I.LETRADA.CO | El paragüero | CULTURA DIGITAL Y COMUNICACIÓN INDEPENDIENTE
El paragüero
ESCRITO POR
Eduard Fernando Salazar
A pesar de su amor ilimitado por las trivialidades, no puede negar su pasión por la ñoñería, por todo lo que salga de los libros.

CULTURA DIGITAL Y COMUNICACIÓN INDEPENDIENTE

PERIODISMO, INVESTIGACIÓN Y ACCIÓN CULTURAL[1]

Revisando la revista Cromos en sus números lejanos de los años setenta del pasado siglo, me he encontrado con una publicación llena de entrevistas, invitaciones, análisis y opiniones sobre la vida cultural de Colombia y el mundo. Era frecuente encontrar enormes referencias sobre artes plásticas, literatura, espacios, tertulias, crónicas y ensayos de debate cultural. Pero, como todos sabemos, Cromos y otras revistas han cedido la mayoría de sus páginas a la publicidad y a lo que a grandes rasgos podemos llamar consumo capitalista. En muchos medios, lo que entendemos por cultura en sentido amplio tiene un nivel reducido de espacio, circulación y reconocimiento. Existen revistas culturales especializadas, suplementos literarios y otros folletos que acompañan los diarios, por ejemplo, pero el alcance que tienen no se compara con el que logran las secciones deportivas e incluso lo que algunos medios llaman “vida moderna”, como espacio en donde un libro tiene el mismo peso que el matrimonio de alguien.
 

Y si todo esto pasa con los venerables productos de la “alta cultura”, ¿qué se puede esperar respecto a las propuestas emergentes e independientes? Fueron primero los formatos en papel como los fanzines, los periódicos volantes y las comunicaciones informales las que dieron una cierta visibilidad (entre los círculos próximos) a las propuestas emergentes. Antes de la suerte de explosión de la vida digital, eran frecuentes los volantes y los periódicos de una hoja que invitaban a ver el trabajo de los demás, de las personas que se reunían a fuerza de voluntad por el trabajo propio, y que seguramente no iban a presentarse en un gran teatro ni a ser reseñados en algún medio reconocido. Mientras que el impacto de los medios impresos está signado por su tiraje -que en el caso de estos fanzines suele ser reducido- la transformación de Internet en una red de comunicación 2.0 absorbió con naturalidad, e inclusive multiplicó la cantidad y el impacto de la tarea de informar de manera independiente.

Es bien sabido que una de las principales características que se le atribuye a la cultura digital actual es la de potenciar el yo periodista, el yo creador, el yo informador, muchas veces en preponderancia sobre el yo lector. Prueba de ello son los blogs, las páginas web de iniciativas independientes y las redes sociales que permiten la publicación del propio punto de vista, así sea tan sólo para los más cercanos. Hay blogs que han alcanzado enormes niveles de popularidad y credibilidad, y es por ello que son considerados por el Estado, los gremios periodísticos e incluso los premios de narrativa, como espacios válidos para la circulación de contenidos. En esta ponencia quiero abordar las apuestas más grandes, las de quienes se establecen como revistas, portales o medios de comunicación, y que apuestan por agrupar el periodismo independiente,  el periodismo digital y la cultura emergente. Considero que, pese a sus debilidades e infortunios competitivos -relacionados con la incipiente cultura de lectura de autores no canónicos o altamente publicitados-, el conglomerado de las editoriales independientes de creación literaria y visual que continúan con el formato en papel tienen un nivel de visibilidad y legitimidad bastante amplio entre quienes consumen productos culturales pensados para públicos educados.

Volviendo al campo periodístico, hemos visto cómo en los últimos diez años muchos medios (casi todos) volcaron sus formatos a una versión web, cuentan con un editor de contenido digital, equipos de redacción autónomos, gestores de redes sociales y producción de contenidos exclusivos para la web. Es un tipo de periodismo que utiliza las mismas reglas de escritura e investigación que el periodismo tradicional o en papel, pero que intenta conjugar todas las herramientas de interactividad que ofrece internet, con o sin mayor éxito. Una de las cosas más interesantes del mundo digital es la posibilidad de conjugar el audio, el video, la imagen y la palabra escrita. Los contenidos digitales tienen sus propias agendas, herramientas particulares y maneras complementarias de presentar la información.

