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CONOCER -OTRAS- CIUDADES. GUY DEBORD

 

“Pensamos en que hay que cambiar el mundo”. Guy Debord, Informe sobre la construcción de situaciones

  Siempre quise coquetear con los situacionistas. “Imaginé”, por mucho tiempo, cómo serían las tentaciones nomádicas. Guiñarle el ojo a lo complejo, a lo caótico. Precisamente, este montaje pertenece al orden metodológico, pero no en su acepción utilitarista que convoca “reglas a seguir” o “manuales” para alcanzar un fin. Más bien, se presenta como una poiética del camino y del desplazamiento. Es ahí, en el deslizamiento, donde está la potencia decía Baruch Spinoza. De orden metodológico, en tanto, maneras analíticas radicales y creativas. Las raíces griegas señalan “método” como movimiento, diligencia “activa”. Incita a la conmoción -corporal, mental, espiritual, escritural, entre otros- sin prefijaciones. Las fracciones incrustadas conforman un recurso heurístico y no una “Gran Ley”. Una pedagogía radical de procesos y no de productos.   La ciudad se presenta, quizá hoy más que nunca, como un gran laberinto. Espacio de caminos enroscados, esquinas tramposas, bifurcaciones rotas, puertas falsas, calles sin salidas y todo tipo de matráfulas sedimentadas históricamente. Zigzags advertidos por Michel Maffesoli. Para los situacionistas, justificadamente, la caminante reflexiva y el caminante reflexivo eran convocados a “extraviarse” mientras encontraban la “salida”. Conocer otras ciudades o ciudades-otras. Entregarse a la “situación” -similar al trabajo de Henri Lefebvre-, instante irrepetible, fugaz, huidizo, sometido a constantes conversiones, intensificaciones y aceleraciones vitales.   El objeto de tales irrupciones fue descubrir “plataformas giratorias”, basándose en técnicas que consistieron en dejarse “llevar” y, al mismo tiempo, dejarse “retener” por los requerimientos y sorpresas de los espacios urbanos. Era un medio de conocimiento y un medio de actuación. Su principal expositor, el filósofo Guy Debord, pretendió la creación de microambientes temporales y de juegos de acontecimientos. La deriva (dérive en francés), que era su operación favorita, tenía un doble sentido: desorientación y desviación. La desorientación no significó “no saber que hacer”, en una connotación negativa, sino que implicaba perderse activamente, encontrar caminos distintos, o sea, “desviarse”. El arte de saber “perderse” para conocer la ciudad y encontrarse consigo mismo. La deriva se configura en la dinámica de circunstancias imprevisibles y sometidas a oscilaciones. Una metodología de encuentro y promoción de escenarios en la “profundidad” de la piel urbana, parafrasenado a Paul Valéry, y atendiendo a las solicitudes del “azar”.    

FRAGMENTO A

Teoría de la deriva.

Una o varias personas que se abandonan a la deriva renuncian durante un tiempo más o menos largo a los motivos para desplazarse o actuar normales en las relaciones, trabajos y entretenimientos que les son propios, para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno y los encuentros que a él corresponden.

Se puede derivar sólo, pero todo indica que el reparto numérico más fructífero consiste en varios grupos pequeños de dos o tres personas que han llegado a un mismo estado de conciencia; el análisis conjunto de las impresiones de estos grupos distintos permitiría llegar a unas conclusiones objetivas. Es preferible que la composición de los grupos cambie de una deriva a otra. Con más de cuatro o cinco participantes el carácter propio de la deriva decrece rápidamente, y en todo caso es imposible superar la decena sin que la deriva se fragmente en varias derivas simultáneas. Digamos de paso que la práctica de esta última modalidad es de gran interés, pero las dificultades que entraña no han permitido organizarla con la amplitud deseable hasta el momento.

Esta duración media de la deriva sólo tiene un valor estadístico, sobre todo porque raramente se presenta en toda su pureza, al no poder evitar los interesados, al principio o al final de jornada, distraer una o dos horas para dedicarlas a ocupaciones banales; al final del día la fatiga contribuye mucho a este abandono. Además la deriva se desarrolla a menudo en ciertas horas fijadas deliberadamente, o incluso fortuitamente durante breves instantes o por el contrario durante varios días sin interrupción. A pesar de las paradas impuestas por la necesidad de dormir, algunas derivas bastante intensas se han prolongado tres o cuatro días, e incluso más. Es cierto que, en el caso de una sucesión de derivas durante un período suficientemente largo, es casi imposible determinar con precisión el momento en que el estado mental propio de una deriva determinada deja lugar a otra. Se ha proseguido una sucesión de derivas sin interrupción destacable durante cerca de dos meses, lo que supone arrastrar nuevas condiciones objetivas de comportamiento que entrañan la desaparición de muchas de las antiguas.

