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El paragüero
ESCRITO POR
Andrea Paola Martínez
Psicóloga, psicoterapeuta, artística escénica, artista de circo y bailarina.

REFLEXIONES SOBRE POLÍTICA Y PSICOLOGÍA: EL EMPERADOR Y LA MASA

A partir de las últimas votaciones al Senado y la Cámara ocurridas en Colombia (marzo 2014), junto a la visible popularidad del nuevo partido político denominado “Centro Democrático. Mano firme, corazón grande”, liderado por el ex presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, así como a los dramáticos sucesos que actualmente ocurren en Venezuela bajo la presidencia de Nicolás Maduro, he dado luz a estas reflexiones sobre política y psicología.

Aunque no me considero una persona con gran afinidad por los debates políticos, los temas de los que voy a hablar me han tocado enormemente para mi propia sorpresa. Debo aclarar también que no me afilio a ningún partido político, ni movimiento: no soy de izquierda, derecha o centro; diferente a eso me percibo como un ser que, además de existir en su infinita naturaleza junto al Todo, tiene una cualidad pensante, reflexiva y crítica. En otras palabras,  junto a otros muchos que así lo expresan, estoy lista para el cambio, y dicho cambio no lo supongo luchando con piedras y gases en las calles, sino en las transformaciones de mi propia vida cotidiana.

Mi primera premisa es que no veo diferencia evidente entre el fanatismo-irracional hacia Chávez-Maduro y el creciente fanatismo hacia Uribe. Ambos personajes, que representan un supuesto “movimiento político”, ya cuentan con sus propias masas seguidoras: los “chavistas” y los “uribistas”, siendo aquellos que difieren en ideas y elección, aglutinados en una misma categoría: los opositores “fascistas” y “guerrilleros”, respectivamente. Un símil son los denominados “herejes” en la antigua “dictadura católica”: posibles opositores que de ser señalados eran susceptibles de ser liquidados.

Cada uno de estos “líderes” asegura su posición creando un ejército leal y propio, un para-ejército: en el caso de Chávez-Maduro se evidencia su existencia con los llamados “motorizados” y en el caso de Uribe, son muchas las pruebas de sus nexos con el paramilitarismo.

Si analizamos las estrategias de las que se han servido líderes que se han convertido en grandes dictadores en la historia, notamos un común denominador, que se corresponde con una simplísima estrategia psicológica, estudiada por la psicología de las masas y el análisis del desarrollo filo y ontegenético del ser humano: el paternalismo hacia las masas infantilizadas.

La estrategia se instaura de manera sencilla. Dentro de los registros arcaicos de la memoria colectiva encontramos los arquetipos inconscientes, muy bien descritos por la mitología de todas las culturas (una de las más cercanas a nosotros a través de la educación es la mitología griega). Los personajes mitológicos representan patrones del comportamiento humano simbolizados en su imagen visual, las historias que protagonizan y todos los detalles que rodean su esencia. Estos patrones, o rasgos son fuerzas psicológicas puras, unidimensionales y poderosas que estructuran la mente humana y cuya sede es inconsciente. De allí que sean los dioses que rigen nuestra psicología, que la cimentan. Un estudio muy rico sobre la simbología oculta en estos personajes arquetípicos se puede realizar a través del análisis de los arcanos mayores del Tarot de Marseille.

Dichos patrones, rasgos, arquetipos o dioses no son solo ideas, además son energía pura, puesto que su forma es embestida con todo el afluente de fuerzas mentales y emocionales -pulsiones- que les da la vida y el poder que los entrona. Desde el punto de vista del psicoanálisis estos arquetipos psicológicos son formas mentales embestidas por la pulsión del estrato inconsciente y por lo tanto habitando en este lugar mental al que difícilmente podemos acceder en la vida cotidiana, a no ser por los sueños, fantasías, creaciones, enfermedades mentales u otras expresiones del mundo inconsciente. Es así que los arquetipos que rigen nuestra psicología individual, son muchas veces la “piedra en el camino” de nuestra evolución personal, los contenidos enquistados de nuestra memoria arcaica y heredados con fuerza por los ancestros más próximos en nuestro árbol genealógico. Esto explica que encontremos familias enteras de políticos, panaderos o artistas… pues los patrones se heredan y perduran en el inconsciente colectivo como ya lo sustentó Carl Gustav Jung.

Uno de dichos arquetipos o formas mentales básicas es la de Padre todopoderoso, omnisapiente, omnipresente, protector y castigador. Este arquetipo se encuentra en la base del desarrollo mental del ser humano. Como “es arriba, es abajo” según el principio de correspondencia de la filosofía hermética, por lo tanto “como es la ontogenia, es la filogenia”, es decir, igual que el desarrollo individual, es el desarrollo de la humanidad. El arquetipo del que hablamos tiene su representante en la mitología griega con la figura de Zeus (Júpiter para los romanos), el Dios de Dioses y el cuarto arcano mayor en el Tarot de Marseille: El Emperador.

