I.LETRADA.CO | El paragüero | ALASKA: UN LABERINTO CITADINO
El paragüero
ESCRITO POR
Paola Diaz
Actriz por vocación, ese es mi oficio.

ALASKA: UN LABERINTO CITADINO

¿Alguna vez ha transitado por la calle décima con décima en Bogotá? ¿Se ha parado en la Plaza de Bolívar a ver las palomas que se estacionan a la espera de unos cuantos granos de maíz? ¿Se ha preguntado qué pasa con las personas que habitan en estas calles? En esa décima podemos encontrar mercados varios, tráfico de otros cuantos, caras originarias de la capital o provenientes de otras ciudades en el rebusque de supervivencia. Sobrevivir es lo que se debe hacer en un “mundo bajo” con poca salida.

Preguntarse hoy en día por el desplazamiento o la indigencia ya está pasado de moda; convivimos con eso todos los días, lo vemos en la esquina de nuestras casas, en la salida al trabajo o cuando estamos compartiendo un café o unas cervezas con los amigos. Nos acostumbramos a ver transitar junto a nosotros personas que viven en circunstancias precarias y alguna que otra vez brindamos una moneda o una gaseosa como ayuda a un problema que al parecer ya no es problema y por lo tanto no tiene solución. Muchas personas han reflexionado sobre este fenómeno.

Ahora… ¿Se ha sentido usted como un ser invisible en esta ciudad?

Hace un par de días me encontré con la sinopsis de una obra de teatro llamada «ALASKA». Es una obra colombiana, escrita por Santiago Merchant y dirigida por Katalina Moskowictz, y mi primera pregunta fue ¿por qué Alaska? Gran casualidad que me invitaron a escribir estas letras, y me sentí ansiosa. Me dieron un par de boletas para ir, entonces me dispuse a entrar al teatro y dar respuesta a mi duda.

Entré a la Sala Buenaventura en Casa Ensamble, una sala pequeña, con capacidad para 40 o 50 personas. No lograba ubicarme; todo estaba oscuro, oía murmullos, no había caído en cuenta de que al entrar ya estaba sumergida en el espacio teatral. Alguien me guió con una linterna y finalmente llegué a mi silla. No pasó mucho tiempo antes de que esta historia empezara a pasar por nuestros ojos espectantes. Hay encierro, hay oscuridad. Se siente, se percibe.

Un hombre con aspecto de no haberse bañado en días (Edgar), una mujer perdida con las manos quemadas (Yoli) y una habitante de calle (Rosa) son los protagonistas de esta historia; una historia de aroma capital sobre algo que quizás nos es ajeno a muchos: perderse en la ciudad, salir corriendo sin dirección alguna, ser desalojado de su propia casa. Unos personajes que llegan a un laberinto donde “para qué pensar si el laberinto se hace más grande”. No hay salida, una vez entran el él no hay nada que hacer.

 

 

 

 

 

 

 



 













Primero conocemos sus condiciones de vida, luego vienen sus historias. Estos personajes, personas tan comunes como cualquiera de nosotros, llegaron a “la calle donde todos se pierden” no por una mera casualidad. En esta historia, que no se aleja de otras tantas que hemos conocido en persona, nos hablan de diferentes traumas; situaciones como el maltrato intrafamiliar o el desplazamiento se hacen realidad allí. Son tres personas perdidas que no logran encontrarse y el encierro les produce una gran reflexión sobre el comportamiento humano. Es curioso verlos “filosofar”, si los viéramos en la calle probablemente no esperaríamos nada de ellos, pero aquí los vemos compartir sus grandes pensamientos, sus conclusiones más profundas sobre lo que se vive hoy en día, lo que nosotros, por vivir en el corre corre del día no vemos: como ellos dicen, “el sufrimiento está en todas partes y casi nunca llama la atención de los otros”. Muchos no hemos penetrado este mundillo donde “la mugre lo paraliza todo”, y aunque no es una invitación para hacerlo, sí deja unos cuestionamientos reales y latentes.  Tampoco pretendo convertir esto en una suerte de reflexión sobre la situación sociopolítica de nuestro país, simplemente comparto lo que dejó en mí.

Vuelvo a mi pregunta inicial: ¿Alaska? ¿La historia ocurre en Alaska? No, esto sucede en Bogotá. Alaska se presenta entonces como la única salida, como la aparente felicidad, como el sueño de huir de todo, de no volver jamás. Una vez salgan de ese laberinto en el que se encuentran pueden irse a Alaska: es la promesa de un mundo mejor, donde el silencio lo llena todo, donde no hay nada que temer. Para los personajes es el lugar de libertad para estar consigo mismos, donde pueden sentarse a ver los glaciares por horas y todo trauma, todo dolor, toda herida, quedará borrado. Esa tierra grande llena de nieve, una tierra que promete paz y fin a todo pasado.

¿Logran entonces estos personajes salir de estos metros cuadrados que habitan? La valentía es un reto aquí y tomarla con las dos manos no resulta muy viable, cayeron allí por una razón y el miedo es más grande que la necesidad, que el querer vivir mejor, que el volver a casa. El miedo sin duda es el protagonista en esta obra y el que los impulsa a la acción. ¿Alaska es esa ilusión permanente que los ata a la tierra para poder sobrevivir? “Alaska es una excusa donde alguien siempre quiere hundir la cabeza”.

Salgo más leve por haber visto teatro que hace reflexionar, que me pone en diferentes perspectivas de universos que no conozco. Entonces me pregunto ¿cuál es mi Alaska? ¿Cuál es ese espacio grande o pequeño que me hace soñar con un mundo mejor para mí? Ese lugar donde no tengo que buscar que me reconozcan, porque simplemente no hay nada que reconocer, donde no soy una más, como nos vemos y nos cruzamos todos en la calle y así pasamos la vida. ¿Cuál es su lugar para meter la cabeza y no pensar en nada? Eso nos presenta «ALASKA», un momento en el que tres vidas se cruzan y tienen algo en común, lo comparten, se identifican y deciden vivir como pueden con su propio peso encima.

¿Será esto una invitación a apartar una noche en su agenda para ir a Casa Ensamble, tomarse unos cocteles y ver esta obra? Puede ser, puedo decir que es una obra muy nuestra y eso quizá le haga sentirse identificado. Si hay otros datos que le animen a conocer el mundo de Edgar, Yoli y Rosa puedo decirles que la obra es ganadora de la Beca de creación teatral 2011, así como de la Beca de novel creador de IDARTES y de la Beca de localidades culturalmente activas de la SCRD 2011. Y como siempre, una buena oportunidad para escapar un rato de la propia realidad y sentarse a ver la de otros. 

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