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LA SALA

LA SALA DE MÉLIDA

Fecha: domingo, 17 de noviembre de 2013
Hora: 9:21 am
Temperatura: 10°C
Lugar: La (ex)sala (extrañando desde la cafetería).

 

Al espacio que ya no tengo,
le digo que lo extraño.
Extraño su vacío, su silencio,
sus migas de pan, el queso azul y el vino.

Extraño la cafetera que ya no hay
sobre el baúl de cables.
Las noches en vela,
escribir con frenesí.

Extraño la falta de sueño,
el alcohol y la leche no pasteurizada.
¡Ah, placeres del ayer!
¡Ah, placeres del próximo año!
Patrocinadores de la listeria;
terror de las embarazadas.

Como el sushi.
A él ella lo extraña
en su mesa de centro
ahora rota,
ahora perforada.

Mi espacio,
tan lleno de la passive voice,
tan vacío de la historia del arte.

Dos personas más;
un espacio menos.
Cinco plantas más;
una cintura menos.

A ti, espacio fugitivo,
te escribo desde el exilio.
Desde el placer prohibido del
single-shot latte.

 

 

 

 

 


lA SALA DE CATALINA MARÍA

Fecha: viernes, 15 de noviembre de 2013
Hora: 3:23 pm
Temperatura: 10°C
Lugar: La sala.

Everything you do shows your hand.
Everything you do is a self-portrait.
Everything is a diary.

Chuck Palahniuk


En mi casa hay dos salas: una que se usa y otra que no. Voy a hablar de la que no usamos.

La luz entra por las ventanas, se refracta y forma arcoiris en las paredes, los muebles y el piso de madera. Nadie pasa mucho tiempo aquí; ni mis papás ni mi hermana ni yo. Pocas veces la usamos para las visitas. Estoy tentada a decir que la función de esta sala es meramente decorativa, que sus objetos son sólo objetos y que existe una brecha inmensa entre ellos y yo.

Listar/Enumerar

  • Un reloj en forma de octágono con números romanos.

  • Un sofá vinotinto (casi dos metros de largo).

  • Una silla cómoda tapizada en tela de flores.

  • Una mesa rectangular con adornos encima: cinco revistas, tres velas y un florero.

  • Un tapete con figuras geométricas: diez círculos, ocho triángulos y líneas que lo atraviesan y forman nuevas figuras.  

  • Un espejo con marco café.

  • Una cajonera grande cuyo uso desconozco.

  • Un cuadro de colores muy oscuros.

  • Una pared larga pintada de verde oliva.

Pero las listas nos sobrepasan. Al fin y al cabo desde siempre he estado convencida de que todo es símbolo de algo más. Lo que en primera instancia asumo tan aleatorio es, en realidad, un conjunto de referencias, pinceladas sueltas de una vida que se construye no tanto a partir de grandes acontecimientos, sino (y sobre todo), a partir de hechos minúsculos, pequeños puntos que están ahí aunque a veces parezcan invisibles.


 

 

 

 

 

 

 

Hace dos años, cuando me fui de viaje con mi mamá y mi hermana, mi papá se quedó solo en Canadá durante cinco semanas. Pensábamos nosotras que tal vez sería prudente acortar nuestra ausencia porque para ese momento mi papá perdió el trabajo que tenía. Nos inquietaba entonces lo que pudiera resultar de un periodo prolongado de soledad y de falta de rutina. Olvidábamos que en la mente de mi papá, la soledad jamás ha sido argumento suficiente para justificar la inacción.

Cuando volvimos del viaje, este espacio –vacío antes de nuestra partida– estaba ahora ocupado por todos estos objetos que mi papá escogió y acomodó. Podría decirse que este es el rincón más “elegante” de la casa, por lo que desde el principio mi mamá ha insistido en que lo reservemos sólo para ocasiones especiales. Y yo reniego un poco. Reniego porque siempre me ha parecido extraño eso de no darle un uso a las cosas. Pero mientras escribo empiezo a entender que está bien que haya un espacio (cuasi) inerte en la casa. Empiezo a entender esta sala como una suerte de afirmación ontológica por parte de mi papá: es su forma de relacionarse con la materia, de interpretarla. Esta sala representa lo que habita en su mente, sus esfuerzos por continuar aunque a veces parezca que todo para. Los muebles, los adornos, su forma de organizarlo todo habla de sus proyecciones, de lo que se imagina. Ahora veo que esta es su forma de decirnos que en la vida no hay paréntesis y que siempre nos podemos reinventar. Este es el poder de una soledad bien dirigida.

Mi sala es un diario que dice lo que mi papá no puede con palabras.

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Catalina María y Mélida pendoneantes Catalina María es Profesional en Filosofía y Literatura Francesa. Interesada en la interacción entre el espacio físico y la mente de quien lo ocupa. Mélida es estudiante de Historia del Arte, particularmente del arte renacentista y del intercambio cultural entre Europa y América durante el siglo XVI.
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