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Pendoneópolis

PENDONEÓPOLIS

“Pendoneópolis” es una palabra inventada por nosotras. Se compone del verbo intrasitivo “pendonear” que significa, según el Drae, “andar sin necesidad ni provecho de un sitio a otro”, y del sufijo “-polis” que significa ciudad. Ése es el objetivo de nuestro blog: andar sin necesidad ni rumbo por la ciudad para leerla como texto y dejarla de ocupar como espacio. La ciudad no es un lugar vacío antes de nuestra presencia, ella no es sólo dadora de espacio sino que ocupa espacio también en nosotros. Caminar sin rumbo, y por ende, dar prioridad al acto de recorrer sobre el de ocupar, implica quebrar la costumbre de habitar la ciudad y no reconocer que ella también nos ocupa y nos distrae. Estas ideas han sido condensadas en el término “psicogeografía” que, según Merlin Coverley, es “el punto en donde la psicología y la geografía se encuentran para evaluar el impacto emocional y conductual del espacio urbano”.[1]

Así pues, la práctica psicogeográfica exige, como primera medida, un distanciamiento de lo que normalmente entendemos sobre el acto de caminar. Bajo esta perspectiva, más que andar una distancia determinada o avanzar hacia una meta, caminar es, en realidad, un ejercicio de observación de los ritmos urbanos. En este sentido, la figura del flâneur en la poesía de Baudelaire resulta imprescindible, pues fue este autor el primero en otorgarle un lugar en la literatura a ese hombre que deambula sin rumbo mientras observa las calles de París del siglo XIX.

Pero si Baudelaire poetizó al flâneur, autores como Michel de Certeau y Guy DeBord lo dotaron de fuerza política. Más específicamente, en “La Sociedad del espectáculo”,[2] DeBord transforma la idea del peatón como espectador pasivo de los movimientos de la ciudad para convertirlo en un agente capaz de descifrar los mecanismos que producen y mantienen un orden social determinado. Las nociones de dérive y détournement son entonces fundamentales para lograr este propósito. Por una parte, la dérive consiste en pasear con plena conciencia del impacto que tienen los elementos de la ciudad en nuestra experiencia de la misma. El détournement, por otra parte, en tanto táctica subversiva, propone la posibilidad de tomar objetos creados por el capitalismo y desviarlos de su uso original para resignificarlos y producir un efecto crítico en el que se desentrañen los dispositivos de los que está conformado el espectáculo. [3]

Con base en lo anterior es claro que nuestro pendonear por Toronto es un acto de subversión. En primer lugar pretendemos abandonar los caminos establecidos para tomar otros menos conocidos rebelándonos en contra de lo que propone la planeación urbana, la cual, a su vez acolita el consumismo. En otras palabras, ignorar los caminos que nos son trazados para caminar, implica también una desidentificación consciente con el comercio que se desarrolla alrededor de ellos; es sumergirse en la angustia del sin-destino y del sin-ocupación. Además, nuestro pendonear por caminos menos recorridos también implica una sublevación en contra del poder que la ciudad ejerce sobre nosotros: la ciudad nos hace sentir seguros en lugares concurridos y nos abandona en lugares solitarios. Exponernos a la inseguridad de caminos no recorridos desenmascara el desinterés de la ciudad por el individuo que no desea ser partícipe de su espectáculo. 

En segundo lugar, y muy ligado al tema de la seguridad, viene nuestro rol como mujeres. La figura del flâneur ha sido tradicionalmente entendida como masculina, pues, como lo indica Janet Wolff, el flâneur requiere de libertad para moverse y observar sin interactuar con otros.[4] Ciertamente el caso de las mujeres es distinto, no sólo es el espacio público un espacio amenazante, en donde es ‘responsabilidad’ de la mujer ‘no exponerse’, sino que cuando ella aparece en él se convierte, necesariamente, en el objeto del deseo y las miradas de los otros peatones. La presencia de la mujer solitaria en el espacio público es inmediatamente cuestionada. No se le permite ser una observadora incógnita. Los bares son un claro ejemplo de esto; mientras que un hombre solo en un bar parece gozar de una autoridad implícita que le permite continuar su estadía en soledad, la presencia de una mujer sola connota algo diferente: ella no parece poseer el espacio público tan implícitamente como el hombre, y alrededor de su figura solitaria los otros comensales proyectan una necesidad de compañía.

