I.LETRADA.CO | Enjambre | HACERSE LESBIANA FEMINISTA
Enjambre

HACERSE LESBIANA FEMINISTA

Hacerse lesbiana política y agenciar desde el cuerpo transformaciones culturales y estructurales… Compartimos en esta nueva entrada de Enjambre la entrevista realizada a Ochy Curiel, profesora de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia  y activista del Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Feminista –GLEFAS-, quien nos compartió sus ideas sobre la historia y apuestas del feminismo lésbico, sus principales debates en la región, su relación con los nuevos escenarios de movilización social y sus contribuciones al análisis de temas tan vigentes como el matrimonio igualitario. Una oportunidad para conocer y sumarse.    

¿Qué es el feminismo lésbico?  

El feminismo lésbico es una corriente teórico-política del feminismo que surge en los años 70 en un contexto de muchos cambios a nivel mundial: por un lado, el descrédito del comunismo soviético y los procesos de descolonización de países africanos y asiáticos dio paso a una nueva izquierda inspirada fundamentalmente en la revolución cubana y la guerra de Argelia. En este tiempo, también surgieron muchos movimientos de liberación nacional –como las guerrillas latinoamericanas- que cuestionaban las políticas imperialistas de Estados Unidos y las dictaduras en América Latina. En muchas universidades surgió el movimiento estudiantil radical a través de lo que se denominó el mayo del 68 lo que produjo posteriormente nuevas concepciones en el campo de las ciencias humanísticas y sociales. Por otro lado, el hippismo, la liberación sexual, el ecologismo, el pacifismo, el antirracismo y sobre todo el feminismo, fueron las expresiones políticas más importantes de la época dando lugar a lo que más tarde se conoció como ‘nuevos movimientos sociales.  

El feminismo lésbico surgió del feminismo radical que colocó como centro el carácter político de la sexualidad y que hizo un cuestionamiento a un feminismo fundamentalmente heterosexual, no solo en sus prácticas sexuales, sino en su concepción de las mujeres como parte complementaria de los hombres. Este invisibilizaba a mujeres que tenían otras experiencias sexuales y políticas como eran las lesbianas.  

Desde entonces el lesbianismo feminista analiza y propone que la heterosexualidad no es una opción sexual más, sino un régimen político y una institución obligatoria. Esto significa que más allá de prácticas sexuales, casi todas las relaciones sociales están atravesadas por este régimen político y son naturalizadas: la idea de pareja y con ello de la monogamia, la familia nuclear que se define por la unión un hombre y una mujer y su fin reproductivo, la misma concepción sobre el hombre y la mujer que se asumen como sujetos marcados por la diferencia sexual, homogenizados y en la cual las mujeres son dependientes, apropiadas en su fuerza de trabajo, sus cuerpos y su sexualidad, entre otras cuestiones.  

El lesbianismo feminista propone otras formas de relaciones sociales que no estén atravesadas por el régimen heterosexual; eso significa, primero, la no dependencia ni material, ni simbólica, ni ideológica de los hombres; y hacer un cuestionamiento a la pareja y a la monogamia, y con ello a todas las instituciones que promueven y respaldan este tipo de relaciones sociales como las leyes, la ciencia médica, las instituciones educativas, las iglesias, entre otras.  

¿Cuáles consideras tú que son los principales debates del feminismo lésbico en América Latina hoy en día y, a partir de allí, sus apuestas concretas?  

Muchas de las lesbianas feministas latinoamericanas y caribeñas vienen también de otras corrientes políticas del feminismo como, por ejemplo, la autonomía, el antirracismo y la izquierda. Esta particularidad hace que parte de los debates con otras lesbianas feministas, cuyas trayectorias no son éstas, sean en torno a las diferentes visiones que tenemos en torno a estas propuestas políticas.  

Mientras algunas siguen centrando la política en la identidad y en las prácticas sexuales, otras, sin dejar de politizar estas cuestiones, hacemos análisis más sistémicos. La heterosexualidad, por ejemplo, en tanto régimen e institución está íntimamente ligada a fenómenos como los feminicidios, el racismo, la apropiación de territorios e incluso a los conflictos armados, pues generalmente las mujeres son apropiadas en sus cuerpos y sexualidad y sobre todo son explotadas en su fuerza de trabajo, incluso emocional. En ese sentido nuestra apuesta implica una transformación social. Eso significa que el lesbianismo feminista es una posición política, que implica, por un lado, optar por una sexualidad no normativa, pero sobre todo, supone entender que la heterosexualidad, más allá del plano personal y de la cuestión de hacia quién diriges tu deseo sexual, impacta a muchos tipos de relaciones sociales en las cuales, generalmente, las mujeres son las más afectadas, sean o no lesbianas. Por eso decimos que el lesbianismo feminista desde esta perspectiva es una propuesta radical. Este, se puede decir, es un punto de debate fuerte.  

El otro debate tiene que ver con quién es una lesbiana feminista. El cuestionamiento a los esencialismos y la comprensión de la construcción de sujetos ha desnaturalizado su construcción. Esto ha generado movimientos interesantes tanto en la teoría como en las prácticas políticas. Ha surgido por ejemplo el sujeto translesbiana, que para muchas es una apertura y una ‘desencialización’, sin embargo para otras, significa apropiar los lugares que han ocupado mujeres con practicas sexuales con otras mujeres. Este es un debate álgido que crea tensiones en espacios como por ejemplo los encuentros lésbicos-feministas.  