El campo espacial de la deriva será más o menos vago o preciso según busque el estudio de un terreno o resultados emocionales desconcertantes. No hay que descuidar que estos dos aspectos de la deriva presentan múltiples interferencias, y que es imposible aislar uno de ellos en estado puro. Finalmente el uso de taxis, por ejemplo, puede aportar una piedra de toque bastante precisa; si en el curso de una deriva cogemos un taxi, sea con un destino preciso o para desplazarnos veinte minutos hacia el oeste, es que optamos sobre todo por la desorientación personal. Si nos dedicamos a la exploración directa del terreno es que preferimos la búsqueda de un urbanismo psicogeográfico.

Se puede componer, con ayuda de mapas viejos, de fotografías aéreas y de derivas experimentales, una cartografía influencial que faltaba hasta el momento, y cuya incertidumbre actual, inevitable antes de que se haya cumplido un inmenso trabajo, no es mayor que la de los primeros portulanos, con la diferencia de que no se trata de delimitar precisamente continentes duraderos, sino de transformar la arquitectura y el urbanismo

Guy Debord.

 

FRAGMENTO B

Problemas preliminares a la construcción de una situación.

La concepción que tenemos de "situación construida" no se limita al empleo unitario de los medios artísticos que concurren en un ambiente, por grandes que puedan ser la amplitud espacio-temporal y la fuerza de dicho ambiente. La situación es al mismo tiempo una unidad de comportamiento en el tiempo. Está formada por los gestos comprendidos en el escenario de un momento. Estos gestos son el producto del escenario y de sí mismos. Producen otros escenarios y otros gestos. ¿Cómo orientar estas fuerzas? No nos contentaremos con los entornos experimentales producidos mecánicamente si esperamos sorpresas de estos entornos. La dirección realmente experimental de la actividad situacionista es el establecimiento, a partir de deseos más o menos conocidos, de un campo de actividad temporal favorable a esos deseos. Ello sólo puede traer consigo el esclarecimiento de los deseos primitivos y la aparición confusa de otros nuevos cuya raíz material será precisamente la nueva realidad constituida por las construcciones situacionistas.

La situación construida es forzosamente colectiva en su preparación y desarrollo. Sin embargo parece necesario, al menos en las experiencias primitivas, que un individuo ejerza cierta preeminencia sobre una situación dada actuando como director de escena. A partir de un proyecto de situación -estudiado por un equipo de investigadores- que combinaría, por ejemplo, una reunión emocionante de algunas personas durante una velada, habría que distinguir sin duda un director -o escenógrafo encargado de coordinar los elementos previos de la construcción del decorado y de planear algunas intervenciones sobre los acontecimientos (este proceso podría ser compartido por varios responsables que ignorasen mutuamente sus planes de intervención)-, unos agentes directos que viven la situación -que hayan participado en la creación del proyecto colectivo y que hayan trabajado en la composición práctica del ambiente-, y algunos espectadores pasivos -ajenos al trabajo de construcción- a los que convendrá reducir a la acción.

El funcionalismo, que es una expresión necesaria del avance técnico, intenta eliminar en nuestra época totalmente el juego, y los partidarios del "industrial design" lamentan la perversión de su actividad por la inclinación del hombre al juego. Esta inclinación, explotada rastreramente por el comercio industrial, pone inmediatamente en cuestión resultados útiles exigiendo nuevas presentaciones. Creemos que no hay que alentar la constante renovación artística de la forma de los frigoríficos, pero el funcionalismo moralizador no puede hacer nada al respecto. La única salida progresiva es liberar en otra parte, y de modo más amplio, la tendencia al juego. Las ingenuas indignaciones de la teoría pura del "industrial design" no han impedido, por ejemplo, que el automóvil individual sea principalmente un juego imbécil, y sólo accesoriamente un medio de transporte. Contra todas las formas regresivas de juego que suponen su retorno a estadios infantiles -ligados siempre a políticas reaccionarias- hay que apoyar las formas experimentales de un juego revolucionario.

Internacional Situacionista. 

 

FRAGMENTO C

Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional

Una acción revolucionaria en la cultura no habría de tener como objetivo traducir o explicar la vida, sino prolongarla. Tenemos que hacer retraerse la adversidad. La revolución no se encuentra exclusivamente en la cuestión de saber a qué nivel de producción llega la industria pesada, y quién será el líder. Con la explotación del hombre deben morir las pasiones, las compensaciones y los hábitos que eran sus productos. Hay que definir nuevos deseos en relación con las posibilidades de hoy. En lo más fuerte de la lucha entre la sociedad actual y las fuerzas que quieren destruirla, es hora de encontrar los primeros elementos de una construcción superior del medio, y las nuevas condiciones de comportamiento. A título de experiencia, como de propaganda. El resto pertenece y sirve al pasado.

