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ARTíCULO INVITADO 1
REZOS, BREBAJES Y MENJURJES
ESCRITO E IMÁGENES POR
Alejandro Díaz
Profundamente obsesionado con lo inútil.

REZOS, BREBAJES Y MENJURJES

La promesa del amor para siempre refleja la manera en que Occidente ha concebido este sentimiento. No obstante, pareciera que la vida misma entrara en contradicción con semejante anhelo de eternidad, generando en quienes lo comparten un tipo de aflicción específica: el mal de amores. Para esas dolencias hay diversos especialistas y tratamientos, pero seguramente los más exóticos pueden ser encontrados en los volantes de las esquinas bogotanas.

Las enunciaciones del amor

Es casi impensable salir bien librado del diálogo cotidiano con la ciudad, salir limpio de aquel movimiento del que hacemos parte -limpio en el más amplio sentido de la sensación-. Estamos atravesados por la ciudad misma y sus acontecimientos; es inevitable no hacer parte de sus cambios climáticos y sus constantes construcciones, el sol que aparece de repente para quemar las mejillas y la lluvia que lo sigue para contradecirlo. El polvo y la publicidad esparcida por el suelo terminan de componer el paisaje bogotano.

En uno de esos días de contradicciones, venía de una conversación con un amigo sobre nuestras respectivas relaciones amorosas. En el camino, desde el café donde estábamos -en la calle veintidós con novena- hasta la estación de Transmilenio de la Jiménez me fui observando todas las parejas que me encontraba; mis ojos saltaban de manos entrecruzadas a filas para entrar al cine y mesas para dos, parecía que estaba haciendo un recorrido amoroso por la ciudad como si el eco de la conversación me hubiese quedado en la mirada. En ese recorrido recibí tres volantes amorosos y los guardé en el bolsillo sin darles mayor importancia. Pensaba en aquella Bogotá enamorada que estaba observando.

En este recorrer la ciudad con el tema del amor en la mente y en los ojos, encontré en mis bolsillos los volantes que guardé y empecé a leerlos con atención: todos eran publicidad de un hechicero o un ‘especialista en amores imposibles’, pero cada uno enunciaba sus servicios de manera particular. Estos pequeños textos publicitarios bombardean la ciudad  de una manera silenciosa, de modo que es posible encontrar un volante en el bolsillo sin saber siquiera cómo se escondió allí. Las personas que los reparten lo hacen con prudencia, en silencio, lo hacen con cierto tono de quien expande un secreto -esto a diferencia del menos sutil “chicas, chicas, chicas” del volanteo erótico-.

hechizos amor amarre bogota

En la anatomía de un volante amoroso, las frases son de gran impacto por su capacidad visual y enunciativa ya que se encuentran escritas en su mayoría en mayúsculas, dándoles un tono más alto. Estos pequeños textos, acompañados en algunos casos por imágenes, crean un todo; sus frases se gritan una tras otra. Siguiendo la manera más sencilla de análisis de frases he encontrado un sujeto y un predicado.

Este ‘sujeto’ se divide en tres personas que componen la relación amorosa. Uno es el ‘ser amado’, un ‘otro’. El segundo sujeto es el ‘ser enamorado’, la persona que ama, y por último, la personificación del amor como sujeto independiente de las personas. Cuando me refiero a esta construcción de sujetos en las frases, no es únicamente a su función lingüística en la formulación, es decir que el sujeto no es exclusivamente el que comete la acción, sino que es una construcción de la realidad amorosa, una construcción de los amantes y de la forma en que se ama.

En primer lugar está la construcción del ser amado; este se personifica en palabras tales como ‘ser querido’, ‘ser amado’, ‘el hombre que desea’ o inclusive ‘la persona que ama’. En este tipo de enunciaciones es clara la construcción de una persona en específico que es dueña de nuestro deseo, un otro; este sujeto está ligado a una serie de verbos y adjetivos que le dan acción y apariencia específica: ‘humillado’, ‘doblegado’, ‘desesperado’, ‘atado’, ‘orgulloso’, ‘arrepentido’, ‘recuperado’, ‘retenido’ y ‘suyo’. Estas palabras nos dan una idea de la persona a la que se ama y en las condiciones en las que se le desea. Podemos relacionar este ‘ser amado’ –‘suyo’- con el mito del amor romántico, en donde se evidencia una táctica para llegar a la perduración de la relación amorosa, además de la posesión que se construye por parte del que ama.

Desde el siglo XIX el mito del amor romántico ha sido alimentado por la idea de que los enamorados están unidos para siempre. La magia amorosa era predominantemente española -sin olvidar la hibridación que todas las prácticas mágicas tienen con otras culturas-. Dentro de una serie de normas, la magia amorosa era permitida por la iglesia (que distinguía muy bien entre magia blanca y magia negra) convirtiéndose en una práctica más que componía su ideología respecto al amor, como las ideas sobre el matrimonio, la heterosexualidad normativa y las diferencias entre los géneros.

