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Nota al pie
ESCRITO POR
Jose Fernández Del Río
Siempre digo que lo mejor que uno puede hacer en la vida es simplemente vivir.

¿PARA QUÉ LOS POETAS?

Una breve reseña sobre HORA ZERO

Y para qué los poetas Para qué si ya sacaron las botellas de cerveza con abre fácil
Y pronto serán las de vino Y para qué los poetas Para qué si ya no habrá que 
destapar con las muelas la cerveza ni hundir los colmillos en los corchos de vino OSCAR UGARTECHE -VI REQUIEM DE LA POESÍA

 

¿Has probado alguna vez mezclar un cóctel de Kerosene, unas cucharadas de pólvora, algo de ANFO y unas gotas de gasolina, tomártelo y luego remover tu cabeza fumando un cigarrillo? Lo más probable es que termines incendiado. Así fue la primera vez que leí a Hora Zero, movimiento de poesía peruana nacido en Lima a mediados de los 70. Incendiaban todo a su paso: los libros “grandes y gordos”, las librerías formales, los cafés “parisinos” en el exclusivo barrio de Miraflores, donde escribían los poetas que compraban libros en Europa con las propinas de sus padres. Así es leer Hora Zero, te llena de ganas de comerte el mundo y como es quehacer de la poesía, te hace sentir inmortal. No hay tiempo ni espacio que pueda abarcarla, solo nuestras cabezas, nuestros cuerpos.

 

….Quisiera florecer sin recibir nada

por mis poemas, publicar grandiosas novelas

sin que me paguen derechos de autor,

escribir ensayos fundamentales

sin hacerme famoso.

Déjenme así extraño y solitario.

Oh por favor déjenme florecer….

                                        (O- Enrique Verastegui, Hora Zero)

 

Hablar de literatura peruana sin mencionar a Hora Zero es casi un acto sacrílego, ya que fue uno de los movimientos poéticos más importantes en Lima. Me imagino a Juan Ramírez Ruiz y Jorge Pimentel, sus fundadores, en uno de los descansos de las clases universitarias hablando de Cesar Vallejo, ese gran poeta que inspiró generaciones. Los veo prendiendo el cigarrillo número veinte, soñando con crear un tipo de poesía más cercana al cotidiano de la  gente, una poesía del día a día. Todas estas ideas las volcaron en el Manifiesto «Palabras Urgentes» donde, con el fuego que los caracterizaba, plantearon romper con el tipo de poesía que se hacía hasta ese momento en el país.

Se enfrentaron directamente a los poetas que eran parte del establishment de la literatura y propusieron una poesía nada rimbombante, más cercana a la vida diaria y una nueva forma poética y de lenguaje; transformar el mundo, buscando que el hombre se liberara de su alienación espiritual en “una sociedad burguesa regida por el capitalismo”, a la que consideraban subdesarrollada ya que estaba dominada por las modas extranjeras en la producción cultural.

"Escribir la angustia, escribir la lucha, escribir la violencia"; la potencialidad transformadora del poema, como motivador para un cambio cualitativo individual;  destrucción de la sintaxis tradicional" – (Manifiesto Hora Zero)

A veces me imagino a Pimentel y Ramírez Ruiz caminando por el centro de Lima, en esa calle llena de magia subterránea llamada Quilca donde poetas, músicos y locos conviven en medio de las botellas y los libros usados. Donde el arte está dando vueltas en el aire. De fondo, como soundtrack de la vida, esa canción de Los Saicos, gran grupo de rock peruano de los 60; “echemos abajo la estación del tren, demoler, demoler, demoler…” Y los veo llegar al emblemático bar Queirolo donde muchos se graduaron de poetas o escritores. “Es que la calle te inspira, la calle te enseña…” me dijo alguna vez un “poeta maldito” acabando de un sorbo el ron que llevaba en su vaso. Y veo a Jorge vociferar sus ideas de la nueva forma de arte que estaban buscando; y entre bares compartidos, cajas de cigarrillos y tertulias inacabables, otros “mal portados” como ellos se unen al movimiento para demoler el status quo literario. Así, su proyecto de democratizar la poesía, de romper con el elitismo artístico que se daba en Lima, iba tomando forma. En todo el país, nacieron nuevos poetas en la corriente de Hora Zero. El movimiento se expandió.

