I.LETRADA.CO | El Souvenir | DIARIO DE VIAJE. FRAGMENTO
El Souvenir
ESCRITO POR
Juan Pablo Cardona
Músico, historiador, Luna resonante roja y Escorpión.
IMÁGENES POR
Gabriela Del Sol Abello
Soy artista multidisciplinar, investigadora del cuerpo y la imagen.

DIARIO DE VIAJE. FRAGMENTO

15 de enero de 2013.

 

La isla del Sol, Bolivia.

  Este lugar  es como una recompensa. Ayer llegamos cansados, enfermos, sucios y mojados, luego de un viaje de más de 15 horas desde el Cuzco. Primero tomamos un bus que nos llevó hasta Puno (todavía Perú). Allí llegamos a las 5 de la mañana, y tuvimos que esperar una hora en la  terminal, mientras hacía un frío del demonio. Vimos por primera vez el lago Titicaca. A las 6 arrancó un nuevo bus desde Puno hasta la frontera con Bolivia, un punto geográfico maldecido por el hombre, más exactamente por todos los viajeros que por allí tenemos que pasar.

Tuvimos que bajar del bus con nuestros equipajes; llovía cantidades y hacía un inmenso frío. Hicimos una larga fila hasta que sellaban nuestros pasaportes y revisaban nuestros antecedentes penales, una exclusividad para los colombianos que tenemos que verificar que no tenemos deudas con la justicia y que no pertenecemos a ese conglomerado muy representativo de nuestra colombianidad que encierra embaucadores, guerrilleros, narcos, o paracos. Bueno, los dos últimos tal vez no viajen en bus, ellos pueden preferir camionetas blindadas, aviones y helicópteros. Después de sellar el pasaporte caminamos cuesta arriba unos 100 metros hasta atravesar un arco y oficialmente ingresar a Bolivia donde repetimos la fila, mostramos antecedentes judiciales y obtuvimos el permiso de entrada al territorio que más curiosidad me generaba en nuestro viaje por Suramérica. -- -

- - Como en muchos puestos fronterizos, el ambiente es tenso. Quienes cruzamos la frontera estamos cansados, silenciosos e irascibles.  Viajeros de distintas nacionalidades a quienes, supongo que al igual que a mí, poco nos interesa ese asunto de las nacionalidades. Los funcionarios de los puestos fronterizos también parecen tensos y cansados, nos tratan mal, nos interrogan con dejos de desconfianza, sospechar de todo el mundo parece un prerrequisito para ese aburrido trabajo. Hay algunos policías vigilando, otros son funcionarios públicos, todos con muy mal aspecto que no parecen a gusto con su trabajo. Saben muy bien que quienes viajamos de esta manera  no somos criminales. Los que sí lo son viajan con papeles falsos, en carros blindados, en clases ejecutivas de grandes aerolíneas, a veces con permisos de los propios Estados; nunca viajan como nosotros, en bus, mojados y cansados. La vida de estos tristes funcionarios se resume en desconfiar de todos, verificar si sus papeles están en orden, impedir o permitir el paso, y repartir folletos en donde se repite una y otra vez que transportar aves de un lado a otro de la frontera está prohibido, debido a quién sabe qué tipo de gripa aviar.

Cruzando esta línea imaginaria el paisaje sigue siendo el mismo: la gente, el aire, la pobreza. Todo es igual, salvo que en las jefaturas y puestos burocráticos cuelgan banderitas de otro color, y la economía ya no se mueve en soles sino en pesos bolivianos.

De la frontera tomamos un bus a Copacabana, donde esperamos para tomar la lancha hacia La Isla del Sol. Mientras esperábamos estuvimos tomando mate de coca en el bar de un chileno ‘buena onda’ que ponía Pink Floyd y Soda Stereo; el augurio perfecto de un buen viaje y el mejor descanso para unos oídos atiborrados de la cumbia ultrareverberada de la sierra peruana. Fueron horas maravillosas en un lugar hermoso con vista al lago y  música estupenda. Gabi fue al mercado por víveres mientras yo me resguardaba de la lluvia pues padecía una gripa con ínfulas de bronquitis. - -

- - Al embarcar tomamos una lancha muy lenta que se demoró 3 horas en llegar. Me sorprendió el color de las aguas del lago, azules y cristalinas.  No cuesta mucho entender por qué para los Tihuanacos (cultura prehispánica antecesora de los incas que habitaba el lugar) este era un lago sagrado, inmenso, con la vastedad del mar pero de agua dulce. Tal vez mientras los humanos somos tan ingenuos, mediocres y cobardes como para privar a los bolivianos de los favores del mar, la madre naturaleza sabe compensarlos con las playas más bellas que he conocido hasta ahora. Es un lago místico, sagrado, el más alto y de los más grandes del mundo, a 3.900 metros de altura, rodeado y alimentado por las aguas que nacen en la cordillera blanca, admirable desde la Isla del Sol.

Llegamos primero a la parte norte de la isla, una playa grande y bella, llena de turistas argentinos que vienen a pasar sus vacaciones de verano con guitarras, mates y fernet. Muchos juegan con los niños de la isla, bailan y comparten su comida. Hace un sol picante, intenso y arrullador, que cuando se esconde deja sentir el golpe certero del frio que en pocos segundos lo cubre todo excepto las confortables lanas de alpaca. Acá todo es intenso. El calor, el frio, la lluvia, la altura, el paisaje, la vastedad. Es un clima ideal porque ahuyenta al turista majadero, al que prefiere fundirse en un superficial Miami o el derroche en un hotel ‘de lujo’ en Cartagena, atiborrado de lo peor de la especie humana. Aquí la gente es feliz, serena y millonaria. Acá son ricos porque la Pachamama es bondadosa y lo transmite en la personalidad de sus habitantes. Aquí crecen habas, oca, quinua, coca, papa, maíz, cebollas, truchas, vacas, alpacas, marranas y una cantidad de pescados con nombres aymaras. Vive una comunidad orgullosa de su idioma, boicoteado por siglos por el catolicismo, pero que sobrevive y resiste. - -

- - Nuestro hostal tiene una vista privilegiada, aprovechamos para ordenar el equipaje, extender la ropa mojada y ponernos ropa limpia y seca. Aprovechamos también para hacer una pausa, escribir y dibujar. Hacemos todo con mucha parsimonia. Este lugar es una recompensa de nuestras aventuras por Ecuador y Perú, tratando de conocer y retener lo que más podamos de un universo inacabable de ruinas de civilizaciones, ciudades modernas, antiguas y coloniales, desiertos infinitos, iglesias monumentales, climas y pisos térmicos muy variados. Todo es nuevo para nuestros sentidos, pero familiar, la misma belleza, riqueza, pobreza, injusticia y desigualdad de Latinoamérica, un continente profanado, atiborrado de cruces y cristos enquistados en las laderas de las montañas, recreando su conquista a unos dioses ocultos, más modestos, que a pesar de todo aún merodean por estas tierras y que a veces permiten sentir su presencia y energía en lugares como este.

Se hace tarde, mañana vamos a la parte sur de la isla, dicen que es más calmada. Ahora vamos a comer en la playa y meter los pies. El agua es fría y debo cuidarme de la gripa. -

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Souvenir: objeto que sirve como recuerdo de la visita a un lugar, que atesora las memorias relacionadas a este. ElSouvenir: espacio para almacenar recuerdos y compartirlos con seres no queridos, no conocidos.
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