En tercer y último lugar nuestro pendonear por Toronto busca una subversión social. Existe dentro de los caminos establecidos por la ciudad una jerarquía, pues hay caminos que a pesar de ser concurridos no son accesibles a ciertos peatones según su estatus social. Andar y leer rutas ajenas a aquellas que nos son impuestas como las propias de nuestra clase social revela los mecanismos usados por la ciudad para perpetuar las diferencias sociales dentro de sus habitantes, además de evidenciar nuestra posición y rol como inmigrantes. ¿Qué significa apoderarse y recorrer una ciudad que no es la nuestra sin respetar sus reglas de urbanismo? ¿Cuáles son las discrepancias entre el espacio del inmigrante (y en particular de la inmigrante) que la ciudad nos impone y el que nosotras ocupamos y recorremos?

Dicho de otro modo, lo que más nos interesa es caminar el sitio del exilio. El exilio, en este caso entendido, no sólo como la separación entre el ciudadano y la patria, sino también entre el peatón y el espacio público. Este interés por el vacío entre dos cuerpos (ciudadano-patria; peatón-ciudad) resuena con el interés literario de Georges Perec, quien creció huérfano después de haber perdido a sus padres durante la Segunda Guerra Mundial. Para Perec, escribir es un mecanismo de recolección. Enumerar, hacer listas, categorizar, son características de su escritura y herramientas de las que el autor se vale para hacer una recolección de la memoria, “para retener algo meticulosamente”.[5] Nuestro interés es entonces retener el vacío que existe entre el caminante y la ciudad cuando éste no cumple con lo que la ciudad impone. En otras palabras, hacer visible el rechazo que existe hacia el peatón que no es partícipe del espectáculo de la ciudad, y que en lugar de ser partícipe de la ciudad, la entiende como texto––como un organismo vivo que comunica ideologías a través de su urbanismo––.

Por esta razón nos basaremos en el método usado por Perec, quien parte del espacio más pequeño y personal al espacio más absoluto: empezando por el espacio rectangular impuesto por la hoja de papel, pasando por la cama, el clóset, la casa, la cuadra, el barrio, la ciudad, etc. De este modo será más fácil entender el espacio que nuestros cuerpos ocupan y cómo este espacio se encuentra limitado y controlado incluso por los objetos más nimios.

Una vez hayamos recorrido el espacio privado y familiar pendonearemos por la ciudad. Como se mencionó antes, lo importante no es el destino (de hecho, el objetivo es des-conocerlo) sino el trayecto. Para seleccionar el trayecto que recorreremos utilizaremos varios métodos. Uno de ellos consiste en escribir nombres de barrios o zonas de la ciudad en papelitos que sacaremos al azar de una bolsa; otro en escoger lugares que son reconocidos por su poca amabilidad con los peatones o por su alta densidad; otro en seguir el ritmo de la música y girar cada vez que cambie la canción: primero a la derecha, luego a la izquierda. Seremos creativas con el método y no discriminaremos ninguna zona de la ciudad, pues como DeBord sugiere, para hacer détournement se debe partir del mismo espectáculo y a partir de él crear algo crítico y nuevo.

