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EPISTOLARIO
ENAMORARSE (EN, DE, POR) LA CIUDAD
ESCRITO E IMÁGENES POR
Ángela Carmona
Mirar la calle, la gente, la moda. Sin una única profesión o trabajo definido, busco con diversas formas entender y transformar creando Fabricas y Otros Mundos.
Lulú Salgado
Estoy en constante exploración de medios para expresarme, a veces para hacer catarsis, a veces para materializar cosas que quiero decir, que me gustan. Y a veces simplemente porque necesito hacerlo.

ENAMORARSE (EN, DE, POR) LA CIUDAD

Epistolario es una red de correspondencia entre personas que se encuentran en dos ciudades distintas. Queremos invitar a quienes hallen en la escritura una forma de entender lo que los impacta y las reflexiones que suscita el vivir en un determinado lugar. Nuestro objetivo es crear un espacio polifónico que nos permita acceder a las ciudades más como vivencia que como idea.

Montreal

Jueves 30 de mayo

 Mi querida L

Otra vez me encuentro con la maleta de frente. Pienso en cuántas veces la he trasteado.  Cuántas veces ha estado llena y vacía esperando otro cambio. Me despido de mi primera ventana en Montreal. ¿Recuerdas que te mandé una foto? Me espera otra al lado de un parque gigantesco y una montaña más que me persigue. Es imposible no pensar en las ventanas: las que hemos compartido, la del centro bonaerense enrejada, la de Palermo. Cuántas horas pasamos mirando esa ventana desde el piso, fumando cigarrillos, cuántas palabras, cándidas y bandidas. Recuerdo mis ventanas privadas. Las del centro bogotano en las alturas y esa grande del norte en un segundo piso.

Aún no he descubierto si Montreal es femenina o masculina. No he descubierto si llora o grita. No la he descubierto. Te confieso que la siento ajena, no es el amor que sentí y que siento por Buenos Aires, ese amor libertario, libertino, ese amor creado por el hecho de crecer en un lugar. No siento el amor extraño y contradictorio que me genera Bogotá. El aire es muy fresco, y aunque estamos en primavera hace bastante frío. Puedes confiar en el pronóstico del tiempo, si dice que llueve es porque lloverá todo el día. ¿Recuerdas cuando Emma dijo que nevaría en Buenos Aires? Todos nos reímos y unas horas después nevó.

Y vuelvo al amor. Suspiro, porque sé que no es amor lo que estoy sintiendo. De pronto es el tiempo. Amaré Buenos Aires aunque no regrese. Amo Bogotá ya que en el fondo soy ella y ella soy yo. Pero pienso que tal vez la mezcla de tiempo y lejanía es la que hace que los recuerdos tengan más peso. Tal vez en unos años te escriba desde otros mundos diciéndote que no siento nada comparado con el amor que sentí por Montreal. Pero ese tiempo aún no llega.

El primer día todo me parecía de mentiras. Todo parecía estar pintado con los colores correctos y estar en los lugares indicados. Extrañé esa fuerza que tiene la contradicción sureña y más aún la santafereña. ¿Sabes que el barrio en el que he vivido la mayor parte mi vida es Santa Fe? Y vuelven a perseguirme los nombres religiosos: Santa, Fe, Demian, Ángeles y Magdalenas.

Conocí la iglesia de San Jean-Baptiste, hermosa, techos labrados en dorados y verdes menta. Lámparas imponentes. Allí organizaron el Black Fashion Week y recordé cuando propuse un desfile en el Museo Iglesia de Santa Clara. Sigo imaginando que sería genial. ¿Sabes qué es lo más extraño? Mucha gente no conoce ese lugar. Con cuántos lugares, con cuántas cosas no pasará. Caminamos la misma calle cada día, sintiéndola igual, sin ningún cambio de luz, de hora, igual, siempre la misma. Alguna vez leí un cuento de un personaje que durante toda su vida tomó cada día una foto en la misma esquina, a la misma hora. Como es de esperarse, no recuerdo ni el nombre del cuento ni del escritor. Fue capturando día a día las mismas personas, esas que pasan a la misma hora, que siempre tienen la misma dirección. Caras que cambiaban con los días.

