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CONGRESO DE PAZ: ¿QUÉ FUE Y QUÉ SIGUE?

 

Entrevista a Alejandro Mantilla

  Entre el 19 y el 22 de abril pasados se realizó el Congreso de Paz en Bogotá, Colombia. Con la asistencia de cerca de 20.000 personas y delegados de 16 países, el evento se propuso construir una propuesta colectiva de paz bajo la premisa de que pensarla es pensar el país y los territorios, desde los pueblos, por supuesto.   En Enjambre queremos pensar los movimientos, a ver si algún día nos hacemos un mismo enjambre. En esta oportunidad, entrevistamos a Alejandro Mantilla; una de las figuras jóvenes de este proceso.    

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Enjambre: Después de haber visto la marcha del 9 de abril por la paz, y luego de ver la gran movilización que fue el Congreso de paz, muchas personas alejadas de las organizaciones sociales se preguntan por qué fueron estas dos marchas distintas. ¿Para esas personas, cuál sería la explicación?  

AM: Esa es una de las preguntas claves en la coyuntura. Yo creo que tenemos dos esfuerzos paralelos pero complementarios. Yo creo que lo del 9 de abril buscó generar un acontecimiento de respaldo a la búsqueda de la paz, a la idea misma de la paz. Ni siquiera era un respaldo al proceso de paz, ni siquiera a la mesa de la Habana, ni siquiera a un eventual proceso de paz con el ELN ni con el EPL. Era más la idea misma de que podíamos alcanzar la paz mediante una solución política y no mediante la mera guerra, lo cual significó un acontecimiento muy importante.    

El Congreso para la paz buscaba generar un proceso de construcción con dos objetivos: primero, construir una agenda de paz desde el movimiento popular pensando darle contenido a eso que dice toda la izquierda, o bueno, la mayoría de la izquierda, que es que la paz no es el silenciamiento de los fusiles. ¿Qué implica eso?     El segundo objetivo tiene que ver con construir movimiento social por la paz con justicia social. Y, caminando con otros, eso va a poder materializarse.    

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Enjambre: Quienes se oponen al proceso de paz están partiendo de los derechos humanos para argumentar que la amenaza de impunidad hace inaceptable el proceso de negociación. Habiendo una presencia importante de organizaciones de derechos humanos en el Congreso de los Pueblos, ¿cuáles son las respuestas que se están planteando para legitimar la necesidad de la solución política?  

AM: Ahí hay dos momentos claves. Primero, se está planteando la necesidad de una solución a la crisis humanitaria. Nosotros sí partimos de plantear que la guerra y los proyectos de acumulación de capital están generando que las comunidades en las regiones tengan situaciones de grave crisis por desplazamiento forzado, por hambre, por bloqueo de alimentos etc; y que es necesario, si vamos a luchar por la paz, generar condiciones reales para que se solucione esa crisis. De eso no habla la derecha pero es la realidad de la guerra que se está viviendo y la realidad de la guerra asociada con la acumulación de capital. Lo segundo es que es necesario,  para generar una genuina reconciliación, buscar mecanismos reales de reparación a las víctimas y de verdad, justicia y reparación. En eso estamos de acuerdo, pero no porque lo diga el Estatuto de Roma, o porque lo diga la Comisión Interamericana, sino porque ha sido la demanda ética de las víctimas.    

Efectivamente, la derecha está usando el discurso de los derechos humanos y de la justicia transicional para ponerle palos en la rueda a la posibilidad de solucionar el conflicto armado políticamente. Pero  hablar de justicia transicional en el marco de la posible solución política de un conflicto es hablar de crímenes masivos y sistemáticos contra la población y sobre eso se tienen que asumir  responsabilidades concretas. Yo estoy convencido de que la mayoría de los actos atroces contra el pueblo colombiano los ejecutaron fuerzas militares y fuerzas en conflicto, pero los decidieron en los escritorios de los ejecutivos de las transnacionales. Ahí hay que resaltar que dentro de las conclusiones del Congreso para la paz se plantea la necesidad de hacer una comisión de la verdad desde el movimiento social.    

Pero aquí la discusión es ante todo ética y política. Hay dos extremos a los que no se puede llegar. El primer extremo es una ley de punto final donde los criminales no sean investigados y judicializados, y donde no se sepa cuál fue la verdad de los crímenes. Pero el otro extremo es asumir que se genere tal nivel de vínculo jurídico con el problema que obstaculice la paz. Es claro que si la insurgencia busca negociar políticamente la paz es porque busca participación política, y en ese marco, bloquear la participación política de sectores de la insurgencia implica torpedear la paz.    

Enjambre: En el Congreso se ven personajes jóvenes, lideres de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil), personas muy jóvenes coordinando mesas y liderando las presentaciones en tarima. ¿Cuál es la realidad de una renovación generacional desde el proceso del Congreso de los Pueblos y cuáles son los obstáculos?    

