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ARTíCULO INVITADO 1
SI PUEDES IMAGINARLO, PUEDES HACERLO
ESCRITO POR
Erika Antequera
Quisiera tener el don de la ubicuidad.

SI PUEDES IMAGINARLO, PUEDES HACERLO

La exploración como posibilidad, las experiencias ajenas como apuesta, como reflejo, como realidad de lo posible. Hay que apostarle a vivir el sexo y el amor de tantas formas como sea posible, aún, a través de otros, esta vez, un otro swinger.

Conozco a un chico swinger, es decir, que practica el intercambio de parejas desde hace unos 10 años. Tenemos cita en la terraza de un bar en el centro de Madrid para que me cuente su experiencia. Llego puntual al encuentro cargada de morbosidad y escucho atenta el relato sobre su primera vez:

Con mi pareja hablábamos mucho de nuestras fantasías, lo que nos gustaría y lo que no y empezamos a informarnos por Internet. La primera vez estábamos bastante nerviosos. Encontramos un club en el norte de Madrid y allí llegamos un sábado por la noche. El lugar es muy discreto, está en un barrio residencial donde no hay bares ni restaurantes cerca. Nos abrió la puerta una mujer de unos 40 años y nos preguntó si era nuestra primera vez. No sé si se nos notaba mucho, en todo caso, siempre preguntan. En la entrada estaba la barra como en cualquier bar, pista de baile, zona con sofás y sillones, todo un poco años 90. Mucho rojo, alfombras y tapizado de cuero. En el sótano había una piscina que es totalmente nudista. Por los cincuenta euros que pagas de entrada te dan una llave para la taquilla donde encuentras chanclas desechables, toalla y sábana y tienes derecho a un par de copas.

En este punto de la conversación, mi curiosidad crece y me adelanto a los acontecimientos. Intento imaginar cómo se involucra uno en una orgía en la que es imposible identificar qué parte del cuerpo ajeno es la que se está tocando, pero mi entrevistado se ríe y me dice que

todo se hace de manera bastante natural. Después de tomar una copa, mi chica y yo bajamos a la piscina. Era un ambiente bastante llamativo, con una luz muy agradable y camas altas alrededor. Nos desnudamos y empezamos a besarnos, al poco rato una pareja se sentó muy cerca de nosotros. Ella era muy guapa, tenía cuerpo de modelo y él no estaba nada mal. Poco a poco nos fuimos acercando hasta que ellas empezaron a besarse. Luego hubo sexo oral, nos tocamos, pero no hubo penetración.

Con total inexperiencia frente al tema le pregunto si existen modalidades en este tipo de prácticas y me cuenta que a pesar de que a mucha gente le molesta que clasifiquen sus gustos sexuales, hay diferentes maneras de interactuar. Soft swing o intercambio de caricias y sexo oral. Full swing, implica penetración.

Hay parejas que solo van a ver cómo su compañera se acuesta con otro, hay quien va solamente a excitarse y no interactúa con otra pareja. Otros prefieren exhibirse y en fin, hay tantas posibilidades como personas en el mundo.

Lo suyo no quedó ahí.

Después de interactuar un rato los cuatro, de manera natural descansamos y hablamos un poco. La verdad es que no intercambias muchos datos de tu vida. Tomamos una copa y luego fuimos a una cama, en ese momento se acercó otra pareja y se unieron a nosotros. Mi chica y yo estábamos muy excitados.   

¿Seis personas en la misma cama? No me sorprende pero si me inquieta. A mí, que no me dejaban recibir visitas más allá de la sala de mi casa y que me educaron bajo los clásicos estándares del amor en pareja, me impacienta saber cómo es ese momento. ¿A qué huele? ¿Y si uno ya no quiere más? ¿Cómo se sale del entramado de carne, sudor y gemidos? “Cuando quieras”, dice mi entrevistado. “En este tipo de prácticas todo se hace de mutuo acuerdo con tu pareja y se llega hasta donde el que menos quiere llegar”. Es una regla fundamental. Un NO es un NO que además, no requiere justificación. “Es como en cualquier relación de pareja, solo que aquí hay más gente. Si alguien te está forzando a hacer algo que no quieres entonces es que algo va muy mal.”

