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Polifonía de la resistencia

LA MALDICIÓN DE CHANGÓ

LA TRATA ESCLAVISTA Y EL IMAGINARIO DEL NEGRO EN LA NUEVA GRANADA

Escucha Muntu que te alejas
las pasadas, las vivas historias
los gloriosos tiempos de Changó
y su trágica maldición Manuel zapata olivella - changó, el gran putas

Habría que comenzar por recordar que la esclavitud no fue un invento europeo; por lo menos no fue su potestad exclusiva. También vale tener en cuenta que los portugueses que arribaron a África e iniciaron el comercio de esclavos negros comerciaban con los líderes africanos, quienes vendían a sus súbditos o enemigos.

Pero la trata trasatlántica que hizo parte de ese triángulo comercial entre Europa, África y América, fue probablemente la primera en la que un componente racial marcaría un sistema de castas y un discurso de superioridad e inferioridad entre ellas. El pensamiento esgrimido por el europeo blanco fue el filtro para nombrar y conquistar el mundo, a imagen y semejanza de sus valores. Además, para el Muntu americano, la esclavitud es un pasado doloroso que, irremediablemente, toma la forma de un “nuevo comienzo”. Es, en definitiva, la génesis de una nueva etapa en su historia.

América, que en otras latitudes y contextos adopta la simbología de “tierra de las oportunidades”, fue para el hombre negro el continente del sufrimiento y la condena. La esclavitud es el hecho fundacional que nos hará explorar las visiones y narraciones  contrapuestas de las dos perspectivas que la componen. Solo así podemos entender el valor de la obra de Candelario Obeso, como autor fundacional de la “poesía negra” en Colombia, y de todos los que siguieron su camino.

APUNTES SOBRE LA TRATA EN LA NUEVA GRANADA

Los estudios sobre la esclavitud en las colonias españolas hablan de tres periodos:

Licencias: (1533 - 1595)

Permisos o autorizaciones concedidos por el Monarca para introducir negros esclavos en mediante el pago de los derechos correspondientes, sometiéndose a normas de control y registro.

En este periodo, los esclavos entraron como auxiliares de conquista y servicio doméstico, provenientes de la península Ibérica. Hay escuetas menciones de su presencia en algunas crónicas de las expediciones, sin mayor protagonismo o seguimiento a sus roles o historias particulares. En el caso del ejemplo siguiente, la referencia a los “negros fugitivos” parece apuntar a cimarrones que llegaban de Panamá y Centro América.

 

El don Alonso, pues con buenos guías
de los antiguos hombres convocados
Por el de la ciudad de Santa Marta
en continuación de su viaje
fue caminando por aquellos llanos
por do fueron a dar a los dos ojos
de cristalinas aguas, aunque gruesas,
desde donde se ve la serranía
frontera de los indios Coronados,
cuyas faldas se dicen las acequias
de que tenían uso los vecinos
Confines al enhiesto y empinado
Cerregión de los negros fugitivos,
Que en tiempo les sirvió de fortaleza
desde donde comienzan las llamadas
del gran Valle de Upar, diversas veces
en mis memoriales repetidos.
(Juan de Castellanos).

Asientos: (1595 - 1791)

Convenios o acuerdos entre la Corona y un particular (individuo o compañía), mediante los que la primera arrendaba a favor del segundo una explotación comercial con carácter de monopolio.

Periodo de mayor demanda de mano de obra esclava ante la explotación minera  en los departamentos de Antioquia, Chocó y Cauca. Cartagena, por su parte, se erige como el principal puerto de recepción de esclavos, que se “almacenan” en factorías  (centros comerciales con personal, casas, almacenes y depósitos para el comercio de esclavos) y se distribuyen por todo el territorio de la Nueva Granada.

A propósito escribe un misionero jesuita:

Estos lugares son tan calurosos, que estando al presente en la mitad del invierno, se siente mayor calor que en la canícula. Los esclavos negros son en numero de 1.400 en la ciudad van casi desnudos. Los cuerpos humanos de continuo están bañados de sudor. Los alimentos son bastos e insípidos. Hay gran escasez de agua dulce, y la que se bebe es siempre caliente... En cuanto a forasteros, ninguna ciudad de América, a lo que se dice, tiene tantos como ésta, es un emporio de casi todas las naciones, que de aquí pasan a negociar a Quito, Méjico, Perú, y otros reinos; hay oro y plata. Pero la mercancía más en uso es la de esclavos negros. Van mercaderes a comprarlos a vilísimos precios a las costas de Angola y Guinea; de allí los traen en naves bien sobrecargadas a este puerto, donde hacen las primeras ventas con increíble ganancia; a los que quedan los embarcan de nuevo. 

Libre comercio (1791 - 1812)

Para este momento, la economía de la Nueva Granada era impensable sin el concurso de los negros.

El horror, la miseria y la podredumbre de la trata escasamente se ven reflejados en los registros que sus perpetradores llevaron de ella; no pasan de ser una descripción fría y distanciada del estado de una mercancía cualquiera. La situación es crítica desde el mismo transporte en las naos negreras:

Escribe Alonso de Sandoval:

Vienen de seis en seis con argollas por los cuellos en las cadenas y estos mesmos de dos en dos con grillo en los pies de modo que de pies a cabeza vienen aprisionados, debajo de cubierta cerrado por fuera... que no hay español que se atreva a poner la cabeza sin almadiarse.

