I.LETRADA.CO | Nota al pie | RE-CUENTO: CÓMO LEER EN POSTMODERNO PARA DUMMIES
Nota al pie
ESCRITO POR
Laura Garzón
Lee a deshoras, come con cuchara y no se sabe encrespar las pestañas. Algunos domingos juega a ser grande.

RE-CUENTO: CÓMO LEER EN POSTMODERNO PARA DUMMIES

Hace un tiempo eran muy populares los libros de manual para dummies. Yo estuve tentada en más de una ocasión a comprar uno, especialmente el que vendían para aprender matemáticas. Pero cada vez que lo tomaba del estante y me ponía a mirarlo terminaba pensando que iba a ser vergonzoso llegar a la caja y que pensaran que yo no sabía matemáticas y que por eso tenía que comprar el libro. Eso era cierto, pero yo no quería que lo supieran. Es por esto que he diseñado un pequeño manual para leer en postmoderno. Para ello he usado como excusa un libro que llegó a mi poder hace ya algún tiempo y la obsesión que me posee de entender qué es eso que llaman “postmodernidad”, si se sirve con arroz blanco o con arroz con coco, si trae patacón o yuca, si es de lejos y nos lo copiamos, si es un invento o si realmente algo se puede inventar a estas alturas. También vale añadir que aprender a leer en postmoderno no quiere decir solamente saber aproximarse a la literatura contemporánea, sino saber observar las prácticas que ahora mueven el mundo, en general, y las iniciativas artísticas, en particular.

Mincho

El principal interés del postmodernismo parece estar en los procesos de su propia
producción y recepción, así como en su relación paródica con el pasado.
Linda hutcheon, the politics of postmodernism: parody and history

Los procesos de lectura y escritura son desdoblamientos. Por un lado está el escritor, que ha ido desapareciendo para darle paso a 'la voz narrativa', a los personajes independientes de su creador, y a los mundos autocontenidos de la novela contemporánea. Por otro lado está el lector, que si es un lector entrenado sabe bien de qué va el asunto, pero si no a veces resulta detenido frente al libro que compró con ganas de hacer lo que hacen muchos cuando ven fútbol y se ensartan en discusiones del tú a tú con el director técnico: gritarle a esta persona que tuvo la ocurrencia de ponerse a escribir, quién sabe por qué diablos, que todo lo que está diciendo es ridículo. El punto es que tanto el escritor como el lector se transforman en otros, en figuras de ellos mismos que entran en un mundo paralelo en el que es posible que se encuentren.

Regla número 1: Para leer en la postmodernidad usted tiene que aprender a deshacerse de su idea de autor y entender la obra como un universo independiente. Para ello, usted firmará un contrato en el que creerá en ese universo como si fuera el suyo propio durante el tiempo que usted se encuentre habitándolo. Luego verá todos los vacíos legales de ese contrato y dejará que la realidad se vaya colando por el lado. Usted volverá a entrever al autor detrás, asechándolo, pero entenderá que solo es una función más, en palabras de Foucault, como la de narrador o como la de personaje. Y lo dejará que se esconda mientras sigue leyendo. A veces también tendrá que deshacerse de usted mismo.

Me referiré ahora a la historia que mencioné al principio, que ejemplifica esta primera observación sobre la postmodernidad. «Mincho» es una novela que da cuenta de la vida de un hombre llamado Mincho. No, esa en realidad no es la historia. Es sobre un personaje llamado Mincho, relacionado con un sujeto a quien se le llamaba Mincho en la Ibagué de hace unos treinta años. Unos años después, cuando Mincho ya se había adueñado del apodo, iba a esa Ibagué de paseo un niño llamado Pablito, luego conocido como Pablo, que decide “seguirle la pista” para saber de quién se trata. Pablo es ese autor que se cuela en la obra, pero que, como ya sabemos por la regla número uno, no es más que una versión del Pablo real que se sentó frente a su computador a escribir sobre el hombre real que se llamaba o se llama (vaya uno a saber) Mincho. Pablo se puede dar el lujo de escoger un personaje tan anodino como este, alguien que puede ser cualquiera, que es cualquiera; por el legado que retoma de la modernidad la novela postmoderna. El héroe moderno no necesita grandes habilidades, ni un linaje, ni una historia fantástica que lo acompañe. Puede ser simplemente alguien como usted o como yo, con preguntas cotidianas, conflictos de todos los días, ansiedades, miedos, alegrías. Ahora, ¿qué tiene de particular entonces el héroe postmoderno?