Celos, malditos celos

Por muy natural que sea esto para algunos, somos muchas las personas a las que nos cuesta aceptar sin dolor que nuestra pareja tenga sexo con otras personas. Dossie Easton y Janet W. Hardy en su libro Ética Promiscua, señalan que “(…) los celos son una palabra comodín que cubre una amplia variedad de emociones que podemos sentir cuando nuestras parejas conectan sexualmente con alguien más (…) pueden ser una expresión de inseguridad, miedo al abandono (…) es la experiencia de proyectar sentimientos incómodos propios en nuestra pareja.”

El swinger que tengo en frente, confiesa que no es fácil sostener este tipo de prácticas con cualquier persona. Hay temores y tabúes que son difíciles de romper. Pero él resalta que

esto no se trata de que tu pareja se lo pase bien mientras tu miras muerto de ira. En este juego, la equidad es total porque tú también lo pasas bien. A mí lo que me gusta es compartir la experiencia con mi pareja, solo ella puede entender la cantidad de sensaciones que he vivido en un encuentro así. Además, si quieres a tu pareja, ¿por qué sentirte inseguro? ¿por qué no puedes verla feliz y excitada?

Lo más complicado, para mí claro está, es aceptar que mi pareja también quiere estar con otras personas. En mis fantasías yo puedo estar con un batallón si me parece, pero me arde la piel cada vez que pienso que él sería feliz en la cama con otra. Lo siento, no puedo evitarlo. Al respecto, mi amigo dice: “después de algo así, se genera una gran complicidad. Hay una compenetración y un diálogo muy abierto”.

La teoría resulta bastante atrayente pero en nuestra cultura occidental cristiana, la monogamia es la base de la sociedad. Frente a la iglesia o el notario y aún sin firmar ningún papel, la pareja entre hombre y mujer se constituye como el único modelo sexual moralmente aceptable, y la fidelidad de sus componentes es la esencia de ese concepto de propiedad privada.

Jean Gondonneau en su libro La fidelidad, la infidelidad explica que

(…) el proceso de desarrollo del individuo pasa por una multitud de dudas, de tentativas logradas con más o menos éxito, eventualmente por experiencias amorosas con diversas personas. Toda unión que quiera que sea duradera debería, pues, integrar estas distintas fases que forman parte de la dinámica de la vida y no construir esta unión (el matrimonio) fundándola en el mito de la pareja perfecta(… ) la libertad sexual y el amor libre no tienen lugar en su sistema de valores donde la unión es ofrecimiento y eternidad y no placer y provisionalidad (…) si la relación extraconyugal se juzga culpable, si tememos los riesgos y las consecuencias de una infidelidad, si la vivimos como un desastre y una fatalidad, si tenemos tendencia a dramatizar la situación, es que la seudo liberación sexual es falaz (…) solo una educación profunda que aceptara no disociar de la educación global el aspecto sexual podría facilitar una renuncia progresiva e inteligente de los derechos de propietario, atenuar las formas morbosas de los celos y configurar un adulto equilibrado y feliz”.  A estas palabras, mi amigo añade: “el concepto de pareja heterosexual monógama es enfermizo, no es natural. ¿Qué porcentaje de matrimonios es fiel durante toda la vida? Eso es arbitrario. Si llegas a un acuerdo con tu pareja todo es posible. En la cama cada quien debe poder hacer lo que le plazca.

La conversación termina cuando brindamos por el amor, el sexo y sus variedades y él se retira para pasar la tarde del domingo en su casa. Yo me quedo un rato más, pido otra cerveza y mientras pienso que sería muy interesante el ejercicio de desaprender las reglas del amor monógamo, observo a un hombre de mediana edad que camina por la calle con los auriculares puestos. De repente para frente a mi mesa y sin decir nada comienza a bailar como Michael Jackson. Los demás comensales se ríen tímidamente y el camarero hace una mueca de disgusto.

Muchos de los que estamos allí sentados marcamos el ritmo imaginario de la música con los pies bajo la mesa y disimulamos las ganas de mirarlo porque realmente baila bien. No pide dinero y parece disfrutarlo. Lo hace porque quiere, al fin y al cabo, la calle –como el sexo- es para todos, pero solo él pierde la vergüenza y se atreve a bailar así frente a los demás.

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