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ARTíCULO INVITADO 2
PLACER CORPORAL Y ACEPTACIÓN PERSONAL
ESCRITO POR
Juliana Buriticá
Aficionada al idioma, la cultura, el cine y la literatura de Japón.

PLACER CORPORAL Y ACEPTACIÓN PERSONAL

La masturbación, ese saber placentero censurado, aprendido en silencio, en lo oscuro, en la valentía del secreto. He aquí una invitación de Juliana a su transformación en grito, en gemido, en placer sin tapujos. De lenguas y dedos liberados ha de estar lleno este mundo.

Aunque venga de un amante, una bañera, un osito de peluche,
un dedo, una lengua o un vibrador, un orgasmo es un orgasmo.

Betty Dodson

A veces sentimos incomodidad e insatisfacción con nuestro físico. A veces, nos sentimos alienadas, como extrañas ante nosotras mismas. ¿Cómo acercarnos a y conectarnos con nuestro propio cuerpo? Tocándonos, consintiéndonos, acariciándonos y queriéndonos. La masturbación no es algo novedoso, pues en la mayoría de los casos la descubrimos a muy temprana edad, pero la masturbación “empoderada” tal vez sí lo es. Es decir, una masturbación sin vergüenza ni pena, sin la necesidad alarmante de ocultación y silencio. La masturbación como un modo de amar y aceptar nuestro cuerpo.

La represión sexual empieza en el momento en que cualquier persona—bien sea la mamá, el papá, el o la niñera, el o la pediatra, el o la profesora—nos castiga, nos mira mal y nos dice que eso no se hace. En la niñez surge esa curiosidad, tan natural, de descubrir y tocar nuestros órganos sexuales, pero antes de que ésta se desarrolle libremente es contenida por normas socioculturales. Por ejemplo, la clandestinidad como condición necesaria para la masturbación. El saber desde muy niña, aunque nadie me lo dijera explícitamente, que de esto no se puede hablar ni con mi hermana, ni con mi mamá, ni con nadie. Es así como asociamos la masturbación con algo que causa tanto vergüenza como culpa. Sin embargo, con los años llegará el momento de despertar el clítoris, los pezones y las demás zonas erógenas que han permanecido en aquel letargo impuesto. Llegará el momento de alejarnos de la vergüenza y acercarnos a la libertad sexual. 

Betty Dodson, sexóloga y activista defensora de la masturbación, nos dice que la masturbación es la base de toda la sexualidad humana.[1] Según Dodson (1989), la mayoría de sus clientes (mujeres) que tienen problemas para sentir orgasmos tienen poca—o nula—memoria de haberse masturbado en su niñez o adolescencia. Las ideologías de género influyen significativamente en la manera de concebir y vivir la sexualidad, incluida la masturbación. Asumimos que la masturbación es una actividad predominantemente masculina. Este es uno de los estereotipos de género que aún quedan por desmontar. Todo el mundo sabe que los hombres se masturban, claro, es natural, por supuesto, ¿quién no lo hace? ¿Y las mujeres, qué?

Hay muchas mujeres que se masturban, por supuesto, pero también hay muchas que no. En nuestro caso, la masturbación se nombra como masturbación “femenina”. Y la necesidad de escribir el “femenina” después de masturbación me inquieta. ¿Por qué casi nunca usamos la expresión masturbación “masculina”? La masturbación masculina no es un tabú. De algún modo, esperamos que los hombres se masturben; pero cuando se trata de las mujeres, no hay la misma libertad. La masturbación es diferente para cada quien, para niñas, niños y para las personas que están en el medio, en los bordes y afuera de este binario.

El placer solitario ha sido condenado en la gran mayoría de sociedades influenciadas por ideologías religiosas. En este sentido, tanto hombres como mujeres sufren la represión de la masturbación; sin embargo, reitero, para las mujeres el sometimiento es aún peor. A las niñas se les dice que no se pueden tocar “ahí” con mucha más frecuencia que a los niños. Y en el caso de las mujeres, las muestras de rechazo y control hacia el propio cuerpo son mayores. Por el contrario, la masturbación o, mejor aún, la sexualidad, es fluida y múltiple; no responde en absoluto a la imagen cuadriculada y de mente estrecha que sugiere que el sexo es solo un medio de reproducción en el marco de un matrimonio monógamo y heterosexual.

Necesitamos deshacernos de los sentimientos de culpa o desagrado con respecto a la masturbación. Necesitamos dejar de fingir orgasmos y conocernos mejor para poder gozar de ellos. En otras facetas de la vida, tal vez el famoso dicho “fake it until you make it” (“fingirlo hasta lograrlo”) funcione, pero en este caso, no vale la pena sacrificar nuestro propio placer por “proteger” los sentimientos de nuestras parejas o mantener cierta reputación.

En muchos casos, cuando no llegamos al orgasmo nos sentimos frígidas, inseguras e incluso, insuficientes o deficientes. Pero esto no tiene por qué ser así ni tampoco seguir así. Que este texto sea una invitación a explorarnos, a convertirnos en expertas en nuestros propios cuerpos y descubrir nuevas emociones y sensaciones, para que nuestras expectativas sexuales se ajusten a lo que en realidad nos gusta. La sexualidad, como todo en la vida, también se aprende, por eso hay que estudiar y practicar. El placer no es siempre el mismo, tiene capacidad de crecimiento y lo podemos desarrollar por nuestra propia cuenta. Para que esto sea posible es necesario cuestionar: ¿en pleno 2014, sigue siendo la masturbación "femenina" un tabú? ¿Por qué sigue causando vergüenza y se discute de modo superficial y con poca frecuencia? Estas preguntas son tan solo una parte de una conversación más amplia—y necesaria—sobre la sexualidad femenina. ¿Cómo hacer que la masturbación sea una parte saludable de nuestras vidas sexuales?

