I.LETRADA.CO | Baladetas y sonatinas | UN SILBIDO QUE SE SIENTE RESONAR
Baladetas y sonatinas
ESCRITO POR
Juan Pablo Angarita
Gestor de Radio Pachone Investiga radios viejas, la música que sonaba a través de ellas y lo que hacían quienes escuchaban.

UN SILBIDO QUE SE SIENTE RESONAR

Las hermanas Áñez celebran el poder de cantar. El próximo martes 19 de agosto presentan «Silbidos», su primer disco como dúo vocal, en el Teatro Estudio del Teatro Julio Mario Santo Domingo de Bogotá. Hablamos con ellas sobre sus nuevas canciones y su exploración de la voz como un instrumento.

Cuando las hermanas Áñez se paran sobre el escenario es como si invitaran al oyente a un ritual de escucha minuciosa y concentrada. Como “un silbido que se siente resonar...”, dice «Semillas», una de las canciones de «Silbidos», su primer disco. Y es así, como si invocaran el sonido de una leve agitación en el aire y nos invitaran a verlo convertirse en experimentales y nuevas músicas latinoamericanas, cantadas a dos voces -como plegarias-. Acompañadas nada más que por un cuatro, o por un pequeño teclado, series de percusiones minimalistas, un par de pedales de grabación instantánea y, casi siempre, la escenografía del titiritero Nicov, Botella de arroz.

En «Silbidos» nos encontramos con 12 hermosas canciones que se extienden largo y envuelven a quien las escucha entre melodías muy simples, bonitos mantras vocales e historias nacidas de preguntas cotidianas y reminiscencias rurales y surrealistas. Antes del lanzamiento de su disco, hablamos con ellas sobre esas canciones, la influencia de la música latinoamericana y su exploración de la voz como un instrumento que sirve para concentrarse en el sonido, pero también para decir y contar historias.

Hicimos esta entrevista con las hermanas Áñez en una sala llena de relojes que, con religiosidad mecánica, se anunciaban cada quince minutos. La máquina de uno de ellos había sido construida por su abuelo materno, a quien le compusieron una canción llamada «Péndulo». Como es una canción que nunca he escuchado, luego de hacer esta entrevista quise hacer el ejercicio de pensar cómo será. Los invito a hacerlo también. Por ahora sepamos que el «Péndulo» será estrenado en el concierto de lanzamiento de «Silbidos», el próximo 19 de agosto.

¿Cómo es la relación entre esa “nueva música latinoamericana” que hacen y la “vieja” música latinoamericana?

Valentina: En Las Áñez tratamos la voz y el canto como un instrumento que puede explorarse, no que sólo canta la melodía, sino que puede mirar qué más hacer, cómo acompañar, cómo puede hacer ritmos o sonidos raros. En esa exploración cogimos la influencia de la canción latinoamericana y nos interesamos por transformarla en canciones nuestras. Eso se vuelve el proyecto de «Las Áñez».

Juanita:  Como somos cantantes, y estudiamos canto en un ambiente de jazz y música popular en la Universidad Javeriana (que es un ambiente de exploración y de juego con la música), desde siempre estuvimos buscando la música cantada, y especialmente la de nuestro propio idioma, y ahí nos encontramos con la canción latinoamericana.

Pero también es un asunto de familia: acá en la sala de la casa, mi papá escucha música de todo tipo, y desde pequeñas escuchábamos mucha música, en especial canciones en español, latinoamericanas. Por eso sentimos que es la que más nos toca el alma. Ese fue el primer acercamiento intuitivo, y después la universidad, cuando empezamos a hacer reversiones de canciones latinoamericanas con Bituin, y para este disco, nosotras dos explorando.

¿Cómo fue el proceso de pensar y hacer sus composiciones propias? ¿Así como con su otra banda, Bituin, tenían como referencia todo el repertorio latinoamericano?

Juanita: Empezamos a componer hace unos cuatro años, precisamente, como dice Valentina, porque está muy adentro el español, y es el estilo que escuchamos; pero nosotras queríamos buscar era una nueva canción latinoamericana. La primera que hicimos fue «Semillas», que la compuse hacia 2011, y me sirvió para darme cuenta que me gustaba mucho crear algo nuevo a partir de mis gustos y mis influencias. Esa canción nos atrapó y creímos que por ahí se podía seguir buscando. Como estaba interpretada con un pedal de loops (grabación instantánea) dijimos: “Qué chévere hacer música propia, y mejor aún que sea grabándonos en vivo”. Eso significaba que la podíamos hacer las dos, con un formato de dúo vocal...

