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ARTíCULO INVITADO 1
RELATOS Y MEMORIAS VISUALES: NI ARTE NI PANFLETO
ESCRITO E IMÁGENES POR
Colectivo Artístico Dexpierte
Colectivo de experimentación e intervención artística que centra su esfuerzo en desarrollar ocupaciones y usos del espacio público por medio de diferentes técnicas gráficas como el stencil, el cartel, el video, entre otros.

RELATOS Y MEMORIAS VISUALES: NI ARTE NI PANFLETO

La cuestión de la memoria en Colombia se ha abordado desde diferentes campos de conocimiento abriendo un debate político a nivel nacional, alimentado por múltiples iniciativas desde diversas instituciones y sectores sociales. El carácter político de la memoria le es intrínseco al convertirse en un escenario para el diálogo o la denuncia o como un mecanismo de empoderamiento y reparación. Por tal razón la triada pasado, presente y futuro depende de un ejercicio crítico y continuo en el hoy, en donde se comprendan elementos y/o nociones en disputa por su control, usos y desusos.

La historia de violencia en el país ha sido directa, estructural y cultural; varias generaciones hemos tenido que vivir entre un conflicto armado que se evidencia en el día a día de manera directa e indirecta, que ha hecho de esta cotidianidad un elemento al que todxs respondemos con silencios, gritos, mentiras o… color.

Con conmemoraciones, homenajes, plantones, marchas, informes, libros y eventos promovidos desde diferentes esferas, se ha motivado un escenario propicio para entender que la memoria, en sí misma, evidencia un campo en tensión; construye, refuerza o transforma realidades en disputa, en donde la lucha por la búsqueda de justicia y por la dignidad se hace plausible.

Reconstruir la memoria en medio del conflicto y la violencia obliga a tener presente su sentido emancipatorio, que responde a contenidos estructurales de poder y control vinculados al territorio, a los recursos y a la democratización del poder, entre otros. Allí se develan flujos de comunicación en donde más que nombres, fechas y/o personajes, resaltan las y los anónimos que continúan gestando ‘otra’ historia del país, que nos permiten identificarnos con otras realidades cotidianas.

En pocas palabras, memorar en medio de las disputas que este ejercicio conlleva implica dignificar la vida, ubicar su sentido de libertad y de esfuerzo por una transformación, encontrar el sentido que la historia re-escribe en el presente reelaborando y des-aprendiendo continuamente los significados y mecanismos a través de los cuales se exterioriza o se comunica el mensaje.

 

 

Uno de esos flujos de comunicación se encuentra en el espacio público, lugar en el que se presentan y representan múltiples realidades: desde las más personales y efímeras hasta las más viscerales. Todo ocurre en medio de todo. Son situaciones que habitantes y transeúntes de lo público son casi obligados a tener en cuenta.

El espacio público es concebido como ese gran lugar de dominio y de múltiples usos en donde la expresión, la identificación, la confrontación y la producción cultural de quienes lo habitan o lo recorren permite que confluyan nuevas perspectivas políticas, culturales e ideológicas.

En un espacio en donde la contradicción y el conflicto es latente, la disputa física y moral se pone en juego por medio de códigos y simbolismos propios del contexto y de su lenguaje. Allí “se permiten, sugieren y también prohíben ciertas acciones” según el elemento político del que esté cargada la intervención, la acción o manifestación. Comunicar cuestiones “políticas” en espacios considerados públicos es de entrada una tarea inconclusa, problemática y en continua transformación, obliga a pensar en la generación de reacciones entre quienes lo comparten o no, entre quienes lo consideran una cuestión clichesuda o para quienes simbólicamente llega a representar un acto o un lugar donde la frontera impuesta ha sido desdibujada y donde sus demandas son hechas acción.

