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El paragüero
ESCRITO POR
Daniel Leguizamón
Aun teniendo el mundo sobre la palma de la mano nadie sería capaz de recorrerlo todo. Por eso voy lento, pero con los afanes de siempre.

TRADUCCIONES CONTINENTALES: LAS BODAS DE SANGRE DE LEE YOUN-TAEK

Y yo dormiré a tus pies
para guardar lo que sueñas.
Desnuda, mirando al campo,
como si fuera una perra. BODAS DE SANGRE, FEDERICO GARCÍA LORCA

El Festival Iberoamericano de Teatro es siempre la posibilidad de sorprenderse, transgredir y confrontar distintas estéticas y propuestas artísticas. De las muchas obras de teatro que llegaron este año, quisiera hacer referencia a «Bodas de Sangre» y a la manera como logra transmitir un universo inteligible para el público.

Lo primero que hay que decir es que la obra fue escrita por el andaluz Federico García Lorca. También, que luego de ser traducida al coreano, fue adaptada por una de las figuras culturales más importantes de Corea, Lee Youn-Taek,  para su estreno mundial en Bogotá. Escribir y leer lo anterior es sencillo, pero la labor de traducción es de dimensiones continentales.

Como sugiere Alberti, García Lorca siempre vivió su poesía gitana entre el canto -la poesía culta- y el cante -la poesía de su pueblo- (Lorca, 1997). Esta doble ubicación le permitió al autor vivir dos mundos y hacer universal su obra. Es una traslación que facilita la comprensión de unos códigos culturales, de un mundo que no conocemos y que es profundamente local. No es España, es Andalucía. 

Esa diferencia es elemental y crucial para entender la obra de García Lorca, la de Yun-Taek y comprender algo más sobre lo que es el teatro.

Una de las fórmulas pétreas de las artes escénicas es saber en dónde se está parado: en un teatro, en Andalucía, en Bogotá y en Corea. Esas son las ubicaciones físicas y mentales que tanto el director como los actores deben tener en cuenta. Para lograr estar en tantos lugares hay que estudiar. Hay que leer sobre Andalucía, sobre los gitanos, sobre la vida de García Lorca. Muchos actores de la obra conocen el español; Youn-Taek conoce también España. Los códigos culturales van entrando por todo el cuerpo, y así se encarna un imaginario, una forma de ser. Los diálogos, un marco necesario dentro de cualquier obra, son el toque último luego de haber estudiado y expuesto el cuerpo a un contexto que en principio le era ajeno.  

El director y los actores también conocen al público colombiano -otra inmersión cultural distinta-, entienden sus aplausos y saben lo que le gusta porque no es la primera vez que vienen al Festival. Si usted escucha un ¡Aguardiente! en algún momento de la obra, no pierda la fe. No vaya a equiparar a Youn-Taek con los ´sombreros vueltiaos´ y las banderas tricolores que han usado tantos artistas cuando vienen a este país y cautivan multitudes cuando hablan español atropellado. Youn-Taek la tiene clara: lo usa una vez y en un momento de particular importancia: una boda tradicional coreana (en vez del rito católico que propone la obra original). La música y el rito son tan disímiles de lo que estamos acostumbrados a ver y escuchar en Colombia, que el cliché funciona como fórmula de apropiación de lo que ocurre en ese momento. Se habla algo de español, se explica, se toma aguardiente. La cercanía emotiva con el público es esencial, y Youn-Taek sabe cómo atraer la atención del público paramuno.

En medio de todo, está Corea. Un mundo que para el director y para los actores es cotidiano y fácil de aprehender. ¿Cómo hacerlo entendible para los demás? ¿Cómo llenar la obra de García Lorca con el teatro de Corea? Youn-Taek, al igual que García Lorca, supo apropiarse de la tradición de un pueblo, de sus mitos y sus proyecciones del mundo. Ambos parten de la tradición local, y esa es la puerta de entrada para que se encuentren dos tradiciones. «Bodas de Sangre» es una obra llena de seres ambulantes y noctámbulos. Algunos de sus personajes adquieren poderes míticos y sobrenaturales. La luna y los árboles se llenan de metáforas y símbolos que transitan lo real y lo onírico. Un mundo también palpable en la tradición popular coreana. Sus bailes, sus fantasmas y seres no terrenos llenan el escenario. Los movimientos y los silencios, los gestos y las ondulaciones de todos los cuerpos marcan una disciplina corporal distinta a la ibérica, pero que logra abrazarla desde que se apagan las luces.

Bibliografía

Lorca, F. G. (1997). Bodas de sangre. Bogotá: Editorial Norma.

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