Y así como muchos medios tradicionales expandieron su marca a través de internet, existen otros medios cuya vocación es enteramente digital. Se encuentran, por mencionar algunos (y perdonarán el sesgo bogotano) Razón Pública, Hoja Blanca, La Silla Vacía, Las 2 Orillas, Revista Artificio, Revista Cultural Sono, Kien y Ke, inclusive nuestra propia  revista i.letrada, entre muchas otras de esta ciudad, y de las tantas otras del país. Incluso pueden mencionarse las páginas web de los proyectos radiales y culturales independientes que suben a sus sitios los textos e informaciones que producen y que por la dinámica de la circulación social de esos contenidos entran (aunque en otra medida) al círculo del periodismo cultural. Sin embargo el foco de esta ponencia apunta a aquello que continúa privilegiando la palabra escrita.

Hernando Gómez Buendía, director de Razón Pública, señala que Razón Pública  “es un medio sui generis que aspira a combinar lo mejor de dos mundos regidos por reglas diferentes y a veces opuestas -el ámbito periodístico y el ámbito académico-”. Yo considero que esta definición es ostensible a muchas de las propuestas periodísticas en internet que han surgido en los últimos años en Colombia y en el resto de países. La necesidad de sacar el mundo de la academia del espectro de los espacios universitarios, de poner su conocimiento y forma de trabajo en otros ámbitos, ha llevado a que el modo de argumentación académica inunde muchos de los géneros periodísticos. También, como señala Buendía, se trata de una apuesta por descentralizar la competencia profesional en la producción de información: no son periodistas haciendo análisis, sino analistas haciendo periodismo. Y se le puede agregar: gestores culturales haciendo periodismo, académicos haciendo periodismo, activistas políticos ejerciendo la palabra. El periodismo independiente -entendido como aquél que no está amarrado a intereses políticos y económicos- y el periodismo de la cultura emergente -entendido como aquel que indaga y dirige la mirada hacia los nuevos y pequeños proyectos culturales- comparten dos premisas: de un lado, que la palabra escrita y la opinión informada siguen siendo vigentes y se les privilegia como maneras de documentar las historias, y de otro lado que hay un tipo de mirada que no se interesa por las maneras tradicionales de analizar ni por los productos culturales del mainstream o exclusivamente de la alta cultura sin despreciarla.

Todo ello por una razón muy interesante: aunque en la web es mucho más fácil hacer desarrollo noticioso minuto a minuto (como lo hacen la radio y la televisión), el periodismo cultural e independiente definido como señalé antes, no centra todo su trabajo en las noticias, entendidas estas como la actualización de la información coyuntural. De hecho, el periodismo digital y la cultura emergente proponen nuevos significados y acciones a lo que es una noticia. Sin embargo, de un modo sui generis, puede decirse que el periodismo digital de la cultura emergente trabaja con “lo actual” por dos razones: por la naturaleza volátil de la circulación de los contenidos (hay tantos que si no se mueven de manera adecuada y oportuna se pierden), y porque la cultura independiente se caracteriza por el desarrollo de actividades espacio/temporalmente muy delimitadas que necesitan ser comunicadas. No son hechos noticiosos del todo (pues la noticia se ha posicionado como la comunicación de lo que los intereses superiores consideran importante), pero sí acciones culturales y políticas en tanto contestan a un sistema organizado de la cultura y la vida urbana promedio. Es característica de la cultura independiente el pensamiento político.

Por ello puede señalarse, siguiendo a Catalina González en su investigación sobre la revista cultural colombiana, que el periodismo cultural no es un género periodístico, pues (como nos ha enseñado la academia) toda acción humana es una acción cultural. El periodismo en general es periodismo cultural porque indaga por las expresiones y ejercicios simbólicos de cada sociedad, sea en temas económicos, políticos o tradicionalmente culturales.

Investigación

Así que el universo de lo simbólico en la cultura independiente es bastante particular. Interesan autores, artistas, acciones y propuestas pensadas desde la base; interesa todo aquello que emerge como un valor interesante de ser conocido. Y no sólo se trata de las personas, sino también del enfoque de las propuestas. El periodismo cultural, como la creación independiente, buscan encontrar nuevas y mejores maneras de analizar la cultura y la vida social. Gracias a la comunicación digital y a su interacción, conocemos una cantidad de propuestas musicales, editoriales y de diseño que no encontramos fácilmente en otras partes de la ciudad. Quienes estamos acá nos caracterizamos, en distintos niveles e intensidades, por ser consumidores de producciones culturales independientes y emergentes. Todo esto puede pasar ante muchos como un mundillo de hipsters, modernos, jóvenes urbanos amantes de lo raro, pero en realidad tiene que ver con una pregunta muy fundamentada en los procesos de creación e investigación que cada trabajo requiere. Una de las características de la cultura emergente e independiente es que sus productos tienen una base política y cultural detrás: desde el uso de materiales ecológicos y reutilizados, hasta la circulación de ideas políticamente contestatarias.