El segundo sujeto en estas frases es el sujeto que ama, el enamorado. Este sujeto está construido desde un tono personal en los volantes y es a quien va dirigido el mensaje con frases como “¿te sientes solo?” “¿te sientes rechazado?”. También está acompañado por algunos adjetivos: ‘rechazado’, ‘desesperado’, ‘intranquilo’, ‘vencido’. Podríamos relacionar este tipo de sujeto con el mito del amor imposible en el que la ausencia y la angustia tienen lugar en aquel que ama. Este mito, que tiene sus propias características y puede o no estar vinculado con el del amor romántico, es de los más utilizados dentro de la literatura de todas las épocas. Trae consigo la idea del dolor por amor: el amante sufre y en ocasiones calla ese sufrimiento; la espera y la sed que no sacian crean angustia y dolor. Lleva consigo la búsqueda de ideales amorosos que nunca llegan y esto trae decepción e infelicidad.

Por último el tercer sujeto que se construye es la personificación del amor como sujeto dentro de la frase. Algunos enunciados como ‘el amor de su vida’, ‘amor imposible’, ‘atraiga el amor verdadero’, le otorgan una personificación a lo que llamamos amor; así, deja de ser un sentimiento por alguien y comienza a ocupar un lugar principal. No se busca amar a alguien, se busca ‘el amor’, un tipo de trascendencia, una autorrealización, triunfo o suerte, se ama el amor por sí mismo. Esto puede en ocasiones estar relacionado con ese ideal imposible de conseguir que se convierte en algo virtuoso y anhelado como arquetipo de felicidad y de éxito; sin duda ocupa el lugar de la utopía.

DIAGNÓSTICOS Y CURAS

El mito del amor como enfermedad es de los más antiguos. En las tragedias griegas se puede observar cómo se padece el enamoramiento incluso hasta la muerte y cómo se trató con diferentes métodos desde la medicina y las religiones. Tal vez las imágenes más populares -como la herida de la flecha de cupido o el corazón como el órgano del amor- promueven la relación entre amor y enfermedad: el amor es la emoción cardiovascular por excelencia.

Estos ‘especialistas en amores imposibles’ promulgan la solución a las dolencias de amor, prometen la felicidad absoluta, la respuesta a las preguntas, el lugar de las certezas. Esto puede sugerir que en todas las esferas de nuestra vida requerimos un especialista y que, aunque el amor es incomprensible, también tiene un profesional a su cargo. Dentro de esta división social del trabajo, el profesional es un consejero y toma medidas que presenta como posibles soluciones a nuestros problemas. En esta competencia de saberes, el especialista está por encima del aficionado, tiene los conocimientos y saberes necesarios para tomar medidas: no importa cómo obtuvo dichos conocimientos, simplemente es un profesional en su campo. “Triunfo donde otros han fracasado”. “Experto en recuperar amores imposibles en 24 horas con solo el nombre y el apellido a larga distancia. Único brujo consejero.”

La figura del especialista viene particularmente de las metáforas médicas al determinar nuestras emociones. Puede remitir al consejero, al hechicero o a la imagen más popular ‘doctora corazón’, pasando por los psicólogos, psicoterapeutas, los libros de autoayuda y la novela rosa. La misma capacidad de creencia y acto de fe opera entre las opciones, las metáforas médicas siguen estando vigentes para referirnos al amor. Desde que la medicina occidental y la psicoterapia resaltaron el uso de la razón como facultad y característica del hombre moderno, el dolor por amor se racionalizó hasta el punto de diagnosticar y curar. Pienso que no hay tanta diferencia en términos de enunciación y construcción de la idea del amor entre los hechizos y los demás procedimientos en donde se recurre a un especialista para tratar nuestras dolencias amorosas.

Los hechizos de amor y los amarres son un ejemplo de la cultura popular, además pertenecen a una imaginería exótica, en donde el amor pasional y el romanticismo se recuerdan con cierta nostalgia. Me he encontrado los hechizos de amor en el Museo Arqueológico de Santa Marta con la inscripción “parrandas, rezos y hierbas pa’ alimentar el alma” o en galerías de arte contemporáneo; inclusive en la obra de teatro «13 sueños» de Laura Villegas se encuentra un stand con brebajes, menjurjes y jabones con empaques coloridos, que suscitan cierta melancolía romántica y metafórica del amor, aunque rodeados de un tono exótico y extravagante.

¿Será que solo es nostalgia o seguimos refiriéndonos al amor de la misma manera? El mito del amor romántico y el amor imposible con sus contradicciones y utopías sigue vivo, remitiéndonos a un especialista y utilizando las mismas metáforas médicas, aplicando remedios que resultan no ser el tratamiento preciso. Vale la pena poner en duda si nuestro amor necesita tratamiento alguno.

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