I.LETRADA.CO | El paragüero | LA TRANSMUTACIÓN DE HERMES TRISMEGISTO
El paragüero
ESCRITO POR
Daniel Leguizamón
Aun teniendo el mundo sobre la palma de la mano nadie sería capaz de recorrerlo todo. Por eso voy lento, pero con los afanes de siempre.

LA TRANSMUTACIÓN DE HERMES TRISMEGISTO

Sofía La Rota posee el poder de transformar los metales. Ella encapsula los sentimientos y sensaciones en el aire, como un viento buscando mariposas azules con alas de vidrio. Luego se recoge en su taller de metalurgia y de yunques, de vidrios que expiran óxidos y vitrinas de aire de plata. La forja del metal oscila, se tuerce y escucha cuando se le acerca el fuego. Con una precisión quirúrgica y las ondulaciones improvisadas de un aprendiz de brujo se van perfilando movimientos de metal, carne y alas de vidrio.

La manera  como Sofía le da vida a las joyas que trabaja goza de un dinamismo que nunca se detiene. La creación de cada pieza se destila en un océano de tiempos que se cruzan: el tiempo de forja y el tiempo de quien se adueña de la pieza con sus afectos, que van encarnando la joya al cuerpo. Por ese motivo decidí preguntarle a ella y a su arte por el movimiento, la emotividad, el cuerpo y la manera como la joyería se convierte en un catalizador, en un dispositivo que pone en juego y tensión constante estos tres elementos.

¿Qué es el movimiento?

Es una pregunta amplia que depende del contexto. No se trata de dar una definición de diccionario. Esta debe ser tan dinámica como lo que busca definir, porque hay niveles, escalas y espacios que conceptualizan de formas diferentes el mismo concepto. Hay movimientos a nivel planetario, mental y tectónico; otros a nivel molecular o gestual, por nombrar algunos ejemplos. Lo único que parece invariable es el transcurso del tiempo, porque para poder tener una percepción de movimiento el tiempo es definitivo. Ante los ojos se desenvuelven movimientos más lentos y otros más rápidos. El movimiento es producto de la percepción que tiene una persona de sí, de su entorno y cómo ambos se desenvuelven a lo largo del tiempo. Así, creo yo, transcurre una historia de vida: el movimiento de una persona a través de anécdotas, de otras ópticas y vivencias que interactúan y ponen en marcha mecanismos, igual que el metal al forjarse.

¿Cómo entonces definiría el movimiento en la joyería que usted hace?

Cuando yo hago una pieza parto de una historia de vida. No me gusta hacer piezas genéricas de almacén de cadena. Por encima del precio material o del afán de ajustarse a unos cánones de belleza, la joya debe ser el catalizador de una historia, es un gesto que dice algo de quien da y de quien recibe la pieza. Estas historias no son generalizables y tampoco son un cliché: el típico galán que le regala un anillo a una jovencita coqueta. Nadie cabe de lleno en estas categorías, y es la propia intersubjetividad lo que le da valor a las joyas que yo hago. El placer que está tras la pieza, para mí, es reconocer las texturas de un sentimiento, los brillos de una sensación y la manera como el portador se vuelve más consciente de sí y de la joya que lleva puesta cuando reconoce en ella un detalle sutil e irrepetible de su intimidad.

El proceso de la pieza da inicio cuando me buscan para que la haga. No solo es una transacción económica, es una relación, una charla entre la persona que me pide la joya y yo. Miro fotos, leo cartas, hablo y escucho a la persona que quiera la joya para sí o para regalar. ¿Cómo se mueve la mano de esa persona? ¿Qué aspecto de su cuerpo, de su personalidad quisiera realzar o contrastar con el material de la joya? Esas son preguntas que surgen cuando se juega con la idea. Al metal lo mueve y lo rompe el peso de las motivaciones y reflexiones que se hagan sobre él. En esta intersubjetividad radica la belleza de la pieza, porque se es espectador y artífice de la resonancia que puede llegar a hacer la pieza sobre el cuerpo.

La pieza no es un proceso que termina en el taller. Esta se convierte en la exteriorización de un miembro más del cuerpo con el que uno se aprende a mover a través del tiempo. Por ejemplo, a la cadenita de oro que cuelga del cuello y que fue un regalo de primera comunión de la abuela se la custodia desprevenidamente. Se camina siempre con ella y jamás se la desprende de su sitio, pero tampoco se hace alarde de ella. Solo se la señala cuando alguien pregunta por su significado.  No es una joya cuyo objetivo sea el de valorar alguna opción frente a un tipo de estética o posición social particular al exponerla al público.     

 

 

 

 

 

 

 

El brillo de la pieza es intermitente y se fragua lentamente entre la brasa. Como una pulsión,  responde cuando se la pregunta o se la recuerda. Explíquenos por medio de qué mecanismos se concreta la manera como usted moldea el metal y moldea también las sensaciones y los sentimientos de las personas que se adueñan de la pieza.