Eve Ensler escribe su obra teatral «Los Monólogos de la Vagina» («The Vagina Monologues»), que es tanto una oda al placer como una denuncia social acerca de la violencia contra el cuerpo femenino.[2] Esta obra está compuesta por varios monólogos que hablan sobre temas que incomodan, temas que la mayoría de la gente prefiere no enfrentar: sobre la verdadera experiencia del cuerpo femenino. Uno de estos monólogos está dedicado a la descripción de los talleres de empoderamiento sexual y corporal de Betty Dodson. Y aunque Dodson preferiría que se hablara más de placer y menos de violencia en esta obra, la representación teatral de sus talleres, es un modo de acercarnos al conocimiento de la vulva, del clítoris, del orgasmo y de la multiplicidad de posibilidades del placer femenino.

Dodson lleva enseñándole a muchas mujeres cómo llegar al orgasmo a través de la estimulación del clítoris y la exploración propia desde los años setenta. Promueve que nos conozcamos, que aprendamos acerca de nuestros cuerpos y cultivemos el placer que emerge de la masturbación. Incluso hoy en día sigue liderando estos talleres de sexo y cuerpo, que le apuntan a la construcción de hermandad femenina, al empoderamiento y a la sanación corporal. Son talleres solo para mujeres que comparten un espacio de confianza en el que le dan la bienvenida al conocimiento corporal, a la desnudez y al placer orgásmico.

No estoy diciendo que este tipo de talleres sean la única forma de asumir nuestra sexualidad y desarrollar actitudes positivas hacia la masturbación y nuestro cuerpo. Es una de las múltiples opciones, y aclaro, no hay un manual de instrucciones que sea aplicable unánimemente. Este texto es una invitación a ejercer la autodeterminación y la libertad, a crear el espacio y a tomarnos el tiempo necesario para conocernos, para gozar del placer sexual y erótico sin penas ni culpas, para transitar por el camino del empoderamiento y la aceptación corporal. Para que aprendamos a concebir la masturbación como una manifestación de amor hacia nosotras mismas. A través de la masturbación nos podemos hacer cargo de nuestra propia sexualidad y placer. Y ni compite con ni reemplaza al sexo con una pareja, por el contrario, el sexo se beneficia de la masturbación ya que fortalece nuestra autoestima y sexualidad en general. Al entender nuestro cuerpo como fuente de placer y gozo, nos amamos más.

Por consiguiente, es deseable que todas las personas —en este vasto espectro de identidades de género que se mueven a lo largo y ancho de la feminidad y masculinidad—se hagan cargo de su sexualidad y se amen a sí mismas. La satisfacción y el placer sexual están, literalmente, en nuestras propias manos. Ojalá pudiéramos resignificar la masturbación, y despojarla de toda negatividad y aberración para que sea una palabra que no implique desconexión con el mundo, sino por el contrario, que evoque amor por uno mismo, lo que se traduciría en una mejor relación con nosotras y con lo que nos rodea.

¿Por qué masturbarnos? Porque al masturbarnos, despertamos nuestras sensaciones corporales y también nuestra mente. Porque este placer estimula la autoestima, creatividad, confianza y seguridad. Porque nos hace sentir bien. Porque no es una pérdida de tiempo. Porque es para mí y no para impresionar a alguien más. Porque nuestras vulvas y vaginas son parte clave de nuestro cuerpo, y nuestro cuerpo es nuestro. Porque tenemos la capacidad de darnos amor y placer a nosotras mismas y porque lo personal es político.  Que resuenen y vibren las palabras del colectivo boliviano Mujeres Creando: “la mujer frígida no existe —todo es cuestión de malas lenguas-”.


[1] Betty Dodson es terapeuta y autora de los libros: Liberating Masturbation: A Meditation on Selflove (Liberando la masturbación: una meditación del amor propio) (1974), un clásico feminista. Sex for One (Sexo para uno) (1987) vendió más de un millón de copias. Orgasms for Two (Clímax en pareja)(2002) es acerca de cómo sentir placer en una relación de pareja.

[2] El primer espectáculo de Los Monólogos de la Vagina fue en 1996 en el HERE Arts Center de Nueva York. La versión original ha sido modificada en varias ocasiones, y ha sido traducida a más de 30 idiomas, incluido español. Para más información ver: http://www.eveensler.org/plays/the-vagina-monologues/. La obra llegó a Colombia bajo la dirección de Fanny Mickey y se presentó alrededor de 700 veces en el Teatro Nacional. En el 2012 estuvo dirigida por Ana María Kamper y se presentó en Bogotá, Villavicencio, Cali, Bucaramanga, Pereira, Armenia y Barranquilla. 

Referencias

Dodson, Betty (1987). Sexo para Uno. El Placer del Autoerotismo. Madrid: Ediciones Temas de Hoy.

Dodson, Betty y Carlin Ross (2002-2008). Blog: Better Orgasms. Better World. 

Ensler, Eve (1998). The Vagina Monologues. New York: Villard Books Trade Paperback Edition, 2001.

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