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SANTA NERDA
APUNTES SOBRE EL AUTOR EN TIEMPOS DEL RELAJO
ESCRITO POR
Maria Juliana Soto
He participado en proyectos de experimentación sonora y publicaciones independientes en Cali. Trabajo en la Fundación Karisma y estudio en la Universidad Nacional.

APUNTES SOBRE EL AUTOR EN TIEMPOS DEL RELAJO

Los derechos de autor se cimientan sobre la pretendida originalidad exclusiva de una obra. Pero la sospechada "muerte del autor" que vaticinaba Roland Barthes ha llegado a una cima en la era de Internet. Una nueva fuerza de creación colectiva y circulación libre se está imponiendo sobre los vestigios de la individualidad y el comercio del conocimiento. Santa Nerda le cuenta por qué.

Ante la imposibilidad de que los creadores se muevan con tranquilidad en los terrenos del derecho de autor, una especie de metodología se ha venido construyendo en Internet. La he llamado la Metodología del Relajo, y antes de explicar qué tiene que ver el relajo con el derecho de autor, me interesa llamar la atención sobre este interés paradójico (por no decir absurdo) en establecer una metodología al barullo, al desorden, al caos, por si acaso, al final del texto, le encontramos algún sentido.

En el cuento Quaestio de centauris del escritor italiano Primo Levi (Levi, 2009), se describe una versión distinta de la creación de la vida en la Tierra: la versión de la tradición centauresca “de los centauros”; criaturas mitológicas mitad caballo, mitad hombre. En aquella versión, fueron salvados en el arca de Cutnofeset (Noé, para nosotros) sólo los arquetipos, las especies claves: el hombre, pero no el simio; el caballo, pero no el asno ni el onagro; el gallo y el cuervo, pero no el buitre, y así.

La pregunta entonces es ¿cómo nacieron las otras especies? La leyenda dice que la Tierra quedó cubierta por un fango primordial que albergaba en su putrefacción todos los fermentos de lo que había perecido en el diluvio, y que ese fango era extraordinariamente fértil. Citando a Levi: “el universo entero sintió, amor, tanto que por poco retornó al caos” y subrayo la palabra caos, como la primera palabra clave en el intento paradójico por establecer una metodología del relajo. En Quaestio de centauris el aire es cálido, las criaturas y las cosas están próximas, hay diálogo, creatividad y una dinámica de intercambio de experiencias que hoy los investigadores en ciencias sociales y humanas llaman memoria colectiva.

Se parece un poco a Internet, si lo entendemos como un ecosistema heterogéneo que se mueve, más que siguiendo un camino establecido, bajo las lógicas poco predecibles de la deriva. Aunque, por supuesto, existen rutas marcadas (por el capital y la ideología neoliberal) existe en Internet la ilusión de “libertad” que el mismo capitalismo construye en su esencia narrativa. Pero hay quienes, conscientes de esta situación, optan por hackear las plataformas tecnológicas del mundo contemporáneo con el objetivo de “propiciar el acceso a la tecnología para empoderar a las personas” (Botero, 2012), porque saben que darle la espalda es una tontería.

Internet ha sido ese lugar “extraordinariamente fértil” para la génesis de cruces antes inimaginables:  narrativas transmedia, conexiones a un click, además de todo lo que nos repite y vende, día a día, la publicidad. Pero lo más importante es que Internet evidenció que la creación no es un acto solitario, de origen sacro, sino el fruto de un proceso de comunicación, de “común- acción” en el que las ideas se copian, se transforman, se combinan y bajo esa lógica resulta bastante difícil gritar a los cuatro vientos “yo soy original”.[1]

 

Un ecosistema vivo desborda los viejos cimientos de la propiedad

Si entendemos que toda creación innovadora surge de una serie de experiencias previas, de lecturas y pasos que otros ya han dado...¿cómo proteger los derechos de los autores, en un lugar como Internet?

La propiedad intelectual es el “monopolio de explotación económica que se le concede al titular de una creación o de una innovación por un lapso de tiempo determinado” (Botero, 2011), y dentro del concepto general de propiedad intelectual existen dos categorías: propiedad industrial (que tiene que ver con marcas, patentes, modelos industriales y las obtenciones vegetales) y el derecho de autor (que protege las obras literarias y artísticas).

El derecho de autor que conocemos fue pensado para proteger los derechos de los creadores, cuando la cadena de valor se entendía como una relación de oferta y demanda, cuando el costo de la reproducción de las obras era bastante alto y cuando la ganancia se manifestaba en las ventas de reproducciones, de copias de su trabajo. Pero los desarrollos tecnológicos trajeron consigo cambios en los modelos económicos. En la era digital, el costo de reproducción es casi igual a cero y por eso hoy en día, gran parte de las ganancias que obtienen productoras y artistas se genera en los conciertos, en los discos como objeto de colección, en la publicidad y en las descargas por Internet, por mencionar unos cuantos. Como no se trata de una cadena de valor que comienza con la creación y termina en la distribución, entendemos que en el medio hay procesos de inspiración, de colaboración, de copia, y que por lo tanto hoy el derecho de autor no es sólo un derecho de los artistas.