 

 

 

 

 

 

 

Erich Fromm nos ilustra muy bien esta dimensión fractal del desarrollo onto y filogenético en el apartado de «Amor entre padres e hijos» de su obra «El arte de amar» (1993). Conforme la mente del niño va desarrollándose, los vínculos primarios con madre y padre van cambiando. De igual manera, en el desarrollo humano a medida que la mente va evolucionando, el vínculo e imagen de Dios (representante simbólico de Padre y antiguamente de Madre) va modificándose. Una cita muy interesante de esta obra dice: “Al comienzo de esa evolución, encontramos un Dios despótico, celoso, que considera que el hombre que él ha creado es su propiedad, y que tiene derecho a hacer con él cuanto quiera. Es esa fase religiosa en la que Dios arroja al hombre del paraíso, para que no coma del árbol del saber y se convierta así en Dios mismo; (…); es la fase en la que Dios le exige a Abraham que mate a su único y amado hijo Isaac, para probar su amor por Él con un acto de total obediencia” (p. 71, 1993).

En el desarrollo individual existe esta fase en la que la figura del Padre bueno y malo, protector y castigador, que ama bajo la condición de la obediencia ciega, es fundamental. Este es el Padre en la mente de un niño entre los 3 y 6 años. El mismo Padre que castra, que impone la ley, que prohíbe y castiga, que tiene “mano firme, pero corazón grande”, pues producto de la obediencia, se reciben los favores y el amor condicional.

La figura de Padre protector-castigador, es también un arquetipo colectivo inconsciente, compartido por el grupo humano y cuyo potencial mental es muy fuerte; pues se encuentra en la base de la psicología, organizando la psique y la cultura. Según el psicoanálisis estructural lacaniano, podríamos decir que es el gran falo que atraviesa, castra y ordena el ser humano, siendo todo aquel no atravesado por su Ley estructuralmente psicótico o perverso, y por lo tanto, excluido en el hospital mental o la cárcel (liquidado simbólicamente). Este arquetipo normalmente debería operar en una fase muy temprana de desarrollo psico-emocional en el niño y en el humano: lo extraño es que aún tenga tanto poder según lo indica el fanatismo hacia figuras políticas (que representan súper padres) y dictadores.

Es posible que un número creciente de individuos no se encuentre en tales fases tan tempranas de desarrollo mental y emocional. El problema crece cuando estos se suman a “la masa”, ya sea por pereza, irresponsabilidad, ignorancia, u otros motivos. Las masas se comportan de maneras específicas que han sido estudiadas por la psicología y cuyos hallazgos han servido para muchos fines -casi todos desafortunados-, como la política, el mercado y la publicidad. Dicha aglomeración de personas actúa desde lo más primario, desde los patrones, lo irracional, desde el inconsciente mismo. La masa carece de autocontrol porque actúa desde el impulso, es puramente emocional: es infantil, necesita un Padre. Esto lo saben los politólogos, y ¡qué bien lo saben!

Con mucho asombro he leído comentarios de personas en publicidad “uribista” que dicen: “¡Nuestro presidente! ¡Mándenos y nosotros obedecemos!”. Todo esto me huele a dictadura; ¿y qué es para mí una dicta-dura? Como lo dice la palabra misma (no hay que ir muy lejos para comprenderlo), es algo que se dicta rígidamente, con mano dura (“mano firme”), algo a lo que hay que obedecer a fuerza de ser castigado y solo obedeciendo fielmente se reciben los beneficios, si es que los hay. Una película muy interesante a propósito de las estrategias de los dictadores para formación sus masas es “The Wave” (Gansel, 2008).

Un punto en el que no profundizaré, pero que desde mi perspectiva supone un atentado a la “democracia”, es hacer de un partido político una persona. ¿Cómo es posible que un partido tenga el nombre y logo de un sujeto particular? El primer nombre del partido “Centro democrático” era “Uribe centro democrático” y el logo, su fotografía. ¿Acaso un partido político no es la reunión de varios sujetos a partir de una base ideológica definida, unos objetivos, unas estrategias de desarrollo? ¿Con unas ideas sobre la política, la sociedad, la economía definidas y unos lineamientos que los guían hacia un fin que nos beneficia a todos? ¿Y con base a estos lineamientos elegimos si damos un voto a un partido o no? ¿Cómo vamos a votar por un partido que no represente otra cosa que una persona y sus intereses individuales? ¿Más aún, cuyos representantes no están siquiera identificados en el tarjetón electoral? ¿Quiénes son estos otros representantes? ¿Simples sombras, títeres del gran Padre? Por otro lado, ¿cómo es posible que el lineamiento ideológico de un partido político no sea otro que estar en oposición a los diálogos de paz con la guerrilla? ¡Esto no es un partido, esto es un dictador!

