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La vida era la pantalla

FELICES 83, JEAN-LUC GODARD

Hoy cumple 83 años el señor Jean-Luc Godard, y como obsesiva oportunista que soy, no quiero desaprovechar la ocasión para hablar de él. Como innumerables son los temas y las posibilidades con semejante figura del cine y su extensísima obra, usaré otra efemérides que se acerca; su película El Desprecio se estrenó hace cincuenta años, en diciembre de 1963.

El Desprecio es el sexto largometraje de Godard y marca un primer rompimiento claro con el cine que venía haciendo hasta el momento; tomando riesgos, saltando de un proyecto a otro, rodando en blanco y negro. En este caso contó con una gran coproducción entre Francia, Estados Unidos e Italia. Por primera vez el presupuesto no sería un problema y Godard podría jugar el juego grandes ligas del cine y dirigir su película con todos los recursos disponibles. La idea: adaptar la novela de Alberto Moravia, El Desprecio. El gancho: la estrella incontestable del momento, Brigitte Bardot. El set: los imponentes paisajes italianos, en Roma y en Capri. La classe.

En esta película coinciden dos grandes obsesiones godardianas: el cine mismo y la relación de pareja. La historia presenta a un escritor que es llamado a modificar el guion de una película dirigida por Fritz Lang (interpretándose a sí mismo), con la  cual el productor no se siente del todo satisfecho. Paul, el escritor, duda, dilata su respuesta. El productor intenta convencerlo. En medio del conflicto se sugieren las tensiones propias del detrás de cámaras, las bambalinas cinematográficas, las relaciones de poder y los conflictos de intereses entre los cimientos y las estructuras del cine. El productor financia y por ello quiere un producto rentable. El director quiere plasmar una visión, un sello personal. La posición de Godard es evidente: no sólo invita a un director que admira enormemente, sino que hace a través de él una suerte de manifiesto: “como todos los grandes artistas que llegan a la vejez, el rasgo característico de Lang, además de la inteligencia, es la bondad, la generosidad. Lo que caracteriza a un buen director –y lo veremos en la película- es la humildad y la gentileza” (De Baecque, p 233).

Paralelamente, la historia se concentra en Paul y su esposa Camille, y en el deterioro progresivo de su relación. La larga escena en el apartamento es una suerte de documental sobre la anatomía del fracaso de la pareja. “Cómo, bruscamente, lo que era amor se transforma en indiferencia, y más aún, en desprecio por el otro. ¿Cuáles son los mecanismos repentinos pero irremediables del desamor?” (De Baecque, p 229).

Consecuente al estilo Nueva Ola, las correspondencias entre la película y la vida misma del realizador son enormes. Godard entra en disputas con los productores, que al ver el resultado final no están satisfechos y demandan más escenas de desnudos o sexo de la Bardot. Tras una larga disputa, que incluye un par de golpes y una demanda, Godard acepta filmar tres escenas más, una de ellas la mítica escena inaugural de la película, en la que vemos a Brigitte Bardot desnuda, boca abajo en la cama, y la cámara la recorre de cerca. Godard hace entonces lo que le piden, pero lo hace a su manera.

En su vida personal también está sucediéndose el desgarramiento, su relación con Anna Karina se derrumba. Tanto así que las discusiones que tenían en privado eran interpretadas, palabra a palabra, en el set al otro día. Incluso, en un gesto bastante diciente, vemos a Brigitte Bardot ponerse una peluca negra...

El Desprecio se estrenó en Paris el 22 de diciembre de 1963 y, a pesar de la inversión de los productores y una intensa campaña de expectativa, no alcanza a ser un "éxito" (aunque sí la película más taquillera del director). Tampoco suscita la emoción de la crítica, que la encuentra banal e intrascendente. Por lo menos la ceguera no era del todo generalizada: entre los admiradores de la película se hicieron notar el mismo Moravia ("Me gustan sobre todo los directores que hacen lo que quieren. La cámara es, en sí misma, naturalista, no puede no serlo. Me gusta que el cine vaya más allá de la cámara y de la novela, que se emancipe. Godard ha inventado, para eso es un maestro") y el influeyente poeta Louis Aragon ("No logro comprender todas las reservas que he leído a propósito de esta película. Queríamos ingenio y hélo aquí, un genio"). Años después, la película es celebrada como una de las mejores, y señalada como la marca del fin de una cierta "infancia cinematográfica" en Godard. 

Jean-Luc, como comencé diciendo, está cumpliendo 83 años y acaba de estrenar la película Adieu au langage. Hoy su genio no es discutido por nadie. Camaleónico, difícil, Godard se me escapa, pero en esa fuga radica mi fascinación. No es un hombre cuya vida y obra resulte tan accesible y abiertamente encantadora como la de Truffaut, cuyo universo parece tener un gran sentido profundo, una continuidad. Godard se ha cuidado muy bien de ser clasificable, incluso querido por el público, y sin embargo se ha forjado como autor de culto. Pero a decir verdad sus películas no son siempre agradables o particularmente atractivas. Hay siempre un elemento de incomodidad, de reto, al sentarse a verlas. Para mí, El Desprecio es una de esas que se dejan ver más fácilmente, por lo impactante de sus imágenes, de sus encuadres, por la provocación, por una cierta frescura. La invitación de hoy es acercarnos a una de sus más de 30 películas para aprender un poquito más del cine, porque ante todo, Godard es un hombre que ama el cine, y sus películas son siempre homenaje a la "verdad 24 veces por segundo".

 

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La vida era la pantalla
Cuando la función de 'entretenimiento' se desdibuja y el cine conmueve, enseña, motiva y enamora. Reflexiones y delirios alrededor de las imágenes en movimiento y el universo que las contiene.
Mad Muasel Se obsesiona aleatoriamente con autores y géneros, en particular con la Nueva Ola francesa.
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