Las leyes de derecho de autor, escritas para escenarios no-digitales pero cada vez más fortalecidas en instrumentos internacionales, están poniendo en desventaja el equilibrio que debe existir con otros derechos fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho a la educación y el acceso al conocimiento y la cultura. La convergencia de las tecnologías y el derecho debe procurar el equilibrio entre los derechos de un individuo (o una industria) y los de la sociedad; aunque la tendencia mundial (como lo vimos en la ley Lleras) es buscar más protección, más penas y menos excepciones, menos licencias y menos dominio público. En medio de esas discusiones, ya algunos dijeron ¿para qué derechos de autor, sin derechos humanos? La pregunta por los autores no surgió gracias a Internet, ni a las leyes de propiedad intelectual; ha sido, de hecho, una pregunta recurrente en la literatura.

En el ensayo «La muerte del autor» (Barthes, 1967), el filósofo francés Roland Barthes, se refiere a una “verdad de la escritura” diciendo que el escritor se limita a imitar un gesto siempre anterior, nunca original; el único poder que tiene es el de mezclar las escrituras “(...) aunque quiera expresarse, al menos debería saber que la “cosa” interior que tiene la intención de “traducir” no es en sí misma más que un diccionario ya compuesto, en el que las palabras no pueden explicarse sino a través de otras palabras, y así indefinidamente” (Barthes, 1967: 74). Para Barthes, hay que darle la vuelta al mito: “el nacimiento del lector se paga con la muerte del autor”(Barthes, 1967: 75) porque “un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, un cuestionamiento; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino” (Barthes, 1967: 75)[2].

La muerte del autor es una metáfora interesante para pensar en las dinámicas que nos propone Internet. Así como Barthes desplaza al “virtuoso” y valoriza el papel del lector y el lugar de la lectura, en Internet los internautas crean y comparten, no se preocupan si son autores, artistas o genios: lo que importa es que los contenidos creados circulen y dentro de esas dinámicas se fortalece el trabajo colectivo. Esta forma de sumar esfuerzos e iniciativas no es una novedad digital; el hombre siempre ha compartido saberes y prácticas en su vida en sociedad. Sin embargo, la figura del autor como colectividad se ha potencializado significativamente gracias al trabajo en red. Los colectivos han empezado a crear un discurso basado en conceptos como copia, licencias y trueques, y a crear escenarios que se apoyan en lo digital, pero que finalmente salen a la calle, como el 15M, en España.

En este tipo de ejercicios lo que importa es la obra (entendida como arte, intervención, comunicación, proyecto) y no el autor individual (el novelista del siglo XX encerrado en su habitación escribiendo diarios y novelas) sino el autor colectivo que depende de otros, y esa dependencia, esa colaboración, es explícita. Y además, es la gracia.

Ese es el caso de RadioRelajo, una iniciativa de 6 experiencias colectivas e individuales, interesadas en la experimentación sonora y en hacerle el quite a las talanqueras del sistema económico y laboral, que dice cómo se debe trabajar, cuánto se debe ganar y bajo qué condiciones. La RadioRelajo no tiene una parrilla de programación, no tiene locutores porque habla el que tenga algo para decir,  y cree en el trueque como un modelo económico posible. Funciona en Internet, pero también en alto parlante y en texto; al lado del río y en la plaza pública; o en eventos como el Trueque Digital (en donde se comparten contenidos libres).

Se denomina contenidos libres, como los de la RadioRelajo, a la producción que está licenciada con herramientas como Creative Commons (CC), lo que significa que en lugar de tener “todos los derechos reservados”, los autores expresan que únicamente quieren reservarse “algunos” derechos sobre sus obras, dejando abierta la posibilidad de copiar, distribuir, exhibir, mezclar y hacer uso comercial, dependiendo de las condiciones de la licencia que elijan[3]

Pero CC, además de ofrecer un paquete de licencias libres y gratuitas, es una organización sin ánimo de lucro que nace en EEUU y que cuenta con una red de instituciones afiliadas en distintos países del mundo, incluido Colombia. Además, ha sido uno de los principales motores del movimiento global de cultura libre, que promueve el uso y la remezcla de contenidos culturales, educativos y científicos, de manera libre y legal. En Colombia la entidad afiliada a CC es la Fundación Karisma y el equipo está liderado por Maritza Sánchez y Carolina Botero.