Valentina: Ahí empezamos a buscar cantantes que usaran el pedal de loops, con grabación instantánea en vivo, y todos son “ptú tú pú” (hace un ritmo básico, constante), todo muy gringo. Entonces dijimos: “no, tenemos que seguir con lo primero que se nos ocurrió, que era lo latinoamericano”, que tiene algo que ver con lo que hacemos con Bituin, pero que también es esa necesidad nuestra de componer canciones para poderlas tocar nosotras dos.

Pensando en la manera particular en la que se acercan a los ritmos latinoamericanos, y también en las re-versiones de canciones clásicas de ese mismo repertorio que hacen con Bituin, ¿alguna vez las han asociado con esa connotación política tan fuerte que tienen muchas de esas canciones?

Juanita: No nos hemos encontrado tanto con esa mirada porque sentimos que en el momento de interpretarlas nos centramos más en el sonido, no tanto en las letras. Y las consideramos algo importantísimo, pero ellas hablan por sí solas. Lo que hacemos es intentar explorar el sonido, y eso ha generado comentarios: con Bituin nos pasó una vez, con una canción llanera, nos dijeron: “Cuidado porque de pronto están caricaturizando la canción llanera”, y esa misma persona, un año después, nos dijo que le gustaba lo que hacíamos.

Valentina: ... ¡Sí! Es que con Las Áñez, como son composiciones propias, las canciones tienen muchos menos tintes políticos. Y pasa porque las canciones latinoamericanas, muchas, son así. No las cantamos porque sí, nos interesan los temas de las letras, pero también nos gusta mucho su sonido, su juego con el español, la manera en la que se riman las palabras y se hacen letras que pueden hablar sobre muchas cosas.

A propósito de ese interés por el lenguaje, ¿cómo pensaron las letras del disco «Silbidos»?

Valentina: Nos damos cuenta que son letras muy narrativas y que sí pensamos mucho en personajes. Nos gusta “representar”. Hay gente que improvisa musicalmente pensando en la realidad: piensan en un pájaro, pero no imitan al pájaro. Nosotras sí, directamente, imitamos al pájaro. (Risas) Somos muy literales al hablar de las historias y los personajes. Por eso Nicov Botella de arroz terminó construyendo el títere de los personajes de cada canción. Sobre los temas de las letras, nos gusta explorar en personajes como los de la primera canción del disco,  «Los ricos del bosque», que habla sobre unos campesinos de Charalá.

Juanita: Cuando cantamos buscamos hacer los ambientes en donde estarían los personajes de las letras. A nosotras nos gusta la música que es así, natural, medio rústica, y por eso nos interesa crear ambientes. Por ejemplo, en nuestra canción «Pocahontas» hay un ambiente indígena, y, aunque yo no pensé exactamente en un chamán, sí pensé en el ritual indígena para hacer la música. Quise que la música representara esa situación, ese sonido envolvente. A partir de eso, Nicov hizo al chamán, que incluso yo nombro en la canción, pero no me lo había imaginado así, sino que me había dedicado a pensar más en lo que lo rodeaba. Nos pareció muy chévere esa relación con lo visual: que no esté solo en mi mente, sino que la gente pueda ver esos ambientes a través de Nicov y de los sonidos.

¿Cómo se sientan a crear esas texturas, esos ambientes que tienen sus canciones?

Juanita:  Casi todas las canciones que tienen teclado fueron compuestas por Valentina. Vino de la mano el teclado y la voz. Y la única que es con cuatro es porque la compuse con el cuatro. Las otras las compuse con el teclado, y al momento de arreglarlas las adaptamos al pedal. Ya después de componerlas, empezamos a imaginarnos cómo sonaría.

Pensamos mucho en los sonidos pequeños, los detalles. Les metemos un grillo, por ejemplo, o un pájaro. O pensamos que tal vez alguna canción esté muy aburrida y decidimos ponerle un tambor, y duro. Buscamos cosas que sean sorpresivas para la gente, porque todo a dos voces... podría sonar todo igual: la idea es meterle cosas que hagan reaccionar de cualquier forma al público, o sonriéndose, o riéndose, o simplemente con atención.

Valentina: Por ahí nos dijeron una vez que nuestra música era para público activo, o sea, como para que la persona que escucha siempre espere qué va a seguir. Nos decían que no eran canciones para dejar de fondo y quedarse disfrutando, sino como para estar muy despiertos.

¿Y eso pasa en los conciertos? ¿Cómo piensan la creación de esos ambientes en vivo, en concierto?

