I.LETRADA.CO | TRAS ESCENA | MÚSICA DEL DIABLO Y MÚSICA DE DIOS
TRAS ESCENA
MÚSICA DEL DIABLO Y MÚSICA DE DIOS
ESCRITO POR
Juan Pablo Cardona
Músico, historiador, Luna resonante roja y Escorpión.

MÚSICA DEL DIABLO Y MÚSICA DE DIOS

Recorrido por los meandros del blues y el soul
Los orígenes del blues a orillas del río Mississippi contrastan con los fastuosos escenarios que acogieron la música soul. La melancolía del primero y el dulce optimismo del segundo comparten, sin embargo, una misma herencia.

"La música surgió seguramente de los sonidos
naturales que llegaban a nuestros oídos y del sonido
que discerníamos en el silencio con oído interior" Yehudi menuhin.

En este texto quisiera hacer alusión especial a dos géneros que se convirtieron en un fenómeno masivo de la música popular y comercial del siglo XX, el blues y el soul, ambos procedentes de la cultura afroamericana de los Estados Unidos. El primero, que fue considerado a veces de manera apreciativa y a veces despreciativa como la música del diablo (Goia, 2010, p9), proviene de músicas de plantaciones y prisiones como las worksongs o fieldsongs. El segundo es una música entretenida producto de una posterior evolución de la contraparte contemporánea del blues, el góspel “la música del evangelio”, fusionada con el rythm and blues. Una evolución del blues que nace con el apogeo de la batería, un instrumento que le proporcionó al blues más velocidad y volumen rítmico. 

El blues, la música del diablo

La palabra blues proviene del sentimiento “blue” que hace alusión a la melancolía, a la tristeza, a la soledad y el dolor. Su halo pausado y somnoliento proviene tal vez del ritmo de vida del contexto rural de donde es originario, el Delta del río Mississippi, la región más pobre de los Estados Unidos. John Lee Hooker, músico de blues de la década de los cuarenta afirmó: “Yo sé por qué los mejores artistas de blues son de Mississippi, es porque es el peor estado. Si estás ahí abajo, en Mississippi, ¿cómo no vas a sentirte blue?”.

Los músicos más antiguos del blues de los que se tiene noticia fueron los que se sometieron a las fuerzas omnipresentes del mercado, que puso sus garras en ellos con la convicción del político que sabe dónde está el billete. A estos cantantes no les quedó nada de la fortuna que produjo su vocación musical que terminó en manos de las grandes disqueras que proliferaron en esa época (me refiero a la década de los 20 del siglo XX). Sobre los pioneros no queda ni rastro. Se sabe que eran en su mayoría campesinos y trabajadores de haciendas del Delta, sumamente pobres y desarraigados, cuyas canciones abordaban temas de “amor y de mala suerte” (Goia, 2010, p25). 

Algunos de los blueseros más conocidos que alcanzaron a grabar algún material fueron Charley Patton, Skip James, Robert Johnson y Son House, entre muchos otros. Personajes con vidas supremamente disfuncionales, con graves trastornos de personalidad; algunos exconvictos, otros posteriores convictos, unos alcohólicos consumidores de Canned Heat -un licor adulterado que proliferó durante los años de la prohibición-. No es que no hubiera blueseros con vidas funcionales y equilibradas, sino que el concepto de provocar y trasgredir el orden disparaba la fama del artista pues estaba comprobado que generaba más ventas. Este concepto trasgresor fue reencauchado por el punk y el grunge en su época. 

La guitarra se convirtió en el más leal y eterno compañero de los blueseros, en realidad no necesitaban nada más para llevar a cabo su repertorio. Una plaza, una taberna, una estación de tren, un parque en algún recóndito pueblo de Mississippi eran sus escenarios habituales.

Las letras de blues tenían contenidos que reflejaban la idiosincrasia de los pueblos del sur de los Estados Unidos. Idiosincrasia cargada de crudo humor, con contenidos machistas, algunos apologéticos a la violencia de todo tipo, al alcohol, las mujeres, la vida en el campo, la pobreza. Fue el bluesero Tommy Johnson el encargado de autodenominarse “el hijo del diablo”, una manera de definirse en el mundo artístico musical que inspiró a la película de Hollywood «Crossroads». 

 

Mujeres blueseras también hubo pero en menor cantidad. Bessie Smith, Elvie Tomas, Geeshie Wiley y Gertrudi Ma Raine son algunos ejemplos. Smith trató de sacar el blues de los contextos rurales y trasladarlo a Nueva York en lo que se conoció como el blues clásico. Después de sufrir  un accidente automovilístico, Smith murió en la puerta de un hospital donde no recibió atención por ser negra (Peyrats, 2011, p 115). Sus últimos días los vivió en la indigencia absoluta. Comparto su canción «Empty Bed Blues», un tema que comienza con una frase típica de muchas canciones de blues, “i woke up this morning”. 

