I.LETRADA.CO | La vida era la pantalla | DE CÓMO ÉL SE ENAMORÓ DE ELLA
La vida era la pantalla
ESCRITO POR
Laura Rubio León
Profesional en estudios literarios con afición al Scrabble e inquietudes sobre el arte.

DE CÓMO ÉL SE ENAMORÓ DE ELLA

UNA BREVE REFLEXIÓN SOBRE «Her»

Antes de empezar, quisiera que usted, amable lector, me prestara su imaginación. Por favor tómela y extiéndala como un apacible manto sobre el lugar que usted prefiera. Luego sitúese allí y lea el segundo párrafo de este texto a modo de guión fantástico. Por supuesto, usted espera la reseña de una película, pero aguarde. Déjese seducir e intente obviar la abstracción para moldear las siguientes palabras como imagen en su cabeza. Así empieza.

Un hombre cuya soledad siente insondable, decide un buen día llenar un vaso de agua y sumergirse en él.  La pesadez del cuerpo allí dentro, el agua entrando por sus oídos y por sus fosas nasales. Aunque su vacío no ha sido llenado, se siente un poco más tranquilo puesto que puede sentir su volumen, su pesadez. Es aire delineado por agua. Muchas veces, este hombre olvida sus vacíos y se mueve porque olvida. Pero a veces, cuando está solo y le da por escucharse, se pone detrás de su estereoscopio y se observa como cualquier acucioso doctor. Entonces todo se pone rígido, observar el vacío no le permite moverse. El sosegado silencio se vuelve un irritante ruido ensordecedor, casi infinito. Antes de que el cuerpo del hombre, esa oquedad delineada, se derrumbe y se quiebre como un vidrio, logra modular un sonido. Algo cambia, su cuerpo ahora es concavidad delineada por la palabra. Ya no se siente tan solo, así que pronuncia sonidos una y otra vez, emite palabras. Recuerda en ese momento que la palabra ha sido siempre el modo en que ha atisbado su vacío sin miedo, como si lo planeara desde un paracaídas. Dice ‘árbol’ y empieza a soñar, su materia se convierte en algo moldeable, ya no innombrable.

Voz. Palabra. Narración. Parecen ser lo mismo, sin embargo cada una conforma su propia estructura y presencia. Quizás la narración sea el nivel más sofisticado, si pensamos desde una anacrónica perspectiva lineal. La voz y la palabra tienen presencia en ella y la acompañan. El hombre del vaso de agua ha salido de él y la bebe. Lentamente. Sabe que no tiene sed, pero lo hace por el gusto de reconocer que sus palabras, aunque no llenan su vacío, le permiten sentirse acompañado. Es sus palabras, vive en sus palabras. «Her», la última película de Spike Jonze, describe con profundidad la íntima relación del hombre con estas tres unidades –voz, palabra y narración– en un contexto no muy lejano del nuestro. Jonze no solo realiza una reflexión crítica respecto al modo en que la tecnología está transformando nuestras vidas; va más allá. Theodore, el protagonista de la película, no es un fenómeno que se enamora de un sistema operativo con una sexy voz, es un miembro más del amplio grupo de personas que han encontrado en la tecnología un alivio para su soledad.

Él y ella conversan durante toda la película. No es necesario un cuerpo cuando existe una narración que es capaz de ponerse en sintonía con otra voz que está a punto de hundirse, de desaparecer para siempre. Luego de su ruptura amorosa, Theodore había continuado hablando, pero sus palabras no poseían la llama que inflama a los hombres, tal como lo describió Benjamin en su clásico ensayo sobre la narración[1]. Él se ha dedicado a escribir, con su voz, cartas de otros para otros. Aunque son bellas, las palabras se expanden y prolongan como una retahíla sin sentido. Son solo cartas de otros, dice él en algún momento. Pero entonces la conoce a ella, un nuevo sistema operativo que según la publicidad daría respuesta a las preguntas fundamentales de las personas. Esto resulta muy atractivo para Theodore, quien compra el sistema. Para instalarlo, él debe responder algunas preguntas para configurar el programa. Enseguida, aparece ella, quien existe aunque no posee un cuerpo, porque posee una voz capaz de elegirse un nombre. Él y ella construyen su relación con sus voces. Los sentimientos de los dos devienen palabra y, entonces, narración. Así, aunque él posee un cuerpo, al igual que ella está rodeado de vacío. Entonces se acompañan y tienen amor.

Quién eres?, ¿qué quieres?, ¿a dónde vas? La publicidad con la que se anuncia el sistema operativo de Her, son preguntas que a menudo resuenan en nuestras cabezas cuando hay un minuto de silencio y tomamos el estereoscopio para auscultarnos. Ella llega para auxiliarlo en su narración. El amor no es más que una narración compartida, donde las dos voces involucradas están de acuerdo en la forma en que esta debe proceder. «Her» es una película de amor en donde se evidencia la narratividad de la vida, su condición de palabra. Así, aunque la filosofía ha virado y valora el cuerpo como el lugar del ser y la presencia, la palabra aún no ha abandonado esa materialidad, la acompaña y posibilita su movimiento.

La sociedad que describe Jonze en su película es como una ciudad de corazones rotos: la chica de la frustrada cita concertada por los amigos de Theodore, la amiga que se separa, y la sustituta del cuerpo de Her. Todos ellos en medio de la soledad pronunciando palabras frente a una máquina, para no estar tan solos. Esta película ofrece una profunda reflexión sobre la narración y la necesidad humana de ella, en medio de una sociedad plagada no solo por la polución[2], sino también por la tecnología. Sin embargo, al final todo está por decirse. Utópicamente todas las voces tecnológicas que acompañan a estos hombres envueltos en soledad desaparecen: Theodore y su amiga observan el vacío.

Ver la película en línea


[1] «El narrador» de Walter Benjamin es un ensayo de 1936 en el que el filósofo alemán realiza una muy cuidadosa reflexión sobre la narración y los cambios a los que ha estado sujeta como consecuencia de la vida del hombre moderno de la primera mitad del siglo XX.

[2] Cuando Jonze muestra planos abiertos de la ciudad de su historia, muestra un espacio en el que la tecnología y la polución hacen parte del paisaje, lo cual se contrapone a las apocalípticas representaciones cinematográficas de las ciudades del futuro. Con esto, el director sugiere una reflexión mucho más profunda respecto a la relación del hombre con la tecnología, pues evidencia que el peligro no es caer bajo el dominio de un sistema operativo sino creer que este puede ser un sustituto de las relaciones humanas.

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La vida era la pantalla
Cuando la función de 'entretenimiento' se desdibuja y el cine conmueve, enseña, motiva y enamora. Reflexiones y delirios alrededor de las imágenes en movimiento y el universo que las contiene.
Mad Muasel Se obsesiona aleatoriamente con autores y géneros, en particular con la Nueva Ola francesa.
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