Regla número 2: La novela postmoderna y su protagonista estarán marcados por una lógica paródica, a través de la cual se denunciará el mundo que les ha correspondido habitar sin buscar una solución para él. La historia del protagonista no tendrá necesariamente una resolución y señalará cada paradoja que existe también en la realidad, aumentándola, desdibujándola o deconstruyéndola. Usted, lector, pensará que va a una dirección, pero puede estar equivocado. Ahí radicará el placer de su lectura.

¿Es Mincho un “hampón” con una historia trágica? ¿Un prófugo creyente? ¿Un amigo de infancia del padre de Pablo? La narración va dejando pistas, a la vez que reflexiona sobre la construcción de un personaje y los límites entre realidad y ficción. Constantemente le recuerda al lector que existen dos (o quizás más) registros, pero subraya, simultáneamente, ese momento en que realidad y ficción se van acercando. Lo anterior es no una innovación, pero sí una particularidad de esta novela. La estrategia de la “historiografía metaficcional” es una jugada popular en la escritura postmoderna y ha sido aprovechada por muchos autores quienes la han venido ensayando desde años atrás (como Salman Rushdie o Julian Barnes). Este libro resulta propicio para subrayar los interrogantes alrededor de las narraciones dentro de las narraciones, cual matrioskas, que se van fundiendo entre ellas.

Regla número 3: La literatura postmoderna tendrá un ánimo abiertamente metanarrativo. Es decir, planteará una discusión sobre la literatura misma, sobre las historias en las historias, sí, y también sobre ciertos problemas teóricos que no siempre suelen estar incluidos de forma directa en novelas o cuentos. Lo que hará será usar mecanismos viejos de formas nuevas, o mejor, dejará ver los mecanismos que la constituyen.

Los personajes no necesariamente calcan personas reales, ni la voz narrativa es el escritor, sino que pertenecen ambos al marco de la ficción y se rigen por esas reglas. Esta construcción es, de alguna manera, como una proyección en una pantalla. La figura que está ahí no existe, pero uno imagina que puede tocarla y parece tener un cuerpo y un tiempo equivalentes al de uno como observador. Luego uno se da cuenta de que no son más que fotones viajando, impresiones que atrapa la retina, interpretaciones que hace el cerebro. Ese tal o cual que está en la película no “es” como tampoco el Mincho “de tinta y papel” “es” el retrato exacto del Mincho “de carne y hueso”. Los doce capítulos de esta novela corta presentan distintas perspectivas sobre este personaje, a través de discursos obtenidos de diversas fuentes (conversaciones, cartas, e incluso una revisión de antecedentes legales). De esta manera, atravesando varios discursos, construye una figura polifacética pero oculta aún detrás de un gran interrogante: en últimas ¿quién es este tipo y por qué habría de interesarnos?

Regla número 4: La gran pregunta que se replantea la postmodernidad es una pregunta ontológica, una pregunta sobre “ser” en el mundo. La pregunta no es nueva, la novedad es la manera en que se plantea. Para ello se van a aprovechar todos los recursos, tanto literarios como no literarios, a la hora de presentarla en la ficción. Y, como en un juego de espejos, esa ficción le regresará la pregunta al lector.

Lo que sucede en la literatura con frecuencia es que el lector termina por creer que el mundo en el que se ha metido es tan cierto como el que está afuera de él. Sin embargo, la tarea que emprende constantemente la literatura postmoderna es la de no dejar que el lector se acomode por completo, no dejarlo que crea absolutamente en el mundo en el que se ha sumergido. La envolvente Ibagué de la historia, junto con la incógnita que persigue la voz narrativa, van rodeando al lector a la vez que lo van punzando con más y más interrogantes, incomodándolo para que no termine de saber dónde termina el relato. La novela se fragmenta cada tanto, rompiendo con su continuidad y estableciendo nuevas rutas para volver sobre las mismas preguntas, que en el fondo no son más que caminos alternos que el lector va recorriendo, dudando si habrá una resolución.