Juanita: Somos muy exigentes con nosotras mismas cuando hablamos de los conciertos. Una cosa es crear la canción; cada una con sus canciones por su lado, pues no nos hemos juntado todavía a componer juntas. Por ahora, cada una hace la canción y lo que hacemos muy colectivo es el arreglo y como no somos instrumentistas, queremos concentrarnos mucho en eso.

Juanita: ... Y eso ha sido bueno porque hemos logrado hacer cosas diferentes a las que haría un guitarrista que sabe tocar perfectamente, y toca y canta encima y suena increíble. Hemos hecho nuestra propia búsqueda, con esos sonidos, porque queremos hacer cosas para que la canción se desarrolle y no se caiga. El momento en vivo es presentar esos arreglos que, la verdad, a veces se nos ponen muy complejos, y por eso nos concentramos mucho para mostrar las canciones bien hechas. Le trabajamos mucho para que salga bien y no terminemos, nosotras y el público, diciendo: “uy, dificílisimo hacer esto” (Risas). Queremos que sea lo más natural, que la música fluya...

¿Y esa naturalidad se vio en el proceso de grabación del disco?

Valentina: Las canciones de «Silbidos» fueron grabadas en enero de 2014 con Ernesto Santos, quien ya nos había ayudado en el disco de Bituin. Fue más complejo de lo que pensábamos los tres, porque los instrumentos cambian mucho de canción en canción, toca cuadrarle un micrófono a cada detallito. Pensamos mucho en que los detalles no se mezclaran: en que los capachos no sonaran a lo mismo que las semillas, en cada color que queríamos conservar. Y grabamos en bloque, y, a pesar de que nos fue bien, nos dimos cuenta de que tenemos una responsabilidad muy grande en hacer música las dos solas. Si uno se concentra en cantar perfecto, no toca perfecto el piano que está tocando al tiempo. Pero lo disfrutamos muchísimo y seguiremos haciéndolo también, porque nos gusta esa idea de que las limitaciones también nos pueden dar mucha riqueza.

Y, claro, las canciones de Las Áñez son canciones menos arriesgadas que las de Bituin, en la sonoridad general. Lo de Las Áñez es una canción-canción, entonces tiene personaje, estrofa, coro, a pesar de los sonidos raros. Son canciones... como un proceso. En cambio, con Bituin es muy fácil grabar, como un concierto. ¡La grabación del disco fue demasiado concentrada, y nos sorprendimos mucho! Pero lo que buscamos con Bituin es hacer arreglos de canciones que ya existen, y las desbaratamos con mucho gusto. Con Las Añez lo pensamos diferente: queremos una comunicación más directa con el público a través de canciones que la gente no conoce.

Juanita: El ingeniero trabajó mucho en capturar la diferencia entre los sonidos. La mezcla la hizo Benjamin Calais, de Matik-Matik, que se ofreció con mucho gusto por la música, dedicó mucho tiempo, y lo hizo con todo el amor del mundo; y nos dimos cuenta porque le iba mostrando a mucha gente, que nos decía: “Ay, escuché el disco”. Él no le tiene prevención, él va haciendo con mucha intuición, buscando mucho con el sonido también.

El arte del disco lo hizo Nicolás, el mismo titiritero. Él es diseñador industrial. En el arte van a estar las fotos de los títeres, porque queríamos que estuviera muy relacionado con esa parte teatral. Y la caja del disco es redonda, como un tronco.

Sacamos la conclusión de que es chévere trabajar con gente que se conecte con lo que uno está haciendo. Lo pensamos hasta con el ingeniero de sonido para los conciertos. Nos gusta reunirnos con gente como César Lizarazo, que también se interesó mucho por la música.

El disco también está en internet, en I-Tunes, en Amazon, a través de Gustavo Moreno. Y Luis Daniel Vega también nos ayudó mucho con la producción. El sello es MSF, Matik, Sonalero (un colectivo al que pertenecemos) y F, de Festina Lente.

También hemos trabajado en la divulgación con el colectivo Sonalero, que nació de una idea de Adrián Sabogal, el guitarrista y marimbero del grupo Redil Cuarteto. Él nos propuso hacer un colectivo para visibilizar más las propuestas, y que sea interdisciplinar, con artistas visuales. Está María Camila Arriaga, con quien vamos a hacer un videoclip de Bituin, y Nicov, entre otros.

Hablemos sobre sus años de estudio: ¿qué relaciones ven entre esa nueva estética que proponen, la de la academia y la de la música tradicional?

