I.LETRADA.CO | ARTíCULO INVITADO 1 | LA CIUDAD DE LOS ESPACIOS CONCRETOS
ARTíCULO INVITADO 1
LA CIUDAD DE LOS ESPACIOS CONCRETOS
ESCRITO POR
Alejandro Ponce de León
Nací en Cali, estudié en Bogotá, trabajé en Medellín, pero mantengo el corazón en el pacífico colombiano.
IMÁGENES POR
Juan Alejo Morales
founding partner- tresisosceles

LA CIUDAD DE LOS ESPACIOS CONCRETOS

El paisaje urbano pasó del parque al muro, de las ciudadelas a los enclaves, del transporte público al privado, un vivo reflejo de una ciudadanía que dejó de entenderse a sí misma como múltiple para, en cambio, fragmentarse, segregarse y marginar a lo extraño: la anti-ciudad, la anti-ciudadanía.

Concreto:

1. adj. Dicho de un objeto: Considerado en sí mismo, particularmente en oposición a lo abstracto y general, con exclusión de cuanto pueda serle extraño o accesorio.

2. adj. Sólido, compacto, material.

3. adj. Dicho de una cosa: Que resulta de un proceso de concreción.

4. adj. Preciso, determinado, sin vaguedad.

No soy urbanista; sin embargo, con cierta frecuencia y por razones que no siempre comprendo, me inmiscuyo en discusiones sobre el creciente uso del concreto en el espacio público urbano de Colombia. Sobre el material, sé que requiere agua, arena, cemento y grava para su aplicación, que otorga una gran versatilidad al diseño, y que en nuestro país cuesta tres veces más que en Estados Unidos. No me atrevería a debatir sobre el orden técnico, estético o comercial del producto. No. Aunque mi preocupación se encuentra ligada a ello, mi interés se sitúa en el uso social que se le da al concreto, pues para mí el empleo desmedido del material a lo largo de los últimos años es síntoma y condición de una situación que Zygmunt Bauman acertadamente identificó como 'mixofobia': la persistente sensación de inseguridad al intercambio entre los no-iguales. A continuación, hablaré de esto a través de dos cortas viñetas extraídas de mi experiencia etnográfica en Medellín. La primera, considera algunos apartes de la vida cotidiana en el Poblado, un barrio de estrato socioeconómico alto. La segunda, se concentra en las percepciones que tienen los habitantes del barrio El Salado, profundamente afectado por la confrontación armada y el desempleo.

Primera viñeta: fortificaciones a lo alto de la montaña

El paisaje de El Poblado es de color gris. ¿El motivo? Cientos de muros separan las residencias del espacio público. Los vecinos del sector lo señalan como algo necesario, e incluso afirman que la tajante división espacial es la principal razón por la cual decidieron vivir allí en un primer lugar. Entre ellos se encuentra la familia Berrio, quienes aún guardan el recorte donde se anunciaba la venta de su actual domicilio:

“Cambie su vida: Apartamento dúplex ubicado en el sector de El Poblado. Acogedor, seguro, excelentes vecinos, muy bien cuidado, amplia zona verde, todos sus acabados son de la mejor calidad […] Dentro del conjunto contamos con una excelente zona verde para la recreación de sus hijos, además de una encantadora vista campestre […]”

Carlos Arturo, el padre de la familia, destaca que su traslado al sector fue un cambio “de la tierra a la luna”, pues El Poblado le dio precisamente lo que buscaba: la tranquilidad de la naturaleza a pocos kilómetros de la oficina. “Esto es una pequeña isla de felicidad en medio del caos […] voy a trabajar e inmediatamente vuelvo; así es como soy feliz”. Como lo recalca el anuncio, este barrio ofrece un tipo de vida específico, y si se detiene en el espacio inmobiliario del conjunto donde residen hay múltiples elementos que hacen eco a la afirmación: puertas de seguridad, cámaras de vigilancia, zonas verdes aisladas y altos muros.  

Vivir en un conjunto residencial de El Poblado es suprimir el contacto con los demás espacios públicos donde se pueda presentar algún tipo de peligro. Algo de verdad hay allí, pues durante las décadas de los ochenta y noventa fue señalado como el ‘escenario natural’ del crimen en Colombia. “La calle es insegura”, “en la calle uno nunca sabe qué puede pasar” y “es mejor cuidarse en la calle”, son algunas ideas que aún se guardan de aquellos años.

Del mismo modo, cualquier sujeto ajeno al sector se entiende como una amenaza. “Si no es ‘de bien’, no está bien”, dictamina la esposa de Carlos Arturo. Para evitar cualquier tipo de problemas, hay un alto nivel de control sobre el ingreso de foráneos al conjunto: deben identificarse previamente, dejar algún documento en la portería y ser inspeccionados para comprobar que no cargan con ningún objeto peligroso. No hay forma de entrar y salir sin que se sea monitoreado. Muros, rejas, vigilantes y casetas de control marcan simbólicamente un espacio exclusivo que sin duda proporciona la homogeneidad y la predictibilidad: vivir tranquilo y seguro.

Segunda viñeta: “San Javier, donde un buen pobre es un pobre encerrado”

En el año 2009 emprendí una inmadura investigación acerca de la convivencia en las comunas populares de Medellín, pues en ese entonces se argüía que las diversas políticas a las que estos sectores marginales fueron sometidos constituían el más eficaz modelo de reconstrucción del tejido social en Colombia. No era cualquier ‘reconstrucción’. Desde diferentes estrategias de gobierno, la planificación e intervención urbana fueron empleadas por primera vez en Colombia a fin de saldar la deuda histórica con las poblaciones marginadas, y así elaborar un nuevo proyecto inclusivo y democrático de ciudad.

