I.LETRADA.CO | TRAS ESCENA | LAS VOCES DE LA VIOLETA
TRAS ESCENA
LAS VOCES DE LA VIOLETA
ESCRITO E IMÁGENES POR
José Antequera
Mi oficio es la causa que me mueve. Compongo canciones en el río y no me pierdo una marcha.

LAS VOCES DE LA VIOLETA

"¿Quién le quita el padecer a la Violeta y la Frida?", canta la cantautora chilena Pascuala Ilabaca. En efecto, las dos artistas se parecen y son símbolo de una fuerza creadora capaz de llevarse por delante una vida de desconocimiento y dolor. Este es nuestro homenaje a Violeta Parra y su potente voz andina.

Vamos a empezar por una aclaración que alguien considerará ofensiva pero que por la ofensa del olvido se ha hecho necesaria. «Gracias a la vida» no es una canción de Mercedes Sosa. La autora de ese himno maravilloso es la Violeta Parra.

Con Violeta pasa un poco lo mismo que con Carlos (Marx, por supuesto). Son pocas las personas que van a ellos directamente. Se les conoce de paso, por alguna obra imperativa en un contexto de rebeldía o se les escucha fuerte en trabajos de otros. Y luego siempre se dirá que ya se pasó por ahí. Pero somos pocos en el ancho mundo (casi todos en mi familia extendida), los que nos metemos en sus faldas y montamos allí cama y comedor.

A pesar de los Andes del sur que separan a Chile del resto de América Latina, es innegable la fuerza del corrientazo que se difunde por todo el Pacífico desde ese país tan igual y tan distinto al nuestro. Para muchos representa el sueño de la dictadura perfecta, de la sociedad conservadora y ordenada y sus tecnócratas neoliberales. Pero lejos de la oficialidad está también la historia sobre el significado de Chile con respecto a la revolución social y cultural del siglo XX. Entre otras cosas, el movimiento obrero y estudiantil chilenos ocupan un sitio muy especial en el sueño de la revolución socialista y democrática de la Unidad Popular liderada por Salvador Allende. Y como fundamento, contenido y expresión de ello, se encuentra el movimiento de la Nueva Canción Latinoamericana, con Violeta Parra como precursora.  

En el escenario de la mayor explosión demográfica de la historia de la humanidad, en el nacimiento del Sur, de los Estados internacionalmente reconocidos de África y de la nueva América Latina (que el APRA peruano quiso llamar Indoamérica), fueron Violeta, Víctor Jara y Atahualpa Yupanqui, los que impulsaron esa música caracterizada por basarse en la indagación del folclore, las músicas tradicionales indígenas y negras y el espíritu de la fusión como perspectiva. Música protesta, como se le vende junto a los DVD de “cine arte”, que alcanza su cumbre en los años maravillosos como banda sonora de un modo de vivir donde nadie podía dejar de tomar partido sin merecer el repudio por su indiferencia, en un mundo que efectivamente pudo destruirse con un click simultáneo entre el Pentágono y el Kremlin. Se le conoció como Nuevo Cancionero en Argentina, Nueva Trova en Cuba o MPB en Brasil ( la segunda generación del Bossa Nova). Y tuvo representantes ibéricos como Serrat, y hasta gringos como Bob Dylan y Joan Báez. Violeta Parra, la más versátil y la más rabiosa, es allí como el Carpentier que inventa lo real maravilloso antes del realismo mágico. Como la mamá, para darle una hermosa medalla.

¿Que qué con el compromiso político de estos artistas?

“Me han preguntádico varias persónicas si
peligrósicas para las másicas son las canciónicas agitadóricas.
Ay qué pregunta más infantílica,
sólo un piñúflico la formulárica. (…)

Varias matancicas tiene la histórica en sus pagínicas bien imprentádicas, para montárlicas no hicieron fáltica las refalósicas revoluciónicas,
El juraméntico jamás cumplídico es el causántico del desconténtico”.

Había nacido en el 17 odiando el trago que le gustaba tanto a su padre. “Si fumabas o tomabas le parecías débil de carácter. Repudiaba los vicios. Odiaba que las mujeres se pintaran”[1]. Y había abandonado la escuela para mejor hacer el dúo de las Hermanas Parra. Pero no escapó del destino de la-mujer-del-revolucionario, que siendo esposa de un comunista, tenía que asumir la sagrada tarea partidaria de dedicarse al marido y a sus hijos. Así que se separó, para juntarse con otro de nuevo y completar cuatro. El Ángel dice de ella que no paraba de hacer en todo el día, y de buscar, y de escribir, y de joder, que al fin y al cabo es la potencia de la creación autónoma que ha parido al feminismo. “Con mi madre era todo urgente. Aquí y ahora”[2].

