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El astrolabio
ESCRITO POR
Astro Sofía
Más que astróloga es una estudiante de Astrología. Más que leer la carta astral, lo que hace es conversar con otra persona interpretando símbolos. Nació el 12 de Mayo de 1968 cuando la imaginación quiere llegar al poder. Es Tauro como Marx y Freud, pero no quiere dejar como legado ningún sistema filosófico.

LEO: EL CREADOR Y EL TIRANO

El símbolo de Leo, en astrología, es una cabeza a la que se le desprende una pequeña cola. Si lo vemos en detalle, es parecido a la representación que existe de los espermatozoides. La energía de Leo es masculina, fija y productora; su símbolo da cuenta de esa semilla creadora y fecunda, que icónicamente se asocia con la masculinidad. Si Cáncer es la madre, Leo es el padre que suministra calor, energía y protección. El sol rige a Leo y es el astro que marca el renacer de los días, la actividad, el momento de crear, de hacer y de fertilidad. La representación de esa energía primigenia viene de la infancia de la humanidad con la Era de Leo, que se sitúa aproximadamente entre el 10,521 A.E. al 8,289 A.E. Durante esa época, en la tradición judeocristiana, las imágenes que llegan del Antiguo Testamento hacen referencia a la historia de Noé y una época llena de cambios climáticos e inundaciones en la tierra. Aparece la imagen de un Dios severo, castigador, autoritario, que no permite ser cuestionado, y de ahí las características de Leo: dador de vida y benévolo, pero al mismo tiempo cruel y déspota. En la Era de Leo, Noé y su familia son los hijos de Dios, los hijos del sol, la estirpe escogida para reproducirse, poblar la tierra y plantar la semilla originaria, cueste lo que cueste.

Son muchos los reyes, faraones, emperadores, presidentes y tiranos que han sido de signo solar Leo o tomaron el sol para identificar su reinado. Desde Akenatón en el antiguo Egipto y su adoración al sol, pasando por Julio Cesar, que nació bajo signo solar Leo y consolidó el imperio romano, hasta  llegar a Napoleón, Simón Bolívar, Fidel Castro, Hugo Chavez, Juan Manuel Santos y Barack Obama. Son tantas y tan variadas las figuras políticas con signo solar Leo que hacen que, sin  duda, sea un signo de poder, entendiéndolo en términos del control de la fuerza, la belleza, la majestuosidad, el carisma y el dominio. El arquetipo de Leo, en este sentido, se centra en la individualidad unificadora, el mando y el poder en expansión.

Existe otro arquetipo de Leo que se relaciona con la creación. Los Leo siempre quieren brillar y generalmente lo hacen en el campo que escojan. El cine, en sus más puros términos, es pisciano, pero la farándula y el espectáculo tienen algo de venusino y leonino. Entre los actores con signo solar Leo más famosos están Dustin Hoffman, Robert De Niro, Sean Penn, Robert Redford y directores como Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick. Este último, particularmente, me parece interesante de resaltar. Kubrick hizo de cada una de sus películas un clásico y una referencia obligatoria en su género: comedia en el Dr. Strangelove (1964), ciencia ficción en  A space Odyssey (1968) y terror en la enigmática The Shining (1980), para nombrar algunos ejemplos. Cada película guarda una capa oculta, cada imagen era perfectamente pensada y compuesta.  Kubrick era un gran jugador de  ajedrez y en los rodajes siempre tenía una partida pendiente. Ante todo, Kubrick era un estratega; cada película era una guerra, cada persona era un contrincante a vencer. Algunas personas decían que en los rodajes era un tirano y otras simplemente que era muy exigente. Los Leo tienen esa capacidad de reunir a las personas, como el fuego, y estar al mando para realizar una gran empresa. Sin embargo, a Kubrick, a pesar de ser esta especie de  “semi-dios del cine”, le gustaba estar tras bambalinas, alejado del mundo.

La tensión entre el tirano y el creador, que coexiste en Leo, se puede entender con la filosofía Nietzcheana (a pesar de que él era de signo solar Libra). Cuando Nietzsche afirma que “Dios ha muerto”, hace una profunda crítica cultural al modelo judeocristiano monoteísta, sin embargo, al mismo tiempo habla sobre la emergencia de la “voluntad de poder” como forma de una subjetividad contrapuesta. La muerte de Dios es la muestra de que no existe una sola verdad ni un solo relato que explique la totalidad del mundo. El ser humano tendrá que valerse de sí mismo y de ahí sacar su propia fuerza. “La voluntad de poder” se constituye como esa fuerza creadora, que hace de la vida una obra de arte. Es el eje dinámico de la vida, es la fuerza vital que empuja al ser humano a superarse a sí mismo y sería a lo que finalmente se debería aspirar para llegar  ser un “superhombre”.  En Leo coexistirían estás dos genealogías del poder: por un lado, la del tirano “monoteísta”: autoritario, totalizador y universal,  y por otro lado, la del creador por “voluntad”: individual, creativo, inventivo y vital.