 ¿Cuándo dices que conoces un lugar? ¿Cuándo aseguras que conoces a alguien? No sé si llegaré a conocer Montreal. Me muestra su lado alternativo, la tranquilidad de su gente, mi propia tranquilidad. La mezcla podría ser la palabra correcta para describirla. ¿Cómo puedes conocer e intentar definir un lugar lleno de mezcla? Ir caminado por la calle y ver hindúes, chinos, árabes. Musulmanas cubriéndose su pelo o mujeres con el tercer ojo y las manos tatuadas. Francés, inglés y otros tantos idiomas en las calles. Miles de mundos en una sola ciudad.

Pero, ¿no es así en todas? ¿No fue así en Buenos Aires, donde veíamos a los judíos con sus largas patillas y sus trajes negros combinados con los chinos de las tiendas, que en vez de decir ‘cerveza’ decían ‘cereza’, o sus hijos con facciones orientales y acento argentino?

Pienso mucho en la necesidad de saber, de conocer, de cruzar el mar a ver qué hay; esa intriga que se agudiza con el respiro. ¿Y si te embarcas y no encuentras más que agua?  ¿Si te sumerges y no encuentras nada más que tu reflejo sin sombra y la soledad del mundo a tu lado, ya que en tierras lejanas no hay barrio ni familiar conocido? No está Julián Álvarez con los pasos repetidos, ni el centro que me persigue, ni Doña Rosita y sus delfines. 

Hay algo en las tres ciudades que se repite, la felicidad llega por momentos, alborota y se va. También el baile. He bailado en los parques solitarios después de la lluvia, como bailaba en las terrazas bonaerenses o en la sala de mi casa con Monserrate de testigo.

Te recuerdo cuando camino y me empiezo a perder por las calles. Te siento al lado diciéndome “la única forma de conocer una ciudad es caminándola”. También te imagino con tu amiga francesa poniendo el mapa en plena calle. Yo nunca usé un mapa grande, me dejaba guiar. Acá sí lo tengo, lo cargo conmigo, lo abro, lo muestro.

No quiero montar mucho en subte. Ya había pintado algunos esbozos en Buenos Aires y aquí los confirmé. La gente está tan deprimida, tan triste, tan sola. Las caras largas que solo buscan el piso evitando cruzar miradas.

Y vuelvo a confesarte que no sé si me gusta esta ciudad. Seguramente sí, pero cuando siento que la estoy queriendo pienso en Bogotá, en esas calles que son las mías, nadando en esa lengua que conozco. En ese amor que he construido.

¿Alguna vez te dije que me fui a Buenos Aires para escapar? Bueno creo que todos lo hicimos. Pero no me fui para escapar esta vez y creo que por eso está pesando más.

Ayer vi una mosca azul, azul intenso metalizado. Los pájaros son del mismo tamaño y tienen otros colores. No son tan nerviosos como los de Bogotá. No hay gatos en las calles como en Buenos Aires, ni tampoco perros. Hay ardillas, tienen la cola esponjosa, muy peluda y van saltando de árbol en árbol como locas.

                                                                  . . . . .

Hace un rato salí dejando tu carta a medias. Respiré, sentí la humedad, me reí sola con mi ironía, ¿cómo soy capaz de escribir que esta ciudad no me gusta? Me encanta cuando me hablan en francés así no entienda nada, el sonido es exquisito. Los paisajes, casas que juegan a tocarse contrastando sus colores. Los medios niveles, las escaleritas fuera. Los jardines que la gente arregla cada domingo. Sentir la planicie con sus casas continuas de no más de tres pisos. Ver los jardines con objetos solitarios que hablan de sus dueños. Estar en otros mundos. Todos dicen que me va encantar en verano porque hay festivales por todas partes, dicen que me voy a enamorar. Y yo sin responder nada pienso “no lo creo, yo ya estoy enamorada”.

¿Tú? ¿Cómo están tus amores? 

Bogotá

Sábado 1 de junio

 

Ángeles, qué lindo es leerte, la magia, la confianza y el tiempo que hacen que pueda oírte, casi que verte. Me encanta que tengas una nueva ventana mirando al parque, la montaña, lo verde, por favor mándame una foto. En este momento me asomo a la mía y me doy cuenta de que desde acá nunca sé cuando llueve, pues está lloviendo a cántaros seguramente hace unas horas y no me había dado cuenta… el parque que hay en frente se ha inundado. 

De mis amores tengo poco y mucho que contar. Últimamente estoy de amores con Bogotá, que llora la mayor parte del año y que a pesar de eso me coge sorprendida en la calle sin paraguas. He descubierto calles y personas que si no fuera por nuestra complicidad (la de Bogotá y la mía) no habría conocido jamás. Voy todos los miércoles al teatrino del Jorge Eliécer y dependiendo del recorrido que elija, veo la torre donde está tu ventana privada mirando a Monserrate. Siempre pienso en un té contigo y una charladita. 

