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El paragüero

TEJIENDO CANTOS, SABERES Y DERECHOS

 las fronteras de lo invisible[1]

 

Find the muse within you. The voice that lies buried under you, dig it up. Do not fake it, try to sell it for a handclap or your name in print.

Gloria Anzaldúa,

This Bridge called my back

Por Diana Tovar

Los espacios que he habitado y los caminos que he recorrido atraviesan diversas geografías, intereses y afectos. En este escrito hablaré de la experiencia de habitar espacios y territorios políticos y afectivos desde el trabajo comunitario con mujeres víctimas de violencias, desplazamientos forzados y habitantes de calle, donde he tenido la oportunidad de potenciar y trenzar las disciplinas artísticas y sociojurídicas que, de una u otra forma, han atravesado las fronteras de lo invisible entre las prácticas y los saberes de mi vida.

 

Estas búsquedas no son gratuitas, no se dan al azar. En mi caso obedecen a la plena convicción del lugar de la acción y la potencia vital de creación que dan lugar a la creatividad. Por este camino se llega a la transformación de las sociedades a través del arte como una salida política a la injusticia social.

En este momento de mi vida puedo afirmar que si  exploramos nuestras capacidades, aptitudes, conocimientos y  disciplinas (cualquiera que ellas sean), las mezclamos en un tejido común (esa mirada integradora de saberes conocida como transdisciplinariedad) y las desarrollamos debidamente, estamos arriesgándonos a atravesar fronteras culturales y políticas que rompen los imaginarios con los que la modernidad concibe el mundo.

Alguna vez me hicieron un comentario en estos términos: “abogada, cantante, compositora… y ahora también filmmaker… ¿conocés a la mujer maravilla?”. Si estos mismos comentarios se los hicieran a un hombre ¿se le consideraría un superhéroe? ¿Qué se pensaría de él? Juzguen ustedes. Sí puedes ser mujer, artista, música, abogada y generar un diálogo que potencie la creatividad, pero no puedes ser todo eso a la vez, combinarlo o fusionarlo, porque es la sociedad la que te encasilla. Como el repertorio cultural está íntimamente ligado al inconsciente colonial[2], éste se incrusta en la subjetividad[3] de quien aún tiene la concepción dogmática del conocimiento como único camino posible para transitar geografías y mapas sociales.

Trenzando disciplinas :los tejidos en el campo comunitario

Los famosos espacios sociales de acción que Bourdieu denomina ‘campos’,  son útiles para entender que la cuestión (y el reto a la vez) consiste en identificar el lugar en que los campos del conocimiento se vuelven invisibles. ¿En qué momento se diluye todo aquello que se encuentra demarcado social, cultural y políticamente? Se puede afirmar que los diversos campos del conocimiento pueden entrar a conversar entre sí, enriqueciendo las reflexiones y el saber científico social en una mirada integradora. Si algo debo agradecer a mi formación de abogada ha sido el gusto por las palabras puestas al servicio del arte. Solo eso valió la pena y fue suficiente para haber soportado innumerables códigos, leyes y procedimientos jurídicos en la universidad, que ahora uso poco.

Los derechos

Boaventura Santos se vale de la sociología jurídica y la geografía para proponer una cartografía simbólica del derecho. En ella se sustenta la idea según la cual circulan en la sociedad varias formas de derecho o modos de juridicidad, algo así como mapas sociales y espacios jurídicos mezclados. En palabras de Santos, se trata de “explorar las potencialidades teóricas y políticas de la cartografía simbólica en el estudio de otras representaciones sociales más allá del derecho”. Una reacción a la polaridad, una invitación a potenciar medios para crear mundos y esto se ve claramente “tanto en la acción social, como en el análisis científico, tanto en el arte, como en la literatura.”[4]

¿Por qué poner a tejer derechos, cantos y saberes? a lo largo de estos años escuchando  historias y relatos de mujeres, así como sus problemáticas en materia de asesoría jurídica, me he replanteado la eficacia del derecho en la vida de las mujeres, y desde mi posición reivindico el uso del arte como un activador potente en la transformación social. La experiencia de poner a conversar los saberes para una finalidad común ha sido enriquecedora cada día. Los derechos también hacen alusión al uso y disfrute de nuestra propia sensibilidad y  nuestros afectos, creando redes de poder entre nosotras.