Aunque no me denomino anarquista, pues no me gustan las clasificaciones -y de ser así preferiría llamarme pacifista-, tampoco soy “infantilista”, pues no necesito un padre que me controle, que me dé rejo con su mano firme, porque me ama y quiere lo mejor para mí, porque quiere protegerme de mí misma, de mi falta de control. Y sin embargo, aunque este fuera el deseo real que mueve a los dictadores a hacer dictadura, sigue siendo un absurdo, una falacia. Desde mi punto de vista, un dictador no es otra cosa que una persona con delirios de grandeza y una gran dosis de psicopatía. No es fácil comprender cómo un ser humano desarrollado hacia la individuación y la responsabilidad puede creer que la humanidad aún necesite un personaje que represente un arquetipo tan primario. Pero para bailar un tango se necesitan dos: no hay dictador sin masa, no hay padre sin hijo. La respuesta es salir de la masa, solo así un dictador deja de serlo y se transforma en lo que ya de hecho es: una persona con un ego en extremo desequilibrado, que por supuesto no puede obedecer a las necesidades del grupo, sino únicamente a las propias. Los otros son medios para lograr su objetivo; este es el tipo de vínculo que establece el psicópata.

Es importante estudiar la biografía de los dictadores de nuestra historia para pesquisar los orígenes y motivos de tales desequilibrios. En el desafortunado caso del ex presidente Uribe (que bajo mi concepto está creciendo con fuerza dictatorial), encontramos un hecho bastante traumático en su juventud que posiblemente dividió su historia en dos: el asesinato de su padre a manos de la guerrilla y las multimillonarias pérdidas económicas que tuvo su familia tras este hecho. Estos datos no son suficientes para diagnosticar psicopatía o psicosis, pero ya nos dice mucho sobre las motivaciones internas que ha tenido en esta persona en su gobierno de “mano firme y corazón grande” y sus supuestas alianzas con el ejército paramilitar, encargado de velar por los bienes de los grandes empresarios y aniquilar a todo opositor.

Considero que a estas alturas en la evolución humana, la palabra “anarquía” no debería causar tanto miedo. Anarquía no es otra cosa que autorregulación, autogestión, responsabilidad, individualizarnos, salir de la masa y asumirnos como seres completos, responsables, creadores de realidad, activos y políticos. Anarquía no es violencia o terrorismo, pues no son las armas físicas las que nos permiten lograr la madurez psico-emocional. Anarquía es matar simbólicamente el Padre, el Rey, el Dios, revelarse a la autoridad paterna y las estructuras sociales patriarcales que representa. Lo mismo que ocurre en el desarrollo emocional individual entre los 7 y los 15 años, cuando después de atravesar la fase fálica y el complejo paterno, se entra en una fase de experimentación más formal de la realidad, la mente y las emociones; cuando se amplía lo concreto hacia lo abstracto y de lo externo se pasa a lo interno. Podríamos hablar de una muerte simbólica del padre, una introyección de su función en nuestra psique y el pasaje de un control externo a un autocontrol: a la auto gobernabilidad.

Aunque aún no fuésemos muchos los que nos sentimos preparados para responsabilizarnos y elegir sistemas sociales donde haya mayor autonomía y verdadera democracia, aún hay una posibilidad para el cambio. Según el efecto del centésimo mono “un comportamiento aprendido se propaga rápidamente desde un grupo de monos hasta todos los monos, una vez que se alcanza un número crítico de iniciados. Por generalización se refiere a que la difusión instantánea de una idea o habilidad para el resto de la población se produce una vez que una cierta parte de esa población ha oído hablar de la nueva idea o aprendido la nueva habilidad mediante algún proceso desconocido en la actualidad más allá del alcance de la ciencia” (Wikipedia). Dicho efecto puede ser producto de que todos somos Uno, compartiendo una misma mente y un mismo inconsciente. Mi opción es: voy a ser uno de esos individuos que conformaremos la masa crítica consciente hacia el cambio.

Parte de la libertad es salir de la masa irracional que nos encadena, e individualizarnos hacia la consciencia. Individuo es sinónimo de indivisible, algo que no puede fragmentarse, que es completo. Nosotros somos partículas individuales completas de la creación, en red con todas las otras partículas. No somos una masa amorfa. La masa no tiene consciencia, el individuo sí.

Recomiendo la película «Planeta libre» (Serreau, 1996), creo que es un sistema al que podemos comenzar a apuntar. Ya algunos ejemplos hacia esta meta se encuentran en sitios como Calafou, una colonia ecoindustrial postcapitalista con sede en España. No es imposible; para ir en esta dirección solo necesitamos consciencia y para despertar la consciencia el primer paso es “hacer consciente lo inconsciente” para que deje de ser la fuerza que nos domina incontroladamente (premisa de la cura según el psicoanálisis); el segundo, es poner atención a todo lo que consumimos tanto física como psicológicamente para aprender a elegir información más pura; y el tercero, es meditar, meditar y meditar… ¡la revolución está dentro!

referencias

Coline Serreau (1996) La Belle Verte (Planeta libre).

Fromm, Erich (1993) El arte de amar. Ediciones Paidós, Ibérica, S.A.

Gansel, Dennis (2008) The wave.

Wikipedia. Internet. http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_del_cent%C3%A9simo_mono

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