I.LETRADA.CO | El pintor de la vida moderna | LA SALA DE MANUEL
El pintor de la vida moderna

LA SALA DE MANUEL

__

 Por: Edward Salazar

Fotos: Juliana Guerra

  A Manuel Hernández lo conocemos de hace tiempo en i.letrada, cuando Juliana Guerra, su amiga entrañable, lo entrevistó para saber un poco más de este habitante inconforme de Bogotá. Luego lo conocí yo, del lado de Juliana, y acompañamos a Manuel al montaje y a las pruebas de la instalación de la sala de su casa en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Muebles, libros, el ‘tapete de mostrar’, lámparas y una grabación digital de su visita al Louvre, en París,  se trata de un espacio para el encuentro con Manuel y también para encontrarle un lugar al poema que enmarca su instalación. “Mi preocupación número uno es llenar este espacio, Bricolaje”, me dijo Manuel, y en adelante me presentó ante los organizadores de la instalación con ese sobrenombre: Bricolaje…   Y de nuevo esa paradoja, esa preocupación, la de llenar el espacio, toma un lugar preponderante en su Regreso a la ciudad perdida. Este poema nace cuando Manuel fue a presentar una ponencia sobre el campesinado colombiano en un congreso de politología en Suiza con el trabajo “Abuelo, campesino, nieto y desplazado”, y en su estadía en París, donde paseó por Notre Dame, el Sena y el Louvre para ver piezas de arte egipcio. Fueron en esos 15 días parisinos, en abril del 2010, cuando corría la primavera, en los que inició la escritura de su poema y la grabación en vídeo de sus pasos y vistazos por el Louvre con el ‘aparatico de mierda’, ese tan moderno que le regaló su amiga Lucía.   Pero su pregunta también viene de un tiempo antes, cuando su ex mujer lo hizo vivir un Primero de Mayo de esos en los que los desasosegados del mundo se convocan por causas superiores a la desidia que rodea la cotidianidad, como una voz en el mismo tono, para alzar su justa protesta social. Así, entre París, Suiza y su finca en Tinjacá, Manuel terminó su librito rojo. Nunca en Bogotá, asidero vacío para su inspiración; ‘ciudad sucia, triste, fea, estoica, masoquista’.  

  El poema es el síntoma del París que para Manuel sabía a vaciedad, a ciudad de eterna vaguedad, casi como todas las ciudades del mundo estandarizadas por el placer sin fondo que edifica el turismo, en medio de la contradicción que implica aquel espacio donde la creación encuentra frutos y la política legados históricos. A eso también sabe su registro visual colmado de Historia, con mayúscula, en medio de un movimiento de cámara que invita al desorden. Pero más allá de la ciudad, su pregunta era por la imposibilidad de la eternidad humana, por los linderos y las orillas que representan la vida y la muerte, y todo lo que pasa en el transcurso de un lado al otro. La muerte se presenta como una ciudad perdida y el tiempo como el sendero por el cual se accede a aquella ciudad. Vacíos e interrupciones componen sus palabras.    

Regreso a la ciudad perdida

  El encuentro íntimo con la lírica de Manuel Hernández está lleno de silencios y vacíos representados por los enormes espacios que existen entre las palabras y las frases que se suceden en su poema. La tinta corre como explicación de las orillas que son la vida y  la muerte, y las maletas, las mujeres, las estaciones y los horrores que pasan mientras tanto. En medio, silencios y espacios enormes, vacíos entre la existencia de cada palabra. Encontré en una lectura azarosa una respuesta no buscada a ese significado del parcial lleno y vacío en la instalación de su sala en la Gilberto y de las letras en su poema, en un libro de Jean Genet que sin ninguna intuición agarré en la sala de su casa.  Genet escribió:  

A la página que antes fue blanca la recorren ahora de arriba abajo minúsculos signos negros, las letras, las palabras, las comas, las admiraciones y, gracias a ellos, se dice que esta página es legible. Pero esta especie de intranquilidad de la mente, esta arcada tan próxima a la náusea, esta irresolución que me hace vacilar en el momento de escribir… ¿es la realidad esta totalidad  de los signos negros? Lo blanco, aquí, es un artificio que se sustituye a lo traslúcido del pergamino, al ocre arañado de las tablillas de arcilla y este ocre en relieve, igual que lo translúcido y lo blanco, quizás sean más reales que los signos que los desfiguran. Aunque la revolución palestina se escribe en la nada, un artificio en la nada, ¿son acaso más reales que los signos negros no sólo la página en blanco sino también cada minúscula separación de papel blanco que aparece entre dos palabras? Leer entre líneas es un arte en estoa, y entre palabras también, un arte a pique.  (…) Dicho de otro modo: el medio espacio ente las palabras está más colmado de realidad que el tiempo necesario para leerlas.

  Así transcurre la apertura a sus poemas, entre abandonos y adioses, entre el hecho que significa el desplazamiento del cuerpo y de los pensamientos. Pero algo queda: la memoria. Memoria son los poemas que se suceden en las páginas.  

  Manuel Hernández se pregunta por el tiempo porque sabe que, como a todos, el tiempo se nos va quedando. La materia lo atestigua con el peso de las arrugas y las heridas, los achaques de la falta de energía; el pensamiento con la levedad o la fuerza de los recuerdos y las cosas que se suman y que cada vez son más para contar.  

Me estoy quedando ciego lentamente   Agradezco la pincelada impresionista El blanco se impone como una obviedad que me estremece Me estoy quedando ciego lentamente Simplemente envejezco Veo perros en las manchas, encima de los árboles, debajo de los puentes Son sólo manchas Impresiones

 

Invitación

  Mejor no le cuento más, puede ir y leer. Los cajones de la sala de Manuel están llenos de sus cosas. Están sus agendas, que para él son los diarios de sus introspecciones cotidianas, sus libros, sus aparatos y sus muebles para que usted sienta, con el artificio bien logrado, la familiaridad de su vida. Puede pasar hasta el 5 de octubre y conocer las ciudades perdidas de Manuel Hernández.   Hasta el 5 de octubre, de lunes a viernes de 9:00 a.m. a 12 m y de 2:00 p.m. a 6:00 p.m. en la sede del Laboratorio Interactivo de Arte, Ciencia y Tecnología de la FUGA (calle 10 # 4-28). La entrada es libre.      

COMENTARIOS
Cargando comentarios...
El pintor de la vida moderna
Blog sin identidad. Compilado de opiniones, fragmentos y pinceladas de superficies y profundidades (que a veces son lo mismo) para entretener y persuadir la mirada.
Eduard Fernando Salazar Sociólogo A pesar de su amor ilimitado por las trivialidades, no puede negar su pasión por la ñoñería, por todo lo que salga de los libros.
PRóXIMOS EVENTOS
Upss! No hay eventos que mostrar
¿TIENES UN EVENTO?
APOYAN :