Los cantos

Si no canto lo que siento,

Me voy a morir por dentro,

He de gritarle a los vientos hasta despertar,

Aunque solo quede tiempo en mi lugar

Barro tal vez

Luis Alberto Spinetta

De pequeña mis tías decían que cantaba todo el tiempo: los comerciales de televisión, sobre todo los de coca-cola, la bebida refrescante en las tardes soleadas de Cartagena; poemas que empecé a escribir en el colegio, solo para mí; intercambios epistolares con un novio a distancia, cuando no existían redes sociales en internet ni el celular se asomaba. Poco a poco fui entendiendo que la música, el canto, es un lugar donde puedo ser, es el espacio que tengo y que la vida me da para manifestarme, es la forma en que decidí expresarme al mundo y frente al mundo, es un lugar al que llego como decisión política, luego de un camino diverso de sonidos, paisajes, colores, experiencias, vivencias y emociones, de vida. El canto es mi lenguaje y con el tiempo he descubierto mi propia voz. Al poner en el escenario público las historias y vivencias que nacen en cada canción se pasa a otro nivel como artista y esto también tiene un sentido político.

Cuando las mujeres sacan su voz, la exteriorizan y la expresan en la esfera pública, sea cual sea el lugar, cuando se atraviesa esa línea casi imperceptible en la que las fronteras invisibles adquieren un nuevo andar, algo se activa y ese algo tiene que ver con el reconocimiento de las mujeres como sujetas de derecho y como seres políticos. Así, el arte, la música y el canto son herramientas de ese orden que le da sentido a mi vida y seguramente a la vida de muchas mujeres cuando sacan su voz. Esto tiene que ver también con la musicoterapia como una oportunidad para sanarse y sanar dolores, duelos, apegos y emociones perturbadoras. El elemento del canto es la voz. “Cuando cantamos, estamos íntimamente conectados a nuestra respiración, nuestro cuerpo, y nuestra vida emocional”[5]. Así pues, “Cantar es, en el mejor de los casos, un gesto emocional y una proyección de sentimientos, de ideas, y de intenciones comunicacionales”.[6]

Las prácticas artísticas y los saberes

Promover y desarrollar eso que se llama potencia vital en la vida de las mujeres a través de herramientas musicales y artísticas es un ejercicio urgente para la transformación y el cambio social. Algo que comenzó como una exploración, que denominé “yo cuento, yo canto, yo existo”[7] (una propuesta con la psicóloga Carolina León con quien trabajaba cuando era parte del equipo de la Secretaría Distrital de la Mujer) ha sido quizá la experiencia más interesante de este año en mi labor con mujeres. Invitamos también a la amiga, artista y fotógrafa Catalina Villamizar a que hiciera parte de este experimento social y artístico, un laboratorio en formación con mujeres habitantes de calle. Allí, cada una de nosotras ha puesto desde su saber algo valioso, y es la capacidad de abrirnos frente a la otra y considerarla una igual. Ha sido más un espacio de sanación y búsqueda de nosotras mismas y de lo que reflejamos en las demás; eso es lo que de una u otra forma he venido a sanar y a procesar emocionalmente, desde mi cuerpo vibrátil, en palabras de Suely Rolnik[8]

Es así como se han explorado diversas metodologías, entre el canto, la pintura, la siembra y la meditación, enriquecidas colectivamente, que permiten evidenciar los relatos de violencia y dolor, pero también las voces diversas,  sus sueños, anhelos y propósitos, potenciando las herramientas emocionales que guarda cada una de las mujeres participantes dentro de sí. 

No se trata de mitigar el dolor y el sufrimiento de las mujeres habitantes de calle buscando espacios de “distracción” para luego regresar a su realidad llena de violencias, consumo y opresión. Se trata de encontrar y crear espacios amables donde las mujeres se reconozcan como tales y donde la potencia vital de creación artística les muestre a ellas que a pesar de habitar territorios sociales complejos de devastación (prostitución, microtráfico, violencia, etc.), también son mujeres ciudadanas y que tienen derecho a vivir una vida sin violencias. 

Igualmente, la experiencia de conocer a organizaciones de Mujeres Víctimas de Desplazamiento Forzado en la localidad de Ciudad Bolívar y Suba, y de algunas mujeres en la localidad de Candelaria, haber cantado y pintado con ellas, creando y jugando, permite eso que tanto buscamos: una posibilidad de cambio a través de la potencia de creación, un ejercicio creativo del derecho y a la vez, un uso artístico e integrador de los saberes. Así rompemos esas fronteras invisibles en los territorios artísticos, políticos y existenciales.