En estos pocos meses de tu ausencia me exorcicé de algunos fantasmas del pasado, me vacié y no fue nada fácil. A veces me encuentro llorando como esta ciudad, por las calles, parques, buscando refugio en las esquinitas o en un taxi, bus, Transmilenio, y siento que ella (Bogotá) tiene las garras puestas en mi espalda y mi corazón. A veces siento que quiere hacerme caer hasta su núcleo. Me duelen algunas de sus calles y carreras. Me duelen algunas ventanas que miro desde lejos tratando de entrar en el abismo del tiempo y la distancia. Me duele la neblina en Monserrate. Pero entonces, justo después nos entendemos y nos volvemos cómplices, compinches. Sus garras desaparecen, me toma de la mano y camino por ella, por su centro, confiada. Hasta siento que nos queremos y nos cuidamos. Me cuenta sus secretos y yo los míos. Sus historias robo para escribirlas, dibujarlas, fotografiarlas, grabarlas, tocarlas. Y es ahí cuando siento que estamos de amores.

Trato de ser viajera en esta ciudad conocida. Me gustaría perderme en sus calles como si nunca las hubiera visto, tener que sacar el mapa, dejarme sorprender. Me alegra lo que me dices, que aún no conoces a Montreal, ¡que delicia! Es la parte más divertida, conocerla y re-conocerte en esa nueva ciudad. Saber que el baile siempre estará, solo cambias de set. Ver si logras definir su género aunque no creo que sea indispensable, a veces basta con saber que simplemente es diferente, o eres diferente en esa ciudad. 

Ya nos pasó con Buenos Aires, hay recuerdos compartidos que no olvidaremos jamás, sensaciones que de repente me asaltan detonadas por una canción, un olor, cierto tipo de luz. Y aún en la ausencia la Bogotá de toda nuestra vida está presente que terca no se deja olvidar. Estas ciudades nos hicieron suyas, y nos dejamos, permitimos que nos poseyeran sin poner resistencia. Tú vas en el proceso de conocer a Montreal y ella o él (o ambas) en el proceso de conocerte. Disfrútalo.

Sé que dices que con Buenos Aires fue diferente, claro que lo fue. Dices que fuiste escapando, huyendo… cuando uno no quiere estar más en un lugar, cuando uno no puede estar más en un lugar, lo único que queda es irse. En este caso tú no la buscaste, ella te encontró, Montreal te llevó a que la/lo conocieras. 

Para mí Buenos Aires fue amor a primera conversación, así como cuando conoces a alguien y se crea un vínculo de confianza inmediato. Compartes chistes, ríes, hay una complicidad. Esos tres años en esa ciudad, que ahora parecen un sueño, como si nunca hubieran existido por fuera de mi cabeza, fueron años de una relación violentamente dulce. Qué ciudad extraña. 

En algún punto me sentí traicionada por Buenos Aires, creí conocerla y descifrarla. Muy confianzuda, no la conocía lo suficiente como para siquiera haber visto todos sus matices y darme cuenta de sus histeriqueos, darme cuenta de que necesitábamos tiempo y yo muy radical decidí dejarla. Decidí huir. No me arrepiento, tuvimos una hermosa relación. 

Dale tiempo a Montreal, ya puedo sentir que se pican el ojo, que se hacen guiños, ya coquetean. Dale tiempo, así sea para conocerla y ver qué opinas después. Ya te imagino en la próxima primavera con algún vestido de tela ligera mezclado con unas Martens comprando verduras en alguna plaza, hablando en francés y dándole comida a las crazy squirrels

Me gustaría ir a verte, en tu ventana, en el subte que evitas, en la calle mostrando el mapa, hablando en inglés, en francés. En esa ciudad diferente a estas del sur, diferente a lo que conoces y conocemos. Antes de que nos movamos tanto tú como yo a otros mundos, donde tal vez volvamos a compartir ventanas del otro lado del mar, donde tal vez no haya sombras sino solo reflejos, o viceversa. Simplemente por el placer de descubrirlo.

Te extraño pero también disfruto tu ausencia, disfruto nuestras conversaciones por aparte, disfruto que me oigas mientras caminas por esas calles. Yo también te oigo y te veo bailar por estas.

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