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El paragüero

TRANSMILENIO: MULTITUD Y NO-LUGAR

   

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“Dime a qué velocidad te mueves y te diré quién eres”. Anónimo

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Apertura: la “reinvención” de la multitud y del no lugar  

Bogotá es una ciudad con un crecimiento demográfico y espacial enorme. Intensamente extiende sus ramificaciones asfálticas y engulle al ‘campo’. No en vano, históricamente se han presentado continuas problemáticas frente a la movilización de sus ciudadanos, servicios y materiales. Debido a esto, la “movilidad” -traducida en experiencia cinestésica a partir del siglo XX- ha sido uno de los grandes problemas filosóficos, sociales y prácticos de la modernidad ‘criolla’. Así, la cuestión de la ciudad, tal y como la conocemos y vivimos hoy en día, se podría sintetizar a propósito del desplazamiento, del flujo y de la agilidad. Temáticas e imperativos que pasan necesariamente por el discurso urbanístico, político y mediático, pero también por las experiencias cotidianas de millones de bogotanos que se trasladan por los heterogéneos y desiguales espacios de la ciudad.

 

A partir de 2001, cuando se implanta el sistema integrado de Autobuses de Tránsito Rápido (ATR) Transmilenio como alternativa para los problemas de vialidad, se produce un nuevo modelo basado en la masificación de las relaciones de movimiento, por ende, en la masificación del transporte y del usuario. Se crea una multitud desconocida hasta entonces que posibilita convenciones particulares para la experimentación del deslizamiento a través de la ciudad.

 

Además del surgimiento de nuevas culturas viajeras (García Canclini, 2005) y formas de sociabilidad poco o nada solidificadas, que se podrían catalogar como ‘débiles’ (Granovetter, 1976), la relación entre no-lugar y multitud (en el sentido sociológico clásico de muchedumbre y horda) es inmanente. Los usuarios y usuarias, millón y medio diarios aproximadamente, no establecen relaciones arraigadas ni con los ‘otros’ y ‘otras’, ni con la infraestructura práctica del sistema que utilizan.

 

Transmilenio es la concreción del tiempo instantáneo y de la disolución. Es decir, es el espacio idealizado del tránsito y de ocupaciones provisionales, efímeras, que se experimentan de manera pasajera y, por lo tanto, pertenecen al peatón, al viajero o al caminante (Augé, 2000 y 2010). Los no-lugares se habitan por una fracción de tiempo muy corta, durante intervalos. No tienen funciones de permanencia; es el ‘lugar de paso’ que lleva a un destino. En ‘Transmi’, en tanto condición de posibilidad de la multitud, no existe cabida para la premeditación de la acción, sino que se da, se vive y se experimenta de manera inmediata, espontánea e intuitiva. 

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    La experiencia del TransMilenio  

Para condensar la experiencia social del TransMilenio se presentan a continuación unas cuantas notas dispersas y no-secuenciales de orden etnográfico-experimental:

 

 

- El ‘anonimato’ se experimenta como un estado en el que la identidad de la persona es desconocida y, por lo tanto, también lo son sus motivos, moralidades y biografías. La sociabilidad anónima, en este caso, está regida por dos figuras del usuario aparentemente opuestas, empero, complementarias: el otro ajeno (que representa la apatía y la distancia) y el otro cercano y peligroso (que representa violencia y agresión).

 

- El viajero y la viajera han tenido que empaparse de las artes de correr, empujar y sacar el mayor provecho del poco espacio disponible en las estaciones y en el propio bus. Esto demuestra, en primera instancia, que a pesar de ser un no-lugar el TransMilenio es un canal pedagógico, en cuanto canaliza pautas de comportamiento. La experiencia es conquistada en las tumultuosas y desordenadas ‘filas’; en los correteos por las tarimas para no perder el bus hacía el ‘centro’; en las horas que se pasa sentado, en otras tantas de pie colgando de los tubos para asirse o en el piso del ‘acordeón’ (bisagra).

 

- Los encuentros no son duraderos ni frecuentes o se limitan a un saludo casual. Si estas personas se detuvieran a conversar, la muchedumbre intensa se los llevaría consigo evitando su asociación. No gobierna la noción del movimiento ordenado como progreso, sino el movimiento caótico. Justamente, es en esta carrera presurosa donde la gente aprende a bullir con flexibilidad sorteando riesgos siempre impredecibles.

