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El paragüero
ESCRITO POR
Erika Antequera
Quisiera tener el don de la ubicuidad.

BERLÍN, EL MURO DEL COLOR

“La circulación del arte por internet es increíble porque tomas la foto, la subes a las redes sociales y puedes ver arte urbano sin salir a la calle. Gracias a los blogs o a Instagram hay gente que puede ver mi trabajo y yo puedo ver lo que se hace en muchas partes del mundo”. Lo dice Guache, uno de los mejores muralistas de la escena contemporánea colombiana a quien me encontré en Berlín gracias a la información que circula en los muros virtuales.

Cuando vi su post en Facebook acudí a la exposición que organiza Neurotitan Gallery, un lugar de referencia para los diseñadores, ilustradores y amantes del arte urbano, con la esperanza de poder verlo pintar en vivo y en directo y lo conseguí. “Vine junto con otros artistas latinoamericanos a enseñar nuestro trabajo. Por una parte la pintura en muro, en la calle, y otra parte de artes visuales con impresiones, grabados y pinturas en lienzos”.

Es la primera vez que viaja por Europa y se mostró muy contento de estar en Berlín, la ciudad por excelencia del grafiti y el mural y a la que llegó gracias a la invitación que le hicieron desde Estractor y Dirty Inmigrants, dos colectivos que cuentan con la colaboración de varios colombianos que viven pendientes de lo que ocurre aquí y allá con el arte urbano. 

Uno de los objetivos principales de este viaje a Europa es dejar algo de mi trabajo en los muros. Aquí hay una fuerte movida, muy evolucionada con unos lenguajes muy chéveres y está bien poder traer nuestro arte latinoamericano hasta aquí, porque nos encontramos en el mismo lenguaje artístico de la calle pero con otras perspectivas temáticas.

Cuando me senté a hablar con él, se encontraba terminando de pintar un mural en una puerta de madera azul oscuro. Nadie la había pintado hasta que él llegó con sus botes de aerosol y, después de la autorización requerida, le dio vida con la cara de una mujer llena de color. “Este es el retrato de una mujer latinoamericana que está en un paisaje nocturno, cósmico, raizal y representa ese sentimiento de lo que yo quiero mostrar de lo latino aquí en Europa”.

Su arte ha tenido muy buena acogida en la capital alemana donde el Street art está mejor visto que en otras ciudades como Bogotá:

Son dinámicas diferentes de entender la apropiación de la ciudad. La suerte de caos que tenemos allí yo la rescato porque es la manera que le da al arte urbano un sentido efímero y natural. Nosotros sabemos que cuando pintamos cualquier cosa puede pasar y eso nos interesa, porque este es un arte que está por fuera de las galerías.

Esa es una de las características principales de Berlín, una ciudad que estuvo dividida durante 28 años por un muro que hoy recibe el nombre de East Side Gallery y que recoge cientos de grafitis y murales en nombre de la libertad. El arte está en la calle para que todos puedan verlo. A Guache no le gustaron mucho los murales, porque la verdad sea dicha, son pocos los que realmente podrían catalogarse como ‘arte’, aunque como bien lo dice él: “en la escuela del grafiti he aprendido que es bueno pintar en paredes que todo el mundo pueda ver y también en lugares que sean importantes para la comunidad. Desde que sea público tiene sentido. Y lo que más me interesa es la riqueza de interpretación que cada quien puede darle a un mural que está en la calle”. Allí también dejó su firma llena de color con la cara de un indio y dos anacondas, para que cada quien pueda interpretarlo y sentirlo como mejor le parezca.

Después de pintar la puerta azul en la galería, Guache, en compañía del muralista mexicano Vlocke Negro, se tomaron tres días para hacer un mural en la Köpi, un edificio que a finales de noviembre de 1990, después de la caída del muro, fue ocupado por varias personas de Berlín occidental  y en el que al cabo de unas pocas semanas se instaló un comedor popular y se celebraron conciertos, fiestas y actos solidarios.

Hoy en día se mantiene en pie a pesar de varios intentos por venderla o demolerla, y aunque me imagino que habrá cambiado a lo largo de los años, sigue siendo un símbolo de subcultura, un espacio que brinda la posibilidad de entender cómo una ciudad destruida por la guerra fue capaz de levantarse y reconstruirse con otro significado. Allí se habla español, inglés, alemán o francés. No hay fronteras para el arte y un mural del Guache, el guerrero del color, le da la bienvenida a quien quiera conocerla.

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