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Baladetas y sonatinas

CARTA PARA EL PITY

Mí querido Pity:   Llevo tres días sin dirigirle la palabra a nadie. La verdad no ha sido mi intención, pero hace un rato cuando terminé de hablar con el muchachito que me sube los cigarros a la habitación, me di cuenta que esa ligera conversación había sido la primera que tenía en muchas horas, y que tal vez tus ideas sobre mi retraimiento y mi anhedonia a causa de mi capacidad  para mezclarme con todas las historias de los pacientes, era cierta, y sí, tenías razón, me he encontrado contemplando fotos y expedientes de mis antiguos pacientes, imaginándoles una vida por fuera de este hospital; más alegres y vivos algunos, más lúgubres y taciturnos otros, como la niña rubia de la que estábamos enamorados que no quería salir a la calle porque le gritaban ángel y ella odiaba a los ángeles porque estos podían acercarse por la noche y acariciarnos, ¿te acuerdas?, y vos le decías por la noche – ¡qué sueñes con los angelitos!- y se ponía a llorar. Hace un rato tenía su foto sobre mi escritorio,  verdad que era un ángel, nunca le debieron haber dado de alta. Tengo tantos personajes como ella sobre mi mesa, que la otra noche viendo la guitarra olvidada contra la pared, decidí tomarla y tocarles una canción, como el hospital queda ubicado en el barrio italiano, la versión con la compañía del acordeón fue la que más gustó. ¿Sabés que ahora toco guitarra como un maestro? Aprendí tres acordes más de los que me habías enseñado, me los mostró un tipo español que tocaba flamenco y era reconocido, pero que terminó dejando su carrera el día que encontró a su novia partida sobre su guitarra por la droga con una nota que decía :-quedate con tus seis acordes que yo me llevo los demás-. El hombre llegó al hospital porque dice que desde aquel día solo puede tocar seis acordes, los del flamenco, y que seis acordes para un guitarrista en su estado son muchos, y  por eso ha venido a tratar de olvidar por lo menos tres, y así poder empezar a tocar blues, me imagino que para poder cantar lo que duele por dentro, yo que sé… lo deberías conocer, tiene una cancioncita que podría ser un éxito:  -Y en un rapto de spleen/ se curó para siempre con las capsulas/ de plomo de un fusil.-   http://youtu.be/CPDlhFtG7Os http://youtu.be/m2CPcNfuD8o   Pero bueno…, escribía para contarte algo en particular, además de mis temas con el silencio y los recuerdos. Te cuento que desde hace algunos días sé que voy a ser padre, eso me dijo la señorita Debrown; que últimamente veía más mi cara en el bebé que cargaba en su barriga, que me había soñado comiendo huevos de ganso y manejando un submarino, y que nuestra costumbre de hacer el amor tres veces todos lunes y fiestas de guardar, también podía tener algo que ver con su actual condición de gravidez. Habrá que esperar. La regla de oro en política está en no hacer sino cambios mínimos y en hacerlos con la mayor lentitud posible, y como para mí esto de la paternidad no es sino política, por mi parte estoy tranquilo… tal vez ahora pueda conseguir minas modernas diciéndoles que tengo un hijo con alguien que no quiero. Primero tengo que salir de acá. Yo no sé cómo está el mundo allá afuera, me dicen que la ciudad ha cambiado mucho, que ya casi no hay árboles como antes, que las personas se pasan la vida haciendo amigos en un computador,  que cerraron el bar donde estuvimos con Charly, que Charly ya no está tan gordo pero que se duerme en los conciertos, que la droga ahora está más fuerte y tiene nombre de rapero , que la mariguana es amarilla y ya no sabe a tierra o a pollo como nos gustaba, que la presión demográfica embrutece, que las clases altas son el sitio para donde la sociedad respira, que el tonto viendo que las costumbres cambian dice que la moral varia… ah!, y que los niños hablan varios idiomas y ya no hacen el amor con sus tías. Ayer por televisión vi que en el congreso debatían las medidas para estimular la economía por medio del tarot, y que en la peluquería un hombre le había pedido la mano a su novia amenazándola con unas tijeras y un secador, hasta donde hemos llegado, Pity, para que el futuro del país y del amor dependa solamente de nuestra vanidad. Pero bueno, pensarás que ahora vivo al tanto del afuera, sin embargo, de ese lugar solo me interesan mi perro y mi gato. Si podés, visitá a mis animales. Yo ahora solo puedo pensar en mis pacientes, por eso me vine a vivir acá… aunque pasan los días y cada vez me siento más tranquilo estando en este lugar. También leí en el periódico que en el barrio hubo un incendio, y que los bomberos demoraron más de medio día apagándolo, espero que tú, Marcela y el perro estén bien y no les haya pasado nada… sobre todo al perro.  Te  recuerdo, Pity, desde este mal llamado hotel de dios. Ojalá vuelvas pronto.  R.F.       http://youtu.be/k7KhaeFufgE   En una cultura tan fanática como la argentina, donde se corea saltando por cualquier publicación de ensayo de psicoanalista, y las bandas de rock de barrio, así no tengan ni un disco, tienen cientos de consagrados fanáticos que llenan los populares boliches en sus conciertos hasta llegar a la conflagración; existe desde 1989 una banda que como ninguna se ha convertido en devoción y culto de miles de jóvenes y viejos, que la reconocen y la aman más que a hija bonita.   