 

- Los espacios están diseñados, consecuentemente, bajo ideas de efectividad y eficacia. Las disposiciones materiales prefijan un flujo horizontal, útil y funcional de personas. No existen puntos de reunión, la ornamentación es plana y aséptica, no hay bancas ni sillas para el descanso. El espacio sirve para encauzar y guiar rápidamente. El sujeto que suba al Transmilenio tiene la única y exclusiva intención de arribar a su paradero. El hecho mismo de que no existan lugares de reposo ni de estancias cortas de ‘tregua’ es muy diciente de estas plataformas prototípicas.

 

- La gente, siempre apiñada, espera ansiosa el próximo bus. Se notan las grescas, ‘trancazos’, atropellos, empujadas y ‘toqueteadas’. No necesariamente los que han llegado primero están al frente en la deformada fila. Algún pillo o pilla se cuela haciendo campo entre la gente. Otros esperan a un lado para dar el zarpazo y entrar de sorpresa. No son pocos los usuarios y usuarias que golpean con su cuerpo ejerciendo una fuerza considerable para quitar los ‘estorbos’.

 

- Se pasa fácilmente de la nulidad de encuentro (la indiferencia con el ‘otro’ y ‘otra’ que va al lado) a la explosión de encuentros violentos (riñas por lugares y recursos del transporte). La llegada del bus a la estación viene acompañada de una gran sacudida: meneos repentinos y bruscos. Los usuarios y usuarias intentan entrar, todos al mismo tiempo, pero no todos con la misma energía. La gente del interior del bus intenta salir, chocando con los que intentan incorporarse. El hacinamiento, evidentemente, causa estrés. La agresión se puede vivir como imposición de un estímulo aversivo, físico, verbal o gestual de una persona a otra.

 

- La violencia se muestra en formas disímiles. Puede ser explícita como en el caso de hurto o simbólica como en el de trato verbal o gestual. El racismo y el sexismo se expresan continuamente entre los pasajeros. La conflictividad y la disputa son elementos tangenciales al recorrido. El sistema tiene la particularidad de abigarrar a gente desconocida rompiendo con los modelos de la ‘distancia corporal íntima’. Es un ensamble de elementos diversos, de sujetos de todas partes, en un todo supuestamente unificado y homogenizado.

 

- Prevalece el sentido de aglomeración. Todos se predisponen emocionalmente para hacerse de la ‘vista gorda’. Una reunión de actividades moleculares, que van del desconocimiento al conflicto pasando por la apatía y el menosprecio. Tan juntos pero tan separados, tan ‘pegados’ pero tan indolentes. Grandes y duraderos silencios habitan en los pórtales, casi ni susurros se escuchan, nadie interactúa verbalmente. El sonido humano está, con frecuencia, ausente. La solitud en la multitud.

 

- Las relaciones son profundamente físicas pero increíblemente distantes en lo ‘social’. Se está chocando con otros y otras, con sus indiferencias, que son tan grandes que embargan al reconocimiento. Este micro-mundo de traslado homogeniza a todos los sujetos, que ahora están entregados solamente a sus fuerzas y a sus destrezas para buscar lugar y des-colarse de alguna fila. Las acciones que implican hacerse un lugar cómodo para salir o entrar, tener un asiento o un mismo tubo para asirse tienen sus propias dosis de agresividad y violencia.

 

- El ‘Transmi’ tiene la cualidad de detonar la agitada vida urbana, la multiplica exponencialmente. Seguramente, alimentado por una interacción despersonalizada, la asfixia y el ahogo.

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Cierre: salirse del voraz ‘gusano rojo’  

En este escrito he explorado la transformación radical del uso social del espacio público en la ciudad de Bogotá por la intervención del Sistema Integrado de Transporte Masivo, instituido por el Gobierno Local y Nacional en aras de mejorar la movilidad, el transporte de personas, la generación de espacios de flujo y descongestión. Pero se trata de un espacio que no puede definirse ni como identitario, ni relacional, ni histórico, sino como un no-lugar, un plano compuesto de puntos de tránsito y de ocupaciones provisionales. La interacción social en dicho sitio es coyuntural y se reduce a la imposibilidad de establecer vínculos sociales duraderos espacio-temporalmente. Así, el individualismo dentro de grupos sumamente colapsados y atestados como las masas de viajantes, conforma la base de la experiencia urbana.

 

El enlace fugaz y transitorio entre los sujetos y su entorno social y territorial -y que en definitiva deviene absolutamente fragmentario- es el antecedente claro para la generación de relaciones sociales contingentes y para el anonimato. Estas dinámicas, incluidas las del TransMilenio, convocan nuevas sociabilidades que no existían como tales en el pasado, pero que son altamente representativas en la Bogotá contemporánea. El único vínculo del viajero con el espacio recorrido es el reconocimiento de hitos (estaciones) y la orientación que resultan de la repetición cotidiana del recorrido. Sus prácticas principales son las que aseguran el desplazamiento por encima de los demás, pero suelen ir acompañadas de prácticas de distanciamiento -y de violencia, que no son excluyentes- con los otros y otras.