El inicio de su gran obra fue recorrer Chile de arriba abajo haciendo recopilaciones de canciones populares, sin otro destino que la vida misma, tocadas en la tarima de los matrimonios y los entierros. Tres mil de ellas quedaron escritas en «Cantos Folclóricos Chilenos», consolidando un método de ir y venir a las raíces y abrirlas para no perderlas, pero respetándolas tanto como a los que las alimentan; descubriendo el valor de sí en el valor de los campesinos y los obreros. Y entonces arrancó a viajar: a Varsovia, y a Santiago de nuevo y a París después, diversificando su arte, haciendo pinturas, arpilleras, décimas, nuevas canciones, y lo que le diera la gana, en contra del mandato que hubiera cumplido mi abuela de guardarle luto eterno a una hija muerta, la Rosa Clara, en vez de ejercer en el mundo el derecho a ser.

“Antes de salir de Chile, yo no supe comprender, lo que vale ser chilena, ay, ahora sí que lo sé. Igual que lloran mis ojos, al cantar esta canción, así llora en mi guitarra, ay, penosamente el bordón”.

¿Cuántas veces se enamoró?, le pregunta un periodista que le hace decir muchas cosas que dijo en diferentes momentos de su vida para que uno las pueda hilar en la película «Violeta se fue a los cielos», de Andrés Wood.[3]  Ella muestra la mano abierta: –¿Cinco veces no más? -Cinco millones, contesta. Pero dicen que el gran amor de su vida fue un suizo llamado Gilbert, que llegó un día a su casa preguntando por ella y luego se le pegó por el mundo, hasta que decidió irse a Bolivia y casarse con otra, produciendo una herida como la grieta volcánica que hizo nacer el Río Valdivia.

Run, run se fue pa´l norte, yo me quedé en el sur, al medio hay un abismo sin música ni luz, ay, ay, ay, ay, de mí.”

También cantó al amor con todos los colores juntos, pero sin perder de vista la comprensión sobre su construcción social y política, visionando un paradigma desde su voz sufrida.

“Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber, ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento, todo cambia el momento cual mago condescendiente, nos aleja dulcemente de rencores y violencias, sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes”.

Cuando le preguntaron sobre su obra «Gavilán», afiló sus dientes: “El tema de esta obra es el amor. El amor que no siempre construye, que casi siempre destruye, y mata. El gavilán representa al capitalismo todopoderoso”[6].

En los años de su gran amor también tuvo el atrevimiento de tirarle sus cuadros y sus arpilleras al director del Museo de Artes decorativas del Louvre, para dejarlo fascinado irremediablemente. Eso de ponerse en un epicentro del arte moderno y contemporáneo, sin escuela, y sin tanta fama, viniendo del llamado tercer mundo tendría que ser considerado también como una acción precursora de la guerrilla comunicacional. Y sin embargo, mientras iba ganando en reconocimiento y creación, se iba haciendo evidente la contradicción en la que estaba inmersa: el reclamo de las élites sobre el arte, a partir de su poder adquisitivo y determinador de lo artístico chocó con la Violeta mil veces, que odió cantar como un objeto cosmético. “Sordos, sordos, sordos, sordos…”, les decía de frente a quienes trataban su obra con ese racismo tan propio del capataz que se emborracha en el carnaval del negro, sin advertir en las letras los tutoriales de la venganza.

El mismo periodista de película:

Yo sé que en Francia apoyan mucho a los artistas comunistas de todo el mundo. Y como usted es amiga personal del poeta Pablo Neruda, que también es comunista, imagino que el Partido debe haber hecho mucho para ayudarla.

-No, no.

-Ah, no sabía que sus esculturas y sus arpilleras estuvieran a ese nivel.

-Bueno, yo sí sabía, y por eso lleve todos mis trabajos y quisieron tenerlos ahí.

-¿Y los críticos y el público de París, la valoraron bien?