Hice dos viajes a Medellín como parte del trabajo. En el primero conocí el espacio intervenido. En el segundo, sostuve algunas entrevistas con los habitantes ‘transformados’. Si bien era cierto que el urbanismo social había logrado generar nuevos escenarios comunitarios, fue impactante advertir en los testimonios de los vecinos una asociación entre el espacio intervenido y los lugares propios del crimen, pues había un miedo generalizado frente al espacio público, entendido como un ‘espacio natural’ para sentirse inseguro.

Miguel, un joven rapero del barrio El Salado que por su trabajo debía transitar diariamente una de las vías que fueron intervenidas, me confesó que inicialmente se vio beneficiado por las remodelaciones pues contaba con más tiempo de ocio en las noches. Pero su constante tránsito lo convirtió en un ‘blanco fácil’ para un grupo criminal y a los pocos días de la inauguración fue señalado como un ‘objetivo militar’. Además, resaltaba que la falta de uso y mantenimiento había vuelto inútiles las calles alternas del barrio, por lo cual el mismo grupo tomó provecho y estableció un retén armado sobre la nueva vía semanas más tarde.

¿Por qué no acudió a la policía si la estación queda a sólo 90 metros?, “¿por qué la policía haría algo por mí? Ellos nunca han cruzado la calle para subir al barrio”, me dijo sin reparos.

Vale la pena aclarar que como Miguel, sólo una pequeña fracción de los vecinos entrevistados habían visto comprometida su integridad personal. Sin embargo, varios manifestaron sentirse intranquilos a su paso por el espacio público y por tal motivo habían optado por otras medidas, tales como ser cuidadosos con la escogencia de sus rutas, no salir de sus viviendas después de determinadas horas, pagar extorsiones al grupo criminal o ser partícipes de varios sistemas de celaduría barrial. Clara María fue contratada en 2008 para asear la nueva estación de policía del barrio, puesto que ocupó dos meses pues el grupo criminal que hacía presencia la identificó como ‘colaboradora’. Aunque estuvo varias semanas encerrada en su casa, tomó el valor para afrontar la amenaza y hoy prefiere simplemente no salir luego de las 6:30 PM, además de estar siempre acompaña de su hijo menor. Considera que no le van a hacer nada con un niño al lado.

El concreto no deja de ser gris

Si Colombia se caracterizó durante la década de los noventa por un importante replanteamiento del Estado frente a los procesos de democratización social, también lo hizo por el rápido crecimiento en los índices de violencia e intolerancia contra la población. Ambas realidades transformaron la relación espacio–sociedad. Pero como lo resaltan las anteriores viñetas, la incertidumbre ante la interacción pública obligó a que las diferentes franjas de la ciudadanía se alejaran del espacio público y se replegaran en sus espacios privados. El paisaje urbano pasó del parque al muro, de las ciudadelas a los enclaves, del transporte público al privado, un vivo reflejo de una ciudadanía que dejó de entenderse a sí misma como múltiple para, en cambio, fragmentarse, segregarse y marginar a lo extraño: la anti-ciudad, la anti-ciudadanía.

Los dos casos expuestos ejemplifican el uso del concreto, es decir del desarrollo expresado en infraestructuras como un mismo material, una misma idea de ciudad de espacios públicos/privados, curados por ideas similares sobre la inseguridad que implica la convivencia a puertas abiertas. Aun cuando los habitantes del Poblado deciden vivir en conjuntos cerrados por miedo al espacio público y los del Salado lo hacen por la expulsión que los administradores criminales de esos espacios les impelen, lo cierto es que ambos barrios se constituyen, para muchos de sus habitantes, de puertas para adentro de sus casas.

Una rápida mirada a las cifras de crecimiento demográfico apuntan a que nuestras sociedades serán totalmente urbanas en unos cuantos años, acrecentando las actuales tensiones con respecto al espacio. Por ello, cuando se le preguntó a Bauman de qué modo se podría salir de los ciclos de la mixofobia, el sociólogo propuso un concepto complementario al que llamó la mixofilia: el deseo de unirse y mezclarse con los que son distintos a nosotros. Es probable que las personas sigan viviendo una realidad segregada mientras que el país cuente con diferencias económicas tan abismales, pero no por ello debemos dejar de plantear la preocupación por el carácter comunitario del espacio público urbano.

COMENTARIOS
Cargando comentarios...
5 DIÁLOGOS EN LA HABANA
numero 27 / Noviembre - 2014
La cuestión es que la sociedad entienda, con nosotros, que en este país tenemos que caber todos.
SI PUEDES IMAGINARLO, PUEDES HACERLO
numero 26 / Agosto - 2014
LA MONTAÑA O LA VIDA
numero 25 / Junio - 2014
BRUJAS, YERBERAS Y OTRAS HIERBAS RARAS
numero 18 / Octubre - 2013
EL AMOR DE OTRAS MANERAS
numero 17 / Septiembre - 2013
El disgusto por las formas de amor tradicionales ha movido a María Teresa hacia una práctica menos impositiva: la hamora.
QUÉ DIFÍCIL EL POLIAMOR…
numero 17 / Septiembre - 2013
PRóXIMOS EVENTOS
Upss! No hay eventos que mostrar
¿TIENES UN EVENTO?
APOYAN :