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El paragüero
ESCRITO POR
Erika Antequera
Quisiera tener el don de la ubicuidad.

#FORO INTERNACIONAL DE VÍCTIMAS

El pasado 13 de septiembre se celebró el primer Foro Internacional de Víctimas. El evento, que se transmitió en vivo a través de su web, conectó a 20 ciudades en Inglaterra, España, Francia, Austria, Suiza, Suecia, Bélgica, Holanda, Noruega, Canadá, México, Argentina, Venezuela y Ecuador. Allí, migrantes y exiliados se reunieron para contar sus historias y presentar sus aportes a la Mesa de Negociaciones de La Habana. El objetivo: “incorporar al relato de la memoria histórica colombiana, el relato del exilio”, como me cuenta desde Barcelona uno de los promotores del Foro, Juan Carlos Villamizar.

Como migrante, puedo asegurar que no es fácil conseguir que entre compatriotas nos organicemos para un evento de este tipo. Sin embargo, gracias al trabajo de las organizaciones de colombianos y colombianas en todos estos países, fue posible reunirse para asociar experiencias y perspectivas que aporten a la consecución de la paz. Durante los 14 años que llevo en Madrid, he asistido a reuniones de diferentes colectivos, asociaciones, grupos de estudio, comités y movimientos, que buscan la manera de hacer algo “por la paz con justicia social en Colombia”. Sin embargo, mi participación no ha sido constante, porque como cuenta Claudia Clavijo, del comité de impulso del Foro en Madrid: “Quienes participamos en diferentes procesos políticos, nos encontramos con muchos colombianos que no han dejado su radicalismo y difícilmente apoyan una acción de unidad, aún existe un clima de desconfianza y rencor. Además, no ha existido eco sobre  lo que se vive y se piensa en el exterior. La polarización también se vive en el extranjero”.

Tal vez el éxito del Foro radique en que hace parte de una propuesta y no de la protesta. Como ciudadana prefiero hacer parte de una iniciativa que promueva el diálogo y la unidad, que pararme frente a la embajada de Colombia cada 20 de julio a gritar improperios contra la bandera. Y con esto no pretendo restarle legitimidad a los derechos que justamente se reclaman en el exterior, sino destacar el reto que supone visibilizar desde una perspectiva amplia e incluyente, la migración y el exilio colombiano. Pamela Lozano, que estuvo a cargo de la coordinación técnica del Foro desde Barcelona dice que: “fue un éxito, como espacio de dignificación para las víctimas y como ejercicio de encuentro colectivo, que rebasa las fronteras de su significado en lo simbólico y práctico”.

La patria no es invento

El Foro se planeó en poco más de dos meses. El principal reto estuvo en conseguir el apoyo institucional, conectar a las víctimas y hacer visible entre ellas sus realidades comunes, superar el temor, hablar y esquivar las diferencias ideológicas, para construir un mensaje que permitiera hacer patria en el exilio.

Sin dinero pero con persistencia se redactaron cartas, se hicieron llamadas y se enviaron correos que buscaban posicionar el evento en el escenario institucional nacional e internacional, logrando el apoyo de la Unidad de Víctimas, del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, y  de diversas organizaciones en las ciudades donde se llevó a cabo el evento. De manera voluntaria surgieron los coordinadores y el Foro se desarrolló con diferentes dinámicas en las que no faltaron las lágrimas, los abrazos, los discursos y los bailes. El sentido de pertenencia convirtió este evento en una muestra del compromiso ciudadano en el exterior. Juan Carlos Villamizar cuenta que

“cuando el PNUD y la Universidad Nacional, mencionaron los 18 sectores sociales que vinculaban a la discusión del quinto punto de la agenda, no estaban las personas emigradas y exiliadas. Me pareció inaudito que un país con 6 millones de personas fuera y 400.000 ciudadanos con protección internacional no estuvieran contemplados. De inmediato empezamos el trabajo de incidencia”. 

Cabe destacar, como comenta Pamela Lozano, que el Foro se hizo gracias a la comunicación 2.0.

“Cada ciudad tendría su subpágina, busqué plataformas gratuitas que nos facilitaran la transmisión en directo y Bambuser fue la elegida. Al final de los foros en Europa e inicio de los foros en América, tuvimos una conversación virtual, para ello hicimos uso de Google Hangouts, una plataforma de mensajería que unifica video, voz y chat en tiempo real. El link fue compartido en nuestras redes sociales y ampliamente difundido por El Tiempo y Canal Capital”.  

