I.LETRADA.CO | El paragüero | PEDRO Y EL CAPITÁN: MÁS ALLÁ DE LA VÍCTIMA Y EL VERDUGO
El paragüero
ESCRITO POR
Camilo Barajas
IMÁGENES POR
Martiza León
Lingüista y semióloga que se ha dejado habitar por la pintura y las artes visuales como modo de expresión. Desde hace cuatro años experimenta con la reportería de lo cotidiano y lo cultural.

PEDRO Y EL CAPITÁN: MÁS ALLÁ DE LA VÍCTIMA Y EL VERDUGO

Humanos que lo abstraen todo para adueñárselo, que terminan por adueñarse de otros humanos convirtiéndolos en cosas disponibles a ser "usadas" de cualquier modo. A pesar de que la cuestión parezca muy "simple", la relación víctima-verdugo nunca es susceptible de ser simplificada en ninguna de sus formas; lo sabía bien Mario Benedetti, para quien las mordazas, los verdugos, la iniquidad, el calabozo y el grito, fueron no solo imágenes literarias, sino crudas realidades a ser denunciadas.

El grupo Leitmotiv, dirigido por Andrés Sussmann, ha presentado en el teatro R-101 su primera temporada de «Pedro y el capitán», una versión libre en torno a la obra original de este escritor uruguayo. Pedro (Juan Pablo Gómez) y El capitán (Sonia Parada) se dan cita en una rutina de indagaciones macabras a la caza de una confesión. Así, un oscuro cuarto de interrogatorio se transforma pronto en un espacio de confrontaciones en el que ninguno de los dos personajes quiere ser la víctima. Una batalla psicológica en la que el hecho cruel de la tortura es expresado a la luz de las paradojas que habitan la relación entre víctima y victimario: ambos actores logran dar profundidad a cada parte, llevándolas a otro estadio de la relación. Pronto la audiencia puede descubrir que ninguno de los dos es tan fuerte como parecía, ni ninguno de los dos resulta ser tan frágil como para rendirse. De este modo, la puesta en escena sigue de cerca la idea de Benedetti para esta obra: mostrar seres de carne y hueso, más allá de la polaridad entre el monstruo y el santo.

Aunque por su temática la pieza podría imaginarse como un drama duro y de una sola cara, el resultado muestra todo lo contrario; el espanto que produce el asomarse a la crueldad es llevado a un punto de hilaridad en el que las tensiones parecieran no poder resolverse sino entre carcajadas. Se destaca en este punto la actuación de Juan Pablo Gómez, quien sabe sacar provecho de cada una de las variaciones del texto, resignificando la obviedad de la compasión ante este tipo de situaciones y llevándola a expresiones cargadas de irreverencia y fortaleza.

Esta reelaboración del hecho doloroso contribuye a tener una visión más amplia sobre el hecho de la coacción física y verbal, pues el público se ve comprometido a mirar desde otros ángulos lo que por desgracia sigue sucediendo diariamente y que se ha naturalizado a fuerza de repetición a través de los medios. Y es que el victimismo impreso a las representaciones de la violencia pocas veces permite intentar observar a los verdugos más allá de su rol de inquisidores para asomarse a sus intenciones; en este punto la obra nos ofrece la actuación de Sonia Parada, quien dota de otros matices a su versión de El Capitán, aspectos inesperados de una inquisidora en los que será difícil no sentirse identificado o por lo menos contrariado.

Qué pertinente resulta entonces esta obra para el contexto actual, donde las soluciones a lo violento son resueltas con posiciones fundadas en hechos aún más violentos y donde las reacciones generales a lo cruel parecen transitar sin variación sobre los circuitos del victimismo o el sadismo.  

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