Resulta interesante ver cómo se sigue leyendo la historia en los términos de Leo;  una historia patriarcal, de triunfadores e individuos vanidosos, ganadores y egocéntricos, con unas inmensas ansias de poder y unificación (en muchos caso en torno a ellos mismos). Se sigue privilegiando las historias de los “grandes hombres”, en detrimento de las pequeñas historias de hombres y mujeres[1]. Existe esta característica marcadamente leonina en nuestra sociedad, de hablar de las “grandes gestas” hechas por individuos y no por colectivos (que se encontraría más en su opuesto, Acuario). Los Leo tienen la capacidad de volverse el canon y el poder hegemónico en cualquier ámbito y campo, y es por esto que resulta tan atractivo el poder que ostentan. De ahí, y paradójicamente, a pesar de la idea esencial y fija que existe de Leo, se desprende una imagen doble de tirano y creador.

Tanto el “tirano” como el “creador” tienen un ego inflado, que resulta a la vez su mayor fortaleza y debilidad. ¿Cómo resolver esta encrucijada? En la quinta tarea, Hércules tuvo que enfrentarse al gallardo león de Nemea. Todos hablaban de su fiereza. Hércules lo buscó entre los matorrales y lo encontró acostado, tranquilo e impávido.  Le disparó con su arco, pero el león logro esquivar las flechas sin ningún esfuerzo. Luego el león rugió y se metió en una cueva. Hasta allá llego Hércules sin ningún arma. Los pobladores de Nemea se encontraban aterrados por el león, y cuando vieron que Hércules se acercaba desprotegido, le advirtieron del peligro que corría. En la oscuridad de la cueva, en donde las grandes iluminaciones se dan, Hércules luchó contra el león, mano a mano, hasta que logró vencerlo. Hércules tomo la piel del león y la utilizó como ropaje. Cuando Hércules mostró que había finalizado su quinta tarea, los dioses honraron la valentía del león por la forma como se había enfrentado a Hércules y fue así como nació la constelación de Leo.

En astrología, la interpretación que se le da aeste mito se relaciona con el dominio del ego. El león representa el ego y su control se da en la soledad (la cueva), sin ningún tipo de armas.

Leo es un signo en esencia fiel, aunque por momentos necesite uno que otro halago y  ser consentido como si fuera un gatito para mantener su atención. Leo cree saberlo todo, y si no lo sabe lo aprende rápidamente. Está destinado a conquistar el mundo y las más altas esferas del campo donde se desenvuelva (tal vez le cueste más de lo que él mismo sea capaz de reconocer). Si el nativo de Leo aprende a ser él mismo, a dominar el ego y no tratar de complacer a todo el mundo por la necesidad de sentirse admirado, encontraremos a un Leo fortalecido, y sobre todo noble, que hará de la creación y el dominio de sí – y no la tiranía-  su mayor virtud.

NOTAS

[1] Si bien he omitido a las mujeres Leo dentro de esta descripción del signo, ha sido intencionalmente para marcar el carácter masculino del arquetipo de Leo. Entre las famosas Leo encontramos principalmente actrices y cantantes como Madonna, Melanie Griffith, Charlize Theron, Halle Berry, Hilary Swank y Sandra Bullock.

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El astrolabio
"Originariamente “especular” significaba observar el cielo y los movimientos relativos de las estrellas con la ayuda de un espejo. Sidus (estrella) ha igualmente derivado en “consideración”, que significa etimológicamente mirar el conjunto de estrellas. Estas dos palabras abstractas, que designan hoy operaciones altamente intelectuales, están enraizadas en el estudio de los astros reflejados en espejos. Se introduce de este modo una bella paradoja: el reflejo aséptico del espejo se superpone a otro reflejo especulativo. La naturaleza de lo especular contiene por igual ambas visiones y si una quedaba eclipsada por la otra se debía tan sólo a una toma de posición apriorística." (Joan Fontcuberta)
i.letrada La revista pseudoacadémica más cultural de Bogotá.
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