AM: Ahí hay varios elementos, es claro que hay una renovación generacional y que comparado con la situación de hace 10 años las y los jóvenes están participando más de eso tipo de escenarios, y eso puede verse en la MANE, puede verse en la Marcha Patriótica, puede verse en el Congreso de los Pueblos.    

Enjambre: Pero que haya gente joven no significa que haya renovación generacional…    

AM: En principio son personas nuevas, jóvenes, y su presencia se explica por varias cosas: por ejemplo, por la lucha de la MANE. Igualmente, hay una serie de fenómenos paralelos coincidentes de movimientos urbanos, contraculturales, de movimientos de mujeres que han aportado al movimiento social. Y eso se ve desde lo barrial, lo universitario, los jóvenes en los colegios, por ejemplo; desde las organizaciones de mujeres, desde el punk, desde muchos factores que han venido convergiendo. Esta es una generación –los chicos más jóvenes- que nacieron a finales de los ochentas e inicios de los noventas, y que en términos concretos no sufrieron el colapso ideológico de la izquierda de los noventas ni sufrieron tampoco la crisis suscitada por la caída del muro de Berlín y la caída del Bloque soviético. Eso es importante porque sin duda llegan con unas coordenadas ideológicas distintas que les permiten meterse a la política sin complejos y sin el fantasma de la derrota que sí vivieron los jóvenes de momentos anteriores y eso es importante. Ahora, eso implica evaluar este proceso a partir de la enorme condescendencia de la posteridad, como diría E.P. Thompson, es decir, creo que aún es temprano para saber si realmente hay una renovación de prácticas y es aún temprano para saber si ese proceso se va a mantener. Yo creo que ese es el gran reto que tienen hoy la izquierda y los movimientos sociales en general en Colombia, cómo esa oxigenación que están teniendo con gente nueva realmente se materializa.      

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   Enjambre: Por último. Hemos visto cómo circulan en el Congreso de la República distintas iniciativas que apuntan a la reducción del escenario plural de los partidos y que parecieran repercutir en un reducción del escenario de participación política. ¿Cómo se está pensando el Congreso la representación y participación política?    

AM: En estos momentos el Congreso no ha tomado la decisión de decir “somos un actor político” o “somos un movimiento político” como si lo hizo por ejemplo Marcha Patriótica. Pero sí hay una cosa que es clara y es que el Congreso de los pueblos es ya una realidad política. Para la izquierda, para el país, para el movimiento social. Y de entrada, le apuesta a procesos de unidad del movimiento social.  Para decidir los canales de la unidad, de cara a las preguntas sobre la participación política,  el Congreso no va a ser incoherente con el camino que se ha trazado, es decir, lo va a hacer con una consulta a la gente que hace parte del Congreso, con una discusión amplia desde las bases. Eso se va a hacer conforme a la manera como se construye el Congreso, que es con la gente, mandatando y buscando la transformación de la sociedad. Y sabemos que no lo vamos a hacer solos. Es crucial articularse con el concurso de otras organizaciones.    

Ahora bien. Independientemente de lo anterior, el Congreso ya le apuesta a tener nuevas gobernabilidades, nuevas maneras de entender el gobierno y el poder. De eso se tratan los mandatos, es decir, que la gente misma autorregule sus territorios y autorregule sus prácticas sin contar con el Estado. Se trata de generar una esfera pública no estatal desde lo popular. Pero esa nueva gobernabilidad también implica, necesariamente, una transformación del estado. Y eso pasa, tanto en la discusión de la unidad de la izquierda y del movimiento popular, como en la discusión de una paz con justicia social. Y sabemos que no lo vamos a hacer solos. Contamos con el concurso de otras organizaciones.    

Los lazos de unidad se van tejiendo en la práctica y allí es clave  la discusión sobre lo electoral. El Congreso de los pueblos no ha tomado decisiones ahí pero, a mi juicio, la realidad es clara: si la Marcha Patriótica se lanza sola no alcanza el umbral, si progresistas se lanza solo no alcanza el umbral, y el Polo, como está en este momento, yo creo que tampoco lo alcanza. Así que yo creo que tiene sentido que esos esfuerzos busquen  juntarse. El Congreso no ha tomado determinaciones ahí porque no ha dado esa discusión.    

Por último: nosotros sí le apostamos a la unidad del movimiento social y popular más allá de lo electoral, para nosotros lo más importante es la unidad en la movilización y la unidad en clave de generar una sociedad distinta y en clave de generar una relación de fuerzas que nos permita luchar contra el neoliberalismo, contra el extractivismo y contra la guerra. Esos serán los mínimos que nos permitan pensar una agenda de unidad hoy. Lo que le queremos aportar al movimiento popular es esa reflexión sobre la nueva gobernabilidad y esa agenda de paz que nos planteamos.    

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Un espacio para pensar, repensar, deshacer y recrear la política, las iniciativas, los movimientos, las acciones y los paradigmas. Para revalorar concepciones, propiciar articulaciones, construir puentes entre orillas con la mente consciente de la brecha generacional. Hacer del texto acción y de la acción enjambre.
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