De acuerdo con Marcela Lagarde, “mis derechos no dependen únicamente de que la sociedad, el Estado o las personas concretas me los reconozcan, sino de que yo instale mis derechos en mi propia vida. Esta autoinstalación representa un cambio notable en la conciencia y es un importante aporte de la cultura feminista de nuestro tiempo. Hoy sabemos –y lo sabemos porque así ha pasado en la historia- que antes de que la sociedad asuma valores, demandas o propuestas de las mujeres, las mujeres mismas las hemos realizado en nuestras vidas. Al hacerlo, hemos sido disidentes. Después hemos tratado de convertir esa disidencia en normalidad. Y después, en legalidad y en valores culturales.”[9]   

La posibilidad creativa está en cualquier lugar y desde cualquier campo del conocimiento, solo es cuestión de trenzar la poética y la política.  Por mi parte seguiré tejiendo cantos, saberes y derechos.

notas


[1] Diana Tovar. Artista y Cantautora. Me gusta relatar historias en mis canciones y viajar con ellas por todos los mundos posibles.

[2] Este término es propuesto por la psicoanalista brasilera Suely Rolnik en “Micropolíticas del deseo” para referirse al trauma que evidencia o lleva a la separación entre lo poético y lo político. El inconsciente que llevamos y cargamos, sobretodo como latinoamericanos, es colonial, esclavista, dictatorial y capitalista, al mismo tiempo que ha sido la bandera y la política de subjetivación afectando los territorios de existencia del sujeto.

[3]En palabras de Suely Rolnik, “La subjetividad es el laboratorio vivo donde se crean universos y otros se disuelven. Son muchas las políticas de subjetivización y los modos de relación con la alteridad del mundo que tales políticas implican, combinaciones variadas y variables de dos modos de aprehensión y de relación con el mundo en cuanto materia: como diseño de una forma o como campo de fuerzas; modos estos que, a su vez, dependen de la activación de diferentes potencias de la subjetividad.” Rolnik, Suely. El ocaso de la víctima. La creación se libra del rufián y se reencuentra con la resistencia. http://www.exargentina.org/_txt/krise_srolnik_ocasovictima_es.html. ¿ESTA CITA ES ASÍ?

[4] De Souza Santos, Boaventura. Estado, derecho y luchas sociales. Una cartografía simbólica de las representaciones sociales prolegómenos a una concepción posmoderna del derecho. ILSA, p. 239.

[5] Pellizzari, Patricia y Rodríguez, Ricardo. Salud, escucha y creatividad. Musicoterapia preventiva psicosocial. Ediciones Universidad del Salvador. Buenos Aires, 2005, p.212. 

[6] Pellizzari, Patricia y Rodríguez, Ricardo. Salud, escucha y creatividad. Musicoterapia preventiva psicosocial, p. 216.

[7] Yo Cuento, yo Canto, yo Existo o Tarde de Chicas”,  ha sido un laboratorio de saberes con mujeres habitantes de calle, un proceso de empoderamiento a través de ejercicios artísticos como el canto colectivo y el canto en general, la musicoterapia, dibujos, meditaciones, pinturas, máscaras, semillas, agricultura urbana. Este proceso que se ha venido realizando desde el mes de julio, agosto, septiembre y octubre, una vez a la semana, tiene como objeto generar espacios donde se promuevan procesos de empoderamiento sobre los derechos de las mujeres, a través de sus historias y relatos de vida, procesos de autocuidado y autoestima a mujeres habitantes de calle del sector conocido como el BRONX ubicado en la localidad de Mártires de Bogotá D.C.

[8]Cuerpo vibrátil” es una noción que propone Suely Rolnik en su tésis doctoral “cartografía sentimental, transformaciones contemporáneas del deseo” en la cual explora la capacidad de los órganos de los sentidos de dejarse afectar por la alteridad, e indica que es todo el cuerpo el que tiene tal poder de vibración de las fuerzas del mundo. En http://www.caosmosis.acracia.net/ “La memoria del cuerpo contamina el museo”.

[9] Lagarde, Marcela. Claves feministas para la negociación en el amor. Primera edición (2001), memoria del curso, Punto de Encuentro, Managua, Nicaragua, editado por Alcaldía mayor, Secretaría de Gobierno, Bogotá, 2013.

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