Durante los últimos años algunos analistas de los movimientos sociales han identificado la emergencia de un nuevo tipo de movilizaciones, entre las cuales pueden incluirse –haciendo una generalización no necesariamente precisa- el 15M, Ocuppy Wall Street, las movilizaciones recientes en el Brasil entre otras. Estas nuevas movilizaciones tienen como características en común su organización no vertical y alejada de los partidos políticos, la convergencia de múltiples intereses de diferentes sectores sociales, el rol que juega en ellas el internet como escenario de convocatoria y discusión etc. ¿En el marco de estas nuevas dinámicas de movilización, cuáles crees tú que han sido o pueden ser los principales aportes del feminismo lésbico?     

Ciertamente, hubo un derrumbe del paradigma clásico que tuvo que ver con los siguientes elementos: la desarticulación de la matriz nacional popular a causa de la globalización y la represión de las dictaduras que debilitaron las bases políticas que sustentaban a muchos movimientos sociales; el descrédito de movimientos como los sindicatos y muchos partidos de izquierda; el auge del multiculturalismo que definió políticas de reconocimiento  por parte de muchos actores como los indígenas, los negros etc.; el impacto de esta fase del capitalismo que tiene como centro la acumulación por desposesión y despojo;  el cambio en la relación espacio-tiempo y el cambio del rol de los estados de pasar de ser benefactores- aunque débilmente- a ser administradores y facilitadores de las políticas multinacionales y financieras; los impactos del cambio climático, entre otras cuestiones. Esto significó una transformación a partir de la cuál se asumió que la acción colectiva a de ser múltiple. No posee un eje central de lucha como cuando se pensaba que este era la transformación estructural por el socialismo o el comunismo, por ejemplo, sino que son luchas diversas, como los movimientos estudiantiles, feministas, movimientos negros y antirracistas, ecologistas, movimientos en contra de la precariedad material y laboral, movimientos por la militarización y la represión, entre otros.  

Parte de los principios que guían estas acciones son la autonomía, la horizontalidad y la democracia por consenso, un ethos colectivo libertario y la acción directa ya no como forma de actuar, sino como parte de la identidad colectiva.  Para muchas lesbianas feministas, esto no es nuevo. como dije antes, desde la década de los 90 construimos la autonomía feminista, nuestras acciones políticas están fuera de las instituciones -sean partidos u ONG- y se basan no en la verticalidad o en la jerarquía, sino en la construcción colectiva.  

Ahora bien, el problema de estas acciones, como  el 15M, Ocuppy Wall Street es que son coyunturales, aunque son importantes porque generan conciencia sobre problemas puntuales y sobre todo muestran que la protesta social puede tener buenos resultados, no generan transformaciones y propuestas contra hegemónicas de más largo aliento, sobre todo culturales,  que son fundamentales para cambiar paradigmas imperantes.  

Muchas lesbianas feministas, que también participamos en manifestaciones y procesos como estos, entendemos que la acción colectiva no puede ser solo momentánea, sino que tiene que generar procesos, que llevan tiempo, porque cambiar los paradigmas, las ideologías imperantes no es cosa que se hace de un día para otro, lleva bastante tiempo y esfuerzo colectivo. Pero además otro aporte es que en estos movimientos difícilmente se analiza el régimen heterosexual y sus impactos en estos problemas, parecería que no tiene nada que ver y para nosotras tiene mucho que ver. Por ejemplo la precariedad laboral ha implicado que se refuerce la familia, como unidad productiva y son las mujeres quienes generalmente cargan con la peor parte del trabajo pues son apropiadas por sus maridos, esposos o compañeros. El militarismo supone la apropiación de los cuerpos y sexualidades de las mujeres, solo para poner dos ejemplos.  

Uno de los principales debates que ocupan a la opinión pública en América Latina es el del matrimonio igualitario. ¿Cuáles consideras tú que son las posiciones que se debaten en el escenario del feminismo lésbico con respecto a este tema?   

Pues yo creo que si se es lesbiana feminista esta no es una apuesta política propia por tanto son pocos los debates en torno a ello. La mayoría de nosotras entiende que el matrimonio es un contrato que responde al modelo y al régimen heterosexual, que implica el reforzamiento de la pareja y la monogamia, que tiene que ver con cuestiones patrimoniales -por tanto es de privilegios de clase y raza  en tanto tiene que ver con la propiedad- y además implica que el Estado regule la vida, la sexualidad, los sentimientos.  

Obviamente que en estados nacionales como los latinoamericanos puede entenderse que grupos de lesbianas, articulados a la sigla LGTB quieran el matrimonio por principio de igualdad, pero estas estrategias políticas no transforman sino que son reformas donde hay un modelo al cual seguir: el heterosexual.  Las lesbianas feministas, por lo menos con quienes yo hago política, queremos una transformación social, lo cual significa, para este caso, que hay que crear otras formas de parentesco fuera de las lógicas heteropatriarcales, hay que crear propuestas de vida fuera del estado y de las instituciones, porque desde ahí se prescribe, se controla, incluso se reprime.    

 

COMENTARIOS
Cargando comentarios...
Enjambre
Un espacio para pensar, repensar, deshacer y recrear la política, las iniciativas, los movimientos, las acciones y los paradigmas. Para revalorar concepciones, propiciar articulaciones, construir puentes entre orillas con la mente consciente de la brecha generacional. Hacer del texto acción y de la acción enjambre.
i.letrada La revista pseudoacadémica más cultural de Bogotá.
PRóXIMOS EVENTOS
Upss! No hay eventos que mostrar
¿TIENES UN EVENTO?
APOYAN :