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Baladetas y sonatinas

TODO TIENE UN COMIENZO. BALADETAS Y SONATINAS

  Todo tiene un comienzo. A mi madre le tocaron las grandes orquestas que recorrían el país en un alucinado y mejorado intento de fundación nacional,  Lucho Bermúdez,  Pacho Galán, Los Hispanos. Todos un verdadero crisol de nacionalidad, ninguno era caleño o cartagenero o paisa, todos eran colombianos y ya, todos venían de lejos como ellos mismos decían y hacían giras inmensas por el interior del país, poniendo a bailar a todos los cachacos tiesos con el tambor y la flauta, y a sus novias con el brillo de  los ojitos miel del moreno alto que cantaba sonriendo.  Ahí el que no bailaba no tenía nada que hacer, ahí sí la vida estaba perdida, y el adonis de hermosos ojos y leónica cabellera no era nadie al lado del pequeño narizón alopécico que se movía como los dioses. La vida era clara por aquellos días.   http://youtu.be/DfiWxfoc1Sg   Una noche mi madre tomó mi mano y me llevó al cuarto donde estaba el único equipo de sonido que teníamos en la casa, sacó un acetato de porros y cumbias colombianas; uno de esos mosaicos que por esa época las empresas les regalaban a sus empleados  para devolverles un poco de la vida que tanto les quitaban. Lo puso en el tocadiscos y  agarró mis brazos para ponérselos alrededor de su cintura. Comenzamos a bailar, o por lo menos ella,  yo solo la seguía con la mirada.  Mientras ella me corregía mis fallidos pasos sin perder el ritmo y se movía con calma y elegancia,  yo, perplejo, observaba sus manos, sus hombros, su cadera; su cuerpo entero hablando sin hablar.  La música que parecía quedarse atrás llegaba a mí a través de sus brazos, piernas, huesos y carnes.   Mi madre no era mi madre, mi madre era la música, y yo asustado como cuando el destino se nos presenta en persona busqué alejarme de aquel acto que aún me era extraño y engorroso. En ese momento ella me agarró fuerte, me miró a los ojos y me dijo que ella tenía muchas cosas para enseñarme en la vida, aunque para eso estaba mi papá, pero que si había algo que mi papá no podía enseñarme era a  bailar y que esto era mucho más útil en la vida que cuanta vaina mi querido padre pudiera enseñarme- el hombre que no baila es un pendejo y se lo lleva el viento… ¡ah! y no consigue novia-, terminó. Al final, bailamos un par de canciones más y me mandó a acostar. Si a muchos los han marcado diferentes cosas en la infancia, a mí fue el día en que mi madre me enseñó bailando que el hombre que no baila es un pendejo sin novia llevado por el viento. La vida era clara por aquellos días, y sobretodo diferente.   http://youtu.be/ePsvyjinsJg   Después de esa noche me hice al equipo de sonido de mi casa como un feo a su novia fea, me entregué y mi amor era correspondido. Toda la música que existía en mi casa estuvo sonando según mi gusto. Los casetes de música ochentera de mi hermano eran mis preferidos; los acetatos de mi madre, sus porros, sus cumbias, sus vallenatos,  los que estaban marcados como música bailable, los que decían 'para tomar aguardiente', los gastronómicos de la salsa rosada, los boleros de mi padre y sobre todo su colección de Los Visconti, como me gustan Los Visconti. Llegué también por aquella época, en mi primera década de vida (y por un video que tiernamente me  prohibían) a uno de los grandes de la historia, Michael Jackson y Thriller (1982); varias fotos imitándolo y hasta un casete en que canto Beat it son prueba de este gusto. No lo niego, lo negaba en mi adolescencia frente al matoneo psicológico de mis amigos metaleros, o en la condescendencia con la ignorancia de una que otra noviecita y su insípido Maná, igual… siempre lo llevé pegado al guante.   http://youtu.be/wM7-vEYRglE http://youtu.be/HrPTDU40hO4   Y fui creciendo, al igual que mi miedo al baile, tal vez siempre tuve miedo a ser rechazado y terminar llevado por el viento, ¡mucho pendejo! Por eso, cuando aparecieron los distintos ritmos y las distintas muchachitas, prolijamente educadas para mover la cadera y responder preguntas adolescentes sin dejar de marcar el paso del merengue, mi corazón me llevó directo a la quietud trémula del Rock. Bienvenido el Rock, los cigarrillos, los amigos, las botellas, los raros peinados nuevos, los Converse, los conciertos, el pogo – en el que siempre me fue mal- los riff, las baterías, los punteitos aéreos de guitarra, el cuero, los jeans, la madrugada, los tatuajes de Mariana, la marihuana, la vida hecha un todo o nada.   http://youtu.be/UeZXUw1mRzw   Eran los noventa, y mientras El General ponía a todos en fila para jalarle al Meneaito, el grupo Niche nos cantaba desde un Cielo de tambores, el dance y el house nos preparaban para los posteriores ritmos de enajenación mental y sexual,  y Jerry Rivera nos mostraba su maldita Cara de niño; yo logré ahorrar unos pesos y compré mi primer CD, mi primer disco compacto, el Nevermind de Nirvana(1991). Lo vi una vez en la