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EPISTOLARIO
RECUERDOS Y PROYECCIONES
ESCRITO E IMÁGENES POR
Erika Antequera
Quisiera tener el don de la ubicuidad.
José Antequera
Mi oficio es la causa que me mueve. Compongo canciones en el río y no me pierdo una marcha.

RECUERDOS Y PROYECCIONES

Epistolario es una red de correspondencia entre personas que se encuentran en dos ciudades distintas. Queremos invitar a quienes hallen en la escritura una forma de entender lo que los impacta y las reflexiones que suscita el vivir en un determinado lugar. Nuestro objetivo es crear un espacio polifónico que nos permita acceder a las ciudades más como vivencia que como idea.

Mi querido hermano

Me imagino que en este momento cuando es la 1 de la tarde en Madrid, 6 de la mañana en Bogotá, estarás preparándote para salir a la gran marcha por la paz. Puedo imaginarte con tu tambor en la mano, la mochila cruzada y el ánimo dispuesto para tocar con todas tus fuerzas ese potente instrumento para que se escuche en toda Bogotá. Recuerdo claramente lo mucho que sufríamos hace ya algunos años, tú dando tus primeros golpes, yo interrumpiendo histérica tus esfuerzos por aprender y la madre tratando de conciliar los ánimos.

Yo también voy a salir esta tarde para estar presente en tan significativo evento. Nos concentraremos en la Puerta del Sol para sentirnos más cerca de la patria. Estoy segura de que el bombo por la paz tendrá eco allí, en pleno centro de Madrid, aunque nos separe un mar de distancia.

Y hablando de distancias, te escribo esta carta para invitarte a dar una vuelta al mundo y que compartas con nosotros nuestro pequeño universo en permanente construcción. No será la primera vez que vengas, pero este año cumplo 35 -sin complejos, lo prometo- y tú cambias de prefijo. ¡Te caen los 30! Un año más de vida para ti y para mí. No encuentro mejor motivo para celebrar juntos.

Madrid es una ciudad maravillosa, lo sabes. No por nada llevo viviendo aquí 11 años. En verano puedes venir y celebrar con nosotros los cuatro años de tu sobrino Arturo. Prometo que te divertirás viendo a David haciendo malabares, literalmente, para entretener a su hijo y sus amigos mientras yo me multiplico para atender a 10 niños y sus respectivos padres. Te sorprenderá ver mi capacidad para mantener una conversación con otras madres sobre las vicisitudes del crecimiento, mientras estoy atenta a que ninguno de los pequeños desaparezca en la piscina.

01

Te daré una vuelta por mi mundo y mi realidad. Podrás acompañarnos al taller de títeres o al teatro de sombras, y dejaré que te quedes con tu sobrino una noche mientras David y yo nos vamos por ahí, como cuando éramos solteros. El plan incluye cena, baño, lectura de cuento y una dulce espera mientras tu sobrino cierra los ojos y cae en un profundo sueño. Aunque no todos los días estarán untados de chocolate y migas de galleta. Tú y yo saldremos a caminar y dejaré que te pierdas en las librerías. Te llevaré a los nuevos centros culturales, algún concierto al aire libre caerá y no dejaremos pasar la oportunidad de tomarnos un tinto de verano en Malasaña o Lavapiés, donde verás con tus propios ojos la protesta social vestida con gafas de pasta y camisa de cuadros rodando en bicicletas vintage. El pintoresco mundillo hipster que llaman.

Se me ocurre que el otoño es también una buena época para venir a visitarnos. Ver los parques inundados de hojas amarillas, rojas y marrones es todo un espectáculo, por fortuna gratuito. Además, Madrid se habrá librado de un buen número de turistas y hará menos calor. Podríamos ir juntos un fin de semana a Praga y así podrías comprarle a María Eugenia, tu madre y la mía, una hermosa bombonera de cristal, de esas que le compraba tu padre y el mío y que tanto le gustan. Es una ciudad bellísima, estoy segura de que te encantará. Si te animas, Berlín podría ser otro destino para nuestra escapada, aunque eso me costaría una discusión matrimonial que estoy dispuesta a asumir si te decides a venir.

El invierno tampoco es mala época. Afortunadamente con los años le he encontrado el gusto después de mucho maldecirlo. Un vino caliente, una buena película en el cine y su posterior discusión, o un paseo a Galicia para ver a mis suegros y comer hasta reventar me parece un buen plan. Tú decides. Lo que quiero es que pasemos un tiempo juntos para poder charlar durante horas. Te enseñaré lo que he estado escribiendo y los últimos libros que he leído. Tú me contarás cómo te va en el trabajo y en el amor. Y cuando termines yo haré lo mismo. Hablaremos como adultos de la madre, la que por fortuna todavía nos quiere como si fuéramos niños. Recordaremos alguna que otra anécdota y evocaremos viejos recuerdos que prometo ambientar con buena música, salsa para sentirnos en ese ya lejano Caribe que nos vio nacer, aunque estemos al borde de la congelación.