 

Estas micro-situaciones emergen constantemente y terminan por darle un tono dilatado a la vida urbana. Las particularidades de estas realidades urbanas (que se podrían calificar como híbridas, líquidas y derramadas) inciden directamente en el tipo de prácticas y actividades que se realizan dentro de ella. Los espacios urbanos son atravesados por formas de metropolitanización cada vez más intensas y, mediante este proceso, los lugares de la urbe son construidos como un collage de interacciones corporales efímeras, estrechas en ocasiones, siempre complejas y cambiantes.

 

Las masas ‘turbulentas’ son hijas del mismo sistema de transporte. El ‘Transmi’, en tanto modelo hegemónico, constituye para muchos la única manera de moverse y de llegar al trabajo, a la universidad, al barrio, de salir a pasear y/o visitar la familia. La gente ansía andar rápido, no impone trabas ante este imperativo, son presas del ‘voraz gusano rojo’. Nunca se había vivido una experiencia similar en Bogotá en la cual esta primera generación de usuarios y usuarias es en parte ‘novata’, tampoco se habían visto formaciones sociales como las multitudes desbordadas y desordenadas. Tanto las estaciones (portales, puentes, paradas) como el mismo bus conforman concentraciones de ‘alta densidad’, donde la regla, parece ser, es que usted -sujeto viajero- se vuelva una persona competitiva y que importe, solamente, la relación de circulación voluminosa.

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LECTURAS DE REFERENCIA   Augé, Marc (2000) Los no-lugares. Espacios del anonimato. Barcelona, Gedisa.   Augé, Marc (2010) El Metro Revisitado. Barcelona, Gedisa.   Baudelaire, Charles (2010) Spleen de París. México, Fondo de Cultura Económica   Benjamin, Walter (1999) Sobre algunos temas en Baudelaire. Buenos Aires, Levitan.   Castro Gómez, Santiago (2009) Tejidos Oníricos: movilidad, capitalismo y biopolítica en Bogotá. (1910-1930). Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana.   de Certeau, Michel (2007) La invención de lo cotidiano I. México, UIA.   Deleuze, Gilles y Guatarri, Felix (1999) Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia, Pre-textos.   Delgado, Manuel (1999) El animal público. Barcelona, Anagrama.   García Canclini, Nestor (2005) Imaginarios Urbanos. Buenos Aires, Editorial Universitaria.   Granovetter, Marc (1976) “The Strength of Weak Ties”. American Journal of Sociology, 78 (6): 1360-1380.   Hall, Edward (2005) La dimensión oculta. México, Fondo de Cultura Económica.   Hannerz, Ulf (2003) “Being there… and there... and there: Reflections on Multi-Site Ethnography”. Ethography. N° 4 (2): 201-216.   Le Bon, Gustave (1986) Psicologías de las masas. Madrid, Morata.   Lefebvre, Henri (2004) Rhythmanalysis. New York, Continuum.   Maffesoli, Michel (2004) El nomadismo: vagabundeos iniciáticos. México, Fondo de Cultura Económica.   Monsiváis, Carlos (2001) Los rituales del caos. Era, México.   Ortega y Gasset, José (2003) La rebelión de las masas. Madrid, Tecnos.   Ortiz, Renato (1998) Otro territorio: ensayos sobre el mundo contemporáneo. Bogotá, Convenio Andrés Bello.   Pedraza, Zandra (2008) “La tenaz suramericana” En: Genealogías de la colombianidad. Formaciones discursivas y tecnológicas de gobierno en los siglos XIX y XX. Bogotá, Editorial Pontificia Universidad Javeriana.   Pedraza, Zandra (2011) En cuerpo y alma: visiones del progreso y de la felicidad. Educación, cuerpo y orden social en Colombia (1833-1987). Bogotá, Editorial Uniandes.   Pétonnet, Colette. (1982) “L’observation flottante: l’exemple d’un cimetière parisien”. L’Homme, XXII(4):37-47.   Poe, Edgar Allan (2009) Cuentos completos. Madrid, Páginas de Espuma.   Richard, Sennett (1996) Carne y piedra. Madrid, Alianza.   Simmel, Georg (2005) “La metrópolis y la vida mental”. Bifurcaciones: revista de estudios culturales urbanos 4 (1): 10-25.   Virno, Paolo (2003) Gramática de la multitud. Buenos Aires, Colihue.   Texto: Luis Durán     Imágenes: Luisa Martínez
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