nosotros somos de Valparaíso, eso es importante porque tiene una cultura musical muy distinta a la de Santiago(...) Ustedes conocen Los Jaivas o el grupo Congreso, que son grupos más antiguos. Ellos son de Valparaíso, tienen un sello muy diferente. O sea, no tanto como solistas, o productos, sino ya como familia, grupos de músicos que llevan toda una vida tocando juntos y tienen un estilo mucho más libre de las influencias del mercado. Hay algo tan experimental dentro de lo que hacemos que viene de esa raíz. Nosotros somos una rama de este árbol genealógico de Valparaíso, que es una música más… especial. No sé.

-Más inquieta.

-De búsqueda.


«Lamenta la canela», canción promocional del «Diablo Rojo, diablo verde», tiene esa intención de retratar el Valparaíso que viven desde adentro. El video se rodó en sus casas, en sus tejados, en sus paisajes habituales, y la canción habla de la tristeza de la rutina. No hace falta citar a Kafka o a Roger Waters, ella se remite a Eduardo Parra, integrante de los Jaivas, y a Álvaro Peña-Rojas. “Esto ya lo cantó Parra y Peña...”. Estos dos músicos viven en sus canciones tanto como Frida y Violeta (La Violeta y la Frida), San Lorenzo -el santo al que le gusta el ron- (Carnaval de San Lorenzo), una virgen con su vestido de yeso (Rezos en Montegrande) o esa isla que construyen todos los amantes (Isla). En su música hay calor y hay frío, árboles que bailan, amores esperados y amores correspondidos, lenguas milenarias, desiertos, montañas y puertos. Pascuala canta la vida y en el escenario siempre se viste de colores. Los chicos de la Fauna llevan sombrero y bailan con ella.

Todo lo que somos va quedando en la música, y nadie es solamente política o solamente fiesta. Somos seres humanos y todos los problemas y los festejos que eso conlleva es lo que se va a ver expresado en nuestra música (…) somos referentes de esa generación joven que está reivindicando la libertad de expresión después de muchos años de dictadura.

Pascuala Ilabaca y la Fauna vinieron a expresar ese mensaje compartido que entraña Latinoamérica. Nos hacen bailar cumbias chilenas y dejan el mapudungun resonando para siempre entre piedras milenarias. Su música es una forma de tender un puente, de reconocernos en las iniciativas y los proyectos que se gestan en otras latitudes, celebrarlos. De alguna manera, estos corazones australes me recuerdan las palabras del artista uruguayo Joaquín Torres García: nuestro norte es el sur.

Así que para reajustar la brújula y sumergirnos en esas ondas sonoras y vitales que hacen vibrar a -y desde- Valparaíso, lo mejor es seguirle el rastro a la Fauna, porque cada uno de los músicos que la compone nos abre la puerta para conocer una escena mucho más rica y amplia:



 

 

 

 

 

 

Cristian “Pestaña” Retamal (guitarras y voces), y Christian “Chino” Chiang (bajo, flauta y voces) también hacen parte del grupo Peces.

 



 

 

 

 

 

Jaime Frez, (batería, percusiones y voces) quien con Pascuala tiene el duo Samadi, y ​Miguel Razzouk (clarinete, saxos y voces), de Pequeñas Partículas y la Compañía Malonera de Boleros

Todos los músicos que me gustan comparten el hecho de que son personas que logran entrar en el samadi, el trance de vivir el momento al cien por ciento. En ese sentido, la música es lo más parecido a la meditación; cuando estás haciendo música tienes que estar viviendo palabra a palabra lo que dices, nota a nota lo que tocas. Parece básico pero no es tan así. Muy pocas veces me encuentro con intérpretes que tú dices… “esa persona está acá” y esa es la magia de estar con ella. Hay personas como Janis Joplin y Violeta Parra que vivían en ese estado permanentemente y son los grandes referentes para mí. El contacto emocional es muy importante.

No sobra decir que Pascuala, Cristian ‘Pestaña’, Christian ‘Chino’, Miguel y Jaime son todos exponentes de esa entrega, y esa es la magia de estar con ellos.

El 17 de agosto, Pascuala y la Fauna harán una última parada en Bogotá. Manténganse al tanto de sus conciertos haciendo click aquí, y no deje pasar la oportunidad de verlos.

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