Comunicar la memoria en el espacio público, desde nuestro punto de vista, debe permitir transgredir el silencio y la amnesia colectiva, llevar un relato visual a lugares en donde dificilmente sus transeúntes pueden acceder a escenarios especializados sobre la historia del país (sin desconocer el valor social y político de los mismos). Sacar la memoria a un diálogo abierto desde el pensamiento visual permite partir de una propuesta comunicativa que se alimentará constantemente por diálogos y aprendizajes; donde el uso de la imagen impera; donde la ocupación, trasgresión o sujeción de lo público caracteriza el acto en sí mismo, y que termina por dejar abiertas más discusiones frente al contenido visual y lo que de allí emana. Muchas veces es tomado como arte, otras como panfleto. En otras ni siquiera es relevante.

Sin embargo lo que nos interesa de la expresión artística es su carácter político y el uso o función social de la imagen en la política, en el conflicto, en la memoria, en la violencia. Utilizar su capacidad transformadora y expresiva para comunicar en lo cotidiano, en lo popular o en lo anónimo historias que no son ajenas a un continente, país o región y en las que se encuentran luchas, rostros, llantos, conflictos, alegrías y esperanzas.

Hacer pública la memoria por medio de la imagen abre la posibilidad de llevar a cabo una acción de resistencia. Se trata de valorar lo que hay detrás de la historia en el presente, de comunicar un mensaje desde lo simbólico. Es encontrar por medio de otra historia las huellas de una identidad colectiva cada vez mas difusa.

 

¡Ni arte, ni panfleto!

La elaboración de la vivencia al ocupar el espacio público, con el objetivo de hacer visible a quien no lo era, de organizar y desorganizar el orden sensible de la política a través de la imagen o el mensaje, implica a su vez -como lo hemos dicho anteriormente- irrumpir en circuitos en los que no necesariamente es permitido o aceptado nombrar la realidad.

Por ello creemos relevante entender que lo que hacemos no es nuevo. Es una fuga más dentro de un sistema dominante, en donde comunicar la memoria o la historia de la violencia en la calle no resulta tampoco novedoso; por el contrario, se suma a una serie de iniciativas y propuestas que inconexas o no, siempre han estado reclamando un lugar a sus demandas. Esas experiencias cargadas de sentido son las que finalmente siguen actuando en el presente, retroalimentando nuestro devenir por la historia.

Lo anterior siempre ha llevado a cuestionar el marco en el cuál ubicar un esfuerzo, una valoración o una simple expresión de dignidad o libertad; en este escenario, las fronteras también se hacen visibles e inaceptables y nombrarlo “arte” o nombrarlo “panfleto” genera y abre cuestionamientos sobre cada uno de los escenarios en donde se plantee. En medio de todo, creemos que cualquier experiencia estética, visual o auditiva siempre está generando emocionalidades para quien las percibe y para quien las realiza.

Detrás de esta experiencia existe una intensión comunicativa que denota la verdadera relevancia de tomarla en cuenta como acción o irrupción política en un determinado contexto. Es allí donde recae el significado y el contenido simbólico y emocional que la misma es capaz de generar y transformar en silencios o admiraciones.

Lo central es el mensaje y la manera en que logra llegar a irrumpir o a generar fugas en los sistemas de comunicación homogenizados por uno u otro interés (económico, ideológico, publicitario…). Es interpelar el lugar y sus habitantes por medio de diferentes mecanismos visuales o auditivos; es generar malestar o aceptación dentro o fuera de un esquema establecido. Es poder generar diálogos y reacciones en una u otra audiencia, pública o privada, educada o vulgar, elitista o popular, sin que se amañe en circuitos de producción cultural o ideológica específicos.

En resumidas cuentas, creemos que las herramientas materiales y tecnológicas (internet, música, pintura, stencil, pincel, cortador, papel, pegante… calle) se encuentran al alcance de todo inconforme que quiera plantear su posición ante un orden impuesto, y que su uso e impacto depende de la intencionalidad que enmarque la intervención-acción. Bien sea por medio de la experiementación o por el aprendizaje adquirido en diferentes lugares, lo interesante de esto es poder dejar una huella en el lugar que habitas, en una lucha continua por la dignidad y la permanente co-existencia junto con una violencia estructural que no deja de producir vergüenza.

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