I.LETRADA.CO | La vida era la pantalla | FICCI 54: CIUDAD DELIRIO
La vida era la pantalla
ESCRITO POR
Ana María Trujillo
Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.

FICCI 54: CIUDAD DELIRIO

Lo último que pensaba hacer en Cartagena era asistir a la inauguración del Festival. Me la imaginaba como todo lo que aborrezco: actos protocolarios soporíferos, multitudes, eternidades. Para completar, la selección de Ciudad Delirio como película inaugural terminaba de hacérmelo más fácil. Paso total –pensé-, mejores cosas puedo hacer en Cartagena. Pero lo pensé dos veces. Después de todo, vine al FICCI. Con poco entusiasmo y afilando el ojo crítico me sumé a la multitud afortunada que se reunía en una sala al aire libre adecuada en la Plaza de la Aduana.

De la ceremonia no hay nada más que agregar: actos protocolarios soporíferos, multitudes, eternidades... le sumaría celebridades en vestiditos brillantes. Para qué mencionar el interminable relevo de discursos, agradecimientos, listado de colaboradores, la infaltable prosa burocrática del presidente –que afortunadamente, y por primera vez, no estaba-; de ello sencillamente se deduce que sí, el Festival de Cartagena es enorme y eso lo sabe tanto el Estado como la empresa privada. De destacar será siempre que sea totalmente gratuito y esa intención de extenderlo y hacerlo llegar a los barrios más alejados del circuito comercial y cinéfilo. Por ahí bien.

Al final se trepó en la tarima Chus Gutiérrez, la directora de la coproducción colombo-española Ciudad Delirio. Habló sobre las intenciones de la película y lo contenta que estaba cuando le propusieron el proyecto. Resumo: la película busca reflejar la cara bonita de Colombia, hace una omisión deliberada del conflicto y la violencia. Para el equipo de españoles, el baile es el gran patrimonio artístico del país. Seguramente Delirio, el espectáculo caleño, reune todas las cualidades para reflejar ese espíritu exhuberante, alegre y sobreactuado que quería componer esa 'otra cara' del país. Por eso es apenas entendible que se volviera el gran soporte del argumento.

Cómo negar que llegué a ver la película con ideas preconcebidas: anticipaba que mostraba a Cali en un pastiche insoportable de sus lugares comunes, y no me equivocaba. La verdad es que lo imaginaba un poco más elaborado, pero se contenta con reducir Cali a su salsa y sus mujeres, dejando muy de lado otras posibilidades de la ciudad misma. Claro, todo está muy concentrado en la guapa de Carolina Ramírez, que hace el mismo papel que podría hacer en cualquier telenovela: además de ser divina, es madre abnegada, hija cariñosa, tiene un sueño que parece imposible, es responsable y trabajadora pero no rechaza ni un aguardiente y es la diosa de la salsa. El segundo personaje femenino, más estratégico que relevante, es Paloma, quien sirve de puente al encuentro entre los dos protagonistas: una médica española radicada en Cali y, en consecuencia, caleñizada: ama la salsa y el aguardiente, adoptó el desparpajo y la sempiterna alegría, no entiende por qué su amigo, recién llegado de Madrid, puede estar en crisis o depresión. Esos especímenes extranjeros enamorados de Cali sí que abundan. Conozco más de un par. Y para seguir desarrollando el mismo cliché, el (no tan) galán español: a Cali llega por un congreso de medicina y la primera noche se le vuelve la primera rasca, donde queda absolutamente absorto en esa espiral de güaro y pasito cañandonga. Incluso tiene la suerte de amanecer en el legendario motel Kiss Me.

El cuentito de la superhembra colombiana luchando contra la adversidad en pos de un sueño, y el incauto extranjero que llega a ser sacudido (literal y figurado) por la exhuberancia, berraquera y pasión colombiana… ¿en serio? ¿Todavía? ¿A alguien le sigue gustando eso? Sí, supongo que a muchos. Entiendo ahora que la selección de película inaugural debe ser todo menos pretenciosa. Así como inexplicablemente gusta tanto la cerveza en tierra caliente: ligera. Pero esta película puede ser la reina de los lugares comunes, no solo en la historia, sino incluso en algunas secuencias y algunos planos tan de manual de cine.

En el festival pasado la inauguración corrió por cuenta de Roa, película que tampoco quise ver. Luego leí algo sorprendida la crónica que hizo un amigo cinéfilo, donde se alegraba de que por lo menos se pudiera ver una película colombiana de gran factura y donde hay un cambio de punto de vista y muy buen casting (lea la crónica acá). Si bien concuerdo con mi amigo Franky en que el argumento “lo hicimos con las uñas” no es suficiente para dar valor a una película, tener una producción "impecable” tampoco lo es. ¿De qué sirve la técnica cuando el fondo es un folclorismo barato, que no logra profundizar en nada, que cuenta la misma maldita historia de siempre?

Mi comentario final, gran resumen de lo que pienso de esta película es: les habría salido más barato y más bonito hacer un documental sobre Delirio, ahorrándose el esfuerzo de más de incrustarle a la trama una historia de amor inverosímil y gastada. Digo. Por lo demás, si se vio el trailer, puede sentir que ya se vio la película. Eso es lo que hay.

Afortunadamente la entrada es lo único que desentona en un festival cargado de platos fuertes. Es agridulce como Cartagena, que uno sabe hermosa a costa de sus inequidades, agresiva en sus playas donde tener cara de extranjero equivale a ser millonario –o en todo caso objeto de engaño-, costosa y farandulera. El placer de ver cine al aire libre, de reencontrarse con las afortunadas almas cinéfilas que se dan cita en el Caribe, compartir cervezas e intentar –quizás en vano- sacarle máximo provecho a una programación titánica y simultánea... esas son las ventajas, y por eso no me desanimo. Para mí el festival empieza hoy, y ya les estaré contando cómo me va.

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La vida era la pantalla
Cuando la función de 'entretenimiento' se desdibuja y el cine conmueve, enseña, motiva y enamora. Reflexiones y delirios alrededor de las imágenes en movimiento y el universo que las contiene.
Mad Muasel Se obsesiona aleatoriamente con autores y géneros, en particular con la Nueva Ola francesa.
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