Después de cada pendoneo escribiremos en el blog una entrada sobre nuestra experiencia. Así como nuestro modo de andar será creativo, inesperado e incierto, nuestra escritura experimentará con diferentes métodos. Algunas entradas, por ejemplo, serán conjuntas, otras independientes; unas en forma de diálogo, otras en verso o en prosa. Sabemos, sin embargo, que el acto de caminar sin rumbo es un acto meditativo donde cada paso asemeja el acto de inhalar y exhalar. Por esta razón queremos respetar el deseo de cada una de mantener cierta privacidad e intimidad en el momento de la escritura de sus experiencias. La solución que se nos ha ocurrido es que inmediatamente después de terminar nuestro pendoneo y justo antes de compartir cualquier pensamiento o idea, cada una escribirá en una hoja si quiere hacer una entrada conjunta o independiente y dará tres opciones diferentes para la forma, es decir, escogerá tres modos literarios en los que le parecería pertinente describir su experiencia. De este modo, si alguna de las dos ha sentido algo particularmente íntimo a lo que prefiere referirse en la privacidad de su propia escritura, lo podrá hacer sin ‘contaminar’ sus emociones con la de la otra.

El blog, en pocas palabras, funcionará de la siguiente manera: dos veces al mes saldremos a pendonear. El trayecto será seleccionado por diferentes métodos en los que siempre existirá un poco de azar y de des-conocimiento del destino. Después de cada caminata escribiremos una entrada, es decir, que habrá en el blog dos entradas por mes. El encabezado de cada entrada contendrá el nombre del lugar o la zona que recorrimos, la duración de la caminata, y la temperatura. Después de estos datos iniciales se encontrará nuestra narración del pendoneo, a veces dos, a veces uno escrito por ambas. Si bien el objetivo del blog no es académico, nuestro interés por la psicogeografía está informado por ciertas teorías que hemos leído y que continuaremos leyendo durante todo el proceso. Por lo tanto, cada entrada finalizará con una conclusión en la que relacionaremos los elementos teóricos de los que nos hemos servido con nuestra propia experiencia sobre las caminatas. Además del contenido escrito, cada entrada del blog contará con un mapa de nuestro recorrido, fotos y algunas veces videos.

Por último, nos gustaría que este blog sea un espacio abierto en el que otras personas puedan compartir sus mapas psicogeográficos, contándonos sobre los efectos que tienen los espacios recorridos en sus emociones y comportamientos. Pueden enviarnos sus colaboraciones al correo pendoneopolis@gmail.com 

notas


[1] Merlin Coverley, Psychogeography (Londres: Pocket Essentials, 2006): 10.

[2] Guy DeBord, The Society of the Spectacle (New York: Zone Books, 1995).

[3] El video hecho por Greg Wilcox (http://www.youtube.com/watch?v=woyvGwGNGSo) es un ejemplo concreto de détournement. Wilcox, al incluir la canción “Fortunate Son” en su totalidad, evidencia la manipulación de Wrangler al vender sus productos como objetos que simbolizan patriotismo, cuando en realidad la canción es una crítica a la Guerra de Vietnam y al hecho de que no todos los ciudadanos de Estados Unidos fueron enviados a la guerra. (James Trier, “The Spectacle and Detournement,” Journal of Adolescent & Adult Literacy 51, no. 3 (noviembre, 2007): 277-278).

[4] Janet Wolff, “The Invisible Flâneuse. Women and the Literature of Modernity,” Theory, Culture and Society 2, no. 3 (noviembre, 1985): 40.

[5] George Perec, Especies de espacios (España: Ediciones de Intervención Cultural, 2007): 140.

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Pendonear.
(De pendón).
1. intr. Andar sin necesidad ni provecho de un sitio a otro. Envíenos sus colaboraciones a pendoneopolis@gmail.com
Catalina María y Mélida pendoneantes Catalina María es Profesional en Filosofía y Literatura Francesa. Interesada en la interacción entre el espacio físico y la mente de quien lo ocupa. Mélida es estudiante de Historia del Arte, particularmente del arte renacentista y del intercambio cultural entre Europa y América durante el siglo XVI.
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