Cuando pernocté unos meses por el país de Sábato, Boca y los Kirchner,  fui a preguntar en un tienda de barrio por un disco de Las Viejas Locas, dos horas después seguía conversando sobre la banda con el dueño del lugar, un amable jovenzuelo lleno de aretes y tatuajes que nunca paro de hablarme así estuviera atendiendo a otra persona. A los dos nos acompañaban una cincuentona ajada, amante del buen rock, iniciadora de nuestra conversación,  y una hermosa argentinita - extraña raza porteña- que abría sus inmensos ojos azules cuando se ofendía porque le decíamos que se parecía a una de esas rollingas que andan por ahí. Para ese momento ya estaba convencido de que hablábamos de la banda de culto más importante del país austral. La emoción de mis contertulios al referirse  a Las Viejas Locas, y en especial, al Pity Álvarez, quien por esos días se encontraba preso por dispararle a su manager en la pierna, clavaba con más fuerza mi conclusión en el madero de la certeza.   Argentina le ha dado mucho al mundo, por lo menos mucho más de lo que ha recibido. Sí claro, existe Charly, Calamaro, Soda Stereo, la cantidad de grupúsculos amanerados de comienzos del presente siglo, como Miranda y Babasonicos; existe Pappo, Los Redondos, Callejeros, Los Piojos; las bandas del boom del rock en español, todos mueven masas de admiradores y llenan estadios; algo para nada inusitado en este país. Sin embargo, el cariño y el respeto que se tiene por Las Viejas Locas no lo tiene ninguna banda, y todo porque además de cantar desde el corazón del barrio, de ser ese rock & roll puro de la calle que no habla de mariposas tecnicolor sino de hombres suburbanos y psicodellicas mujeres, y de tener varios himnos incrustados dentro de la personalidad musical de su país; es la banda del Pity Álvarez, uno de los músicos más queridos y trastornados que ha tenido el rock en español en los últimos 25 años.   http://youtu.be/FCNNFZUBEfk   Cristian Álvarez Congui, más conocido como “El Pity”, nació en un barrio de Villa Lugano en 1972, es drogadicto desde los 14 y nunca ha tenido problemas para hablar de su relación con los alucinógenos; en especial con el crack y el bazuco o “paco”, como se le conoce en Argentina. Es fundador de Las Viejas Locas y Los Intoxicados; el segundo nombre que tuvo la banda cuando hubo algunos cambios en su formación original. Su madre era empleada de servicio y su padre celador. Trabajando en la seguridad de una fábrica, el Pity termina en medio de un incendio que le produce quemaduras de 2do grado en el 80 por ciento de su cuerpo, así como posteriores alucinaciones traumáticas que lo terminan llevando a sus primeras visitas  al sanatorio. Ha estado varias veces en la cárcel: intento de asesinato, robo a mano armada, posesión de drogas ilegales, amenazas contra sus vecinos, y alguno que otro acto indecente en la ciudad del tango. Pero siempre sale y vuelve a llenar parques y estadios con sus canciones y su banda… la que pacientemente siempre lo espera.   http://youtu.be/8lHkqH0pQLI   El Pity es el consentido de la ciudad de la furia, esa ciudad-país que hace de sus más díscolos los más admirados y eternamente recordados. Al Pity lo ayudan políticos, ex presidentes, lo quiere toda la farándula de la cultura y lo respeta el zoológico de los medios, pero sobretodo, al Pity lo quiere su gente, su barrio, su extendido pueblo destructor de clases y amante del buen rock.  Como esos tres que me estuvieron hablando durante horas de su último carcelazo y su más reciente trabajo musical, todo con un enorme cariño y un gran dejo de nostalgia por uno que se va apagando rápidamente con cada día que pasa.   http://youtu.be/OpRY3PChLOc   Hace algunos meses el Pity salió de su último paso por el sanatorio, en esta ocasión estuvo internado en la clínica Dharma, la única que lo quiso recibir ante la negativa de otras clínicas que ya habían sufrido su ilustre prontuario. Estuvo 69 días internado y salió igual que como entró, solo que un poco más gordo por culpa de los barbitúricos. Cuando le preguntaban cómo se sentía, respondía leyendo las cartas de su amigo Ricardo Fourtoul, antiguo compañero de hospital del Pity, que se suicidó en esa misma clínica algunos meses antes del ingreso de la Vieja loca.   Fourtoul fue médico psiquiatra, enamorado del arte, hincha furibundo de Las Viejas Locas y de Intoxicados, acérrimo onanista, como el mismo aseguraba, y escritor. Perdió la cabeza entre las historias de sus pacientes – entre estos el Pity – y  el desamor de su esposa, Gabriela Moreno Launay, a quien al final de sus días le decía la señorita Debrown. Comparto una de sus cartas  dirigidas al Pity, pero solamente entregadas a éste cuando entró por quinta vez al sanatorio. Para el Pity la locura está en la calle, la iglesia y el gobierno, y  la gente que vale la pena está encerrada en un manicomio desayunando narcóticos que le matan la cerebro.   Ricardo Fourtoul, días antes de su muerte.   Para oir y saber más de Las Viejas Locas, Intoxicados, el Pity y Ricardo Fourtoul:  http://alvarezpity.com.ar/ http://viejas-locas.com.ar/ http://viejas-locas.com.ar/intoxicados/
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Ana María Trujillo (S)ocióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
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