En el campo del periodismo cultural, ese toque diferencial está marcado, además del tipo de iniciativas que se rastrean, por el proceso de investigación y documentación que hay detrás. Hablaré desde i.letrada, porque es el medio y el espacio en el que he trabajado. El único en estos asuntos. Nosotros somos un equipo de colegas y amigos, egresados de facultades de ciencias sociales y de diseño, que producimos mensualmente un número editorial que gira en torno a un tema escogido por razones coyunturales o por parecernos una pregunta interesante. Llegamos a las personas y al trabajo de los demás no por estar publicitado en las grandes agendas culturales, sino por el voz a voz, por conocer de cerca el trabajo de las personas y las organizaciones, y por intentar establecer con ellos un vínculo colaborativo en donde se interesen en participar en la revista a través de un intercambio muy beneficioso: el de poner en común lo que hacen.

Cuando escribimos o recibimos un texto trabajamos de la mano de los autores y las autoras. Creemos que cualquier contribución tiene la potencia de ser publicada con el debido proceso de escritura, documentación y edición.  Parte de nuestra “ética periodística” viene de las formas de producción de conocimiento de las ciencias sociales, a saber, la revisión por pares, la validación de fuentes académicas y la utilización de preguntas de investigación que típicamente hacen parte del inventario de las tesis universitarias.

Por citar algunos casos, al indagar por el trabajo de Pascuala Ilabaca y la Fauna, el de Umbral Teatro, Laguna Libros, La cultura popular en el transporte público o el trabajo periodístico en Brasil, emprendemos un largo proceso de análisis y conocimiento de aquello de lo que queremos hablar. Vamos, escuchamos, visitamos, entrevistamos, consumimos e indagamos lo mayor posible sobre el tema pues consideramos que es el primer paso para que el producto sea un escrito de calidad. Esto también lo hacen, por supuesto, los buenos periodistas en los grandes medios, pero con dos diferencias claves: que acá nos preguntamos por lo emergente y que el fin último no es publicarlo en un gran medio y llegarle a miles de personas, pero tampoco producir contenidos sin relevancia en términos de alcance. Queremos reconocer el trabajo, como dije, que se hace desde la base, por pura pasión y compromiso con una causa.

Aprovechamos todas las herramientas que ofrece la cultura digital para aumentar la circulación de la información, que en últimas es lo que entendemos por el buen término del trabajo periodístico. Pensamos en i.letrada como una especie de vitrina, pues nuestra labor es visibilizar a los productores culturales. Por ello esta ocasión es rara, porque nos permite contarles cómo funciona nuestro proyecto conceptualmente.

Así que considero que una de las cosas que deben hacer, y en efecto hacen los medios digitales independientes y emergentes es indagar por la vida cultural de la ciudad que no se encuentra todos los meses en la guía del ocio. Digo una de las cosas porque hay muchas tareas más: preguntarse por la vida política del país, por las acciones que afectan a los ciudadanos de a pie, y por supuesto no olvidar la vigencia y valor estético y cultural que tienen los grandes creadores de cultura.

La circulación como acción cultural     

 Desde mi experiencia como director de i.letrada, como consumidor de cultura (masiva, emergente e independiente), como productor de reseñas y revisiones sobre la movida cultural de Bogotá, quisiera abordar el asunto de la circulación.

Es claro y bien sabido que especialmente Facebook y Twitter son una suerte de impulsadores del trabajo independiente. A través de páginas de fans, perfiles personales o “corporativos”, invitaciones a eventos y circulación viral, las propuestas artísticas y culturales encuentran un efectivo medio de difusión de su trabajo. Por supuesto, no hay que caer en la ingenuidad; por ello queda bien dimensionar las políticas y mecánicas selectivas y competitivas que, como plataformas comerciales, tienen dichas redes sociales. Los anuncios pagos, los trending topics, las páginas de artistas de multitudes e incluso la información personal de amigos y amigas, ocultan en gran medida la información que los productores culturales ponen en circulación, con lo que se reduce su espectro de alcance.