Juanita: Estuvimos cinco años en la Javeriana en un espacio muy abierto. El énfasis era solo de Jazz y, durante esos años, se convirtió en “Jazz y músicas populares” porque los estudiantes buscaban cosas de acá, sobretodo “fusionar” el folclore con lo “nuevo”. Todo el mundo estaba buscando a través del ritmo, o de canciones, o de diferentes maneras, usar la música popular de diferentes regiones, dentro del jazz.

La acogida allí fue buena. Y ha sido una respuesta de Bogotá, que es una mezcla de todo. Nuestra música capturó la atención de gente de diferentes edades: llama la atención eso de que cantamos canciones de antes, o que suenan de antes, o que tienen una manera de cantar que es la de antes, pero que también tienen algo sonoro de ahora.

Valentina: Y como son canciones nuestras, entonces es algo nuevo que es difícil de juzgar. Todo el mundo hace sus canciones a su estilo, y eso normalmente tiene buena acogida.

Las Áñez explora estéticamente la música folclórica por medio de la creación de los ambientes y de esas narrativas sonoras, y sentimos que pueden tocar un poquito lo político que puede haber en esas músicas, ¿piensan en un discurso a la hora de hacer la música?

Valentina: Nosotras somos muy intuitivas. Es una exploración porque nosotras estudiamos y hacemos eso todo el día, y siempre nos ponemos a probar cosas. Las grabamos y si no nos gustan no seguimos con esas ideas. Y es algo muy intuitivo que está muy ligado a nuestra cotidianidad.

Juanita: Claro, aunque hablando de lo del discurso. Miren que hace poco nos cuestionaron también y nos dijeron que la canción «Los ricos del bosque» era una canción protesta.

Valentina: ¡Esa sí parece una canción protesta! Pues eso me dicen a mí.

Juanita: ¡Es que también nos contradecimos! (Risas) ... porque sí hay algunas referencias. A nosotras nos interesan los temas políticos y sociales, pero nos concentramos en la música, no en transmitir un discurso. Esa canción de «Los ricos del bosque» habla de dos personas de Charalá, Santander, que están defendiendo la naturaleza y que son diferentes a personas de la ciudad que de pronto piensan más en otras cosas.

Valentina: La canción sí dice que ellos son más ricos que los hombres... "que los hombres poderosos, los más ricos del país, que los buenos, que los malos, los que dejan cicatriz. Más que la primera dama que está fuera del país”. Y sí, dice que ellos son más ricos que nosotros, ¿y qué más dice?

Juanita: “Religiosos, estudiosos, comerciantes”... y personas que nosotros conocemos. Porque Santiago de Mendoza nos llevó a Santander y nos los presentó a Adriano y a Ana de Dios, que viven allá en una cabaña, a la que nos tocó caminar un montón para llegar, y es al lado de una cascada, de una selva, y de un paisaje como de clima frío. Es un paraíso increíble. Y Adriano, que fue el anfitrión del paseo, nos llevó por todos lados, explicándonos todo, y hacía rituales con la naturaleza. Él respeta un montón la naturaleza y es guardián del agua. Ha luchado un montón para cuidar esas reservas que tiene ahí.

Y para terminar, ¿cómo describirían esa relación entre ciudad y campo que se ve en algunas de sus letras?

Juanita: Yo creo que debe ser que nosotras respetamos mucho al campo, y a lo que viene del campo. Y yo soy la más citadina de todas, y precisamente la música a veces es como si se pasara de la raya para algunas personas. A veces piensan que “cómo nos atrevemos”. Nos sentimos lejos del campo, pero respetamos mucho ese contexto. Es una especie de inspiración, la música del campo, y la música de la ciudad es como la manera en la que trabajamos, la manera en la que la tocamos. Puede ser que ese pensar en cómo meterle un ruido a una canción que suena tradicional o folclórica sea nuestra reacción desde la ciudad. Nos gusta esa idea de la música del campo como hecha para escenarios de disfrute, de pasar el rato. Esa mezcla nos definiría, como que el campo es la inspiración, y la ciudad la manera de tocar la música.

                

¿Cuándo y Dónde?

Martes 19 de agosto de 2014.

Teatro Estudio del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Avenida Calle 170 #67-51. San José de Bavaria, Bogotá.

Entradas disponibles en este link

COMENTARIOS
Cargando comentarios...
Baladetas y sonatinas
Ana María Trujillo (S)ocióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
PRóXIMOS EVENTOS
Upss! No hay eventos que mostrar
¿TIENES UN EVENTO?
APOYAN :