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Nota al pie
ESCRITO POR
Eduard Fernando Salazar
A pesar de su amor ilimitado por las trivialidades, no puede negar su pasión por la ñoñería, por todo lo que salga de los libros.

LOS ONCE

Novela gráfica basada en la toma del Palacio de Justicia en 1985 

Laguna libros, la celebrada editorial independiente que el año pasado recibió elogios gracias al éxito del compendio epistolar «Memorias por correspondencia» de Ema Reyes, se estrena en 2014 con este libro en el poco conocido universo del género gráfico en Colombia. Se trata de «Los Once», novela gráfica, o cómic (cosa que vendría a ser lo mismo de acuerdo a los conocedores del tema), que siguiendo la tradición de Laguna apela a la historia y a la memoria para narrar desde la gráfica y con muy pocas entradas de texto uno de los hechos históricos más relevantes del siglo XX en Colombia: la toma del Palacio de Justicia en 1985.

«Los Once», escrito y dibujado por Andrés Cruz y los hermanos Miguel y José Luis Jiménez, fue concebido desde hace tiempos y echa sus raíces como un proyecto de crowdfunding con la plataforma de recaudo para iniciativas independientes La Chèvre, con una campaña al parecer no muy exitosa. A su vez, con el trabajo conjunto de Sharpball y Appsolution, los Once se creó como una aplicación que fue escogida dentro del programa «Tablets para educar» del Ministerio de las TIC. También se presentó a una beca de IDARTES, que no ganó. A pesar de esto el proyecto, que nace como una iniciativa independiente, ha llegado a feliz término con un resultado satisfactorio para sus creadores, acogidos por una editorial independiente del peso de Laguna.

Era miércoles

Era miércoles, 6 de noviembre de 1985, cuando los medios de comunicación y el caos que se empezaba a formar en el centro de Bogotá anunciaban la toma del Palacio de Justicia. En la novela, una abuela ratona y su nieta aguardan el regreso a casa del padre de la pequeña, atrapado en el fuego cruzado que se inicia en el sótano del Palacio. “Vinimos a poner una denuncia armada contra el Presidente Betancur”, dice una de las viñetas de la novela dibujada en blanco y negro, que presenta de manera nublada los ‘dos bandos’ del hecho histórico: las Fuerzas Militares y el M-19.  El grupo de ratones que estaban en la cafetería se encuentra en una encrucijada, en la que palomas, perros y figuras de formas cambiantes que representan el peligro (venga de donde venga), conforman el escenario del que para ellos será un laberinto sin salida, casi atrapados en un limbo.

Al igual que la historia política que enmarca aquel hecho, en el relato y en la gráfica reina una suerte de confusión e incertidumbre, en la que ni los ratoncitos ni los lectores saben a ciencia cierta lo que está pasando. Voces lejanas de los medios de comunicación o de los radiocomunicadores sueltan pistas desconectadas de los mensajes y acontecimientos que las fuerzas antagónicas protagonizan. La historia no se teje entre buenos y malos, y se abstiene de tomar partido bajo la premisa de dejarle esa tarea al lector. Dentro del universo narrativo, jamás sabemos el porqué del título de la novela sin la referencia a los once desaparecidos, o acaso que el escenario principal es Bogotá. Suponemos que esas son algunas de las tareas de indagación. Si la novela logra su fin último -que es el de despertar la curiosidad y los interrogantes sobre la historia-, el lector querrá buscar otras fuentes y formarse su propia versión de los hechos.

De su parte, la gráfica y el recurso narrativo de recurrir a personajes animales humanizados, específicamente ratones, es un claro guiño al trabajo de Art Spiegelman y su celebrado cómic «Maus», que a través de ratones, perros, gatos, peces y cerdos en blanco y negro, narra la historia de un superviviente de Auschwitz, el señor Vladek Spiegelman, hijo del escritor. En el estilo gráfico también son evidentes las referencias a «Sin City», la historieta de Frank Miller. El todo resulta casi como una mezcla de Spiegelman y Miller con menos texto, apuesta que en el contexto colombiano del cómic podría resultar interesante.

Maus de Spiegelman

Sin City de Miller

La historia no cuaja del todo, y aunque interesante y entendible, el partido deliberado de los autores de no profundizar en la historia en pos de la autoconciencia, resulta el lado más débil de una narración que, contada como está, es la versión de la inmensa mayoría de los colombianos: el M-19 se tomó el Palacio de Justicia y “algo pasó”. Como texto escolar que necesite más referencias y apoyo para indagar a profundidad (quizás por eso «Los Once» es concebida como un transmedia), la novela funciona muy bien entre un público adolescente-joven, carente de nociones de historia. También el tema llamará a muchos, como yo, no familiarizados con la novela gráfica o el cómic gracias a todos los prejuicios de infantilismo que lo rodean, y que encontrarán en «Los Once» un deleite visual que nos pone en diálogo con este tipo de narrativa y con la historia del país.

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