Un traficante de esclavos lo describe así:

Los machos venían bajo cubierta, tan juntos en aquel lugar tan angosto que cuando querían cambiar de postura apenas podían hacerlo. Las hembras estaban sobre cubierta y se echaban donde querían. Todos hombres y mujeres completamente desnudos. No fue mejor el estado de los esclavos en las armazones transportadas por los ingleses a finales del siglo XVIII.

A estas visiones que, como resulta evidente, se limitan a describir de manera fría las condiciones materiales de las naves, contrastamos lo que escribiría, muchísimos años después, Manuel Zapata Olivella rememorando este hecho en su obra máxima, Changó, el gran Putas:

Loba pelo rojo

tienes hocico de hiena coagulada sangre en los ojos, zarpas uñas de fiera

corazón noche negra

tu vacía casa:

la ambición.

Tu huella ceniza

carimba

rencor que no se olvida tatuado en mi piel.

Dolor en la partida mordisco que separas al padre que se aleja la madre de la hija.

No compras el puño argollado del esclavo

—¡pieza de Indias!—

sino el negro resentimiento

la negra piel

que enmohece el odio.

Donde renazca tu chispa en nuestra sangre

en el pan de tu horno

en el beso de tu hija

en la mirada de tu nieto estará presente el llanto memoria de la madre muerta,

hueso partido en cruz

por la espada de tus santos. ¡Las salivas de mil hijos escupirán sobre tu tumba!

Látigo

sal en la herida

tijera de la lengua

las sombras de tu alma en la noche de la trata sirvieron de moneda.

¡Changó! ¡Changó! Buscaste fuera de África la Loba Blanca

para cumplir tu venganza. La que vende y compra por un doblón de cobre un collar de vidrio

por tres reales,

un rebaño de hombres.

“NOMBRAR ES CREAR”

Antes de ser capturados con destino a América, los africanos se conocían unos a otros con los nombres de sus etnias: Biohos, Cabindos, Mandingos, Balantas, Macondos, Kimbundus o Basongos.

Pero esas diferenciaciones poco efecto tenían entre los amos que solo buscaban fuerza de trabajo. Para ellos, los esclavos se diferenciaban según sus capacidades para determinadas labores y por su grado de asimilación de la cultura española.

Así, los ladinos eran aquellos que ya hablaban el castellano y que habían asimilado la cultura española, en contraposición a los bozales, recién traídos de África, menos dóciles y desconocedores del idioma y las órdenes que se les impartían. A un negro fugitivo se le denominaba Zapeque, y cuando ya se unía en rebelión a un palenque, Cimarrón.

Además de esta nueva forma de enunciación que destruía marcas identitarias de origen, los españoles tuvieron una estrategia de separación de grupos de la misma región, para romper la comunicación, la identificación religiosa o la solidaridad tribal.

Pero, a pesar de sus diferencias de origen, la solidaridad era justamente la única posibilidad de emancipación para los esclavizados. La identificación y un primer gesto de compasión mutua sería la clave para urdir “la trama de futuros tejidos sociales y culturales”. Por ello cobra fuerza el concepto de Muntu, que investigadores como Jaime Arocha destacan en el estudio de la diáspora africana. Muntu es una suerte de familia integrada, que incluye no solo a los seres humanos, vivos y muertos, sino a las plantas, a los animales, incluso a los objetos de los cuáles ambos se sirven. La referencia a este concepto es transversal a un número de autores y países tan diversos que puede entenderse como esa huella común a la africanía, como vínculo y motor de su emancipación y transculturación en América.

PRESENCIA AFRICANA EN COLOMBIA

Las regiones de mayor asentamiento e influencia de los grupos negros descendientes de africanos se distribuyen en el país en estas áreas:

Región del Caribe: departamentos de la Guajira, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Córdoba, Cesar, Sucre y Antioquia.

Costa del Pacífico: departamento del Chocó y zonas costeras de los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nariño.

Valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, incluyendo algunos de sus afluentes y el valle transversal del río Patía.

Departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en el Caribe isleño.

Estas regiones guardan similitudes significativas, por supuesto, pero también ciertas diferencias que marcarán algunas tradiciones culturales particulares. En las próximas sesiones del club iremos trabajando autores por zonas geográficas, comenzando por la región Afrocaribe (continental) con Candelario Obeso y Jorge Artel.
 

Para la próxima sesión

Para el martes 16 de septiembre, leer "Tambores en la noche" de Jorge Artel y "Cantos populares de mi tierra", de Candelario Obeso.

REFERENCIAS

La biblioteca virtual de la Luis Angel Arango ofrece una serie de títulos sobre el estudio de la afrocolombianidad que se pueden consultar aquí. Para esta sesión trabajamos, particularmente, "La saga del negro: presencia africana en Colombia" de Nina de Friedemann, "Las claves mágicas de América", de Manuel Zapata Olivella este texto disponible para descarga en PDF:

En negro en Colombia: En busca de la visibilidad perdida

 

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Ana María Trujillo (S)ocióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
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