También existe el voz a voz, las redes de contacto y de grupos de trabajo “en físico”, es decir que requieren de la interacción “cara a cara”; las ferias y los espacios culturales como potentes mecanismos de circulación y puesta en común del  trabajo. Este espacio en el que nos encontramos hoy es un claro ejemplo de ello. Las ferias de diseño, las exposiciones de nuevos nombres en artes, los festivales de danza y los espacios independientes potencian este tipo de encuentros y difusiones, no sin olvidar que, aunque múltiples en las localidades, el principal protagonismo lo obtienen por lo general los que se ubican en el circuito centro-chapinero.

Pero, de nuevo, como mi trabajo y experiencia vienen desde la gestión editorial, me parece importante referirme a lo que pasa con la difusión cultural vía artículos y notas de prensa como mecanismo tradicional de circulación de información. Todos y todas somos consumidores, en medidas distintas, de medios escritos tan grandes como Semana, El Tiempo, El Espectador, Malpensante o Arcadia, y puede decirse que estamos relativamente enterados de sus novedades. No conocemos la totalidad de cada número o edición, pero sabemos de qué medios se trata y, unos más que otros, los leeremos y consultaremos con más frecuencia y les imprimiremos alguna medida de veracidad. Pero lo que se reproduce en estos medios siguen siendo preponderantemente las acciones de cultura masiva, los referentes artísticos muy reconocidos, y sólo ocasionalmente ocupan protagonismo acciones emergentes. De las revista más conocidas y mediáticas puede citarse a Cartel Urbano como la más cercana y afín a la cultura independiente, con todos los reparos y cariños que cada quien pueda tenerle.

¿Qué tanto vemos, escuchamos, leemos y participamos de las prácticas artísticas y culturales emergentes e independientes? En i.letrada nos damos a la labor mensual de analizar, investigar y promocionar la mayor cantidad de apuestas políticas y culturales hechas por personas que recién empiezan su camino o que trabajan de manera autogestionada. Como equipo editorial, nos damos a la tarea de producir, nosotros o con los creadores, los mejores textos posibles sobre sus propuestas; como equipo de gestión cultural procuramos asistir, hablar, conectar y poner en circulación todas las acciones posibles en cultura independiente.

Como herramienta tecnológica y como productos escritos, el trabajo de los medios periodísticos digitales como los que he mencionado funciona bien y supone un beneficio común en pos de las pequeñas iniciativas. Por ejemplo, la Revista Cultural Sono tiene un gran compromiso con la escena musical, como la revista Artificio lo tiene con el teatro y la creación poética. Nosotros ponemos la cuota ñoña con la Santa Nerda, nuestra sección de breves estados del arte.

Habría que ver qué tanto está dispuesto el público a sentarse a leer para conocer las otras propuestas que habitan la ciudad. Entonces esta es una invitación clara a consulta nuestra agenda semanal que circula por redes sociales, y a ver y utilizar la que está alojada en la web.  También, si el tiempo y la disposición se lo permiten, a leer uno que otro artículo sobre el trabajo de los gestores culturales, que, como señalé, apuestan por la circulación de las ideas de todos y todas, y no exclusivamente de las que producimos nosotros como equipo base. De hecho, procuramos que en cada edición escribamos lo menos posible.

Por ello creo importante la pregunta por la circulación de los contenidos. De nuevo: ¿qué tanto lee y asiste usted para conocer el trabajo de los demás? Así como damos crédito de verdad y de legitimidad a los grandes medios que antes mencioné, como artistas y gestores existe la responsabilidad o el ideal de participar del trabajo de los demás. En la circulación de la cultura y en su efectivo consumo (con todo lo odiosa que pueda sonar la palabra consumo) está el verdadero potencial de constituirnos como ciudadanos contestatarios y activos ante la cultura que nos rodea; la cultura del lado, la de nuestros amigos, la de nuestros pares.

No se trata ahora de volcarse a leer medios independientes todos los días y con la fidelidad intocable, de asistir a todas las presentaciones o exposiciones de nuestros amigos, de vincularnos a todas las cosas de las que nos enteramos por ahí, o a dejar de leer los demás medios y dejar de asistir a los escenarios distritales o privados de cultura. En últimas lo que debe privilegiarse es la calidad, la emotividad, la significancia y la pertinencia de lo que vemos, escuchamos y leemos.

Por supuesto que pueden existir acciones artísticas para públicos reducidos e inclusive para ningún público, pero el trabajo independiente y autogestionado se caracteriza principalmente por la práctica de lo microscópico y la circulación de lo común.


[1] Ponencia presentada el sábado 14 de diciembre en La Independiente- feria de publicaciones del teatro Odeón.

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