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El paragüero

EL GIMNASIO Y LA BOTÁNICA

Esta animación es resultado de la experiencia que viví durante los cuatro meses de estancia en un gimnasio.

- Durante cuatro meses estuve asistiendo al gimnasio como parte de una investigación sobre subjetividades contemporáneas. No fue fácil sacarme los prejuicios y dejar de pensar que el gimnasio es el templo de la banalidad, un lugar al que solo asisten personas que quieren verse 'bellas' porque se dejaron atrapar por la estética dominante de la sociedad de consumo. Sin embargo, darme cuenta que los y las usuarias del gimnasio ponen una gran cantidad de disciplina y esfuerzo en el moldeamiento de su cuerpo me obligó a pensar acerca de la relación entre las prácticas y valores promovidos en el gimnasio y la configuración de la subjetividad. - Apenas pagué el ingreso me hicieron pasar al consultorio del fisioterapeuta para una valoración corporal: me pellizcó con unas pinzas por todo lado para tomar las medidas de mi grasa; luego me pesó y midió la estatura, para terminar diciendo que me urgía una visita al nutricionista, pues según él, me encontraba en infrapeso (con relación a mi estatura, mi peso estaba muy por debajo de lo 'normal'), es decir que era una persona con problemas de salud. Finalmente me dobló por diferentes lugares y me hizo presión con su cuerpo para medir mi grado de estiramiento, concluyendo, en palabras de un amigo, que: “es más flexible un calado” que yo. - Esta valoración sirvió para determinar la rutina de ejercicios que seguiría durante los próximos meses. Aunque había un diagnóstico y un propósito 'médicos' de por medio, mi rutina estaba diseñada para ganar masa muscular, es decir, para verme como todo un macho. Esta fue mi primera pista acerca las fuerzas que están en juego en este lugar: el gimnasio, y cada vez más medios de comunicación, establecen una poderosa relación en la que salud es igual a belleza y belleza igual a salud. Si eres bello, es porque eres saludable y si eres saludable, seguramente te verás bello. De esta manera, las prácticas corporales orientadas por presiones estéticas, son legitimadas como prácticas cuyo objetivo es mejorar la salud y el bienestar de quienes las realizan. - El entrenamiento en el gimnasio está basado en la reiteración como estrategia para alcanzar el cuerpo deseado (ganar masa muscular, perder peso, tonificar, etc.). La constante repetición de movimientos y levantamiento de peso es lo que permite darle forma a los tejidos y eliminar la grasa acumulada, es decir, 'ponerse bonito'. - Algo parecido ocurre con el género, que es fundamental en la constitución de los sujetos y en los ideales de belleza existentes. El género hace inteligible culturalmente al cuerpo e intenta imponerle ciertos patrones de belleza a través de la reiteración de normas, actitudes y prácticas, mientras que el cuerpo materializa y mantiene estos patrones de belleza a través de la reiteración de ejercicios físicos. Así, para ser fuertes como robles, los hombres deben hacer ejercicios que les permitan ganar masa muscular, y las mujeres, para ser delicadas como flores, deben adelgazar y tonificar su cuerpo. - Si bien se ingresa al gimnasio como consumidor de los servicios que este ofrece, una vez adentro es necesario producirse a sí mismo como objeto de consumo. En mi caso, al contarle a los instructores que soy sociólogo, me decían que para ganarme la vida no era suficiente con “saber hablar”, que a mí lo que me faltaba era actitud corporal para “dominar al público” cada vez que fuera a dar una conferencia. Lo que sugerían era que si me ponía juicioso con el ejercicio físico, dejaría de ser un ñoño más, y llegaría a ser un sociólogo exitoso. - El gimnasio sin embargo, no garantizaba mi transformación. Ésta dependía exclusivamente de mí, de la disciplina que pusiera en la realización de los ejercicios, del cuidado diario que llevara con mi dieta y de la vigilancia que estableciera sobre las medidas de mi cuerpo. En este sentido, vale decir que es en el ejercicio juicioso y permanente de las prácticas corporales propuestas por el gimnasio, donde se concreta el proceso de subjetivación motivado por las promesas de la belleza: ser deseado eróticamente, tener éxito laboral, ser feliz, etc. - En un mundo donde todo lo que se ofrece al consumidor está mediado por lo erótico (sin distinción, un bombillo, una botella de licor o un seguro de vida son publicitados a través de cuerpos juveniles, sonrientes, cargados de un erotismo más o menos explícito), convertirse en objeto de deseo para los demás es algo bastante valioso. Lograr, a punta de disciplina y esfuerzo personal, el cuerpo deseado (y deseable para otros), es pasar de ser consumidor a ser objeto de consumo, aunque sea por los pocos segundos que dura una mirada de deseo. En este contexto, no llegamos a ser sujetos 'completos' mientras no seamos también objetos de deseo. - Así como el motor del consumo es la insatisfacción permanente del deseo (si alguna vez llegamos a estar satisfechos no volveríamos a comprar nada), producirse a sí mismo como objeto de consumo, requeriría también la generación incesante de deseo por el propio cuerpo. No basta con alcanzar el cuerpo perfecto, es necesario cambiar de look cada cierto tiempo, renovar continuamente el guardarropa, aumentar o disminuir el tamaño de los senos, cambiar la forma de la nariz. La renovación constante del aspecto es siempre la posibilidad de generar deseo en nuevas personas, es decir, de ampliar el mercado en el que nos jugamos como sujetos 'perdedores' o 'exitosos'. - En últimas, lo que se pone en escena en el gimnasio es la forma como las lógicas del género y el mercado están construyendo la subjetividad, la manera en que nos estamos produciendo como objetos de consumo que se ofrecen al mejor postor a través de la ropa ajustada y pequeña con que asistimos al gimnasio, o de la selección de fotografías que cada quien publica en su facebook. Yo nunca logré el cambio que me propusieron. Hice trampa innumerables veces rebajando el peso en las máquinas, o sumando de dos en dos las repeticiones que me indicaban. Algo cambió, sí: bajé aun más de peso, y terminé más cerca de la flor que del roble. -

REFERENCIAS

- Bauman, Zigmunt. 2007. Vida de consumo. Argentina: Fondo de Cultura Económica. Butler, Judith. 2002. Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del sexo. Argentina: Paidos Foucault, Michel. 1990. Tecnologías del yo. Barcelona: Paidós.

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Diego Fernando Alvarez Campos

Sociólogo. Magíster en Estudios Culturales.
Fui armador y desarmador de carpas en un club. Estilista canino, aunque no ejerzo hace años. Frase significativa: Toque, tóquese y déjese tocar. Contacto: alvarezdiegofer@yahoo.com

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