…Me estoy muriendo, mordí el anzuelo, caí en las trampas
al tratar de entender lo que pasaba
al tratar de medir el alcance del engaño, la crueldad servida,
masivamente, matanzas que desbordaron los océanos
en montañas de cuerdos ofrendado como un sacrificio, como un rito
del que nunca participé, cuando nuestra inquietud
era otra o consistía en entender, si esas sombras dispuestas
al alba, eran para ser besadas, o simplemente para
observar su evolución en la forma cimbreante y espectacular
del relámpago…

                                   (Muerte Natural – Jorge Pimentel)

El mensaje de libertad y democratización del arte se fue expandiendo como la pólvora, incendiando corazones por todo el país. Diferentes grupos políticos se les enfrentaron y sabotearon muchos de sus recitales. “Que el pueblo piense es peligroso”, me dijo off the record una vez un político en una entrevista. Es que Hora Zero movía tus neuronas y te sacaba la venda de los ojos. Pero cuando las cosas iban mejor, Jorge Pimentel partió a España, Ramírez Ruiz se quedó solo y no quiso continuar con el movimiento. Tres años bastaron para que Hora Zero llegara a su fin. Los poetas del status quo y los políticos que huelen a naftalina se frotaron las manos y sonrieron, todo había vuelto a la normalidad. El sueño de Hora Zero se veía acabado. Así, con la vehemencia que nació también terminó.

 

Atención, este es el júbilo, este es el júbilo

Huyendo del silencio, viene, viene, se queda,

Limpia, este es el júbilo, el silencia le huye…

Este que se aleja de la redondez del cuarto,

De la punta involuntaria del cinco

O del alambre que sigue al viento. Este es el júbilo…

Este es el júbilo este viento cargado

Con sonido de vidrios verdes

Este es el júbilo y conmigo está mirando

La tarde…

                          (El Jubilo – Juan Ramirez Ruiz)

 

Dos años después de su partida, Jorge Pimentel volvió a Lima con las ganas de resucitar Hora Zero, pero era necesario unir fuerzas con mucha más gente. La aparición de Tulio Mora, poeta de la provincia de Huancayo, fue trascendental para el relanzamiento del movimiento. Su aporte fue importante para la renovación en la visión de la forma de hacer poesía: “El poema integral”, el que tenia como principios:

la potencialidad transformadora del poema, como motivador para un cambio cualitativo individual; destrucción de la sintaxis tradicional…a través de la invención de nuevos términos extraídos del lenguaje de la calle o de un lenguaje sencillo, popular, directo, duro y sano que pueda expresar la experiencia latinoamericana…” (Manifiesto Hora Zero)

Hora Zero comenzó a lograr una repercusión internacional que se fortaleció con la amistad que entablaron con el movimiento Infrarrealista en México, liderado por Mario Santiago y el ahora célebre Roberto Bolaño. Esta colaboración se dio gracias a la cercanía de Tulio Mora con los mexicanos. Es así que las revistas de Hora Zero comienzan a ser distribuidas en México y los infrarrealistas publican muchos de sus trabajos en las paginas hora zerinas. Esta relación sirvió para fortalecer la construcción de una nueva poesía Latinoamericana, mucho más cercana al pueblo, al cotidiano. Una nueva forma de decir.
 

En aquel tiempo yo tenía veinte años

y estaba loco.

Había perdido un país

pero había ganado un sueño.

Y si tenía ese sueño

lo demás no importaba…Y la pesadilla me decía: crecerás.

Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto

y olvidarás.

Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.

(Los Perros Románticos – Roberto Bolaño)

Actualmente, en un mundo donde la poesía escasea y la palabra ha sido destronada por la imagen inmediata y sin sentido, se hace necesaria la actitud de Hora Zero, el fuego de sus palabras, el sonido de su poesía envolviendo nuestros corazones y los corazones de nuevas generaciones, buscando esa vehemencia hecha verso, encontrando en su poesía la rebeldía que la televisión y las vitrinas nos han quitado.

Larga Vida a Hora Zero.

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