-très bien[7]

También se ha dicho mucho sobre el arte plástico y la política, y que si el arte puro, o comprometido. Trotsky defendiendo la libertad, y el gruñón de Stalin dictando realismo socialista. Pero la Violeta respondió clarito, como quedó grabado en un documental para la televisión suiza:

- Y ahora que usted es una artista famosa, que esculpe, canta, hace arpilleras. ¿Si tuviera que escoger sólo uno de estos medios de expresión, con cuál se quedaría?

- Yo elegiría quedarme con la gente. Es que es la gente la que me motiva a hacer todas estas cosas[8].  

La Violeta se suicidó a los 49 años en la que quiso que fuera “La Universidad del Folclore”; una carpa en la comuna La Reina que debía ser como un centro con toques todas las noches, intercambios, creación, existencia. ¿Cómo es posible que la mujer que escribió «Gracias a la Vida» termine pegándose un tiro? Pues así mismo. Que toda una vida atravesada por el mundo no alcanzó para lograr expresar completo ese fuego en el estómago. Como al pobre Van Gogh que no le pareció nunca alcanzar a pintar todos los colores de las cosas. Y el amor que duele, y la política que jode. Por que el martillo tiene ritmo, menos en la cabeza del que golpea:

“(…)miren cómo nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan, en realidad, miren cómo pregonan tranquilidad, mientras nos atormenta, la autoridad”[9].

Seguro jodió a Violeta la falta de respeto y de valoración que recibió en vida, como les pasa a los pobres que solo importan cuando están al borde de la muerte, o a los artistas, que reciben amenazas mientras están produciendo y homenajes oficiales cuando ya se han muerto.

“Dispénsenme las chiquillas

si m´he salido del tema, es qu´esta verdad

me quema el alma y la pajarilla.

Quemá`está la sopaipilla, pa´l pobre ya no hay razones,

Hay costra en los corazones

y horchata en las venas ricas,

y claro, esto a mi me pica igual que los sabañones”[10]

Aunque la hayamos escuchado menos a ella directamente, y se desconozca tanto su obra plástica, sus pinturas y su poesía, y aunque permanezca vigente la tensión entre la identidad y la máscara, y el imperativo clasista sobre el arte que quiere mandar a recoger lo popular y confinarlo en el salón de lo exótico decorativo o del lujo de una sensibilidad social esporádica, la Violeta Parra representa una fuerza potentísima,  influyente política y culturalmente en nuestros días. La Nueva Canción que se encumbró en los 60, es solo un momento en el camino de un método y de una perspectiva que Violeta encarna absolutamente: de la raíz a lo nuevo, de la memoria al futuro, y sobre todo, del sufrimiento a la creación.

"En resumidas cuentas, tengo que decirle que en esta lucha por la defensa de nuestro canto autentico, continúo solo un poquito menos sola que antes. Quizás, necesitaría toda mi vida y todas mis fuerzas, para llevar a cabo este trabajo que me he propuesto. A veces me siento agotada, pero la guitarra me devuelve siempre el animo"[11].

Notas


[1] Testimonio  de la escritora y música Meri Franco-Lao, en: Documental: Viola Chilensis. Dir. Luis R. Vera. Alerce. 2005. https://www.youtube.com/watch?v=bLDkrtjU6Hs

[2] Testimonio  de Ángel Parra, en: Documental: Viola Chilensis. Dir. Luis R. Vera. Alerce. 2005.

[3] Película: Violeta se fue a los cielos. Dir. Andrés Wood. 2011.

[4] Run, Run se fue pa´l norte. Texto y música: Violeta Parra. Grabada en Santiago en 1966. Antología. Fundación Violeta Parra.

[5] Volver a los 17. Texto y música: Violeta Parra. Grabada en Santiago en 1966. Antología. Fundación Violeta Parra.

[6] Película: Violeta se fue a los cielos. Dir. Andrés Wood. 2011.

[7] Película: Violeta se fue a los cielos. Dir. Andrés Wood. 2011.

[8] Entrevista a Violeta Parra en Suiza. https://www.youtube.com/watch?v=KlzyN-rpzpU

[9] Qué dirá el santo Padre. Texto y música: Violeta Parra. Grabada en París entre 1961 y 1963. Dedicada a Julián Grimau, sindicalista español. Antología. Fundación Violeta Parra.

[10] Dispénsenme las chiquillas. Texto: Violeta Parra. Antología. Fundación Violeta Parra.

[11] Documental: Viola Chilensis. Dir. Luis R. Vera. Alerce. 2005.

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