I.LETRADA.CO | El paragüero | VÍCTOR HUGO ROBLES: MI SANGRE ES ROJA
El paragüero
ESCRITO POR
Eduard Fernando Salazar
A pesar de su amor ilimitado por las trivialidades, no puede negar su pasión por la ñoñería, por todo lo que salga de los libros.
IMÁGENES POR
Paula Amador
Diseñadora-comunicadora, creo que existe una lógica secreta que une todas las cosas del mundo: la comunicación.

VÍCTOR HUGO ROBLES: MI SANGRE ES ROJA

 
Hemos conversado con Víctor Hugo Robles, invitado especial al Ciclo de Cine Rosa organizado por la Cinemateca distrital de Bogotá y personaje clave para hablar de la agenda política y cultural LGBTI con una mirada enfocada desde la disidencia.
 

Victor Hugo Robles se unió al grupo de Liberación Homosexual en Chile cuando corría el año de 1990. El propio curso de su vida, su experiencia familiar y su inconformidad por las múltiples opresiones culturales y de clase, hicieron de su vida en los noventas toda una apuesta política por la defensa del derecho a la diferencia. En la conversación con i.letrada, Victor Hugo, activista político y cultural, voz reconocida en Chile y Latinoamérica, nos habla de su proceso proceso político y con ello del acto de creación, resignificación y adopción de la figura del Che Guevara. Sabe el pasado homofóbico que rodea al personaje y a la lucha revolucionaria en Cuba, pero también sabe que esta adopción creativa es una manera efectiva de visibilizar la perspectiva LGBTI en conjunción con otras luchas sociales. La estrella de su boina es mucho más brillante.

El Che de los Gays, -como lo reconocen los medios y como se titula el documental que habla de la vida personal y política de Victor Hugo Robles-, reconoce los avances y los estancamientos de los procesos y las acciones por la defensa de los derechos en su país. En Chile, nos cuenta, ha habido un gran avance en la lucha LGBT, sobre todo en el ámbito cultural y simbólico. También las leyes se han transformado paulatinamente. Por ejemplo, se ha levantado el castigo a las relaciones o manifestaciones homosexuales, al tiempo que se ha creado una ley antidiscriminación. Aunque hay un avance, este tipo de leyes solo castigan y no previenen la discriminación, reconoce. Por ello el trabajo es también por la educación: la disputa es también en el campo de la cultura y de sus significados.

Es por ello que Víctor Hugo resalta la cultura como un campo que importa y que es necesario intervenir: el movimiento LGBTI, especialmente el gay, es altamente homonormativo y patriarcal; una suerte de reproductor de los valores culturales conservadores del buen gay, pero transpuestos a otro orden sexual. Víctor Hugo anota que el contexto social chileno es segregador y se conmueve con muy poco. Por ello utiliza elementos performativos para intervenir la cultura, no para hacer arte. Su preocupación es política y le interesa el trabajo que piensa desde y para lo subalterno, para todo aquello que está al margen de la homosexualidad tradicional.

 

 

 

 

 

 

 


En este sentido resalta el valor político y cuestionador del documental colombiano «Este pueblo necesita un muerto», narrado desde la perspectiva de una travesti negra en el Chocó que subvierte las ideas establecidas sobre la religión y el género en un contexto que se vuelve aún más complejo: es travesti, negra y pobre en una sociedad machista y en un país de profundas desigualdades entre las regiones.

Me interesa más la vida de los subalternos, de los personajes que están más al margen de la propia homosexualidad, en este caso de las chicas lesbianas machas, de las trans, de las trans miradas desde la prostitución. Los gays me tienen aburrido con su idea de matrimoniarse, de casarse y de tener hijos.

Otro punto importante es el tema de la clase y el trabajo, el de la imperiosa necesidad de lograr la vinculación de los diferentes movimientos sociales, de integrar el debate LGBTI con las luchas de los trabajadores segregados por el capitalismo. Es por esto que Víctor Hugo se define como un homosexual de izquierda: “Como dice Violeta Parra ‘mi sangre es roja’”. Su bandera tiene colores, tiene perspectivas y muchas críticas; su discurso se enuncia desde la complejidad y mira más allá de la homosexualidad como un carnaval:

Al movimiento homosexual chileno le falta una identidad de clase, de clase obrera proletaria. Ahora se han creado algunas organizaciones de homosexuales de derecha, de clases medias aspiracionales en donde olvidan que hay una gran masa, un gran colectivo de pueblo homosexual pobre que no tiene acceso a todos los bienes de consumo que tienen ellos. Nuestra lucha, junto con liberar la sexualidad, es por educarnos, por alimentarnos, por transportarnos y por vivir. Creo, entonces, que es importante hacer ese link con esas luchas porque los homosexuales también somos trabajadores y debemos estar en esas protestas de los trabajadores, de los sindicalistas.

No somos consumidores, no somos pura rumba, ni puro cuarto oscuro, ni puro sauna. También somos ciudadanos que piensan, que votan y que tienen una inscripción política. Por eso motivo siempre a mis compañeros a que se inscriban políticamente. Bueno, algunos se equivocan y se inscriben en la derecha, pero qué le vamos a hacer.

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