tienda y en silencio lo empecé a desear más que a cualquier cosa en la vida, por esa época mi tocadiscos ya eran las calles de Bogotá, y el miedo que le tenía a una ciudad que apenas conocía hacían del cuarto de mi casa y la grabadora con cd que había heredado de mi hermano el mejor de los santuarios para convertirme en una oveja más (sheep – como se iba a llamar este disco en sus comienzos) del gran rebaño del Rock.   http://youtu.be/GZm-kk-A6AI http://youtu.be/_fdYjlAviT8   Una mañana el destino volvió a aparecer. Yo me defendía con los acetatos de mis padres, mi Nevermind y los casetes ochenteros de mi hermano; un hombre que durante la década del sintetizador y el maquillaje varonil se tomaba fotos en pantaloneta, ombliguera, gafas negras y balaca, aretes y tenis Rebook, y que además acababa de llegar de algunos años de intercambio escolar -a favor del bilingüismo- en el musical estado de California, definitivamente tenía algo que ofrecerme. Siempre tendré que agradecer tanto a mi madre como a mi hermano la melomanía que hoy me acompaña.   Ese día de vacaciones escolares, la soledad y la música eran mis cómplices y mejores amigas. Mientras hacía peregrinaje por la gran habitación de mi mentor musical, encontré abierto y a mi total disposición el gran tesoro que con tanto recelo este  protegía: su closet; la única puerta con llave en el interior de mi casa, toda clase de extraños adminículos de un hombre a la disposición de un núbil barbilampiño como yo. Sin embargo, y a pesar del erario de distracciones eróticas,  de las interesantes cartas de sus bobas enamoradas (todas leídas y analizadas), de sus lociones de alta gama, del pedazo de muro de Berlín que le habían regalado, de los condones de colores y sabores que en este país culión por esa época ni existían (al igual que mi oportunidad de usarlos), a mí solo me interesó una cosa : su colección de discos, esa colección que con esmero, orden y cautela era tan bien conservada.   http://youtu.be/hFmqeA8NP7A   A mi favor: mi hermano siempre fue un gran rockero; Led Zeppelin , Alice Cooper, The Doors, Rolling Stones, The Beatles, Rod Stewart, ACDC, Motley Crue, Def Leppard, Aerosmith, David Bowie, The Police, Kiss, Queen, Jimi Hendrix, Pink Floyd, Janis Joplin, Guns N Roses, un gran ochentero; Prince, Duran Duran, Bad English, Bon Jovi. George Michael, Van Halen, Journey, Poison, Ratt, Skid Row, Totto, Tesla, New Order, un gran glamero; Damn Yankees, Dokken, W.A.S.P, Europe, Cinderella,  Winger, Whitesnake, Warrant, White Lion, Scorpions, un gran salsero; Richie Ray y Bobby Cruz, La Fania, Niche, Ismael Rivera, Ray Barreto, Jhonny Pacheco, Los Hermanos Lebrón, Héctor Lavoe, Willie Colón, Tito Puente, Celia Cruz, Henry Fiol, y sobre todo, mi hermano era  un gran amante del rock en español, y aquí todo vuelve a empezar; mi hermano tenía recién sacado del horno el Unplugged de Charly García de Mtv, Hello(1995). en ese momento,  de toda su colección fue el único disco que me atreví a poner en el equipo. “Hello”, la primera palabra que se escucha en ese disco, bienvenido al Rock.     Todo estaba consumado, había oído el que para mí sigue siendo el más grande roquero de todos los tiempos. Sí claro, habrá mil más, como hay mil tatuajes en el mundo y uno tiene el que tiene, yo que no tengo tatuajes, por lo menos en la piel, creo que en ese momento se me hizo uno dentro de la cabeza.   http://youtu.be/WegeWGmPeWQ   A demoler hoteles, a hacer promesas sobre el bidet, a enamorarme de pasajeras en trance,  al fanky, al chipi chipi, al pubis angelical, al fax U, a la anhedonia, a irme en tren, a meterme por el callejón punk, a las filosofías baratas y los zapatos de goma, a romper todo para no volverme tan loco. A todo esto y a muchas más canciones como banda sonora de esta simple vida, me he dedicado desde que el bigote bicromático de Charly y su vida de excesos, genialidad, y rock and roll, iluminaron mi existencia.   http://youtu.be/anm5WrbbcjU   Claro está que ahí no acaba la cosa, después del grunge y rock en español, vinieron tantos discos, músicos y canciones más, como clientes de lupanar en la ciudad de la soledad, tantos géneros, como los que se encuentran en las noches de la calle 60. Pero bueno, como dice Julio Ramón Ribeyro en su escrito al cigarro Solo para fumadores; "ya es hora de poner un punto final a esto dejando abierto todo para más…"   Eso sí, nunca hablaré de trance o música electrónica, electro, house, acid, como le quieran decir, para mí siempre será trance y ya. Por eso invito a quienes se deleitan y dilatan con este género y muchos más, a que vengan y participen en BALADETAS Y SONATINAS; un blog que intenta ser un punto de sutura en que se confabulan música, literatura y poesía.
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Ana María Trujillo (S)ocióloga Lo mío son las palabras y las imágenes, el poder de contar historias, la tentativa de construir puentes.
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