La RadioRelajo es entonces el proyecto que, sin duda, inspira el nombre y la construcción colectiva de esta metodología que tiene como objetivo poner en evidencia que la creación es un proceso caótico y desordenado; un proceso de muchas manos y muchas ocurrencias en el que la noción mezquina de propiedad se desvanece en medio de un fango creativo.

Los paradigmas educativos de la modernidad en medio de una primavera de ideas libres

En esta tarea de definir una metodología al relajo, resulta fundamental hablar de la educación. William Ospina, escritor colombiano, ha estudiado con juicio la obra del profesor Estanislao Zuleta, y en ese proceso identificó cuatro problemas urgentes por resolver en los procesos educativos (Ospina, 2013):

1. En el campo del pensamiento:  “sólo se le demuestra algo a quien es nuestro igual: a alguien inferior se le ordena, a alguien superior se le suplica, sólo al que es igual que nosotros se le argumenta y se le demuestra”. En resumen, respeto por la dignidad del otro.

2. En el campo de la creatividad: el principal aliado es el arte. Y para que sea artística, la educación debe proporcionar placer y entusiasmo.

3. En el orden de la afectividad: despertar un sentido de la justicia, de la armonía y de la cortesía. Un sistema de valores.

4. En la capacidad de comunicación: el diálogo.

5. Pertenencia a una comunidad: “el propósito de la educación no debe ser solo crear seres humanos libres, lúcidos, armoniosos y expresivos, sino seres con un sentimiento profundo de pertenencia a una comunidad. La competitividad extrema estimula el egoísmo, los ejercicios de cooperación estimulan nuestra conciencia de los otros, fortalecen nuestro sentido de comunidad”.

Finalmente, Ospina plantea la necesidad de crear una filosofía de la educación, una actitud, un método, y aquí entra la última y muy importante palabra clave en esta metodología del relajo: la felicidad, que parece un tema menor en la educación, y sin conexiones con los derechos de autor. La felicidad tiene que ver con imaginar, con crear, con compartir, con sentirse digno y enriquecido con lo que se hace, entonces tiene que ver con Internet y con los ejercicios y las dinámicas libres que en él se desarrollan.

Valdría la pena creer en relatos como el de Levi sobre el génesis “centauresco”, porque no hacerlo es negar la posibilidad de imaginar que otros mundos son posibles. Leer Internet como un caos, como un relajo, es entenderlo como un caldo de creación colectiva.

Las miradas obtusas seguirán pensando que en Internet todo es piratería, o todo es pornografía y decadencia. Y desde luego, la metodología del relajo responde diciendo que no todo es armonía; que es, finalmente, el mundo vivo, hirviendo.

NOTAS


[1] El pasado 22 de abril de 2014, la Dirección Nacional de Derecho de Autor invitó al conversatorio “Yo soy original, yo respeto los derechos de autor”. Como respuesta al evento, el profesor de la Universidad Nacional, Andrés Sicard Currea, escribió la columna “Abren ventanas pero cierran puertas” en el portal las2orillas. El texto está disponible en: http://www.las2orillas.co/abren-ventanas-pero-cierran-puertas/

[2] A propósito, vale la pena leer la columna de Catalina Uribe, la muerte del autor, en donde utiliza esta metáfora para referirse a algunas desafortunadas expresiones relacionadas con la muerte de García Márquez y de Ernesto Laclau, el pasado mes de abril. http://www.elespectador.com/opinion/muerte-del-autor-columna-488545

[3] Guía básica sobre Creative Commons: http://co.creativecommons.org/2012/12/05/guia-de-bolsillo-creative-commons/  y la herramienta “Choose” para escoger la licencia adecuada: http://creativecommons.org/choose/?lang=es

Referencias

Barthes, Roland: La muerte del autor (Ensayo, 1967) En Barthes, Roland (1987): El susurro del lenguaje: Más allá de la palabra de la escritura. Editorial Paidos. Páginas 65- 72

Botero, Carolina. (2012). Hackear como ejercicio legal. El Espectador, [19 de abril de 2012].  Disponible en: http://www.elespectador.com/impreso/opinion/columna-339926-hackear-ejercicio-legal

Botero, Carolina. (2011). Herramientas para gestionar el derecho de autor en el entorno digital. “Compartir por omisión”.  Presentación disponible en: http://www.slideshare.net/carobotero/repositorios-institucionales-y-derecho-de-autor

Levi, Primo. (2009). Cuentos completos . Editorial El Aleph. 2da Edición.

Ospina, William. (2013). La lámpara maravillosa. Editorial Random House Mondadori.

Alvarado Tenorio, Harold (sf). Jorge Luis Borges. Revista Arquitrave. Disponible en: http://www.arquitrave.com/entrevistas/arquientrevista_jborges.html

La muerte del autor como fundamento de una cultura libre. Disponible en: http://floksociety.org/2014/04/27/la-muerte-del-autor-como-fundamento-de-una-cultura-libre/

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