Regla número 5: Con frecuencia, en la novela postmoderna no hay cierres absolutos sino finales abiertos.

Pablo

La realidad es discursiva cuando se utiliza como referente del arte.linda hutcheon, the politics of postmodernism: parody and History

Y bien, ahora que hemos salido un poco de esta reflexión podemos resucitar al autor, que en realidad no estaba muerto sino que andaba de parranda, que en realidad sigue siendo invitado a conferencias y firmando libros y continúa apareciendo en escritos como este. El autor de «Mincho» es Pablo Medina Uribe. Pablo nació el 3 de septiembre de 1988. Esto lo traigo a colación porque no es fácil ser un autor joven abriéndose camino en un país que sigue delirando con el premio Nobel que se ganó un señor hace unos cuantos años, y porque quizás con eso logre un poco de empatía para él. Tampoco es que sea imposible escribir ahora. De hecho, Medina ya publicó un libro, que no es una novela: «Historias del fin del mundo» en 2012, de la editorial Intermedio. Aunque se graduó de Literatura en la Universidad de los Andes, Medina considera que su único título real es el de Campeón Copa Mustang 2003-II. También ha publicado en La Silla Vacía como periodista desde 2010 y como blogger desde 2013, así como en Arcadia, Bacánika, la Deutsche Welle (de Alemania) y L'Undici (de Italia). Co-fundador y co-director de Radio Pachone Internacional, un proyecto de radio por internet y plataforma cultural, a Pablo le gusta el fútbol y escribe sobre eso igualmente en La Catedral, un blog del cual es co-creador.

Lo interesante de «Mincho», dentro de esta gran trayectoria, es que es una obra autogestionada. En la actualidad, muchos autores jóvenes optan por combatir las complicaciones del mundo editorial y la falta de contactos sacando sus obras por su propia cuenta. Desde fanzines fotocopiados hasta obras en internet, los autores jóvenes se preocupan por llegar a un público a través de las herramientas que se encuentran a su alcance. «Mincho» entra en esta segunda categoría, obras publicadas virtualmente. Haciendo uso de todas las plataformas que pudieron ocurrírsele, Medina sacó a la venta el libro en el que llevaba un par de años trabajando. Después de publicar un libro en físico quizás eso no parezca tan interesante, y sin embargo lo es por varias razones. La primera es que no depende de criterios externos, como qué tan rentable puede ser el libro, y por ello permite el lujo de dejar escribir sobre lo que se prefiera. Claro, la contraparte de eso es que no puede tener certeza de las ganancias. En el mundo de la autogestión hay un espacio para aquellos que quieren vivir de su arte pero todavía no han podido hacerlo. No obstante, eso no quiere decir que vaya a ser una plataforma de fama instantánea. Dejaremos esa discusión para otro momento. La segunda razón es que un libro virtual permite explorar posibilidades para las que no habría cabida en un libro tradicional. También esto ocurre en otros formatos de publicación física que se distancian de las estrategias clásicas de impresión y producción. Finalmente, porque aumenta la posibilidad de ser leído y el público al que puede llegarle la obra.

Regla número 6: En la postmodernidad todo aquel que esté interesado en ser artista utilizará cada plataforma que esté a su alcance para saltar de ella; la diseccionará, la saboteará, la reconstruirá o la utilizará con desconfianza, pero en todo caso se aprovechará de ella.

Espero que este breve manual-reseña haya sido de utilidad. Y si no, que al menos haya sido entretenido. Y si perdió su tiempo, fresco, eso también es la postmodernidad. Y manténgase conectado para más reglas sobre la vida contemporánea y la novela del hoy por hoy. Que Dios los bendiga y que Dios me bendiga, y a Nora, y a los niños.

¡Ah, sí, y que lean el libro!

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