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La vida era la pantalla

BLANCANIEVES DE PABLO BERGER

En el marco de la Muestra de Cine Español en Bogotá se estrena Blancanieves, la ingeniosa relectura del director Pablo Berger del clásico infantil.  

Blancanieves (2012) es, ante todo, una lectura arriesgada de un clásico. Es, además, una lectura arriesgada del cine mismo: una película silente, en blanco y negro, basada en una historia sencilla contada por personajes tradicionales (la malvada madrastra, la inocente jovencita, la abuela abnegada, el padre nostálgico) que, no obstante, se enfrenta cara a cara al peso de los clásicos: ¿cómo hacer de esta una historia que no sea repetitiva, que no redunde en lo obvio o simplemente reemplace la manzana por una naranja?   La historia de Blancanieves ya la conocemos todos. En lo que da un paso adelante Berger es, justamente, en la forma en la que nos cuenta el cuento. Y esa fue la primera razón que me motivó a ver la película: curiosidad pura. ¿Cómo reinterpreta el director vasco la historia contada por los hermanos Grimm? ¿Habrá siete enanos? ¿Alguien personificará al aburrido príncipe (azul) que se enamora de Blancanieves?    

BLANCANIEVES CINE PABLO BERGER ESPAÑA

La segunda razón fue la nómina actoral. Si en algo no podía fallar Berger en la realización de su película muda era en la selección de actores. Y parece que su elección no pudo ser mejor. En Blancanieves asistimos al encuentro de tres generaciones de actores españoles: por una parte, la que representan la siempre talentosa Ángela Molina (la abuela), Daniel Giménez (el padre) y Ramón Barea (el mejor amigo del padre), figuras centrales en la configuración de la escena cinematográfica española contemporánea, quienes en papeles secundarios dan forma al trabajo de otra generación, conformada por Maribel Verdú (la madrastra) e Inma Cuesta (la madre), interlocutoras privilegiadas del trabajo de Sofía Oria (Carmencita) y Macarena García (Carmen/Blancanieves), jóvenes y talentosas actrices a quienes seguramente encontraremos en las pantallas de cine en los próximos años.  

Ambientando el ejercicio actoral, la música es uno de los mayores aciertos de la versión de Berger. La voz de Silvia Pérez Cruz, acompasada con las guitarras flamencas, así como el trabajo de musicalización a cargo de Alfonso Vilallonga son definitivamente una pieza central en la película.  

Como queriendo reforzar los estereotipos que todavía algunos tenemos de España, la historia se desarrolla en la ciudad taurina de Sevilla durante los años veinte. Blancanieves es hija de un torero (Giménez) y una cantaora de flamenco (Cuesta), nieta de una bailarina excepcional (Molina) y, por si fuera poco, llega a ser una torera reconocida en todo el país, viajando en compañía de una banda de enanos toreros que se ganan la vida haciendo reír al público con sus actos arriesgados. Sin duda, una imagen compleja de la inocente jovencita que habla con ciervos y viste un listón rojo en la cabeza que todos recordamos.  

Vea a la Blancanieves de la versión de Disney:

Blancanieves es Carmencita, quien ante la muerte de su abuela debe vivir en el casón comandado por Encarna (Verdú), la mujer que se apoderó de la fortuna -y de la vida- de su padre cuando su esposa murió al dar a luz. Allí, la niña consigue reencontrarse con su padre paralítico quien, agobiado por la nostalgia, le imparte lecciones de toreo; pero amenazada la madrastra por la presencia de la niña ordena a su secuaz deshacerse de ella. Entonces Carmencita será rescatada por un grupo de enanos toreros con los cuales iniciará una exitosa gira por España mostrando su espectáculo, al que rebautizaron "Blancanieves y los 7 enanitos toreros".  

Y es allí donde radica la parte más ingeniosa de la película: los personajes de Berger, que bien podrían ser los personajes que imaginaron los hermanos Grimm, se apropian de la historia y le sacan provecho al clásico mientras lo escriben otra vez. Los enanos saben que el cuento ya fue escrito, pero también son conscientes de que ellos, por fortuna o por desgracia, se le parecen mucho a aquellos que describieron los hermanos Jacob y Wilhelm. Tal y como en la película se pregunta uno de los personajes: ¿milagro o maldición?  

La película de Berger, a la vez que relata los días difíciles de una niña huérfana atravesada por los recuerdos y la nostalgia de una vida que no fue, escenifica bastante bien, ridiculizándolo, el poder de “la malvada” de la historia. Como se muestra una y otra vez, Encarna es una mujer susceptible, asustadiza y, finalmente, vulnerable.

De ese modo, la Blancanieves de Berger es a la vez una historia de drama y una parodia: tanto del poder como del poder de los clásicos infantiles. Constituye, en últimas, una mirada tal vez algo nostálgica al cine: la posibilidad de contar historias sencillas de manera ingeniosa. Consulte la programación de la Muestra de Cine Español (en Bogotá desde el 26 julio hasta el 3 de agosto) aquí     

 

Por Jaime Landinez

 

Creo profundamente en el poder de las palabras. Escribo para dormir bien.

 

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Cuando la función de 'entretenimiento' se desdibuja y el cine conmueve, enseña, motiva y enamora. Reflexiones y delirios alrededor de las imágenes en movimiento y el universo que las contiene.
Mad Muasel Se obsesiona aleatoriamente con autores y géneros, en particular con la Nueva Ola francesa.
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