Tenemos que emprender un trabajo colectivo organizado, tendiente a un uso unitario de todos los medios de agitación de la vida cotidiana. Es decir, que tenemos que reconocer la interdependencia de estos medios, en la perspectiva de una mayor dominación de la naturaleza, de una mayor libertad. Tenemos que construir nuevos ambientes que sean a la vez el producto y el instrumento de nuevos comportamientos. Para hacer esto tendremos que emplear empíricamente, al principio, los actos cotidianos y las formas culturales que existen en la actualidad, contestándole todo valor propio. El propio criterio de novedad, de investigación formal, ha perdido su sentido en el marco tradicional del arte, es decir, de un medio fragmentario insuficiente cuyas renovaciones parciales nacen ya caducas -luego son imposibles.

No debemos rechazar la cultura moderna sino apropiárnosla para negarla. No puede haber un intelectual revolucionario si no reconoce la revolución cultural ante la que nos hallamos. Un intelectual creador no puede ser revolucionario sosteniendo simplemente la política de un partido; tendrá que serlo mediante procedimientos originales, pero trabajando junto a los partidos por el cambio de todas las superestructuras culturales. Del mismo modo lo que determina en última instancia la cualidad de intelectual burgués no es el origen social ni el conocimiento de una cultura -punto de partida común de la crítica y de la creación-, sino una función en la producción de las formas históricamente burguesas de la cultura. Cuando la crítica literaria burguesa felicite a los autores de opiniones políticas revolucionarias, éstos tendrán que preguntarse qué errores han cometido

Guy Debord.

    Andar, deambular y vagar. Cruzar un terreno, abrir un sendero, reconocerlo como lugar. Comprender valores, reinventar geografías, recorrer un mapa sin tenerlo en la mano o en la mente. Captar ecos, guiarse por los miasmas. En un mar, encontrar un archipiélago que alberge una aventura. Medir una descarga eléctrica. Construir relaciones de relaciones, saltar un muro y rayarlo. Dejarse llevar por un instinto básico, abandonar un andén, dejar huellas. Todo un modelo lúdico de reapropiación del territorito que incorpora y revaloriza la experiencia. Un juego, un placer, y también, una herramienta para la diagnosis del contexto urbano.   La ciudad, el tema que ha convocado este blog, ya no es sólo un cuadro de fondo para el movimiento. Es la agitación misma. El “afuera”, el exterior incontrolable del Paseo Repentino de Kafka. La calle es, para los situacionistas, la circulación de todo tipo de corrientes, encuentros, sacudidas, atracciones necesarias, torbellinos, revelaciones, fulgores, sobresaltos, experiencias, posesiones. Un rizoma deleuzeguatarriano. Una heteromorfa red de nudos, de flujos y de engranajes. Así, el situacionismo cultivó formas de conducta espaciales, grupales y experimentales.   Legan igualmente, un análisis crítico del urbanismo funcionalista basado en la certeza, al que cuestionaron como herramienta de la sociedad de “clases” y de la explotación capitalista. Pretendieron cambiar este “aburrido” urbanismo disciplinante  y carcelario, al estilo foucaultiano, por un nuevo urbanismo unitario, lúdico y participativo. Era un proyecto social, y al tiempo, de experimentación. Hacerse y deshacerse sin dificultad dentro de vínculos sociales imprevistos. Una nueva planeación que especulaba la des-planificación y el triunfo de una anarquía que, de por sí, ya reinaba en las calles. El anti-proyecto New Babylon de Constant Nieuwenhuys es ejemplar. El urbanismo situacionista pensaba en un habitar des-territorial, en la apropiación y no en la propietarización. Una propuesta política, en tanto, propuesta pasional y transformadora.    

 [VIAJE DE RETORNO]

 
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Blog fragmentario e inconcluso, obra en constante cimentación. Espacio de montaje y lectura sobre la contemporaneidad urbana, los pequeños ardides que agitan la vida y los registros escriturales que narran el mundo metropolitano. Atravesado por la incompletitud. Evita lo definitivo, lo definido. Borrador digital, versión preliminar, acertijo sin resolver.
Luis Durán Antropólogo Antropólogo urbano costarricense, imbuido y atormentado por el torbellino bogotano. Cree ciegamente que las ciudades, como los sueños, están hechas de deseos y miedos.
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