Después del entusiasmo compartido, me pregunto si una iniciativa como esta puede tener verdadera incidencia en el marco del proceso de paz y sobretodo, en el anhelado posconflicto. Quiero pensar que el patriotismo vivido durante el Mundial de Fútbol no se ha quedado solo en defender el gol de Yepes. Diego Marín, que hizo parte de la organización del Foro en Oslo, dice:

“este evento es definitivamente un punto de vinculación mucho más directa de la población colombiana en el exterior con el proceso de paz.  Quizá lo más complicado de garantizar, pero que se puede ver como un inicio, es la reconciliación. Sentarse al lado de tu contradictor con la idea de que ser colombianos es algo que tenemos en común, y sobre lo que se deben construir las nuevas identidades, mucho antes que las identidades políticas o ideológicas. Centrarse en el valor del ser humano en sí mismo y anteponerlo a cualquier otra consideración, para llegar a niveles aceptables de reconocimiento y solidaridad. Este es un primer acercamiento a ese difícil proceso de reconciliación”.

El investigador Luis Roniger en su texto Exilio político y democracia[1] señala que, el exilio es un mecanismo de exclusión institucional. Mediante la expulsión del territorio nacional, la relegación, el extrañamiento, la deportación u otras formas legales, el uso del exilio tiene como propósito revocar el pleno uso de los derechos de ciudadanía y, más aún, prevenir la participación del exiliado/a en la arena política nacional”.  De ahí que sea tan difícil mantenerse en la dinámica del activismo político en el exterior. Porque son otras las realidades que habitamos, porque la distancia y el tiempo hacen su trabajo, y seguir adelante es ineludible. Muchas personas todavía no se atreven a hablar o a participar en movilizaciones políticas por miedo, desconfianza, recelos, viejos egos y demás asuntos propios de ser extranjero. O peor aún, porque desconocen sus derechos y su propia condición de víctima. Daniel Páez, uno de los coordinadores del Foro en Buenos Aires dice que:

“lo principal en este tema es reconocer su condición de sujeto político en un momento histórico del país y ver cómo desde su disciplina o rol puede sumar a este proceso. Si una persona no logra reconocerse de esta manera, muy probablemente no logre conocer su papel o responsabilidad en la construcción de un país en paz. En Argentina, el papel de los exiliados fue, y sigue siendo fundamental para entender lo que sucedió en los años de la dictadura”.  

El artículo de Roniger destaca que entre 1999 y 2001, 1.600.000 colombianos abandonaron el país y no regresaron. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado resalta en su informe de 2010 que

“desde 2002, año en que asume la presidencia de Colombia Álvaro Uribe Vélez, un total de 2.412.834 personas han dejado su tierra, lo que supone el 49% de los 4,9 millones de desplazados que ha dejado como resultado la guerra interna en los últimos 25 años (…) De esta manera el conflicto en Colombia provoca un flujo creciente de refugiados, dentro y fuera del continente, que supera el medio millón anual de personas con efectos muy importantes en las fronteras. Colombia se ha convertido en el principal país de origen de refugiados en el hemisferio americano y el de la mayoría de refugiados de la última década en España”. 

Actualmente, según El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, 394.100 colombianos tienen asilo en países como Venezuela, Ecuador, Panamá, Estados Unidos o de la Unión Europea, y otras 391.000 personas son solicitantes o se encuentran en situaciones similares al refugio. Las cifras, escandalosas para un país que se ufana de ser la primera democracia de América Latina, resultan impactantes pero no le ponen rostro a la diáspora colombiana, ni dimensionan el potencial asociativo y de incidencia que pueda tener en el país.

Daniel, Diego, Claudia, Juan Carlos y Pamela, coinciden en que la importancia de este evento radica en que se descubre el éxodo, y se promueve la idea de recomponer el sentido de nuestra identidad porque compartimos una patria.  A través del Foro, y con las sucesivas acciones que surjan en el marco de la búsqueda de la paz, se pueden conocer las prioridades de las víctimas y exigir un retorno digno, o apoyo para la integración local en países se acogida. Si más de una vez nos hemos preguntado ¿qué podemos hacer desde fuera por Colombia? la respuesta está en constituir el exilio y la migración en un nuevo sujeto político con el que el Estado podrá dialogar, y despertar los niveles de conciencia ciudadana entre colombianos para ejercer activamente el derecho a un país en paz.


[1] RONIGER, Luis. EXILIO POLÍTICO Y DEMOCRACIA América Latina Hoy [en línea] 2010, 55. Disponible en: ISSN 1130-2887 

 

 

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