Ya sabes, solo tienes que decirme cuándo y a qué hora voy a recogerte al aeropuerto.

Te quiero

Erika.

02

Mi adorada hermana. (Domingo nublado. Bogotá, 21 de abril de 2013)

Me ha parecido que el mejor momento para escribirte esta carta es al día siguiente del sábado familiar que tuvimos ayer con mi madre y con la que he decidido llamar mi camarada Lorena. Quisiera contarte de ese recorrido para irme con esa maleta a Madrid y a los muchos otros lugares a donde espero que vayamos, incluyendo la patria que sabes que es Barcelona para mí.

El primer paso fue llegar de nuevo a Pablo VI para sentir la primera parte de la vida que nos atraviesa. Todo ese verde que manda en la zona del centro geográfico de Bogotá es como una cama donde no hace falta dormirse para soñar con la familia, los muchos amigos que viajaron buscando un mundo -sobre todo de tu generación migrante- y la pesadilla que es la sensación de encierro de ese barrio-pueblo, donde todavía vive el mismo combo de borrachos y pasean los cachorros de los mismos perros.

La casa de mi madre está igual, pero al mismo tiempo muy distinta. Cada día se parece más a un museo, llena de fotografías y de objetos, algunos de países que ya no existen (de antes de la caída del muro de Berlín), pero con la calidez descarada de la dueña que ha decidido que lo que le da la gana es venerarse a sí misma a través de sus amores. Al ver los libros, los discos, la estatuilla de Lenin o el cuadro de Zalamea, me quedé con la sensación del mundo tan especial en el que nacimos, aunque la verdad es que cada cual tiene su historia y todas son excepcionales. Comimos –esto es solo para darte envidia- arroz con lentejas y carne molida.

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Con tu carta en la cabeza, recorrimos el álbum de fotografías de mi primer viaje a Madrid y a Barcelona, Elche, Vitoria, Ginebra, Berna, Zúrich, Londres y Estocolmo. Me recordé feliz -mi elección es el verano o el otoño, cuando el viaje es corto-, celebrando tu matrimonio, que me ha parecido el más hermoso de todos los tiempos, y recordé el placer de comer y tomar cañas de esa manera tan natural como si me hubieran alimentado con chorizo español y gambas en la papilla. En esa época yo tenía el pelo largo con crespos, y usaba unas balaquitas que hicieron que mis compañeras de Barcelona pensaran que era gay, lo cual me importaba como no me importa ahora que he descubierto lo profundamente política que es esa manera de vivir. A penas me estrenaba en este oficio que me ha tocado de 'testimoniante' profesional, mientras aprendía un poco de la historia del mundo que se puede ver en la casa de los patrones.

En aquel viaje me sorprendieron mucho algunas cosas. En primer lugar, tu capacidad para abrirte y abrirnos los caminos, pasándola realmente duro, cuando yo te subestimaba por no haber tenido el ICFES más alto, o la disposición a hablar tantas pendejadas como tu hermanito. Además, algunas cosas nuevas que conocí: la silla donde se sienta la reina de Inglaterra para instalar el parlamento, y que habla del oro robado del mundo; los techos verdes de cobre envejecido de Estocolmo y el arte que adorna todas las estaciones del metro; el silencio enloquecedor de Ginebra y la confianza pública para que uno pague porque quiere y no porque le cobran. Lo mejor de Europa, hasta donde recuerdo, es viajar en tren, caminar con tranquilidad a cualquier hora de la noche, y descubrir que no hace falta ninguna actitud elitista ni aristocrática para disfrutar de increíbles comidas o lugares.

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En la noche del sábado familiar aterrizamos en tu casa a través del concierto de Ana Belén y Víctor Manuel en el teatro Jorge Eliécer Gaitán; la banda sonora de nuestras reuniones. Escurrí muchas lágrimas pensando en Arturo, lágrimas alegres, porque tengo un sobrino nacido en Madrid y eso me impone querer todo lo suyo, conocerlo y recorrerlo. Canté mi favorita «Solo pienso en ti» , que no sabía que se refería a una pareja de personas discapacitadas, enamoradas hasta hoy y con tres hijos, gracias a que el centro donde viven experimentó con la convivencia entre hombres y mujeres. Me paseé por Madrid, obvio, si hasta le cantaron al Ángel Caído del Parque del Retiro, y me afirmé la promesa del próximo viaje, en el que yo te invitaré el tinto de verano y te regalaré un libro, y nos invitaré a una tapeada como manda el dios sobre el que se cagan en España, y escogeré un punto en el mapa para que sigamos viajando la vida, como me has enseñado tú, la que abre los caminos.

Nos vemos pronto.

José Darío Antequera Guzmán

 

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