Cuando uno trabaja con metales se fuerza, forja y rompe el material. Allí hay una transformación química que funciona igual con las personas. Si usted le resta o le suma elementos al cuerpo, se va a sentir distinto. El anillo de cobre se recubre de un óxido verdegrís que le tiñe el dedo gracias a un proceso de reacciones químicas que dan como resultado los distintos tonos de óxido. Estos se logran por el movimiento microscópico de partículas sobre la superficie de un objeto, a medida que interactúan con el entorno que las rodea. Piense que los átomos del metal durante su transformación en pieza funcionan igual a una persona que recibe una joya. Tanto los átomos del metal como los movimientos y percepciones del cuerpo se van acoplando a los elementos ausentes o presentes que van llegando y se van yendo. En ese sentido hay varios factores que construyen la relación entre la persona y la joya: el cuidado con el que acerco la joya para verla o cómo la alejo de mis ojos, la actitud corporal y espacial que toma la cabeza, los hombros y las manos al colocar la joya sobre la palma cuando se la contempla, el hecho de tener un cuerpo pegado a la piel con distintas propiedades y de distintas texturas lo obligan a uno a adaptarse a esa joya desde distintos ángulos; tanto corporales como subjetivos. 

Dentro de la relación con la pieza también interviene la geometría de la joya. No es lo mismo una joya laminada que otra fundida. Ciertos metales y técnicas generan volúmenes mayores: martillar adelgaza el material, volviéndolo más afilado y duro al tacto. La contundencia y tenacidad del golpe sobre una aleación de plata y cobre da a entender la materialidad del sentimiento. El manejo de los metales y la transformación de sus geometrías impactan en términos prácticos y simbólicos al portador porque las diferentes texturas, colores o formas pueden opacar ciertos sentimientos y dar brillo a los demás.

 Sofía, en cierta ocasión le dedicó una de sus más preciosas piezas a un gran amigo suyo;  un ser al que la vida ha entregado una inquietud creadora indiscutible, pero que también ha sido trabajado a fuerza de una disciplina férrea que forjó un carácter en apariencia inaccesible y de juicios mordaces. Su genio, entre contenido y descontrolado, cupo en un dije con forma de dragón en bronce que le da la espalda al mundo con una piel de óxido brillante. Cuando su nuevo dueño se lo colgó en el cuello la transformación del metal no se hizo esperar: al contacto con el aire, con la piel del pecho y el sudor de la caricia, el dragón fue perdiendo su costra. En su lugar han ido quedando orillas de bronce brillante que contrastan con los mordiscos de óxido que se resisten. El metal está vivo y se transforma en metáfora mientras el gesto lo va delineando y signando. 

El metal es muy dinámico. No es algo frío y pétreo que vale plata. Las interacciones que se generan movilizan el movimiento del material. No son movimientos rápidos, es un tiempo lento que se va doblando, que va cambiando la superficie. Hay mucha gente que evita el desgaste de sus objetos, busca petrificar lo que son en el tiempo. Vale la pena jugar más con esos esfuerzos que reaccionan, que se ablandan o endurecen a lo largo de nuestro propio tiempo vital y que llenan de contenido los objetos que hacemos propios.

 














¿Usted solo trabaja con metales?

 No,  pero sí es mi fuerte y lo que más me gusta, sobre todo por la escala que yo manejo. El material se da para que esté sobre el cuerpo de una persona, para tenerlo cerca y trabajarlo en ciertas dimensiones de volumen y tamaño. Un metal precioso se circunscribe a cierto contexto corporal-espacial. Para otros espacios hay otros materiales como la cerámica: La escala cambia, la visual cambia. Otros materiales los veo desde lejos, interactúan con otros objetos, si se quedan en un solo lugar o si cambian de posición; son criterios distintos. Uno se puede permitir texturas más gruesas con la arcilla y detalles mucho más finos con los metales. La materialidad del objeto cambia el tamaño de su gesto, se puede tornar más grueso, como cuando uno agarra una taza y la lleva a la boca. La técnica que utilice está en función de la intención que tenga. Trabajo con cerámica o madera, depende de lo que uno quiera proyectar.

¿Qué es joyería para usted entonces?

Cualquier definición es subjetiva. Pero tal y como yo lo veo, es un ornamento, una intención, un argumento  que uno se pone sobre el cuerpo. El accesorio, como un prendedor hecho de plástico, está hecho para combinar con la ropa que usted usa. Es un objeto que gusta y cuya función es combinar con una estética. La joya tiene un valor económico y/o sentimental grande. Póngalo así, si se pierde la joya sí importa; si se pierde el accesorio, no es tan grave.

Además, uno suele pensar en la joyería como si fuera algo para niñas. Pero hay muchos hombres que tienen joyas también: anillos, aretes y collares que a lo mejor no son de oro, pero tienen un valor que se ha interiorizado. Son una joya, en todo el sentido de la palabra. El material, sea de metal, o no, es un medio de expresión que funciona simultáneamente en múltiples esferas. Usted puede ver la joyería como un proceso sentimental, físico, ingenieril, como quiera.

 

Acaba la entrevista, los metales se siguen oxidando y las herramientas cuelgan de un par de ganchos a la espera de una mano hábil que les entregue su música. Solo así las cualidades densas y casi líquidas de los metales son capaces de guardar universos enteros dentro de sí. La filosofía, el arte o la física se inyectan bajo pieles de plata y cobre que trazan la sangre del cuerpo. Acaba la entrevista, y ante mi mirar inmóvil ocurren ondulaciones y crepitaciones fantasmas que mis ojos no ven. Solamente un aprendiz de brujo como Sofía puede enfocar los lentes para rastrear los secretos que se esconden tras el velo de los óxidos.

Para los interesados en adquirir una joya:

Sofía La Rota
Teléfono celular: 310 8686864
Correo electrónico: sofilarouge@hotmail.com

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