 

“La frase (típica de muchos blues) “I woke up this morning” hace alusión a sueños y pesadillas que no se recuerdan del todo bien y a la ansiedad de los insomnios padecidos durante muchas noches largas y solitarias” (Goia, 2010, p 16).  Se trata de un recurso lírico muy común del blues, así como el de repetir la primera línea del verso el cual, se puede decir, redunda en una emoción, hace énfasis en una súplica, le da dramatismo a un dolor que se explica generalmente en la última línea del verso. Para ilustrar esto les comparto la letra de «Motherless child»  de Elvie Thomas, otra cantante de blues.

 “Oh, daughter daughter, please don’t be like me

Oh, daughter daughter, please don’t be like me

Oh, daughter daughter, please don´t be like me

To fall in love with every man you see.”

El soul, la música del alma

Como lo dije antes, el soul proviene del gospel y del rythm and blues. Se trató de una música bastante efusiva proporcionada de mejores recursos que el blues, una mejor tecnología de grabación e instrumentaciones más complejas. Si en el blues se exaltaba la pobreza y el desarraigo, el soul trató de dar el mensaje contrario: exaltar la belleza y la opulencia de los divos y divas engominados que tanto engendró. 

 

Para el soul la imagen era tan importante como la musicalización; grandes escenarios, trajes costosos y luces apropiadas eran los implementos necesarios para llevar a cabo el repertorio de los intérpretes de este género, que contaba con una moderna instrumentación y elaborados coros de cantantes de gospel. «Like a prayer»  de Madona es un ejemplo de este tipo de coros tan importantes para el soul

Paradójicamente, el soul tuvo su apogeo en la peor crisis de abastecimiento de los Estados Unidos, la crisis del 29. Las letras oscuras, densas y lúgubres del blues dejaron de gustar, “La gente utilizaba la música para evadirse, no para recordar sus miserias” (Gioia, 2010, p 174). Canciones con raíces del swing europeo de Rudy Valle tuvieron gran acogida con sus títulos amenos como «Life is just a bowl of Cherries» , «We can live on love»  o «There is no depression in love»,  que establecían un enorme contraste con los títulos de las canciones de blues como «Me And The Devil Blues» , «Motherless child»  o «Fixing to die blues» . 

Ahora bien, el soul no solo se distinguió por ser la música de bailes de graduación y de jóvenes bien vestidos y arreglados. Algunos de sus temas más representativos contenían letras con enormes reivindicaciones sociales, como por ejemplo «Respect»  de Aretha Franklin que denuncia la violencia de género de forma enérgica, acompañada de una alegre melodía de saxofón. Sam Cooke, uno de mis músicos favoritos, dejó para la historia una canción memorable; «A change is gonna come», una balada preciosa de soul sinfónico que invita a la fraternidad racial y rechaza la discriminación en un tono conciliador.  

 

El soul es un género que al igual que el blues o el rock ha tenido demasiadas transformaciones y que aún pervive con la misma fuerza con la que comenzó. Esta ha sido la gran influencia de los exponentes del soul que dominan los mercados de la música actuales como Cee Lo Green, Adele o Amy Winehouse. 

 

Para concluir, se puede decir que la música de la actualidad está empapada de elementos musicales afroamericanos. Su éxito en el mercado y en la sociedad de consumo se debe a que la cultura afroamericana logró romper con los paradigmas enquistados en las academias musicales europeas sobre el arte de hacer música. Si para los grandes compositores europeos los conceptos más importantes que envolvían el ejercicio musical eran armonía y melodía, los africanos transformaron este orden con la concepción de que el ritmo tenía que ser el concepto fundamental en la música. El ritmo como la asimilación corporal del sonido, como concepto principal por encima de los demás. Si bien el instrumento por excelencia del blues (la guitarra) contiene una naturaleza armónica y melódica, los músicos de blues descubrieron su potencial como instrumento rítmico.

 

El soul también se encargó de otorgarle a la guitarra su valor rítmico. Vale la pena recordar la más popular transformación de este género en el siglo XX, el funk, cuya característica principal es precisamente que la guitarra asume una función prioritariamente rítmica.

 

En cuanto a la música en general, considero que una vez deleitados nuestros oídos con sus encantos no podemos prescindir de ella. Su fuerza nos arrastra, nos remite al éxtasis, a la emoción plena que trasciende. La música es un recurso tan fuerte que permite sentir en las audiencias las expresiones emocionales de alegría, dolor y tristeza de los pueblos afroamericanos, algo que ningún discurso político ha logrado hacer jamás, o al menos no con la eficacia inmanente de la música.  

 

REFERENCIAS

  • Gioia Ted, Blues, La música del Delta del Mississippi, colección Noema, Turner publicaciones S.L 2010 Madrid. 
  • Peyrats Lasuén Pilar, Jazzuela, el jazz en Rayuela la novela de Julio Cortázar, satélite K, 2011

 

 

 

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